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¿Paraguay se suma al cambio?

Fuentes: Rebelión

América Latina espera expectante el desenlace de las elecciones que puede cambiar la historia del Paraguay. El resultado que arrojen las urnas el 20 de abril puede hacer realidad el sueño de los acérrimos opositores de la Asociación Nacional Republica (ANR), el partido político que gobierna en tierras guaraníes desde 1940. Pero los cambios no […]

América Latina espera expectante el desenlace de las elecciones que puede cambiar la historia del Paraguay. El resultado que arrojen las urnas el 20 de abril puede hacer realidad el sueño de los acérrimos opositores de la Asociación Nacional Republica (ANR), el partido político que gobierna en tierras guaraníes desde 1940. Pero los cambios no sólo están asegurados con el ascenso al poder de Alianza Patriótica para el Cambio, la coalición izquierdista que lidera el ex obispo Fernando Lugo.  

La actualidad paraguaya comparte las peores miserias que, pese a los cambios discursivos, aún persisten en la región. Pobreza y corrupción también son dos términos simbólicos a la hora de describir la historia de este país.  

El último informe realizado por Transparencia Internacional indica que Paraguay es el país más corrupto del continente. Pero la actual gestión del Presidente Nicolás Duarte Frutos contribuye con ambas problemáticas. Las acusaciones al Gobierno paraguayo se multiplicaron durante los últimos cinco años. El ministro de Obras Públicas y jefe del Partido Colorado (ANR), José Alderete, junto al primer mandatario fueron los protagonistas de los procesos que acapararon la atención de la opinión pública. Otro dato sintetiza esa impunidad: 15 de los 20 candidatos oficialistas al Senado fueron acusados o investigados por corrupción.  

Duarte Frutos también cumple con otros de los requerimientos para ser Presidente en América Latina: su verborragia. A pesar de que ideológicamente se ubica lejos de personajes como Hugo Chávez y Rafael Correa, la lengua de Duarte Frutos tiene mucho trabajo proselitista y, por momentos, parece ser el arma electoral más filosa que tiene el oficialismo. Sin embargo, esas mismas palabras aún no pueden explicar los errores de su gestión que convirtieron a la fiebre amarilla una epidemia que ya produjo ocho muertos. 

Lejos de avergonzarse ante la precariedad de los paraguayos frente a esta enfermedad, los candidatos encendieron la campaña con acusaciones cruzadas. Falta de vacunas, poca información, escasos profesionales y carentes recursos para enfrentar a la fiebre amarilla, una suma de irresponsabilidades que no encuentra responsables.  

Pero lo que más preocupaba, y aún desvela, a los colorados es la pelea interna. El escándalo se apropió de las portadas de los diarios a finales de 2007, cuando Blanca Ovelar, ex ministra de Educación, superó a Alberto Castiglioni, líder de la agrupación Vanguardia Colorada y ex Vicepresidente del actual Gobierno, con explícito apoyo de Duarte Frutos. Denuncias judiciales, acusaciones públicas y la palabra «traición» que todavía resuena en los pasillos del poder, sobre este episodio que condiciona la campaña. Sin embargo, la candidata oficial lleva su condición femenina como bandera, a pesar de que su tibia personalidad la ubica en un segundo plano detrás de la figura del primer mandatario. Sin embargo, su presencia también representa desventajas ya que, según datos de Gallup Internacional, es el Presidente con menor popularidad de la región, con un 21% de imagen positiva entre sus compatriotas. 

Además, el partido centenario parece actuar con un libreto prestado. La historia de ANR apunta un pasado conservador, sin embargo, esos votos hoy los cosecha el ex general Lino Oviedo. El titular de UNACE fue liberado luego de un intento golpista en 1996 y una vergonzosa huida a Brasil en 1999. Los rumores señalan que su libertad es una jugada del Presidente para dividir a la oposición, aunque los gritos de Oviedo también cautivan a parte del público colorado. 

Pero las miradas de la comunidad internacional apuntan a Fernando Lugo. Los más moderados esperan que las comparaciones con Hugo Chávez y Evo Morales sean sólo exageradas armas electorales. Lo cierto es que el ex obispo de San Pedro está demostrando ser un hábil político, más cercano al diálogo que a la diatriba, aunque con un discurso que trata de alcanzar las problemáticas más estructurales de un viciado sistema democrático. Su insistente advertencia sobre la necesidad de una profunda reforma agraria, la renegociación del Tratado de Ituipú con Brasil, acompañado por un discurso colmado del sentimiento de justicia social son sus marcas registradas.  

Las encuestas señalan lo que se percibe en las calles: Lugo le lleva una leve ventaja a Ovelar, seguidos desde atrás por Oviedo. Los colorados intuyen que será complejo detener la imagen de cambio que ofrece Lugo sin la cohesión del poderoso aparato del partido. Por eso mismo, dirigentes de peso, figuras públicas, ex presidentes y hasta los propios candidatos esperan convencer a Castigloni para que apoye la candidatura de la Lista N°1.  

La elección en Argentina y Brasil

Por las tierras gauchas pasaron los tres candidatos con el mismo resultado. Cristina Fernández los recibió en su despacho de Casa Rosada, los escuchó y les deseó suerte, pero no se comprometió con nadie ni expresó señales claras de favoritismo. Pero ese no fue el único objetivo de las visitas: en Argentina residen 1,5 millones de paraguayos, un caudal de votos determinante. 

La relación con Brasil no parece tan sencilla. La renegociación del Tratado de Itaipú, la represa que comparten ambos estados, se posicionó como uno de los tópicos electorales. Y Lugo, astuto, supo ganar votos advirtiendo que, en caso de ser electo, pedirá a Lula da Silva por la distribución de los recursos sea más equitativa que lo convenido en el contrato firmado entre ambos países en 1973. Enseguida surgieron rumores que señalaban el favoritismo de Brasilia por la candidata Ovelar, más desentendida a tocar los intereses del gigante vecino. Sin embargo, la calidez del reciente encuentro en el Palacio de Planalto entre Lula Da Silva y Lugo, y el compromiso de Brasil para conformar una mesa coordinadora que revise la distribución energética de Ituipú son firmes guiños para el ex obispo.  

La campaña también cumple con otros temas que homogenizan las problemáticas latinoamericanas. Pocas propuestas, pobres debates; muchos agravios y, sobre todo, muchas promesas con argumentos tan endebles como estereotipados. Todos los candidatos aducen ser el verdadero cambio para un país que acompaña el progreso económico que vive la región. Los últimos números publicados por la CEPAL indican que Paraguay creció, durante 2007, un 5,5 por ciento. Sin embargo, la calidad de vida de los paraguayos es preocupante: la pobreza alcanza el 33 por ciento (más 2 millones de personas) según datos del Banco Mundial y los problemas de trabajo (entre desocupación y subocupación) superan el 35 por ciento de la población económicamente activa (DGEEC). El éxodo juvenil es otro drama: casi 2 millones de paraguayos viven en el exterior, de los cuales 60 mil se fueron el año pasado. 

El propio ministro de Hacienda del Paraguay, César Barreto, reconoció que el país necesitará por lo menos 20 años de crecimiento sostenido para eliminar la pobreza. ¿Está capacitada esta dirigencia para pensar políticas de Estado a largo plazo? 

Con todas estas dificultades, el país debate su camino. Fiel a la historia del continente, en los próximos días se decidirá si otro de los grandes partidos políticos de la región deja el poder después de seis décadas. Paraguay aguarda por los nuevos vientos que soplan en la región.