Recomiendo:
0

Por un movimiento anti-fascista europeo antes de que sea demasiado tarde…

Fuentes: Rebelión

La profundización y generalización de la crisis en casi toda la Unión Europea debieran hacer posible comprender no sólo la dinámica y las características de esta crisis, sino también las medidas que deberían asumirse prioritariamente por la izquierda que no se rinde y persiste en resistir. 1. Es por eso por lo que en lo […]

La profundización y generalización de la crisis en casi toda la Unión Europea debieran hacer posible comprender no sólo la dinámica y las características de esta crisis, sino también las medidas que deberían asumirse prioritariamente por la izquierda que no se rinde y persiste en resistir.

1. Es por eso por lo que en lo sucesivo debiéramos hablar de una tendencia a la «grecialización», al menos en el sur de Europa, en la medida en la que, uno tras otro, países como España, Italia o incluso Francia contemplan sus respectivos panoramas políticos con indignación, al verse en camino de ser profundamente transtornados, como ha venido sucediendo en Gracia desde hace dos o tres años. En grado diferente, pero de una manera clara, el pilar fundamental de sus sistemas políticos, es decir: el bipartidismo tradicionalmente triunfante, ha entrado a una profunda crisis (Francia, España…) o incluso ha eclosionado (Grecia, Italia…) a favor de fuerzas políticas hasta ahora desconocidas, situadas a ambos extremos de la escena política. En tiempo récord sus dos grandes partidos neoliberales, a derecha e izquierda, que se aseguraban el poder alternativamente totalizando el 70%-80%, o más algunas veces, retroceden o incluso más que eso, se descomponen poco a poco retrocediendo en votos a niveles del 50%, 40%, o incluso del 30%.

2. Aunque la derecha tradicional también sufre las consecuencias de la desafección ciudadana, es sin embargo la social-democracia la víctima principal. Los partidos socialdemócratas se están derrumbando por todas partes (Grecia, España, Italia, Francia, Alemania,…), es el signo de los tiempos, y ya no son capaces de aprovechar el desgaste de la derecha cuando está en el poder. Retroceden con fuerza, ¡incluso cuando están en la oposición!

En definitiva, estamos asistiendo a una crisis de la social-democracia sin precedentes, que tiene todas las características de una crisis en estado terminal… Las consecuencias son históricas y catastróficas: la amputación de uno de sus dos pilares, el bipartidismo, que garantizaba la estabilidad política y el buen funcionamiento de un sistema basado en la alternancia en el poder de los partidos neoliberales, deja suspendido en el aire el sistema, y ya no funciona. Así, en estas condiciones, el desfondamiento del sistema no está lejos…

3. Está claro que la actual izquierda europea no es capaz de encarnar las esperanzas de los ciudadanos encolerizados que están a punto de abandonar a los partidos hasta ayer dominantes. Salvo en Grecia con SYRIZA, en el resto de Europa la izquierda no tiene ni la credibilidad ni la fuerza organizada en la base social, y sobre todo no tiene la capacidad de inspirar a las masas que giraban antes alrededor de los principales partidos burgueses, incapaces de proyectar ahora el evidente rechazo generalizado al orden establecido.
La consecuencia de la actual debilidad de la izquierda europea frente a la crisis generalizada del sistema de dominación burgués no puede reducirse a las expectativas de que esta izquierda aproveche la crisis catastrófica del capitalismo. Porque por desgracia, las terribles consecuencias van más allá. ¡Ya se vislumbra que en la Unión Europea la debilidad actual de la crisis histórica de la izquierda bien podría dar lugar a que sectores importantes de una sociedad desesperada y desorientada recurrieran a la extrema derecha o incluso a fuerzas neofascistas y neonazis para expresar su revuelta anti-sistémica!

4. ¿Simple hipótesis de trabajo? No, esto es exactamente lo que ya está empezando a ocurrir en un número creciente de países europeos. Ahora ya no es sólo la «excepción griega» con su Golden Dawn la que ha visto la eclosión y el desarrollo exitoso del neonazismo. Ahora, se trata de una verdadera ola de extrema derecha, o al menos de euroescepticismo reaccionario (Alemania, Inglaterra), ¡incluso en los países de Europa del Norte hasta hora relativamente poco afectados por la crisis de la deuda y las políticas de austeridad!
Incluso más importante que la casi generalización de este fenómeno es el hecho de que ahora la extrema derecha ha realizado un avance histórico en un gran país como Francia, que siempre ha marcado el paso de la historia de nuestro continente. E incluso allí donde la extrema derecha está marginada (Italia, España, Bélgica,…), la crisis social y la fragilidad política son tales que la situación podría cambiar en favor de la aparición de una fuerza mucho más de derechas en un tiempo récord, sobre todo si se tiene en cuenta el efecto contagio…

5. En resumen, de ahora en adelante estarán presentes en Europa todos los ingredientes de una crisis social y política sin precedentes desde el fin de la última guerra mundial, que nos retrotraerá al período de entreguerras y sus consiguientes «demonios», aun cuando el mundo haya cambiado enormemente desde la década de 1930… Sin embargo, las similitudes del panorama entre guerras no se limitan a la situación «puntual objetiva». Desgraciadamente ha aflorado el «factor subjetivo», la izquierda no social-demócrata de hoy muestra la misma incapacidad para entender lo que está sucediendo dentro mismo de la sociedad y de responder en consecuencia. La conclusión debe ser categórica: Aunque alarmante, no es el aumento natural de la extrema derecha lo que asusta, lo realmente alarmante, lo que determinará el hoy y el mañana, es ¡la incapacidad o imposibilidad de esa izquierda en orden a resolver la crisis e incluso para bloquear el ascenso de la reacción y la extrema derecha!

6. Por lo tanto, si el diagnóstico es correcto, ¿lo que debemos hacer, si obviamente rechazamos cualquier actitud pasiva y fatalista no es elegir luchar antes de que sea demasiado tarde? La respuesta parece obvia: Necesitamos reunir rápidamente todas las fuerzas disponibles en Europa, este y oeste, norte y sur, para llevar a cabo una lucha a largo plazo contra el aumento de la derecha, el fascismo y el nazismo incluido.

7. Para dar sentido y sobre todo para obtener resultados tangibles, el reagrupamiento europeo antifascista debiera ser a la vez unitario y radical, de masas, y democrático. Todo enfoque sectario que prefiera excluir en vez de unir, revela una profunda incomprensión o subestimación de la gravedad de la situación, porque se requiere la formación de un frente unido de todos los que están dispuestos a luchar, sin exclusivismos, contra la peste oscura. Las lecciones del período de entreguerras, las de Italia durante los años 20 y las de Alemania en los años 20 y 30, están aquí para recordarnos que el camino más corto hacia el suicidio programado del movimiento obrero y socialista es el sectarismo y la división contra el ascenso de la derecha racista, fascista y nazi extrema…

8. Para poder inspirar a los antifascistas y satisfacer las expectativas de la gente en estos tiempos de guerra social prolongada, la movilización antifascista no sólo debe ser unitaria sino también radical. Pues no sólo debe verse como la lucha contra el hambre o contra la extrema derecha, que están orgánicamente vinculadas, sino contra lo que la extrema derecha defiende, contra su análisis final, contra el sistema y sus bases económicas. Esto es independiente de la revuelta de las víctimas de las políticas de austeridad, aunque sea confusa y parcial, sino principalmente contra el sistema que generan la situación y las políticas que se aplican. La «moderación» de cierta izquierda, es con razón percibida por la población como «suave», porque se niega a traducir en acciones las bellas simples palabras de la izquierda, que propicia que las masas empobrecidas y desesperadas recurran a los fascistas y otros extremistas de derecha en casi toda Europa…

9. Unidad y radicalidad, el reagrupamiento antifascista europeo debe der ser también imperativamente democrático, basado en la auto-organización de los ciudadanos y ciudadanas. ¿Por qué? Porque sólo la ciudadanía movilizada puede combatir en condiciones de vencer a la extrema derecha, y por esta premisa sine qua non es por lo que se están movilizando con el objetivo de decidir por sí mismos su manera de combatir, objetivos y formas de acción. En pocas palabras, están tomando las riendas de su destino…

10. Pero hay más que eso. Si queremos combatir con alguna posibilidad de éxito a la extrema derecha, se debe hacer en todas partes, permanentemente y en cualquier terreno, de manera global, sin abandonar campo de batalla alguno. Porque no sólo basta hacer frente en las calles a las tropas de asalto u otras milicias o bandas racistas y neo-fascistas, sino también debemos plantarle cara al caos mental y a los comportamientos contrarrevolucionarios y neoconservadores; ese retorno de la peor reacción racista, antisemita, homofóbica, anti-feminista y machista. Pues el actual aumento de la masa de extrema derecha no cae del cielo, sino que ha sido preparado minuciosamente a través del envenenamiento sistemático de nuestras sociedades por los «valores» egoístas y anti-humanos de la contra-revolución neoliberal, patriarcal, que ha llegado finalmente a la misantropía y la barbarie.

11. En otras palabras, no es posible decir que somos antifascistas si no estamos en guerra contra los pilares y la razón de la extrema derecha, es decir, el racismo, la homofobia, el antisemitismo, el chovinismo nacionalista, el sexismo, y también el culto a la violencia ciega y la intolerancia. En resumen, una organización política no puede practicar el antifascismo consecuente si es homófoba, machista… o sus militantes, desfilan a paso de ganso.
¿Quién puede librar todas estas batallas constantemente sino los primeros interesados, la propia ciudadanía allí en donde trabajan estudian, se manifiestan, se relacionan, se informan y aman? La conclusión parece obvia: Para ser eficaz, la lucha contra el fascismo no debe ser un asunto de desocupados, sino de los ciudadanos auto-organizados dondequiera que operen como seres sociales. Un antifascismo que no permita hacer frente a todos los aspectos de la contra-revolución reaccionaria en marcha y que se limita a luchar sólo contra sus epifenómenos estará condenado a la impotencia…

12. Pero, cuidado: Para ver la extrema urgencia de esta situación, ya crítica, el verdadero dilema actual no es si actuar o no actuar en contra de la creciente amenaza de la extrema derecha. Se trata de decidir ya y de actuar con rapidez, lo antes posible, porque ya hemos perdido mucho tiempo valioso en Grecia y Hungría y otros países. Así que no debemos detenernos y advertir que no podemos dejar que la serpiente oscura salga de su huevo. Pues por desgracia, esta advertencia ya no vale porque desde hace tiempo la serpiente no sólo ha salido del huevo ¡sino que se ha convertido en un monstruo aterrador que vaga por las calles de diversos países europeos! …

¡Entonces, decidamos y actuemos con rapidez! Producto de una iniciativa para el menos curioso es el Manifiesto Europeo Antifascista* que tiene el gran mérito de enfrentarnos a todos nosotros ante nuestras responsabilidades. No es tiempo para la indecisión, ni el fatalismo, ni la pasividad de los demás. Ni para el sectarismo de quienes se niegan a entender que sólo todos juntos tenemos la credibilidad para inspirar la voluntad de las grandes masas de ciudadanos antifascistas. Este es tiempo para la unidad y la acción anti-fascista, tiempo para la creación del movimiento anti-fascista europeo. ¡Hoy! Mañana será demasiado tarde…

_______________

 

* Campagne espagnole : www.antifascismeuropa.org   

Campagne grecque: www.antifascismeuropa-ellada.gr   

  Campagne française: www.manifesteantifascisteeuropeen.fr/  

Campagne slovène : www.odbor.si/antifa

Traducido por Zonaizquierda.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.