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Afganistán

Miles de razones para que EE.UU. se vaya

Fuentes: Asia Times Online

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

El New York Times y otros dos periódicos publicaron el domingo resúmenes y pasajes de decenas de miles de documentos filtrados a un sitio de Internet conocido como WikiLeaks. Los documentos incluyen una vasta gama de material respecto a la guerra en Afganistán. Varían de informes tácticos de pequeñas unidades operativas a análisis estratégicos más amplios de relaciones político-militares entre EE.UU. y Pakistán. Parece ser una extraordinaria colección.

Inteligencia táctica sobre combates está mezclada con informes sobre confrontaciones entre altos funcionarios estadounidenses y paquistaníes, en las cuales listas de agentes paquistaníes en Afganistán son entregadas a los paquistaníes. Informes sobre el uso de misiles tierra-aire por los combatientes en Afganistán están mezclados con otros sobre actividades del antiguo jefe de la inteligencia paquistaní, teniente general Hamid Gul, quien según las informaciones sigue relacionándose con los talibanes afganos en una capacidad informal.

Las filtraciones de Wikileaks

A primera vista, cuesta imaginar una sola base de datos en la que haya habido una variedad tan diversa de inteligencia, o la existencia de un solo individuo con la aprobación para ver inteligencia tan diversa, almacenada en múltiples bases de datos, y capaz de recolectar, compaginar y transmitir la inteligencia sin ser detectado. Desconcertadamente, todo lo que ha sido publicado hasta ahora ha sido material no demasiado confidencial marcado secreto o menos.

El Times informa que el nombre de Gul aparece por todas partes en los documentos, pero muy pocos documentos han sido publicados en el conjunto actual, y es muy difícil imaginar que inteligencia sobre Gul y su organización, el directorado de Inteligencia Inter-Servicios (ISI), sea sólo clasificado como secreto. Por lo tanto, se trata de material de bajo nivel promocionado con exageración por los medios, o existe material estudiado por los periódicos en cuestión que aún no se ha hecho público. A pesar de todo, lo que fue publicado y lo que el Times ha descrito es consistente con lo que la mayoría pensaba que sucedía en Afganistán.

La comparación obvia es con los Papeles de Pentágono, ordenados por el Departamento de Defensa para reunir lecciones de la Guerra de Vietnam y filtrados por Daniel Ellsberg al Times durante el gobierno de Richard Nixon. Muchas personas trabajaron en los Papeles del Pentágono, cada una de ellas se concentró en una parte de esa guerra y pocas habrán tenido acceso a la totalidad.

Ellsberg no entregó al Times la documentación de base, le entregó el producto terminado. Al contrario, en el caso de Wikileaks, alguien logró tener acceso a mucha información que parece haber sido guardada en muchos sitios diferentes. Si se trata de una filtración no autorizada, tiene que haber involucrado una falla masiva de la seguridad. Ciertamente, el culpable ya debería ser conocido y su arresto debería haber sido anunciado. Y ciertamente, la recolección de material tan diverso en un sitio accesible a una persona o incluso a algunas, que pudieron moverlo sin ser detectadas, es extraña.

[Se cree que el analista de inteligencia del Ejército de EE.UU., soldado de primera clase Bradley E Manning, de 22 años, quien fue acusado en mayo de haber bajado ilegalmente material clasificado en relación con el vídeo filtrado de un mortífero ataque de helicóptero en Bagdad, tuvo acceso a los informes afganos filtrados que fueron colocados en el sitio de Wikileaks esta semana, según Los Angeles Times y otras informaciones. El secretario de prensa del Pentágono Geoff Moreell, describió a Manning como «persona de interés» en las más recientes revelaciones de Wikileaks, informó LA Times.]

Como los Papeles del Pentágono las filtraciones de Wikileaks provocaron mucha sorpresa fingida, no sorpresa real. Aparte de la acusación de que Lyndon Johnson urdió el incidente del Golfo de Tonkín, gran parte del contenido de los Papeles del Pentágono era de conocimiento general. Lo más impactante respecto a los Papeles del Pentágono no fue la cantidad de material sorprendente que contenían, sino lo poco. Ciertamente, contradecían la línea oficial sobre la guerra, pero en todo caso había pocos, incluidos partidarios de la guerra, que se tragaran la línea oficial.

En el caso de las filtraciones de WikiLeaks, lo que revelan tampoco está alejado de lo que pensaba la mayoría de la gente. Nadie dice que la guerra vaya bien, aunque algunos dicen que con el tiempo podría mejorar.

La visión de los talibanes como fuerza de combate capaz es, claro está, generalizada. Si no fueran una fuerza de combate capaz, a EE.UU. no le costaría tanto derrotarlos. Sin embargo, las filtraciones de WikiLeaks parecen contener dos afirmaciones de importancia estratégica. La primera es que los talibanes son una fuerza de combate más sofisticada de lo que se ha creído en general.

Un ejemplo es la afirmación de que combatientes talibanes han utilizado sistemas de defensa aérea portátiles (MANPADS) contra aviones estadounidenses. Esta afirmación importa de muchas maneras. Primero, indica que los talibanes utilizan tecnologías similares a las utilizadas contra los soviéticos. Segundo, plantea la pregunta de dónde las obtienen los talibanes -por cierto no fabrican MANPADS ellos mismos.

Si han obtenido tecnologías avanzadas, tendría importancia en el campo de batalla. Por ejemplo, si se desplegaran MANPADS razonablemente modernos en cantidades, el uso del poder aéreo estadounidense tendría que ser limitado o habría que aceptar tasas mayores de desgaste. Por lo tanto, parecería que hasta ahora sólo han sido utilizados MANPADS de primera y segunda generación sin contra-contramedidas infrarrojas (que son más peligrosas), y no con una efectividad decisiva u obstaculizadora. Pero, en todo caso, eso no cambia el carácter fundamental de la guerra.

Líneas de aprovisionamiento y refugios

Lo que plantea es la cuestión de líneas de aprovisionamiento y refugios. La acusación más importante contenida en las filtraciones tiene que ver con Pakistán. Las filtraciones de Wikileaks contienen documentos que afirman que los paquistaníes suministran tanto aprovisionamiento como refugio a combatientes talibanes, mientras objetan a que fuerzas estadounidenses entren a Pakistán para desalojar los refugios, y no están dispuestos o son capaces de realizar esa operación por sí mismos (como han seguido demostrando en Waziristán del Norte).

De la misma importancia es que los documentos afirman que el ISI ha seguido manteniendo relaciones y apoyo para los talibanes a pesar de afirmaciones del gobierno paquistaní de que agentes favorables a los talibanes han sido eliminados del ISI hace años. El documento afirma que Gul, director general del ISI de 1987 a 1989, sigue operando en Pakistán, sirviendo informalmente al ISI y ayudando a dar al ISI una denegabilidad plausible.

Aunque sorprendente, la acusación de que Islamabad esté protegiendo y sosteniendo a fuerzas que combaten y matan a estadounidenses no es nueva. Cuando EE.UU. detuvo sus operaciones en Afganistán después de la derrota de los soviéticos en 1989, la política de EE.UU. fue transferir las operaciones en Afganistán a Pakistán.

La estrategia de EE.UU. fue utilizar militantes islamistas para combatir a los soviéticos y utilizar las relaciones paquistaníes a través del ISI para proveer y coordinar con ellos. Cuando los soviéticos y los estadounidenses abandonaron Afganistán, el ISI tuvo dificultades para instalar un gobierno compuesto por sus aliados, hasta que los talibanes se apoderaron de Kabul en 1996.

La relación del ISI con los talibanes -que de muchas maneras son los herederos de los muyahidín antisoviéticos- es ampliamente conocida. En mi libro, America’s Secret War, discutí tanto este tema como el papel de Gul. Estos documentos afirman que esa relación sigue intacta. Aparte de los desmentidos paquistaníes, responsables y oficiales militares de EE.UU. plantearon con frecuencia esa acusación extraoficialmente, y ocasionalmente de manera oficial. Las filtraciones al respecto son interesantes, pero sorprenderán sólo a los que no prestaron atención o a los que quieren ser sorprendidos.

Volvamos atrás y consideremos el conflicto desapasionadamente. EE.UU. forzó a los talibanes a abandonar el poder. Nunca derrotó a los talibanes ni hizo un esfuerzo serio por hacerlo, ya que requeriría recursos masivos de los que EE.UU. no dispone. Afganistán es un tema secundario para EE.UU., especialmente ya que al-Qaida ha establecido bases en una serie de otros países, sobre todo Pakistán, haciendo que la ocupación de Afganistán sea irrelevante en la lucha contra al-Qaida.

Para Pakistán, sin embargo, Afganistán es un área de interés estratégico fundamental. El principal grupo étnico de la región, los pastunes, se extiende a través de la frontera afgano-paquistaní. Además, si hubiera una fuerza hostil presente en Afganistán, como sucedió durante la ocupación soviética, Pakistán enfrentaría amenazas en el oeste así como el desafío planteado por India en el este. Para Pakistán, Afganistán bajo influencia paquistaní o por lo menos un Afganistán benévolo, es asunto de importancia estratégica superlativa.

Por ello es irracional esperar que los paquistaníes abandonen la colaboración con la fuerza que ellos consideran como la mayor parte del gobierno de Afganistán, cuando se vaya EE.UU. Los paquistaníes nunca han esperado que EE.UU. mantenga una presencia permanente en Afganistán. Consideraron que Afganistán representaba un medio hacia un fin, y no un fin en sí. Pensaron que así sería bajo George W. Bush. Lo piensan con aún más claridad bajo Barack Obama, quien ha convertido la retirada en un objetivo político.

Considerando que no esperan que los talibanes sean derrotados, y ya que no están interesados en un caos en Afganistán, se concluye que mantendrán estrechas relaciones con, y apoyarán a, los talibanes. Sin embargo, ya que EE.UU. es poderoso y es el único medio contra India del que dispone Pakistán, los paquistaníes no lo convertirán en su política pública. Por lo tanto, EE.UU. ha creado una situación en la cual la única política racional para Pakistán se mueve a dos niveles, una oposición abierta a los talibanes y un apoyo encubierto para los talibanes.

Esto sólo es artero si uno cierra los ojos ante la realidad paquistaní, lo que los estadounidenses nunca hicieron. Existe amplia evidencia, como muestra el material de Wikileaks, de vínculos encubiertos del ISI con los talibanes. Los estadounidenses sabían que no podrían romper esos vínculos. Se conformaron con el apoyo que Pakistán podía darles, mientras los presionaban constantemente cada vez con más dureza hasta que emergieron genuinos temores en Washington de que Pakistán podría desestabilizarse por completo.

Ya que un Pakistán estable es más importante para EE.UU. que una victoria en Afganistán -que no iba a lograr en todo caso- EE.UU. disminuyó la presión y aumentó la ayuda. Si Pakistán colapsara, India sería la única potencia regional, lo que no es deseado por EE.UU.

Las filtraciones de WikiLeaks parecen mostrar que, como en la fabricación de salchichas, uno nunca debiera mirar de cerca cómo se libran las guerras, particularmente las de una coalición. Incluso las alianzas más firmes, como la que hubo entre EE.UU. y el Reino Unido en la Segunda Guerra Mundial, están erizadas de engaños y disensiones. Londres combatía para salvar su imperio, un fin que provocaba la hostilidad de Washington; el resultado fue mucha intriga.

La alianza entre EE.UU. y Pakistán no se basa remotamente en tanta confianza. EE.UU. combate para impedir que al-Qaida tenga una base en Afganistán, mientras Pakistán lo hace para asegurar su frontera occidental y su estabilidad interna. Son objetivos muy diferentes y tienen niveles de urgencia muy diferentes.

Las filtraciones de WikiLeaks muestran una guerra en la que EE.UU. tiene una fuerza muy insuficiente en el terreno, que combate a un enemigo capaz y dedicado que no va a ningún lado. Los talibanes saben que para ganar basta con no ser derrotados, y saben que no serán derrotados. Los estadounidenses se van, lo que significa que los talibanes sólo tienen que esperar y prepararse.

Los paquistaníes también saben que los estadounidenses se irán y que los talibanes o una coalición que incluya a los talibanes estarán a cargo de Afganistán cuando los estadounidenses se vayan. Se asegurarán de mantener buenas relaciones con los talibanes. Negarán que lo estén haciendo porque no quieren impedimentos para una buena relación con EE.UU. antes o después de que se vaya de Afganistán.

Necesitan un patrocinador para asegurar sus intereses contra India. Ya que EE.UU. no quiere a India fuera del equilibrio del poder, ni a China tomando el papel del patrocinador de Pakistán, el riesgo de que EE.UU. guarde rencor es pequeño. Y por ello, los paquistaníes pueden vivir con un Washington que sepa que una mano paquistaní ayuda a los estadounidenses mientras la otra ayuda a los talibanes. El poder, el interés y la realidad definen las relaciones entre las naciones, y diferentes facciones dentro de éstas tienen frecuentemente diferentes planes y trabajan las unas contra las otras.

Las filtraciones de WikiLeaks, por lo que hemos visto hasta ahora, detallan el poder, el interés y la realidad tal como la hemos conocido. No revelan una nueva realidad. Se hablará mucho sobre la verdad inquietante que ha sido mostrada, la que, como ya dije, sólo inquieta a los que quieran ser inquietados. La guerra afgana tiene que ver con unas fuerzas estadounidenses y aliadas insuficientes que combaten a un enemigo capaz en su propio terreno y a Pakistán que se posiciona para el resultado inevitable. Las filtraciones contienen todos los detalles.

Nos quedamos con el misterio de quién compiló todos esos documentos y quién tuvo acceso a ellos con suficiente tiempo y medios para transmitirlos al mundo exterior en una ruptura flagrante y continua de protocolo.

La imagen que tenemos es la de un individuo o pequeño grupo no identificado que trabaja para que una «verdad inquietante» salga a la luz pública, sólo la verdad no es inquietante -es lo que hemos sabido todo el tiempo en penosísimo detalle. ¿Quién querría detallar una verdad que ya es conocida, con acceso a toda esa documentación y la capacidad de transmitirla sin impedimentos? No importa quién haya sido, acaba de presentar los argumentos más contundentes hasta la fecha a favor de una retirada de Afganistán, lo más pronto posible.

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Escritor, político y empresario, George Friedman es un experto en el campo de la Inteligencia Estratégica. Ha publicado varios libros sobre filosofía política y anticipación de situaciones, como Los próximos cien años, su obra más conocida de manera internacional.

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(Publicado por CounterPunch con permiso de STRATFOR, una compañía de inteligencia geopolítica basada en Texas.

Copyright 2010 Stratfor.)

http://www.atimes.com/atimes/South_Asia/LG29Df05.html