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Obama presenta su imitación de Bush

Fuentes: Asia Times Online

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

El «compromiso duradero,» la sesión fotográfica de la cumbre en tiempos de guerra en Washington entre el presidente de EE.UU., y los mellizos Af-Pak (Afganistán-Pakistán), el presidente «Af» Hamid Karzai y el presidente «Pak» Asif Ali Zardari no tuvo nada que ver con una reunión urgente para discutir una manera de impedir el fin de la civilización tal como la conocemos. Todo tuvo que ver con el meticuloso cambio de marca de la «Larga Guerra» del Pentágono.

En boca de Obama, el «compromiso duradero» significa sobre todo «derrotar a al-Qaeda.» A guisa de ocurrencia tardía, el presidente agregó: «Pero también es apoyar a los gobiernos soberanos, democráticamente elegidos, en Pakistán y Afganistán.» Cuando se oye a alguien que define como «soberanos» al hombre de George W Bush en Kabul y al viudo de la ex primera ministra Bhutto, hay que disculparse por creer que Bush todavía gobierna en la Casa Blanca.

En otro despliegue de sus impecables credenciales democráticas, Karzai acaba de elegir a uno de sus candidatos a la vicepresidencia: no es otro que el ex máximo comandante de Jamiat-e-Islami y antiguo primer vicepresidente Mohammad Fahim, presunto narco señor de la guerra y veterano amigo de las milicias armadas, a quien Human Rights Watch desaprueba como un sistemático violador de los derechos humanos. Fahim es tayik: Karzai es pastún (de una tribu menor). Karzai necesita urgentemente a los tayiks para conseguir un segundo período presidencial en agosto.

Posiblemente impulsado por el obligatorio «profundo pesar» expresado por la Secretaria de Estado Hillary Clinton, Karzai se abstuvo de causar problemas en Washington respecto al último «preciso» ataque aéreo de EE.UU. en la ultra-remota provincia Farah en Afganistán occidental que, según fuentes locales, puede haber incinerado a más de 100 afganos, en un 70% mujeres y niños. El contexto es clave: fue el inepto, corrupto, disfuncional gobierno de Karzai – monopolizado por señores de la guerra y bandidos – el que facilitó en gran medida el retorno de los talibanes con toda su fuerza.

La guerra del opio de Obama

A estas alturas es obvio que la próxima ‘oleada’ de verano, posibilitada por el Pentágono, en la sección «Af» de la guerra de Obama en Af-pak será desplegada esencialmente como la nueva guerra del opio de Obama. En un picante cambio de roles histórico, el Imperio Británico (que prácticamente anexó Afganistán) quería que los chinos se convirtieran en adictos a su opio, mientras que ahora el imperio estadounidense quiere que los afganos dejen de cultivarlo.

La estrategia se reduce a devastar los campos pastunes cultivados con amapolas en la provincia sureña Helmand – capital del opio del mundo. En la práctica, será otra guerra indiscriminada contra los campesinos pastunes, que han estado cultivando amapolas durante siglos. Sobra decir que miles emigrarán a la coalición-banda heterogénea contraria a la ocupación, etiquetada como «talibanes.»

La destrucción de la única fuente de ingresos para numerosos afganos pobres significa, en jerga del Pentágono, «que se corte la principal fuente de dinero de los talibanes,» que al mismo tiempo sirve de «principal fuente de dinero» para una colección de astutos señores de la guerra amistosos hacia Washington, que no se resignarán a que los dejen flotando en el viento.

La estrategia tampoco tiene en cuenta el hecho de que los propios talibanes reciben un considerable financiamiento de piadosos millonarios de petro-monarquías del Golfo así como de sectores de Arabia Saudí – la misma Arabia Saudí que el supremo del Pentágono, Robert Gates, ahora corteja activamente para … que abandone a los talibanes. Desde la inauguración de Obama en enero, la fuerte presión de Washington sobre Islamabad ha sido implacable: olvidad a vuestro enemigo India, queremos que libréis «nuestra» guerra contra los talibanes y «al-Qaeda.»

Por lo tanto, hay que esperar que todo agricultor o campesino pastún productor de opio que blanda su hacha, su daga, su mosquete o su oxidado rifle Lee-Enfield contra las tropas entrantes estadounidenses de ultra alta tecnología sea etiquetado como «terrorista». ¡Bienvenidos a otro capítulo más de una guerra ciertamente prolongada del Pentágono contra los más pobres del mundo!

Estáis acabados porque lo digo yo

En cuanto a la componente «Pak» de Af-Pak, es pura contrainsurgencia (COIN). Como tal, Su Voz del Amo, tiene que ser el comandante del Comando Central y ascendiente general David – «siempre me posiciono para 2012» Petraeus.

Y llega la incansable campaña de relaciones públicas del Pentágono. La semana pasada, Gates advirtió al Comité de Apropiaciones del Senado de EE.UU. que sin la aprobación del Fondo de Capacidad de Contrainsurgencia para Pakistán de 400 millones de dólares (que en sí es parte de desmedidos 83.500 millones de dólares adicionales que Obama quiere para seguir alargando sus guerras), y bajo la «autoridad única» de Petraeus, el propio gobierno paquistaní podría colapsar. El Departamento de Estado mantuvo el tono: Clinton dijo que Pakistán podría colapsar dentro de seis meses.

Se perdona a quienquiera crea que esa táctica – dame el dinero y cállate -todavía se sitúe en la «guerra contra el terror» de Bush; es porque en los hechos es así (las mismas facultades extraordinarias, evitando como corresponde al Departamento de Esto, como con Bush). La cantinela final, claro está, sigue siendo la misma: el Pentágono dirige el espectáculo, estrechamente ligado al ejército paquistaní.

Para el consumo interno de EE.UU., las tácticas del Pentágono son una mezcla de ofuscación y paranoia. Por ejemplo, el portavoz del Pentágono, Geoff Morrell dice sobre Pakistán: «No se trata de una zona de guerra para los militares de EE.UU.» Pero luego el almirante Mike Mullen, presidente del Estado Mayor Conjunto – que ha estado en Pakistán dos veces en las últimas tres semanas – dice que los talibanes en Af-Pak en general «amenazan nuestros intereses nacionales en la región y nuestra seguridad aquí, en casa.»

Se hacía eco de Clinton y Gates, quienes habían dicho que los talibanes son una «amenaza existencial» para Pakistán. Finalmente, Petraeus cierra el círculo de las tácticas del temor – al subrayar en una carta al Comité de Fuerzas Armadas de la Cámara que el gobierno paquistaní podría colapsar si el ejército paquistaní no se impone sobre los talibanes en dos semanas.

Eso desvela el núcleo del pensamiento del Pentágono y de David «COIN» Petraeus: saben que lo mejor para los diseños a largo plazo de EE.UU. sería otra dictadura militar más. El gobierno de Zardari es considerado – correctamente – como una ficción (mientras Washington sigue cortejando a otro caso dudoso, el ex primer ministro Nawaz Sharif). El hombre «superior» para Petraeus (en sus propias palabras) no podría ser otro que el jefe del Estado Mayor, general Ashfaq Kiani.

Y así exactamente lo describió Obama en su conferencia de prensa de los 100 días en la semana pasada, en la que subrayó la «fuerte consulta y cooperación entre militares» e hizo añicos a Zardari (gobierno «muy frágil», carente de «la capacidad de suministrar servicios básicos» y sin «el apoyo y la lealtad de su pueblo»). A juzgar por su lenguaje corporal, Obama debe haber repetido ayer la misma letanía a Zardari, en vivo en Washington.

La cita de oro sigue siendo la que describe cómo Obama ve a Pakistán: «Queremos respectar su soberanía, pero también reconocemos que tenemos inmensos intereses estratégicos, inmensos intereses de seguridad nacional para asegurarnos de que Pakistán sea estable y que no terminemos por tener un Estado militante con armas nucleares.»

La «soberanía» paquistaní es un chiste: Pakistán ahora es dirigido abiertamente desde Washington. «Queremos respetar su soberanía» no significa que «nosotros» lo hagamos en realidad. Obama y el Pentágono – que para todos los efectos prácticos trata a Pakistán como una lamentable colonia – sólo se sentirían (relativamente) cómodos con una nueva dictadura militar paquistaní. Dejan de lado por ser irrelevante el hecho de que la opinión pública paquistaní aborrece abrumadoramente a los talibanes, por mucho que aborrezca otra dictadura militar más (vea las recientes, masivas, manifestaciones callejeras a favor de los jueces de la Corte Suprema).

La lucha de clases de Swat

En este complejo guión neocolonial la «talibanización» de Pakistán – el actual furor en Washington – parece y se siente cada vez más como una táctica diversionista de amedrementamiento. (Vea » El mito de Talibanistán ,) Hablando del mismo tópico, un informe en el periódico diario paquistaní Dawn sobre el fantasma de la talibanización de Karachi muestra que tiene más que ver con la turbulencia étnica entre pastunes y la mayoría de origen indio, que habla urdu, que conque los pastunes de Karachi tomen el camino de los talibanes.

La estrategia Af-Pak original del gobierno de Obama, como todos recuerdan, era esencialmente una guerra con aviones no tripulados en las Áreas Tribales bajo Administración Federal (FATA) combinada con una ‘oleada’ en Afganistán. Pero los mejores y más brillantes en Washington no incluyeron en sus cálculos una oportunista contra-oleada de los talibanes.

El astuto Tehrik-e-Nifaz-e-Shariat-e-Mohammadi (TNSM – Movimiento por la Imposición de la Ley Islámica) dirigido por Sufi Muhammad, logró controlar a los campesinos sin tierra del valle Swat para que lucharan por sus derechos y la «redistribución económica» contra los usuales acaudalados, codiciosos, señores feudales que también son al mismo tiempo políticos locales y funcionarios del gobierno.

Es como si los tan localistas talibanes hubieran prestado atención a lo que sucede en toda Sudamérica… Esencialmente, fue la apropiación de la vieja lucha de clases lo que llevó a que los talibanes consiguieran superioridad. Finalmente, Islamabad tuvo que aceptar que se estableciera la Nizam-e-Adl (jurisprudencia islámica) en el valle Swat.

Por lo tanto lo que pasó en Swat es que pasó más allá del control corrupto, estatal y neocolonial. El enemigo de Washington repentinamente aumentó a formar parte de los 1,3 millones de personas en el área cuyos únicos medios de protección son milicias armadas – lo que Occidente resume como «talibanes.»

Siempre es esencial que se recuerde que los «talibanes» tienen toda suerte de proyectos, de la resistencia armada a la ocupación de EE.UU. en Afganistán a la resistencia armada contra las incursiones del ejército paquistaní. Lo que todos quieren es básicamente el fin de la guerra de los aviones teledirigidos de Washington, el fin del apoyo de Pakistán a la «guerra contra el terror» en Af-Pak, o por lo menos que el inepto y corrupto Estado paquistaní los deje tranquilos.

Es verdad que durante las últimas semanas, la opinión pública paquistaní en su conjunto se definió en un 95% contra los talibanes porque Sufi Muhammad dijo que la democracia es cosa de infieles, y porque por primera vez hubo vídeos de flagelaciones por talibanes en todos los medios paquistaníes.

Pero es obvio que la solución no es una guerra en Swat. Sería, por ejemplo, una política gubernamental concertada, a largo plazo, para desactivar la red de por lo menos 45.000 madrazas (seminarios) con casi 2 millones de estudiantes en todo el país. Y desactivar organismos antidemocráticos, sectarios, como Lashkar-e Toiba y Sipah-e Sahaba.

No sucederá. Y a Washington no le importa. Lo que le importa al Pentágono es que en cuanto algún organismo sectario o banda de bandidos decida coludirse con el Pentágono, ya no sea «talibán»; mágicamente se transforma en un organismo de «Ciudadanos Locales Preocupados.» De la misma manera, cualquier forma de resistencia a la interferencia extranjera o al infierno de los bombardeos desde el aire de los Predator es inevitablemente calificada de «talibán.»

Si tuviera que arreglárselas solo, la solución del Pentágono para Swat sería probablemente alguna forma de limpieza étnica. Previsiblemente, lo que hacen en realidad Obama y el Pentágono – parte de su acomodamiento con el ejército paquistaní – es ponerse de parte de los señores feudales e imponer un retorno al clásico status quo paquistaní de inmensa desigualdad social. Por lo tanto, virtualmente cualquier ciudadano local que no se haya convertido en refugiado (como hasta 500.000 ya lo han hecho, llevando a una inmensa crisis humanitaria) ha sido calificado de «terrorista», como corresponde. La gente del lugar está atrapada entre una roca (los talibanes) y un sitio duro (los militares paquistaníes apoyados por EE.UU.

El Pentágono no causa «daños colaterales.» Sólo le preocupa que el ejército de EE.UU. pueda quedar parcialmente expuesto en el vecino Afganistán. Después de todo, la ecuación Af-Pak clave para el Pentágono es cómo reabastecer a tropas de EE.UU. involucradas en OCO («operaciones de contingencia en ultramar.»).

Es probable que la tragedia de Swat se ensangrente aún más. Como averiguó Steve Clemons del blog The Washington Note en una conferencia en Doha, Obama y Petraeus están obligando al ejército paquistaní a aplastar Swat. Es una vez más la lógica imperial de «disparad contra vuestra propia gente.» Previsiblemente, Zardari y el ejército paquistaní se siguen oponiendo. Pero si aceptan – sería un resultado tangible de la toma de fotografías en Washington del miércoles – el premio será mucho dinero y numerosos preciosos helicópteros artillados.

Locos desenfrenados

El gobierno de Obama no sólo ha rebautizado la «guerra global contra el terror» (GWOT, por sus siglas en inglés) como las sutilmente orwellianas «operaciones de contingencia en ultramar» (OCO). El componente esencial – el frente Af-Pak – ahora es rebautizado activamente, y vendido, no como una guerra estadounidense, sino como una guerra paquistaní.

Zardari desempeña su lamentable pequeño papel; junto a Obama, el Pentágono y el Departamento de Estado, ha estado convenciendo a la opinión pública paquistaní para que libre las OCO de Washington, y defiende el bombardeo de los Predator contra civiles pastunes en territorio paquistaní. No es fácil: por lo menos un 20% de los soldados del ejército son pastunes – obligados ahora a combatir contra sus propios primos pastunes.

En cuando al elemento «Af» de Af-pak, la guerra contra la ocupación en Afganistán ha «desaparecido» de la narrativa a favor de esta «guerra santa» paquistaní contra la talibanización. Lo que no ha desaparecido, por cierto, es el bombardeo estadounidense de campesinos afganos (con «pesares» agregados de Hillary) más la guerra de los Predator en las FATA.

La pregunta es: ¿Hasta dónde llegará la colusión de Obama, el Pentágono y Zardari en términos de eliminar toda forma de resistencia a la ocupación de Afganistán por EE.UU. y a la guerra de los drones contra campesinos pastunes en las FATA?

Las asiduas advertencias sobre el colapso de Pakistán podrían convertirse en una profecía que se realiza por sí sola. Si así sucediera, la balcanización de Pakistán sería una maravilla para la estrategia a largo plazo del Pentágono en el «arco de inestabilidad.»

Desde el punto de vista de una situación perfecta para el Pentágono, la balcanización de Pakistán significaría desmantelar una «central terrorista» capaz de contaminar otras partes del mundo musulmán, de Cachemira india a los «estanes» centroasiáticos. «Liberaría» a India de su enemigo Pakistán para que India pueda trabajar muy de cerca con Washington como una efectiva contra-potencia para el inexorable ascenso de China.

Y sobre todo, tiene que ver con el mayor premio – Baluchistán, como veremos en la parte 2 de este informe. El desierto Baluchistán, en el sudoeste de Pakistán, es donde Washington e Islamabad chocan de frente. Desde la perspectiva de Washington, Baluchistán tiene que ser lanzado al caos. Es prácticamente la única forma de detener la construcción del gasoducto Irán-Pakistán- India, también conocido como el «gasoducto de la paz», que atraviesa Baluchistán.

En una situación ideal de balcanización de Pakistán desde el punto de vista de Washington, EE.UU. se apoderaría rápidamente de la inmensa riqueza natural de Baluchistán, y promovería el puerto estratégico de Gwadar en Baluchistán, no a favor del gasoducto IPI, sino del gasoducto Turkmenistán-Afganistán-Pakistán-India (TAPI), con permanentes problemas. La riqueza del gas del Caspio fluiría bajo el control de EE.UU., no de Rusia o Irán.

En cuanto a los talibanes, sea en las FATA o en Swat, o en cualquier otro sitio, no representan una amenaza para EE.UU. Usman Khalid, secretario general del partido Rifah en Pakistán, dio en el clavo: «La población teme un gobierno al estilo talibán, pero teme aún más ser dividida en cuatro países y volver bajo soberanía india. Los talibanes parecen ser el mar menor, tal como lo fueron en Afganistán.»

La historia vuelve a repetirse, como farsa: de hecho el único escollo entre los talibanes y Washington sigue siendo el mismo que en agosto de 2001 – tarifas por el tránsito de oleo o gasoductos. A Washington no le importaría para nada la ley sharia mientras EE.UU. pueda controlar los ductos que atraviesen Afganistán y Baluchistán.

Si, ‘ductistán’ manda. ¿Qué importan unos pocos pastunes o baluches que se interponen en el camino de Washington si el Gran Juego en Eurasia puede ofrecer tantas oportunidades?

Parte 2: Baluchistán – el máximo premio

Pepe Escobar es autor de «Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War» (Nimble Books, 2007) y «Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge». Acaba de publicarse su nuevo libro «Obama does Globalistan» (Nimble Books, 2009). Puede contactarse con él en: [email protected]

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