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López, héroe antimperialista (y V)

Fuentes: Rebelión

Esta es la última entrega de este ensayo publicado en su momento por la Universidad Estadual de Campinas (UNICAMP), Brasil

La conjura

En la década del 60, con el ascenso de la monarquía liberal encabezada por Pedro II en Brasil, y la oligarquía liberal representada por Mitre en la Argentina, se avizoraban tiempos difíciles para el Paraguay, considerado un foco nacionalista rebelde. La propaganda mitrista y brasileña justificaban la guerra afirmando que era ineludible llevar la “civilización” al oscuro país gobernado por un dictador implacable. Don Carlos Antonio López, antes de morir le había dicho a su hijo que busque solucionar los conflictos con la pluma y no con la espada. El viejo López sabía que la guerra era inevitable.

Según los aliados, la guerra era una necesidad porque el Paraguay estaba gobernado por un tirano repudiado internacionalmente. Pero para derrocar al “dictador”, el tratado de la Triple Alianza se firmó en la clandestinidad más absoluta. Las bases de la alianza, que se firmó oficialmente 1º de mayo de 1.865, ya se había discutido un año antes en Puntas del Rosario, Uruguay, en una reunión en la que participaron representantes de los cuatro países complotados contra el Paraguay, Venancio Flores (Uruguay) Rufino Elizalde (Argentina) Antonio Saraiva (Brasil) y el diplomático ingles Edward Thornton.1Inglaterra no firmó el tratado pero financió la guerra.

Sería bueno detenernos a ver quiénes “salvarían” al Paraguay del “oscurantismo”. Cuando se inicia la guerra el imperio del Brasil estaba gobernado por una monarquía decadente y corrupta. Su producción se basaba en la explotación de esclavos negros. De sus 8 millones de habitantes, 2.500.000 eran esclavos, sobre quienes se sostenía toda la economía nacional. Varios de sus bancos se encontraban en quiebra y el país estaba ahogado por deudas con el capital inglés. La Argentina, por su parte, de los 1.900.000 habitantes que poseía en 1.869, 1.100.000 no tenían un pedazo de tierra, sobreviniendo penosamente de la caza y la pesca. El 58% de su población era nómada y sólo el 2% de las tierras estaban cultivadas, el resto era para el ganado de los terratenientes. El latifundio y la burguesía comercial argentina al igual que las clases hegemónicas del Brasil, estaban sometidas al imperio. Pero el socio invisible de la alianza, Inglaterra, no se diferenciaba mucho de los otros países “civilizadores”. El imperio inglés forjó la revolución industrial sobre la despiadada explotación de niños (menores de 9 años inclusive) que eran forzados a trabajar hasta16 horas diarias. Los niños obreros vivían en las fábricas, despojados de sus familias, y hacinados en barracas, donde no faltaba el castigo corporal y la tortura para “aumentar” la productividad.

Argentina y Brasil festejan, los paraguayos se preparan para luchar

Volvamos a los momentos culminantes de la guerra. Después de siete días de cruenta batalla en Lomas Valentinas, donde el ejército paraguayo mostró todo su heroísmo enfrentando a un enemigo superior, quedó diezmado. Tras la derrota y la casi desaparición del ejército, el Mcal. López logró romper el cerco aliado y se instaló en Cerro León con una veintena de sobrevivientes desde donde hizo un dramático llamado al pueblo paraguayo para seguir luchando.

Mientras en Brasil, en los círculos oficiales ya se festejaba el triunfo, López en Azcurra reorganiza un nuevo ejército con 12.000 hombres que acuden voluntariamente a su llamado. Este último ejército, en su mayoría estaba compuesto por ancianos y niños. El resto eran soldados heridos y mutilados sobrevivientes de las batallas anteriores y prisioneros que escaparon de sus captores para alistarse bajo las órdenes del mariscal. Los mutilados penosamente llegaron hasta Azcurra. Muchos prisioneros, que podían haber optado por gozar del bienestar en Río de Janeiro o Buenos Aires, prefirieron morir luchando al lado de López.

La tierra, el campesinado y López una unidad

Durante el periodo posfrancista y debido a los cambios liberales impulsados por el viejo López se reorganiza la clase burguesa, cuyo remanente estaba exiliado en Buenos Aires, y otro sector se había retraído hacia el interior del país. En octubre de 1.862 durante las deliberaciones para elegir un nuevo presidente tras la muerte de Carlos Antonio López, su hijo Benigno organiza un plan para impedir la elección de su hermano Francisco. Benigno fue formado en la “Escola Naval de Marinha”, del Brasil, y era conocido por sus ideas liberales y responder a los intereses de la oligarquía, que buscaba colocarlo en el poder.2 El objetivo de la oligarquía era profundizar los cambios liberales e impedir el ascenso al poder de Francisco Solano, de ideología más afín a los intereses de las clases campesinas y populares.

Francisco Solano López que tenía el apoyo de las clases populares, quienes representaban una enorme fuerza social que socavaba el poder de la oligarquía,3 finalmente fue elegido presidente de la República. Mientras la familia del mariscal, encabezado por su hermano Benigno, defendían los intereses oligárquicos, él optó por defender la soberanía paraguaya, para lo cual se apoyó en la fuerza del campesinado. El mariscal López expresaba así el interés de la clase campesina, que a través de la propiedad estatal era dueña del 83% de las tierras del país.4 El enfrentamiento de clases entre las capas populares y la oligarquía iba a extenderse durante todo el gobierno del mariscal hasta su muerte en Cerro Corá.

En relación al campesinado, Alberdi, defensor de la causa paraguaya, diría: “El ejército paraguayo es relativamente numeroso, porque no se distingue del pueblo. Todo ciudadano es soldado; y como no hay un ciudadano que no sea propietario de un terreno cultivado por él y su familia, cada soldado defiende su interés propio y el bienestar de su familia en la defensa que hace de sus país”.5 En esta frase, el intelectual argentino sintetizaba la razón del porqué el pueblo paraguayo iba a luchar hasta morir, acompañando lealmente a López hasta la última batalla. López y el pueblo eran una unidad en la defensa de la Patria.

La carta del marqués de Caxías

Por si haya dudas en relación a la unidad que existía entre el mariscal y el pueblo paraguayo habría que recurrir a la carta enviada el 18 de noviembre de 1.867 por el marqués de Caxías al emperador Pedro II. Entre otras cosas la carta decía: «Todos los encuentros…todos los asaltos, todos los combatientes habidos desde Coímbra a Tuyuti, muestra, y sostienen de una manera incontestable que los soldados paraguayos son caracterizados de una bravura, de un arrojo, de una intrepidez, y una valentía que raya la ferocidad sin ejemplo en la historia del mundo».

«…Su disciplina proverbial de morir antes que rendirse y de morir antes de hacerse prisioneros porque no tenían orden de su jefe ha aumentado por la moral adquirida, sensible es decirlo, pero es la verdad, en las victorias, lo que viene a formar un conjunto que constituye a estos soldados, en soldados extraordinarios invencibles, sobrehumanos.

«López tiene también el don sobrenatural de magnetizar a sus soldados, infundiéndoles un espíritu que no puede apreciarse bastantemente con la palabra; el caso es que se vuelven extraordinarios; lejos de temer el peligro lo acometen con un arrojo sorprendente; lejos de economizar su vida, parece que buscan con frenético interés la ocasión de sacrificarla heroicamente, y de venderla por otra vida o por muchas vidas de sus enemigos» (…)

«El número de soldados de López es incalculable, todo cálculo a ese respecto es falible, porque todo cálculo ha fallado» (…)

«Vuestra Majestad, tuvo por bien encargarme muy especialmente el empleo del oro, para acompañado del sitio allanar la campaña del Paraguay, que venía haciéndose demasiadamente larga y plagada de sacrificios, y aparentemente imposible por la acción de las armas; pero el oro, Majestad, es materia inerte contra el fanatismo patrio de los paraguayos desde que están bajo la mirada fascinadora, y el espíritu magnetizador de López».

«…soldados, o simples, ciudadanos, mujeres y niños, el Paraguay todo cuando es él son una misma cosa, una sola cosa, un sólo ser moral indisoluble…»

“… ¿cuánto tiempo, cuántos hombres, cuántas vidas y cuántos elementos y recursos precisaremos para terminar la guerra, es decir para convertir en humo y polvo toda la población paraguaya, para matar hasta el feto del vientre de la mujer…?6

La barbarie

Iniciadas las hostilidades ninguna provincia argentina se plegó a la guerra contra el Paraguay, generando más resistencia que adhesión. Bartolomé Mitre ni siquiera en Europa encontró suficientes mercenarios para su guerra. Era tanto el rechazo local e internacional, que tuvo que recurrir al engaño para completar su ejército. Organizó una campaña buscando colonos en España para “colonizar” la Argentina. A la llegada al puerto de Buenos Aires los “migrantes” eran llevados a la fuerza al campo de batalla donde no tenían más remedio que combatir para no morir. El pueblo argentino y el uruguayo jamás aceptaron la guerra contra el Paraguay. Los “soldados” esclavos del Brasil ni siquiera sabían las razones de la guerra.

La guerra de la Triple Alianza fue una guerra de exterminio, un holocausto que abortó el desarrollo independiente paraguayo, que avanzaba hacia la revolución industrial. Se la puede catalogar como una de las primeras manifestaciones mundiales de la voluntad belicista del imperialismo capitalista, que logró instrumentar a tres países para imponer su hegemonía regional. La contienda destruyó la única experiencia independiente de Latinoamérica, e introdujo al Paraguay a la cadena capitalista mundial bajo la égida imperial.

Cuando empezó la guerra el Paraguay tenía 800 mil habitantes, pero en 1.872 sólo quedaban 230.100 paraguayos y 31.296 extranjeros. De la totalidad de la población 13.663 eran varones mayores de 24 años y 15.085 mayores de 14 años. 39.502 eran niños menores de 14 años. Había 25.579 mujeres de entre 14 y 24 años, pero sólo 15.085 varones del mismo rango de edad. Este grupo etario bajó tres veces en cantidad. Muchos de los niños desaparecieron en los campos de batalla. La fuerza de trabajo disminuyó al 0,5%. La mayoría de los trabajadores eran menores de 20 años. La guerra fue una limpieza étnica completa. En la batalla de Cerro Corá se cerró un ciclo en la historia paraguaya. Apenas concluida las hostilidades, Paraguay tuvo que recurrir a un préstamo para pagar las deudas de la guerra. El préstamo fue otorgado por el banco Baring, el mismo que prestó dinero a la Argentina para financiar la guerra. En unos pocos años las deudas paraguayas eran ya millonarias. El país que sin recurrir a préstamos había logrado un gigantesco desarrollo, empezaba la era liberal en la más absoluta bancarrota, gracias a la “civilización” que trajeron los tres países.

Refiriéndose a ésta época, dirían irónicamente los historiadores argentinos Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Luís Duhalde: “El Paraguay ya está civilizado: debe 7.500.000 libras”. En las décadas siguientes el país fue invadido por el capital multinacional, y las consecuencias de la guerra infame seguirán indefinidamente. Los enclaves tanineros y los yerbales se consolidaban como grandes feudos, con regímenes de explotación esclavistas, bajo condiciones laborales paupérrimas. La tuberculosis, la desnutrición y el alcoholismo hacían estragos de los trabajadores. La “civilización” que trajo la libre empresa había retrasado al país a tiempos del esclavismo.

El Paraguay, luego de ser el país más progresista pasó a ocupar el último lugar en América Latina. Las desigualdades sociales eran abismales, sólo el 6% de la población campesina y trabajadora tenía casa propia, mientras que 163 propietarios eran dueños de más de 15 millones de hectáreas de tierra, la tercia parte de la superficie del país. Durante seis décadas el Estado permanecería endeudado. Eran los “logros” civilizadores del liberalismo económico. El igualitarismo social de Francia y los López había desaparecido. El imperio no perdonó al Paraguay el irreverente sueño de ser un país libre.

¿Muero por mi patria o muero con mi patria?

La última frase del Mcal. López antes de morir ha sido fuente de interpretaciones y controversias entre lopistas y antilopistas. Los últimos sostienen que “muero con mi Patria” fue la frase pronunciada, reafirmándose así su “megalomanía”, que había llevado al Paraguay a la hecatombe, y que con su muerte también desaparecía la nación paraguaya. Los lopistas afirman que el patriotismo y amor por la patria lo habían llevado al clímax de la inmolación, exclamando “muero por mi Patria” antes de morir.

Pero, ¿Cuál era la salida para el país?, ¿López debió entregarse?, trataremos de interpretar éste último capítulo de la guerra. Mucho se discutió sobre esta última batalla y otras como la de Acosta Ñu. Pero el Mcal. López y el pueblo paraguayo no tenían otra alternativa más que luchar hasta morir. Aceptar una rendición significaba reconocer que los países de la triple alianza tenían razón y que el pueblo paraguayo estaba equivocado en su proyecto de país soberano. Dicen que un día antes del 1º de marzo, López reunió a sus hombres y les planteó ésta disyuntiva. Al anciano vicepresidente Sánchez le pidió que se retirara debido a su avanzada edad. Sánchez respondió que quería un fusil y que moriría luchando al lado del ejército paraguayo. Ni siquiera Panchito López, de 16 años, aceptó entregarse; “Un coronel paraguayo no se rinde”, había respondido a la intimación de los brasileños antes de ser asesinado.

La guerra terminó con el triunfo militar de los aliados, pero la idea del Paraguay independiente de Francia y los López fueron salvaguardados debido al heroísmo del último ejército paraguayo que no se rindió al invasor. El sacrificio del ejército paraguayo fue la afirmación de la soberanía paraguaya. El 28 de febrero de 1.870, López diría en su último discurso: “Si los restos de mis ejércitos me han seguido hasta este final momento, es porque sabían que Yo, su jefe, sucumbiría con el último de ellos en este mi último campo de batalla”.

Ese ejército en harapos, debilitado y hambriento, al igual que López prefirió la muerte antes que la humillación. Los aliados exterminaron al Paraguay, no su dignidad.

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Notas:

1 Chiavenato, Julio José, “Genocidio Americano. La Guerra del Paraguay”, Carlos Schauman Editor, Pág. 117/122, Asunción, abril de 1989

2 Francisco Doratioto, “Maldita Guerra”, Nova Historia da Guerra do Paraguay, Pág. 41-42, Companhia das Letras, Sao Paulo, 2003.

3 Thomas Whigham, “La Guerra de la Triple Alianza”, Volumen III, Pág. 186-187, Taurus, Asunción, octubre, 2013.

4 León Pomer,” A Guerra do Paraguay. A grande Tragedia Rioplatense”, pág. 298-299, Passado & Presente, Global Editora, Sao Paulo, 1980.

5 León Pomer,” A Guerra do Paraguay. A grande Tragedia Rioplatense”, pág. 298, Passado & Presente, Global Editora, Sao Paulo, 1980.

6 León Pomer,” A Guerra do Paraguay. A grande Tragedia Rioplatense”, pág. 292-293, Passado & Presente, Global Editora, Sao Paulo, 1980.

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