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¿Qué y quiénes pierden con la muerte de Abimael Guzmán en el Perú?

Fuentes: Rebelión

El 11 de septiembre del 2021, en la Base Naval del Callao, Perú, falleció el fundador y cabecilla del grupo terrorista Sendero Luminoso (SL), Abimael Guzmán, a los 86 años de edad, y en vísperas de cumplir 29 años de su detención. Purgaba la pena de cadena perpetua.

¿Abimael Guzmán es el único responsable sanguinario del Perú?

Según el informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, realizado a petición del Estado peruano, luego de haber “derrotado militarmente” al terrorismo en el Perú, el 54% de las más de 69 mil muertes violentas durante el conflicto armado interno que vivió dicho país corresponde a SL. Cerca del 46% del total de muertes son de responsabilidad de las Fuerzas Armadas (FFAA).

Las acciones antisubversivas de las FFAA, fueron tan terroríficas como las de SL, porque aquellas tenían la misión atacar a los terroristas y proteger a la población peruana. Pero asesinaron cerca de 30 mil de peruanos inocentes en defensa de la “democracia y de la Patria”.

SL estuvo conformado por indígenas y campesinos provenientes desde los territorios socioeconómicamente más sumergidos del país. “El pensamiento Gonzalo” encontró un terreno fértil en bolsones territoriales y sociales altamente vulnerables ocasionados por la República criolla peruana que estaba y está diseñada para enriquecer a unos pocos con los bienes comunes y el trabajo de las grandes mayorías.

¿Qué motivó para que surgiera Sendero Luminoso en el Perú?

Una de las causas principales para que jóvenes estudiantes o no asumieran dicho camino como su único vehículo de emancipación individual y colectiva fue las condiciones paupérrimas en las que sobrevivían casi la totalidad de la población campesina en las serranías del Perú.

El centralismo político económico limeño, casi virreinal, había anulado casi por completo la condición de humanidad de los pueblos y sectores campesinos del Perú “profundo”. Incluso muy a pesar de los intentos de cambio de la “Reforma Agraria” de 1969. En estas condiciones, apologetas de SL se constituyeron en ovacionados mensajeros de la “revolución senderista” para instaurar la patria prometida.

En la década de los 70, el Producto Interno Bruto (PIB) del Perú bordeaba cerca de 7.5 mil millones de dólares. A la muerte de Abimael Guzmán, el PIB peruano asciende a más de 220 mil millones de dólares, pero controlado por el sector privado en más del 90%. En la actualidad, cerca de 12 millones de peruanos continúan en situación de pobreza.

Sendero Luminoso, en buena medida, fue prohijado por la opulenta oligarquía criolla peruana que le negó toda posibilidad de subsistencia digna a los pueblos originarios, campesinos y nativos del Perú. En ese contexto encendió socialmente la promesa mesiánica maoísta, leninista y mariateguista del “pensamiento Gonzalo”.

¿Qué y quiénes pierden con la muerte de Abimael Guzmán en el Perú?

En 1992, capturan a Abimael Guzmán y a la cúpula de SL. Desde entonces, el Estado y todo el aparato mediático de la oligarquía peruana, construyen una narrativa político militar triunfalista e intimidatoria frente a cualquier intento de insubordinación o sublevación política en el país.

Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos se mantendrán en el poder por una década (1990-2000), cometiendo atrocidades de corrupción y delitos de lesa humanidad, mostrando su trofeo de guerra: “Abimael Guzmán y la cúpula senderista vivos y enjaulados”.

Quienes hemos vivido en el Perú, durante la dictadura fujimotesinista, recordamos que Guzmán era un trofeo vivo que Fujimori mostraba a la peruanidad, cada cierto tiempo, no sólo para recordar su eficiente lucha antiterrorista, sino para escarmentar cualquier insubordinación contra el sistema neoliberal. Mantener a Guzmán con vida y encarcelado, fue una estrategia fructífera para la oligarquía peruana neoliberal.

Ahora que muere Abimael Guzmán, la oligarquía criolla, sus actores políticos y sus comunicadores no saben cómo actuar por que se les murió su fetiche con el que se protegían o espantaban cualquier intento de insubordinación social. ¡Por eso se resistieron a creer que haya ocurrido dicho deceso!

Pero, lo más aberrante y arcaico de la oligarquía y de sus analistas/periodistas es que al saber que Guzmán había muerto, comenzaron a debatir sobre qué hacer con el cuerpo para “evitar que Guzmán resucite en los empobrecidos pueblos del Perú y vuelva hecho millones”. La razón jurídica moderna presume que la pena termina con la muerte del condenado, y que la decisión sobre el destino de los restos mortuorios de éste corresponde a sus familiares.

No sabemos cuál será el camino que tomarán quienes con su opulencia prohijaron a Guzmán y a SL, ahora que se les murió su fetiche para mantener su hegemonía política y económica neoliberal. Lo único cierto es que, ahora, las estructurales causas socio históricas que motivaron la adhesión de miles de peruanos al “pensamiento Gonzalo” continúan vigentes, y aún más recargadas que hace 50 años atrás. Y, éste es uno de los nudos centrales que la peruanidad debe de debatir y resolver, y no tanto el qué hacer con el cuerpo de Guzmán.

Ollantay Itzamná. Defensor de Derechos de la Madre Tierra y Derechos Humanos desde Abya Yala.

Blog del autor: https://ollantayitzamna.com/

@JubenalQ

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