Derrotas de Víktor Orban en Hungría. Triunfo de Bulgaria Progresista. Antonio José Seguro sucede al conservador Marcelo Rebelo de Sousa en Portugal.
Bulgaria. Rumen Radev se proclama como vencedor de las elecciones legislativas
La coalición Bulgaria Progresista, liderada por el exmilitar y expresidente Rumen Radev, ha logrado una victoria «categórica» en las elecciones legislativas de este 19 de abril, alcanzando resultados que apuntan a una posible mayoría absoluta. Según el recuento preliminar de la agencia Alpha Research, basado en una muestra representativa de papeletas reales a pie de urna, la formación de Radev se habría alzado con un 43,5% de los votos, lo que le otorgaría 129 escaños en una Asamblea Nacional de 240. De confirmarse esta tendencia, Radev no solo desplazaría de forma definitiva al bloque conservador de Boiko Borisov, sino que tendría en su mano la posibilidad de formar gobierno con un control parlamentario sin precedentes en la última década de inestabilidad institucional búlgara, que ha encadenado ocho procesos electorales en tan solo cinco años.
Este vuelco electoral se sitúa en una coyuntura marcada por la capitalización política del descontento tras las protestas de 2025 contra el presupuesto y el rechazo a la entrada en el euro el pasado enero, medida percibida por las clases populares como una amenaza directa a su ya mermado poder adquisitivo. Los sectores que han roto la tendencia abstencionista ven a Radev como una posibilidad de «limpieza» institucional en el Estado más pobre de la Unión Europea. En ese sentido, la victoria de Radev muestra el agotamiento de una clase trabajadora golpeada por la inflación y la corrupción endémica de oligarcas como Delyan Peevski, sancionado internacionalmente.
En su comparecencia durante la noche electoral, Radev evitó confirmar si gobernará en solitario, pero ya ha manifestado su intención de negociar con la coalición Continuamos el Cambio-Bulgaria Democrática (PP-DB), que ha obtenido la tercera posición con un apoyo estimado del 14%. De confirmarse los datos de las encuestas a pie de urna, el escenario parlamentario búlgaro se simplificaría sustancialmente, permitiendo formar una mayoría con tan solo dos partidos. El resto del espectro político muestra un debilitamiento de las fuerzas tradicionales y el avance de opciones «críticas», con el Movimiento por los Derechos y las Libertades (DPS) en cuarto lugar, seguido por Renacimiento (5%) y la Coalición por Bulgaria (BSP), que apenas logra un 4%.
La victoria de Rumen Radev no solo altera la correlación de fuerzas parlamentaria, sino que posiciona a Bulgaria ante un posible proceso de reconfiguración estatal donde se podrían depurar figuras de las redes clientelares de la antigua administración para implementar una gestión de los recursos públicos que responda a otro orden de prioridades. A este respecto, el líder de Bulgaria Progresista lanzó un mensaje de confrontación directa contra las estructuras de poder anteriores: «La gente ha rechazado la autocomplacencia y la arrogancia de los viejos partidos y no ha caído presa de las mentiras y la manipulación», definiendo el resultado como una «victoria de la esperanza sobre la desconfianza y de la libertad sobre el miedo» y una «victoria para la moral» de un electorado que habría castigado la parálisis legislativa.
Pese a la claridad del resultado, el proceso electoral sigue estando atravesado por una profunda desafección sistémica de la clase trabajadora búlgara hacia el parlamentarismo. Si bien se espera un aumento de la participación, los sondeos apuntan a que habría sido algo superior al 38% de 2024, uno de los mínimos históricos. El repunte de la movilización del voto se explica en gran medida por el mencionado hartazgo acumulado frente a la cleptocracia y la irrupción coyuntural de la figura de Radev como una imagen que proyecta «recuperar el orden». Sin embargo, el hecho de que la mayoría del censo siga al margen de las urnas demuestra que la crisis de representatividad está lejos de resolverse.
Bulgaria frente a una UE en crisis: «Reindustrialización y nueva arquitectura de seguridad»
Con
respecto a la posición de Bulgaria en el tablero internacional, Radev
se distancia del seguidismo estricto de Bruselas. En declaraciones
realizadas en inglés, el futuro líder del país aseguró que, aunque
Bulgaria mantendrá su senda europea, el bloque necesita «pensamiento
crítico y pragmatismo de forma urgente». Según el mandatario, la UE
habría sido «víctima de su propia ambición de ser un líder moral en un
mundo sin reglas», una postura que considera «agotada» ante la actual
crisis económica y el intrincado escenario geopolítico, en una alusión
velada a la guerra de Ucrania. Su perfil, caracterizado por una posición
crítica con los marcos institucionales vigentes y una visión que
algunos analistas internacionales vinculan a la trayectoria calificada
como «euroescéptica» y pragmática en su relación con Rusia, supone un
desafío directo a las facciones conservadoras y más europeístas que han
dominado la política búlgara en la última década.
La hoja de ruta de
Radev para la llamada «misión europea» de Bulgaria pasa por una
«transformación profunda» de las prioridades estratégicas del bloque. El
líder búlgaro ha instado a la UE a construir una «nueva arquitectura de
seguridad» y a dedicar «grandes esfuerzos» para «recuperar su poder
industrial y competitividad». Este discurso «soberanista», que coloca la
política industrial en primer plano, sitúa al nuevo gobierno de Sofía
como un posible actor díscolo emergente para el futuro del bloque,
mientras la crisis económica y social golpea con especial dureza a la
periferia europea y Hungría vuelve a la esfera de influencia de la
Comisión Europea tras la derrota de Viktor Orbán.
La prensa europea
tiende a simplificar las posiciones como las de Radev, Orbán, Robert
Fico en Eslovaquia o Călin Georgescu en Rumanía como «prorrusas», una
etiqueta que a menudo oculta que detrás de estas posturas díscolas en
política exterior se encuentra una respuesta con profundas causas
materiales y con un arraigo social relativamente alto en varias zonas de
Europa del Este directamente relacionado con la degradación de las
condiciones de vida bajo la tutela de Bruselas. El «pragmatismo» que
apuesta por normalizar relaciones comerciales y diplomáticas con Moscú
cala en una población que prioriza el acceso a fuentes de energía barata
y la estabilidad de precios frente a una alineación ideológica con la
UE, que ha vaciado la industria búlgara y ha disparado la inflación tras
la adopción del euro. En ese sentido, el hartazgo hacia las
instituciones comunitarias y los políticos nacionales que obedecen a sus
mandatos responde a la percepción social de que la guerra en Ucrania se
financia con políticas de austeridad contra las clases trabajadoras de
los países periféricos, quienes a menudo rechazan ser el peón
sacrificable en una guerra comercial y militar que solo acelera su
empobrecimiento y el riesgo de una gran guerra. A menudo, son los
partidos de extrema derecha quienes integran esta postura «rebelde»
frente a Bruselas para presentarse como «voto protesta», pero el caso
búlgaro vuelve a demostrar que no responde a un programa necesariamente
ultraderechista.
Derrota histórica de Viktor Orban
Tras
16 años ejerciendo un poder casi absoluto, la derrota de Viktor Orban
en las elecciones legislativas de Hungría debería ser interpretada como
un momento histórico, reavivando además la esperanza de que la
dominación del ultra-nacionalismo depredador no es inevitable.
Y su
derrota estuvo a la altura del hartazgo de su pueblo tras 16 años de un
gobierno de favoritos, de amistad con dictadores y líder de la extrema
derecha.
El triunfo de Peter Magyar significa, ante todo, un
realineamiento geopolítico de Hungría que, hasta hoy, fue percibida como
una “correa de transmisión” de los intereses rusos dentro de la Unión
Europea (UE).
La derrota electoral de su primer ministro, principal
aliado de Vladimir Putin en el bloque, marcará sin duda el inicio de un
giro estratégico: según prometió Magyar en la campaña, el país se
acercará a las posiciones del bloque y de la OTAN, distanciándose de la
influencia del Kremlin.
Un cambio que no solo fortalecerá la cohesión
europea, sino que también redefinirá el papel de Hungría en el tablero
geopolítico.
A nivel interno, aunque una derrota de Orban no
garantiza una redemocratización inmediata —dado que su sistema está
profundamente arraigado—, podría abrir la puerta a reformas
institucionales y a la restauración de contrapesos democráticos.
La
oposición, al unirse, ha demostrado que es posible movilizar a la
sociedad húngara incluso en un contexto mediático dominado por el
gobierno. Sin embargo, el camino hacia la recuperación democrática será
sin duda gradual y enfrentará desafíos estructurales.
Atrás deberían
quedar, sin embargo, años de tensiones entre Bruselas y Budapest. Desde
bloqueos en decisiones clave hasta disputas legales y amenazas de
condicionalidad presupuestaria vinculadas al Estado de Derecho. La
salida de Orban aliviará esas fricciones, facilitando una mayor
cooperación y reduciendo los obstáculos internos que han debilitado la
unidad europea.
Pero, sobre todo, con un muy posible efecto dominó,
la derrota de Viktor Orban debilitará las fuerzas antidemocráticas y de
extrema derecha. Porque lo que sucedió en Hungría representa para ellas
un revés estratégico, tanto en Europa como en Estados Unidos, donde
Orban ha sido un referente ideológico y un aliado clave.
Su modelo de
“democracia iliberal” —caracterizado por el control de los medios, la
erosión de la independencia judicial y la concentración del poder—
sirvió de inspiración para figuras como Donald Trump en Estados Unidos,
Marine Le Pen en Francia, Santiago Abascal en España o Javier MIlei en
Argentina. Hoy, su derrota demuestra que este modelo no es invencible,
incluso cuando se ejerce un control casi absoluto sobre las
instituciones y la narrativa pública.
Actor clave en la red de
alianzas entre la extrema derecha global y regímenes autoritarios como
el de Putin, la derrota del actual primer ministro debilita esa red,
aislando a otros líderes que, como él, han combinado retórica
antiinmigración, euroescepticismo y alineamiento con Moscú.
En un
contexto donde la guerra en Ucrania ha expuesto las contradicciones de
esos movimientos —que simpatizan con Putin mientras pretenden defender
la soberanía occidental—, el fin del “modelo Orban” dejará a la extrema
derecha sin uno de sus principales puntos de referencia.
En Estados
Unidos, donde el movimiento MAGA (Make America Great Again) ha adoptado
tácticas similares de polarización y deslegitimación de las
instituciones democráticas, la caída de Orban podría ser interpretada
como una señal de alerta.
Trump y sus aliados han elogiado
abiertamente a Orban, presentándolo como un ejemplo de cómo gobernar sin
concesiones a la oposición o a los medios críticos. Su fracaso
electoral debilitará el argumento de que el autoritarismo es el camino
más efectivo para mantener el poder.
En Europa, donde partidos como
Alternativa para Alemania (AfD), Hermanos de Italia o el Partido Popular
Polaco (PiS) han imitado estrategias de Orban —como el ataque a la
prensa independiente o la instrumentalización de la justicia—, su
derrota podría frenar su avance.
En todo caso, todos ellos perdieron a
uno de sus principales aliados dentro de la UE, lo que dificultará su
capacidad para bloquear reformas progresistas o para normalizar
discursos anti europeístas.
Declaración del Partido Obrero Húngaro sobre las elecciones
El 12 de abril de 2026, Hungría celebró elecciones generales. El resultado fue una derrota
decisiva
del gobernante Fidesz conservador, liderado por Viktor Orbán, y una
victoria del Partido Tisza, mayoritariamente liberal, liderado por Péter
Magyar.
El Partido Obrero Húngaro considera que hay algunos puntos
clave que deben destacarse y lecciones que pueden extraerse de este
acontecimiento.
1. Estas elecciones no se produjeron en el vacío,
sino que estuvieron influidas por la situación general del capitalismo
en el mundo. El imperialismo está en crisis, lo que significa que, para
sobrevivir, está dispuesto a amenazar al mundo con otra gran guerra. Uno
de los ejemplos más significativos de ello es la guerra en Ucrania.
Hay
muchas facciones dentro de la burguesía europea que tienen distintos
enfoques para la resolución de esta crisis. Una de ellas aboga por el
fortalecimiento de la burguesía nacional y el fortalecimiento de su
cooperación con el capital financiero internacional en sus propios
términos. Este grupo aspira a una Europa de muchas naciones y a la
preservación de la cultura tradicional.
El otro grupo cree que el
capital internacional debe fortalecerse y que debe absorber a la
burguesía nacional. Considera que al capital se le debe dar libertad
absoluta para operar y que cualquier obstáculo que pueda entorpecerlo
debe ser eliminado, incluidas las regulaciones nacionales e incluso las
propias naciones. Los representantes de este grupo suelen pedir un
Estado Europeo Unido y abogan por la erosión de las naciones y de la
cultura tradicional. Fidesz pertenece al primer grupo, mientras que la
mayor parte de la oposición liberal pertenece al segundo.
El gobierno
de Orbán cooperó con el capital imperialista europeo y estadounidense,
pero también buscó autonomía, tanto financiera como política. Permitió
la expansión de las corporaciones multinacionales, pero también invirtió
en el fortalecimiento del sector estatal y de la clase capitalista
nacional.
El país permaneció en la UE, pero buscó abrir relaciones
financieras con Rusia, China y otros países orientales. Siguió formando
parte de la OTAN, pero trató de mantener la neutralidad en el conflicto
ucraniano.
Debilitó el movimiento obrero en beneficio del capital
extranjero, pero también impuso restricciones al capital extranjero en
tiempos de crisis.
Esta autonomía ya no era tolerable para la
burguesía europea. Por ello, comenzaron a ejercer presión política y
económica sobre el gobierno. Finalmente, surgió una oposición competente
y, con el respaldo de la UE, logró obtener una súper mayoría.
A
pesar de su derrota en las elecciones del 12 de abril, Fidesz sigue
siendo la fuerza más grande y experimentada de la política conservadora
húngara y un actor importante en los procesos políticos europeos.
2.
De ello podemos ver que estas elecciones, al igual que las anteriores,
no fueron una elección entre socialismo y capitalismo. Fueron una
elección entre dos sectores competidores del capitalismo.
3. La
victoria del Partido Tisza fue acogida por los dirigentes de la UE como
el “regreso de Hungría a la UE y a la OTAN”. Se espera ahora que Hungría
se sume a las acciones de la UE contra Rusia y Bielorrusia y que rompa
los contactos con China.
Esto puede conducir a un fortalecimiento
general de las fuerzas liberales en la política europea y puede frenar
el ascenso de las fuerzas políticas patrióticas en otros países
europeos.
El auge de la política liberal, el retorno a la era de la
cultura de la cancelación, el culto a la violencia y el uso de tácticas
fascistas podrían causar un grave perjuicio a los pueblos de Europa.
4.
El Partido Obrero Húngaro, en coalición con el Partido Solidaridad,
participó en las elecciones. A pesar de las circunstancias
desfavorables, ofreció al pueblo húngaro una tercera opción: la opción
de construir el socialismo. Esta opción no fue rechazada abiertamente,
sino más bien ignorada en favor de la lucha entre las camarillas
burguesas.
No sabemos qué esperar del nuevo gobierno de Tisza, salvo
que sea más sumiso hacia los imperialistas de la UE. Puede amenazar
seriamente la soberanía de Hungría. Los valores nacionales húngaros, la
lengua y la cultura pueden verse en peligro.
Es probable que se
impongan restricciones económicas y sociales, y que la carga de las
dificultades económicas se traslade a las masas trabajadoras.
Todo
apunta a que el Partido Obrero Húngaro será más necesario que nunca, ya
que tenemos buenas razones para esperar que se eliminen las medidas de
bienestar y que crezca el desencanto público. El gobierno de Tisza puede
colapsar, dejando en entredicho el futuro del país.
La mayoría de
los partidos de oposición que se identifican como de izquierda han
desaparecido. El Partido Socialista Húngaro no se presentó a las
elecciones. La Coalición Democrática no logró obtener ningún escaño en
el parlamento.
Las fuerzas liberales pueden recurrir a la violencia e
intentar prohibir al Partido Obrero Húngaro, como ha sucedido con
nuestros camaradas polacos y ucranianos.
Sin embargo, lo que sí es
seguro es que el Partido Obrero Húngaro seguirá defendiendo a la clase
trabajadora, seguirá luchando contra el fascismo y por un nuevo orden
mundial. Lucharemos por los trabajadores húngaros y cumpliremos con
nuestro deber por un futuro comunista.
Budapest, 14 de abril de 2026.
Partido Obrero Húngaro
Italia rechaza la reforma judicial promovida por Giorgia Meloni
Por Elena Llorente.
El
referendo que se realizó en Italia, sobre varios cambios en el Poder
Judicial y donde casi 46 millones de italianos debían votar (los
residentes en Italia pero que viven provisoriamente en el exterior, no
tenían derecho al voto pero sí los que tienen residencia fija en el
exterior), sacó a relucir algunas cosas que pocos se esperaban. Primero
que el país apareció bastante convencido de que las reformas del poder
judicial promovidas por la derecha podían afectar la independencia de
los jueces del mundo político. Y por eso la mayoría de los votantes, es
decir el 53,7 %, votó a favor del NO, es decir contra las reformas. A
favor del SI votó el 46,3 %.
Este referendo, llamado “afirmativo”, no
exigía ningún número fijo de votos para los ganadores, bastaba que
fueran más que los votos de los vencidos. Las leyes italianas prevén
otro tipo de referendo llamado “abrogativo” (es decir que declara la
anulación de leyes por ejemplo) que en cambio requiere una cantidad
preestablecida de votos a fin de que sea aprobado.
En segundo lugar
surgió otro hecho interesante, la importante afluencia a las urnas, un
hecho que no se veía desde hace varios años. Según datos del ministerio
del Interior italiano, en el país votó el 58,93 por ciento de la
población con derecho de voto. Lo que significa un avance importante
dado que el último referendo abrogativo realizado en 2025 sobre varios
puntos referidos al mundo del trabajo, tuvo una afluencia de apenas el
30,6 por ciento.
Como demostraron los datos del Ministerio del
Interior, la mayoría de las regiones italianas (equivalentes a las
provincias argentinas) votaron NO. Entre ellas Lacio (región de la
capital Roma), Piemonte (norte del país), Calabria y Sicilia (sur de
Italia), Toscana (centro) y muchas otras. Y buena parte de los votantes
eran jóvenes menores de 35 años, según datos oficiales.
Sólo en tres
regiones del norte de Italia, Friuli-Venezia Giulia, Lombardia y Veneto,
gobernadas por el partido ultraderechista La Liga que forma parte del
gobierno de Giorgia Meloni, obviamente ganó el SI a las reformas
judiciales. Pero lo que ganaron no fue suficiente para que las reformas
contenidas en el referendo fueran válidas.
En varias ciudades del
país como Palermo, en Sicilia, decenas de manifestantes salieron a la
calle para festejar el triunfo del NO. También se hicieron
manifestaciones en Nápoles con carteles que decían “El pueblo ha dicho
NO”.
En Roma, los manifestantes se reunieron en Plaza Barberini y
otros en Plaza de los Santos Apóstoles, en pleno centro de la capital
italiana, con carteles que decían “Meloni, volvete a tu casa que el
referendo anduvo mal”, en directa alusión a que Meloni debería renunciar
luego de que el referendo sobre la justicia, que ella y sus socios
políticos impulsaron, fracasó. Otros carteles pedían específicamente la
renuncia de Meloni.
“Hemos ganado. Gracias a los ciudadanos que han
votado NO, partiendo de los jóvenes que han dado una señal
importantísima. Ha sido derrotada una reforma inútil y peligrosa. Hemos
dicho con claridad que la Constitución no se cambia con arrogancia y
prepotencia”, dijo en la manifestación de Plaza Barberini el alcalde de
Roma y exponente del Partido Democrático (centroizquierda), Roberto
Gualtieri.
En Milán, el corazón económico y financiero de Italia, los
magistrados esperaron en la sede del Palacio de Justicia los resultados
del referendo y festejaron la victoria del NO con aplausos y brindando
con un espumante.
La secretaria del Partido Democrático, Elly
Schlein, durante una conferencia de prensa comentó el resultado del
referendo y destacó que esos datos son un mensaje para los electores.
“Tenemos ahora una mayoría alternativa”, dijo Schlein. Y con esto quiso
destacar que su partido y sus aliados de centroizquierda podrían
derrotar a Meloni y sus colegas de derecha en las próximas elecciones
políticas del 2027.
Para Meloni, la derrota en este referendo ha sido
una pérdida importante porque ella y sus aliados querían “modernizar
Italia” cambiando el sistema judicial. Y en un mensaje oral que difundió
por los medios, Meloni agregó que “la soberanía pertenece al pueblo y
los italianos hoy se han expresado con claridad (…). Nosotros como
siempre respetamos la decisión de ellos”.
De todas maneras, muchos se preguntan qué hará el gobierno de Meloni después de este fracaso.
Derrota de la ultraderecha en Portugal
Seguro
ganó al ultraderechista André Ventura, fundador y presidente del
partido Chega, por casi 30 puntos, 64% contra 36%. En la primera vuelta
Seguro había alcanzado 31% y Ventura el 23%. La participación fue baja,
de un 48%.
El resultado portuguéstiene otra lectura: la inmensa
mayoría de los europeos rechaza las políticas de Donald Trump y la
inmensa mayoría cree que el magnate quiere convertir a su país en una
autocracia o ya lo está haciendo. La cercanía a Trump se vuelve tóxica
en Europa, y dirigentes de extrema derecha como Nigel Farage o los
franceses Le Pen y Jordan Bardella reniegan del estadounidense.
Los partidos y candidatos respaldados por Trump empiezan a tocar el techo o a perder apoyos
Son también los casos de Dinamarca,
donde la socialdemócrata, Mette Frederiksen, consiguió un 19% de los
votos. La caída de la extrema derecha holandesa que permitió que, por
primera vez en casi dos décadas, los Países Bajos tengan un primer ministro liberal-progresista, Rob Jetten.
La extrema derecha alemana, AfD, sigue chocando con su techo del 20% en Alemania Occidental, a pesar de que en los últimos años hubo sondeos que la daban cerca del 30%.
El
domingo 22 de marzo resistió el primer ministro liberal esloveno,
Robert Golob, frente al antiguo primer ministro, Janez Jansa, apoyado
por Trump. Golob ha sido de los jefes de gobierno europeos, junto al
español, ielandés y el belga, más críticos con los bombardeos
indiscriminados de Israel a Gaza.
Las municipales francesas
mostraron señales de que la extrema derecha también toca techo, de una
recuperación del socialismo tradicional francés y de una resistencia
mayor de los previsto por parte de los partidos liberales que apoyan al
presidente Macron.
La extrema derecha solo consiguió una victoria de
calibre en una gran ciudad, Niza, pero gracias a un candidato, Eric
Ciotti, cooptado a la derecha tradicional. Los socialistas resistieron
con victorias importantes en las tres mayores ciudades francesas: París,
Lyon y Marsella.
Fuentes: Diario Socialista, Resumen Latinoamericano, La Nación, DiarioOctubre, Página12, Clarín
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


