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Perú: Uso del cerebro no autorizado

Fuentes: Rebelión

Disculpen, pero no era acaso que el asunto de RCTV en Venezuela consistía en que no importaba si la ley permitía al Estado renovar licencias de televisión o denegarlas, sino que «por el derecho a la libertad de expresión», la continuación debía ser automática, aunque la televisora tuviera pecados de golpismo y de evasión tributaria, […]

Disculpen, pero no era acaso que el asunto de RCTV en Venezuela consistía en que no importaba si la ley permitía al Estado renovar licencias de televisión o denegarlas, sino que «por el derecho a la libertad de expresión», la continuación debía ser automática, aunque la televisora tuviera pecados de golpismo y de evasión tributaria, porque otra cosa era acallar una voz discrepante… ¿No nos han saturado de este mensaje todos los días como si todos fuésemos venezolanos y fanáticos de las novelas del canal de la familia Granier?
Pues bien, entonces ¿con qué cara los mismos periodistas cotorras que igualan su libertad con la de sus patrones que les dictan lo que deben decir, se permiten insistir que las marchas, las huelgas, las protestas, son derechos que se permiten siempre y cuando haya «autorización», gubernamental, por supuesto? Es decir que si la prefectura comunica no marchen; los ministerios, no paralicen; y el presidente, si eres comunista no protestes; todos nos quedamos tranquilitos.
¿Y dónde se ha visto gobierno que le guste que marchen en su contra, le hagan la huelga porque metió la ley al caballazo o que se escuchen voces que lo cuestionen? Y, ya que hablábamos de Venezuela, no era que en ese país asolado por una dictadura se desarrollaron durante varios días marchas de estudiantes defensores de RCTV que nadie autorizó y que aquí fueron reportadas como masivas. ¿Cómo es que en la dictadura se marcha libremente, se resiste a la policía, se protesta llamando al golpe, se hacen huelgas petroleras etc., y en la democracia tenemos que pedir autorización para que maestros en huelga acompañen a sus dirigentes a buscar el diálogo con las autoridades, se apresa dirigentes que van a indagar sobre sus compañeros detenidos, se agrede y retiene a líderes políticos que interceden en el conflicto?
El mismo día que en la Plaza Dos de Mayo detenían a Soledad Lozano y a decenas de maestros que trataban simplemente de juntarse para iniciar un reclamo por la libertad de los que ya estaban presos, en el Jirón de La Unión un grupo de padres de las Apafas apristas lavaba banderas contra la huelga, en acto de contenido indescifrable, pero lo hacía sin ningún permiso para reunirse y expresarse, como es obvio, y nadie los reprimía. Habría que ver además si el propio García pidió permiso para hacer un mitin profundamente político y provocador en la Plaza de Trujillo que terminó en gresca con los maestros ¿o el señor tiene corona? ¿O aquí los derechos son de unos y no de los otros?
Claro, pedirle a nuestros reporteritos de la televisión y la radio, que ya se asumieron hace tiempo como parte del espectáculo social y político, reflexionen sobre lo que van diciendo en el aire, es demasiado. Ellos van a decir que cuando Huaynalaya llegó a una esquina ya estaba alterando el orden, que Muñoz y López tomaron en supermercado donde se escondieron en medio de una nube de bombas, que fueron apresados por atentar contra la tranquilidad pública al preguntar por los presos, que Diez Canseco le pegó a un policía diez centímetros más alto que él y 30 kilos más pesado y que las propias imágenes filmadas por ellos muestran agrediendo al ex congresista, que Lozano es un peligro para el sistema, etc.
De veras no están autorizados para pensar. Por eso no ejercen ese derecho.