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Entrevista con Dmitri Klensky, uno de los líderes del movimiento “Nochnoi dozor” (“Vigilia nocturna”)

¿Qué pasa en Estonia?

Fuentes: Sovietskaya Rossia

Traducido del ruso por Andrés Urruti

 

Noche en vela

Sobre lo que pasó hace 1 mes en Tallin. (N. del T: el 26 de abril de 2007 fue retirada del centro de Tallin, capital de Estonia, una estatua que conmemoraba la liberación, por tropas soviéticas, de la ocupación nazi del país. A raíz de este hecho se produjeron serios disturbios en la ciudad. La siguiente entrevista aporta interesantes informaciones que pueden ayudar a entender mejor dichos acontecimientos)
 

Los acontecimientos de hace 1 mes en Tallin, por lo que parece, serán todavía largo tiempo centro de atención, no solo en Rusia y Estonia, sino también en la Unión Europea. ¿Cuál es el origen del conflicto?
– Los disturbios fueron provocados desde el poder. En la época soviética este monumento era el centro de actos oficiales. Pero el pueblo, por su propia iniciativa, no acudía allí particularmente. El soldado de bronce se convirtió en punto de atracción a partir del año 1991, cuando comenzó el aplastamiento sistemático de los sentimientos nacionales rusos. Y la presión sobre ese monumento comenzó ya en esos tiempos: quitaron la verja que había alrededor de la tumba (que acompañaba al monumento), se plantaron árboles, colocaron cerca una parada de trolebús. Contraviniendo el derecho internacional quitaron del monumento las placas con los nombres de los soldados caídos. Después colocaron la inscripción: «Caídos en la Segunda Guerra Mundial» (con el sentido implícito, se dice, de que debía ser también un monumento a los «legionarios» de las SS nazis). Pero todo esto parecía poco. El 9 de mayo del año pasado el poder provocó enfrentamientos entre las personas que acudían tradicionalmente al monumento con flores y algunos «nacionalistas» que venían con la intención de profanar el monumento. Es decir, que la leña para echar al fuego del conflicto interétnico se iba apilando desde hacía tiempo. Y lo que ocurrió en los días 26 y 27 de abril, desde mi punto de vista, fue un mini incendio del Reichstag (N del T: el Reichstag, o Parlamento de Berlín fue incendiado en 1933, según parece , por los nazis, que, sin embargo acusaron a los comunistas del hecho, aprovechando para ilegalizarlos y hacerse así con el poder, con más facilidad, en las subsiguientes elecciones)
¿Por qué considera eso?
– Mire usted, las destrucciones de la noche del 26 ocurrieron en el mismo centro de Tallin. Para entonces la ciudad estaba literalmente atestada de policías. Los trajeron de todo el país. En sus localidades de origen solo quedó un tercio de las dotaciones policiales habituales. Y, de repente, en el centro de la ciudad, exactamente a 300 metros de la Plaza
Tönismägi (donde estaba el monumento), y la policía, durante hora y media no reacciona. Además, ahora, en Internet empiezan a aparecer fotografías de las destrucciones, con apelaciones a la población a identificar a los participantes e informar a la policía. Si hay fotografías, eso quiere decir que los correspondientes servicios actuaban en el mismo centro de los acontecimientos. Es decir, que el poder no podía no saber lo que estaba pasando. ¿Por qué, entonces, no reaccionaron ante los destrozos? ¿No sería porque les venía bien? Y he aquí que, en la segunda noche, ya no hubo destrucciones (N del T: «pogromos» en el original). Pero si que hubo salvajes apaleamientos de jóvenes (N del T: por parte de la policía). Lo mismo que había pasado ya en 1999, cuando las acciones de protesta de jóvenes contra la agresión a Yugoslavia y en 2003, cuando la intervención en Irak. El objetivo era mostrar que los manifestantes eran unos bárbaros salvajes, aislarlos de la masa del pueblo. En la prensa se corrió la voz de que todo esto lo montaron los «cerdos rusos». Pero pronto quedó claro que en los destrozos también intervino la juventud estonia. Y, en general, los que saquearon tiendas y volcaron vehículos, no eran del número de los defensores del soldado de bronce. Algunos extraños grupos de gente aparecieron después de que empezaran los choques con la policía. Pues al principio todo estaba bastante tranquilo, y al anochecer los ánimos empezaron a encenderse. Empezaron las refriegas con la policía en la plaza. Pero lo de las destrucciones es harina de otro costal…
¿Qué sucedió con los detenidos?
– Fueron detenidas cerca de 1200 personas, y arrestadas en firme unas 50. Eso significa que cogían a la gente por la calle indiscriminadamente. A los escolares, que ya estaban maniatados en el suelo, les molían a patadas. A los detenidos los instalaron en el puerto, en lo que era prácticamente un campo de concentración, donde no había ni las más elementales condiciones para la estancia durante largas horas de semejante masa de gente. Los métodos que se les aplicaron fueron realmente dignos de la Gestapo. Obligaban a la gente a permanecer sentados en cuclillas. Esa postura es físicamente imposible de resistir durante mucho rato. Era una forma de tortura. Pero cuando la gente ya no podía soportarlo y se levantaba, les golpeaban salvajemente por «insubordinación». De acuerdo a los relatos de los que padecieron estas palizas, aquello era puro sadismo. Sin embargo sólo llego a ser ampliamente conocido el caso de brutalidad contra el corresponsal del canal de televisión «Euronews», un alemán ya entrado en años. Resultó ser una persona de no achicarse por nada e intervino en defensa del cámara que le acompañaba, un ruso. Por eso le apalearon ferozmente.
¡Pero lo que es remarcable (y característico de la posición de la Unión Europea), es que, cuando surgió la cuestión de la violencia sobre un ciudadano extranjero, los poderes estonios inmediatamente adujeron la declaración del embajador de la República Federal Alemana (RFA) en Tallin, que vendría a decir que Alemania no tenía reclamaciones que hacer a Estonia!
¿Los dirigentes de la organización «Nochnoi dozor» sufrieron persecución?
– Sí, dos de nuestros activistas, Dmitri Linter y Max Reva, así como un estudiante de secundaria simpatizante nuestro, Mark Siryk, se encuentran a día de hoy en la cárcel. Les acusan de organizar disturbios masivos. Pero eso es un absurdo, pues ellos no organizaron nada. El poder no tiene ni la más mínima prueba de actividades ilegales de «Nochnoi dozor». La gente que acudió esa noche y la siguiente lo hicieron de forma totalmente espontánea. Pero no me sorprendería si el poder llegara a la falsificación de pruebas. Han vertido la especie de que nosotros somos «la mano de Moscú», «la quinta columna», que estaríamos preparando un golpe de estado. A mí y a mi compañero de la dirección de «Nochnoi dozor», A. Korobov, todavía no nos han citado para ser interrogados. Pero esa forma de intimidación, como es las citaciones para interrogatorios, aunque sea de forma antijurídica, se utiliza hace tiempo. A mí, como uno de los dirigentes del movimiento en defensa del «Soldado de bronce», me echaron del trabajo. Ahora hay quien reclama que me excluyan de la Unión de Periodistas de Estonia, porque si me enjuician, eso será una deshonra para la Unión de Periodistas.
¿Y donde trabajaba usted?
– Era redactor del periódico municipal «Kristiine leht». El poder en Tallin pertenece al Partido Centrista. Este tiene relaciones de socio con «Rusia Unida» (N del T: partido del presidente de Rusia, Putin). Pero, en mi opinión, a los de «Rusia Unida» les toman el pelo. En cualquier caso, los dirigentes «rusófilos» de Tallin me echaron del trabajo. Ahora, después del viaje a Moscú y mi aparición en uno de los canales rusos de televisión, habrá que esperar nuevas represalias.
¿Habrá que pensar que la «civilizada» Europa, tan preocupada por la libertad de expresión y la defensa de los periodistas, no mueve ni un dedo en defensa de usted?
– Sí, la prensa estonia ya está sometida. En conjunto se ha convertido en un instrumento de propaganda. Juzgue usted mismo. El año pasado, cuando sólo acababa de empezar la campaña por la retirada del monumento, apenas un 21% de los estonios estaba a favor de esta ofensa. Y ahora es un 47%.¿Por qué? Porque todo el año se ha llevado a cabo una activísima campaña propagandística a través de la prensa. Pero, por cierto, si el 47% está a favor, porque no tienen en cuenta la posición de la mayoría, el 53% que no apoya la retirada del monumento?
Volvamos a las causas profundas del conflicto. ¿En qué consisten?
– Estonia es un estado joven. En total, de muchos siglos, sólo ha tenido 35 años de existencia independiente. 20 años antes de la Segunda Guerra Mundial y 15 después de la destrucción de la URSS. La estatalidad de Estonia se alcanzó no a través de un largo periodo de lucha, sino como resultado del derrumbe de la URSS. Es decir, de forma fácil e indolora. Pero aquí aparece también otra faceta: en vista de la falta de experiencia histórica y sabiduría, la élite estonia se comportó de forma bastante soberbia y presuntuosa. Da la sensación de que a algunos les dominaba la sed de revancha por las ofensas de los siglos pasados. El tema llegó hasta el punto de que, a los vecinos fineses en Estonia empezaron a llamarles «losi» (alces). Pero los finlandeses cortaron esto rápidamente. Pero inventaron otra denominación ofensiva para los rusos: «tibla». Me callo de que componentes está formada la palabra, especialmente las 3 últimas letras (N del T.: es una alusión a una palabra soez en ruso). Muchos de nuestros conciudadanos se sienten como en un campo de concentración espiritual. Los funcionarios te dan a entender a cada paso que tu eres una persona de segunda clase. En Estonia se utiliza un modelo nuevo, anglosajón, de opresión de los sentimientos nacionales rusos, a través de la aculturación de la población. La intención es privar a los rusos de educación superior, de intelecto, convertirlos en una fuerza de trabajo resignada y sin derechos.
El problema no es el monumento como tal. Su retirada fue simplemente el catalizador de un estado de ánimo que viene madurando desde hace tiempo, y que es de profundísimo descontento de la población rusa por el despiadado menoscabo de su dignidad, de sus derechos sociales y económicos.
La segunda noche de disturbios me encontré en la plaza con un muchacho de unos 12 años. Le pregunté: «¿Qué haces tu aquí? Esto es peligroso, vete a jugar con el ordenador». Pero él me respondió seriamente, como un adulto: «Mi abuelo murió en la guerra. ¡Y ahora ellos retiran el «Soldado»!»¿De donde sacaba eso este chico, que ha estudiado en la escuela donde dan una versión antirrusa de la historia y de la Segunda Guerra Mundial? De sus padres. Pero los padres no vinieron a la plaza, porque tienen miedo. Les pueden quitar el trabajo por las buenas. Por regla general tienen ciudadanía «adquirida». Así que, por cualquier falta, se la pueden retirar. Deben ser leales por triplicado en relación al estado estonio. Esos son los instrumentos ocultos de opresión de la personalidad. No protestes, no abras la boca…
Si Estonia ha entrado en la Unión Europea, entonces debería respetar sus estándares. Pero la «élite» de Estonia preferiría pasar de ellos. En uno de los documentos importantes de la ONU se incluye la afirmación muy concreta de que «la violación de los derechos humanos no puede justificarse por el pasado histórico». Esto es muy apropiado para Estonia, donde la discriminación de los rusos se intenta justificar por la «ocupación soviética». Por cierto, pocos saben que, según estadísticas de la UE, Estonia está en el primer puesto de Europa en nivel de xenofobia. Pero la UE no reacciona ante esto en absoluto. Todo lo contrario, la UE apoya por la vía de hecho la política discriminatoria de los poderes estonios..
¿Y se dirigió usted por el asunto del soldado de bronce a las misiones diplomáticas de los países occidentales?
-Lo hice, y más de una vez. A las embajadas de los países de la coalición antihitleriana y a la de la RFA. Pero me contestaron que eso era un asunto interno de Estonia. Nuestros activistas escribieron al presidente de EEUU, al canciller de la RFA y hasta a la reina de Gran Bretaña. Pero de ellos no hubo ni respuesta. Es decir, que para ellos, un tercio de la población de Estonia – los rusófonos – es como si no existiera. Pero por causa del incumplimiento de la Convención de Viena en relación a la embajada de Estonia en Moscú, la UE reaccionó instantáneamente. (N del T.: la embajada estuvo varios días bloqueada por jóvenes simpatizantes del gobierno de Putin, como protesta por los sucesos de Tallin)
Ahora se habla de un renacimiento del fascismo en Estonia…
– Cuando se habla del nazismo en Estonia, no se explica del todo bien. Se presta atención, ante todo, a las legiones estonias de las SS. Eso ocurrió, efectivamente. Pero hay que tener en cuenta que una parte de los que sirvieron en ellas fueron movilizados forzosamente. Y los estonios llevan en la sangre, después de muchos siglos de existencia bajo el dominio de Prusia, la costumbre de someterse a los alemanes. Además, incluso en la época del imperio ruso, el campesino estonio se hallaba sometido a la servidumbre, no del terrateniente ruso, sino de los barones alemanes, que, a su vez, servían al zar. El meollo del renacimiento del nazismo en Estonia está en otra parte. Está en la ideología de superioridad nacional, que la cúpula gobernante impone a la población estonia. ¿Qué interés nacional había en la retirada del monumento del soldado de bronce? El de asegurarse el apoyo de los elementos nacionalistas. ¿Y qué hacía Hitler? Hacía cerrar filas a los alemanes en oposición a las «razas inferiores», es decir, los eslavos. Y he aquí que la cuota del Partido Reformista (N del T. : partido del primer ministro, de derecha neoliberal) entre los estonios étnicos, después de estos sucesos, se disparó hasta el 47%.
Ahora hasta la prensa estonia habla de las tendencias totalitarias en la política del poder. Me ha tocado escuchar que, después de los combates montados por la policía, los médicos temían dar a los heridos informes de sus traumatismos, y los abogados temían hacerse cargo de la defensa de los detenidos. ¿De que nos habla esto, si no es de una atmósfera de miedo generalizado?
Una organización estonia sin ánimo de lucro con el simbólico nombre de «Nueva Europa»(¡!) no hace mucho que editó un folleto de contenido absolutamente pronazi y antisemita, con una gran esvástica en la cubierta. Según datos no confirmados, la tirada era de 15000 ejemplares. Eso es una tirada enorme para Estonia. El folleto estaba en cinco lenguas europeas. Lo que significa que estaba diseñado para su distribución por todo el continente. Con motivo de esto, escribí una carta a la policía de seguridad de Estonia. Todavía no he recibido respuesta. Y todavía antes apareció el folleto «Hitler y los niños», que se vendía libremente y en el que se glorifica al Führer. El nazismo todavía está en embrión, pero no hay garantías de que no se desarrollará.
Dicen que en Estonia se está creando un modelo local de apartheid…
– Sí, esto es apartheid, aunque con sus propias características locales. Tomemos el ejemplo de Tallin. Aquí la correlación entre población rusa y estonia es del 53% y el 47%. Pero el paro entre la juventud rusa es 2’5 más alto, y el nivel de educación superior 2 veces más bajo que entre sus coetáneos estonios. Aunque en tiempos de la URSS no había ninguna diferencia en absoluto. En Tallin casi la mitad de la población son rusos, pero el 90% de los funcionarios son estonios. En el gobierno de Estonia, en todos los años de su existencia, prácticamente no ha habido ni un ministro ruso. Amnistía Internacional estudió la situación en Estonia y llegó a la conclusión de que hay una discriminación lingüística de los rusos. ¿Y qué? En Estonia inmediatamente se esforzaron en tratar de desacreditar a esa organización.
¿Cómo se percibe entre los rusos de Estonia la política del gobierno de la Federación Rusa (FR) con respecto a los asuntos bálticos?
– Con ironía. Ya hemos aprendido, a base de experiencias amargas, que tras las declaraciones altisonantes no hay nada. Más aún, el lío creado en los días del asunto de la embajada de Estonia en Moscú nos perjudicó notablemente. Eso posibilitó desviar la atención del conflicto en torno al soldado de bronce hacia el conflicto en torno a la embajada. Y después de eso empezaron a acusarnos de que éramos la «mano de Moscú»
Pero a los políticos rusos les gusta afirmar que si hubiera sanciones (contra Estonia) sufrirían sobre todo nuestros compatriotas.
– Eso es hipocresía. ¿Nos han preguntado los políticos? En tanto cuanto yo sé, el 53% de los rusos en Estonia apoyan las sanciones, incluso si eso nos supone complicaciones. Pero algo hay que hacer para acabar con esta situación artificial. De otro modo, todo esto va a estirarse indefinidamente. Y, en general, existe la sensación de que en el gobierno ruso dominan los intereses comerciales sobre los de estado.
Después de la feroz represión de la protesta, ¿no ha caído la gente en un estado de temor y apatía?
– No, lo que predomina es un sentimiento de profunda indignación.
¿ Y ahora qué? ¿Están dispuestos a seguir luchando?, ¿y qué objetivos se fijan?
– Ahora se debate ampliamente la necesidad del diálogo interétnico para evitar la repetición de acontecimientos similares. Pero el diálogo solo puede darse entre iguales. Y el poder aún busca los «socios» más cómodos para ellos entre la población rusófona, los que estén dispuestos a condenar a las fuerzas patrióticas rusas por su «radicalismo». Han aparecido «rusos profesionales» de esos, que hacen coro al gobierno. Nosotros planteamos determinadas cuestiones de entrada al diálogo: – restauración del Monumento al Soldado Liberador y devolución de los restos de los soldados caídos a su lugar anterior; – disculpas públicas y renuncia del gobierno; – formación de proceso a Ansip (N del T.: primer ministro estonio), por provocación del odio entre nacionalidades; – creación de una Comisión Internacional para la investigación de la brutalidad policial.
Estamos interesados, no en cambiar un gobierno declaradamente «pardo»(N del T.: color asociado a los nazis y la extrema derecha en general) por otro algo mejorado, de color beige. Es imprescindible un cambio radical de los principios de política en relación a las minorías nacionales. Pues en Estonia el 25% de la población son rusos, el 34% rusófonos. En Macedonia, unos años atrás, los albaneses locales, que constituyen sólo el 20% de la población se alzaron en armas y lograron grandes concesiones de parte de los macedonios, que fueron obligados a ello bajo presión de la UE y la OTAN. Y a nosotros, las minorías nacionales, que en Estonia somos casi el doble en porcentaje, nos niegan los derechos políticos más elementales. ¿Qué tenemos que hacer para que nos oigan, coger las armas? Desearíamos mucho que la cosa no llegue a esos extremos.

Enlace a texto original: http://www.sovross.ru/modules.php?name=News&file=article&sid=609

Andrés Urruti pertenece al equipo de traductores de Cubadebate y Rebelión .