La política exterior de Estados Unidos ha sido históricamente guiada por sus intereses irredentistas estratégicos, el reciente caso de Venezuela, de secuestro del presidente Nicolas Maduro, no es una excepción. La idea de que el país norteamericano actúa en pro de la democracia es una ilusión, un espejismo que oculta el interés de controlar el vasto petróleo venezolano. Cuando el presidente Donald Trump habla de “dirigir” al país sureño, se está refiriendo precisamente a eso.
Sería una hazaña robinsoniana creer que la democracia está en la agenda de Estados Unidos en su intervención militar en Venezuela. Las acciones militares parecen estar más alineadas con los objetivos imperiales que con la promoción de instituciones democráticas. La reciente (noviembre de 2025) publicada Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos destaca la importancia del acceso a recursos y ubicaciones estratégicas. En este sentido, el «Corolario Trump» es la reactivación de la Doctrina Monroe, se erige por el destino divino que viene desde el “puritanismo” de sus fundadores, como lo planteó Anderson (2014) y el irredentismo de MAGA.
Frente a esta realidad, el multilateralismo se presenta como una alternativa viable dentro de las reglas del juego ya establecidos, pero que el imperio no respeta. En su lugar, actúan unilateralmente en función de sus intereses. En el marco de su crisis de larga duración, han perdido la capacidad de lograr acuerdos que incluyan a otros países y organizaciones internacionales.
Es importante considerar las implicaciones legales de las intervenciones militares como la ocurrida en Venezuela, como la evasión de la autorización del Congreso estadounidense para la operación “Resolución absoluta”. La violación del derecho internacional no solo socava la credibilidad de Estados Unidos únicamente, sino que también pone en peligro la estabilidad regional dejando un nefasto precedente.
Los alcances del “Corolario Trump”
El «Corolario Trump», aludiendo a la política exterior de la administración del presidente Trump, estampada en la Estrategia de Seguridad Nacional, refleja un resurgimiento de prácticas imperialistas que han marcado la historia de Estados Unidos, al respecto, véase Las doctrinas imperialistas de los Estados Unidos y su impacto en Panamá de Sánchez Pérez (2025). Desde el siglo XIX, se promovió la predominancia estadounidense en América Latina y el rechazo de la intervención de potencias europeas en la región, hoy sería China y Rusia fundamentalmente. Esta manifestación de intervencionismo se enfoca en la reafirmación del poderío estadounidense, amparado bajo el discurso de la seguridad nacional.
Los alcances del Corolario Trump son alarmantes. La retórica de MAGA desencadena no solo un desdén hacia los derechos humanos de pueblos ajenos, también trastoca la soberanía nacional de otras naciones, subordinándolas a los intereses geopolíticos de Estados Unidos. Esto se traduce en políticas de desestabilización de gobiernos considerados opuestos a los intereses estadounidenses.
A medida que las violaciones a los derechos humanos se multiplican, y la democracia se convierte en una fachada, se hace eco el pensamiento de Hannah Arendt: los derechos fundamentales parecen desvanecerse, y el derecho a no tener derechos se vuelve el único palpable. La administración Trump, al promover una visión unilateralista y excluyente, demuestra que el “estado de excepción” se ha normalizado, tal como sugiere Giorgio Agamben.
Así, el Corolario Trump reactiva el monroísmo, también representa un reto para los movimientos sociales y políticos que buscan alternativas al imperialismo. La respuesta debe ser una apuesta colectiva por la solidaridad internacional y la defensa de la soberanía de los pueblos, que priorice los derechos humanos y el bienestar colectivo. En un momento en que la resistencia parece casi utópica, es crucial fortalecer los lazos entre quienes comparten la lucha contra este imperialismo irredentista, promoviendo un futuro donde los derechos no sean un privilegio, sino un estándar irrenunciable.
Multilatelismo y tripolarismo
En este contexto, el multilateralismo emerge como un mecanismo esencial para mitigar las diferencias entre estas potencias. A través de acuerdos y organizaciones internacionales, como las Naciones Unidas, o el grupo de los BRICS, por citar algunos ejemplos potentes, se busca fomentar la cooperación y reducir tensiones en áreas de conflicto. El multilateralismo permite que los países encuentren puntos en común y establezcan normas que regulen el comportamiento global, favoreciendo así un equilibrio más estable. La dominación de Estados Unidos unilateral no soluciona el problema, sino que lo empeora, con la posibilidad de replicar esta misma “operación” en otros países que no se acoplen a sus pretensiones imperiales.
El caso del presidente venezolano Nicolás Maduro marca un precedente nefasto para la región, en este marco tripolar y multilateral. Maduro ha enfrentado una serie de desafíos internos y externos, incluidos intentos de desestabilización desde Estados Unidos, que ha buscado su salida del poder. Lo cual se materializó la madrugada del tres de enero de 2026 en horas de la madrugada. En este contexto, Rusia y China, quienes han brindado apoyo político, económico y militar al gobierno chavista, no lograron tener ningún rol importante para impedir la ejecución de la intervención militar dada.
Una forma de mantener cierto equilibrio mundial es a través de los mecanismos mencionados. Así, el tripolarismo de China, Estados Unidos y Rusia, como lo planteó (Jalife-Rahme, 2020) para explicar la tendencia en este nuevo orden, combinado con un multilateralismo más eficaz, lo cual ofrece un marco dentro del cual las naciones pueden navegar las complejidades de la política internacional. La retención ilegal del presidente Maduro es un claro ejemplo de las dinámicas de poder que operan en este contexto.
La solidaridad internacional antiimperialista
La solidaridad internacional antiimperialista es la cooperación entre pueblos, naciones y movimientos sociales que buscan resistir y combatir las formas de dominación, explotación y opresión impuestas por potencias imperialistas. Particularmente es la solidaridad de los pueblos con los pueblos y, no necesariamente de gobiernos. Esta forma de solidaridad se fundamenta en la comprensión de que las luchas locales están interconectadas con los problemas globales. La liberación de cualquier pueblo implica el rechazo a las estructuras de poder global que perpetúan la desigualdad.
La solidaridad internacional antiimperialista se manifiesta en acciones concretas, como el intercambio de recursos, conocimientos y estrategias entre movimientos progresistas, así como en la defensa de los derechos humanos y la soberanía de naciones que enfrentan intervenciones extranjeras. Promueve la idea de que la justicia social y la emancipación deben ser globales, y que el apoyo entre pueblos es esencial para construir un mundo más equitativo, libre de dominación y con un enfoque en el respeto por la diversidad cultural y política.
El nuevo viejo monroísmo, debe ser cuestionado. La búsqueda de un enfoque multilateral y el respeto por el derecho internacional son esenciales para construir un futuro de paz mundial. La lucha por la democracia en Venezuela no debería estar marcada por la intervención militar, sino por una verdadera participación comunitaria y de la solidaridad internacional que busque, ante todo, preservar la soberanía y los recursos del pueblo venezolano para su propio bienestar.
Bibliografía
Anderson, Perry (2014). Imperium et Consilium. La política exteriornorteamericana y sus teóricos. Madrid: Akal.
Jalife-Rahme, Alfredo (2020). Guerra multidimensional entre Estados Unidos y China. Ciudad de México: Orfila.
Sánchez Pérez, Diógenes (2025). La doctrina es imperialista de los Estados Unidos y su impacto en Panamá. Ensayo sobre historia de las relaciones entre Panamá y Estados Unidos. Panamá: ASOPROF-Grupo de investigación pensamiento crítico y comunidad.
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