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Suecia y el auge de la extrema derecha

Fuentes: Rebelión

En 1922 Suecia creó el Instituto Nacional de Biología de las Razas. La intención era la de preservar e higienizar la raza sueca. Desde los años 30 comenzaron a aplicarse leyes de esterilización que no fueron abolidas hasta 1975 y que supusieron la esterilización de más de 60 mil personas y la lobotomización de al […]

En 1922 Suecia creó el Instituto Nacional de Biología de las Razas. La intención era la de preservar e higienizar la raza sueca. Desde los años 30 comenzaron a aplicarse leyes de esterilización que no fueron abolidas hasta 1975 y que supusieron la esterilización de más de 60 mil personas y la lobotomización de al menos otras 4.500 por ser consideradas indeseables, desviados, deficientes, una lacra para la sociedad.

Hablamos con Miquel, barcelonés afincado en Malmo y Ana compañera sueca perteneciente a grupos de solidaridad con migrantes, para que nos hablen de Suecia y de los motivos del crecimiento de la extrema derecha que vive el país.

El estado de bienestar

Oficialmente Suecia se mantuvo neutral durante la II Guerra Mundial. Oficialmente decimos, porque colaboró con las tropas nazis permitiendo a Hitler el paso por su territorio para invadir a la vecina Noruega. Así mismo, fueron varios los voluntarios suecos que se sumaron al intento de invasión a la URSS por parte de Alemania. En un alarde de diplomacia también vendieron armas a Inglaterra y acogieron a numerosos refugiados que huían de los horrores del nazismo. Este juego a dos bandas permitió que a diferencia de sus vecinos Noruega, Finlandia o Dinamarca, su posición tras la guerra fuera bastante confortable y a partir de la década de los 50, comenzaran a levantar en su territorio el famoso estado del bienestar. Los socialdemócratas fueron los encargados de llevar a cargo estas políticas, gobernando el país de manera casi ininterrumpida hasta principios del nuevo siglo.

«El estado sueco es muy poderoso, está forrado y da dinero. Hay una alta aceptación de cómo funcionan las cosas en el país y la gente está contenta con el gran papá estado. El mito que rodea la estabilidad y el bienestar de los países escandinavos está bien arraigado en la sociedad sueca que no reconoce que no todo el mundo está integrado reconocido dentro del estado. A pesar de que la inmigración es un fenómeno que se lleva dando en Suecia desde hace décadas, si llegas como inmigrante no es fácil,» reconoce Miquel. Daneses o alemanes no tienen problema, es común el movimiento de población entre las vecinas Noruega, Dinamarca o Finlandia para buscar trabajo. Existen tratados económicos y laborales que facilitan el tránsito entre estos países, además de que comparten historia y lenguas muy similares. Pero como decimos para los demás hay filtro y un racismo sutil por parte de las instituciones. «Necesitas un número para poder funcionar que no resulta nada fácil de conseguir, trabajar en negro está mal visto socialmente y necesitas un contrato para regularizarte lo que no resulta fácil. Para trabajar tienes que pagar impuestos pero no por ello accedes a la sanidad y la educación fácilmente.»

Durante los últimos 8 años la derecha ha gobernado practicando políticas de privatización en materia de educación, sanidad y pensiones. Estas medidas, similares a las que se aplican recientemente en el estado español, llevan tiempo poniéndose en marcha en Suecia, como por ejemplo, el copago en sanidad. No obstante el papel fuerte del estado no se cuestiona. Miquel pone por ejemplo como esta conciencia se da incluso en los propios movimientos sociales: «Generalmente los movimientos sociales suelen funcionar en gran medida de manera autogestionada y no piden ayudas económicas al estado por principio, para mantener así su independencia. Pero aquí es habitual pedir ayudas para organizar una rifa o montar un concierto, ya que resulta muy fácil obtener el dinero.»

Sobre las principales industrias suecas destaca la minería, sobre todo al norte del país. Suecia es un país muy grade pero poco poblado, la población se concentra en el sur, quedando el norte más deshabitado y distanciado del resto del país. Esto hace que las luchas que se han llevado en contra de la gran minería hayan quedado bastante aisladas, además de que los grupos ecologistas tampoco han recibido un apoyo social considerable. El impacto más importante que podemos destacar sobre las prácticas de la gran industria minera lo vemos en la ciudad de Kiruna. «Actualmente la ciudad se ha desplazado, se ha movido entera literalmente para dejar paso a nuevas excavaciones ya que existía un riesgo importante para la población debido a la ampliación de los proyectos que se estaban llevando a cabo.» Sorprendentemente la población autóctona lo ha aceptado con naturalidad. «A la gente le importa conservar el trabajo, los mineros cobran muy bien y se jubilan jóvenes por los graves peligros que supone para la salud el trabajo prolongado en la mina.» Otra población afectada por la industria minera son los lapones o samis. Son los pueblos originarios de los países escandinavos, tradicionalmente muy vinculados a su entorno natural y ganaderos de renos. «Han sido sistemáticamente arrinconados cada vez más hacia el norte desde que fueron colonizados. En las escuelas no se habla nunca de ellos y su lengua tampoco está reconocida oficialmente.»

La industria sueca ha sufrido también la deslocalización de varias de sus empresas debido a las consecuencias de la economía global y fueron varias las que salieron del país buscando mano de obra más barata. A la baja por ejemplo se cuenta la industria automovilística. Sin embargo sigue gozando de buena salud la industria armamentística sueca. «Tiene una gran importancia en la economía del país pero de ella se habla más bien poco o nada. Ocurre como con tantas otras facetas de la sociedad sueca, la gente no mira hacia ese lado, no pregunta, todo va bien. Oficialmente Suecia no ha participado en ninguna guerra en los últimos 200 años, no es un país belicista, sin embargo esto no es real,» destaca Ana. 

El racismo interiorizado

«Los samis y los judíos no son suecos», esto proclamaba abiertamente uno de los líderes de Demócratas Suecos, el partido de extrema derecha que tiene en jaque al gobierno del país. «Hace un par de años no se hubieran atrevido a afirmar esto, sin embargo se han ido abriendo camino y normalizando el discurso racista que tienen,» afirma Ana. Durante los 90 los nazis causaron pánico en la sociedad sueca. «Mataron inmigrantes, incluso a policías, eran los terroristas del momento, igual que ahora se habla de los fundamentalistas islámicos. La extrema derecha actual viene del movimiento nazi de aquella época, se han puesto corbata y ahora están en el parlamento.» Este grupo de extrema derecha es la tercera fuerza política del país y ante la imposibilidad de formar gobierno sin contar con ellos, han logrado que se vuelvan a convocar elecciones para el próximo mes de marzo. «Los socialistas y la derecha tradicional se han aproximado cada vez más hacia el centro, ha desaparecido el discurso de la lucha de clases y la extrema derecha ha irrumpido con un mensaje nacionalista, idealizando la época del bienestar social de décadas anteriores.» Ante el contexto de la globalización abogan por potenciar la nación sueca, tienen un discurso populista y xenófobo, hablando de las ayudas a los ancianos frente a la amenaza de los extranjeros musulmanes.

Se suele justificar su ascensión con el paro pero no es cierto, no hay una tasa de desempleo importante en el país. «Lo que se debe reconocer es que siempre ha existido racismo en Suecia. La colonización o el concepto de biología de raza, son ideas que se asumen históricamente y son una causa de que ahora suceda esto con la extrema derecha. Mucha gente en Suecia no se reconoce racista, sin embargo tienen opiniones y prácticas claramente racistas que no consideran como tal. El problema es que exista un racismo interiorizado, normalizado y que esto no se reconozca.» En las calles los nazis también tienen presencia. «Quemaron un campamento de gitanos rumanos hace poco, en Estocolmo murió un hombre y se quemó otro campamento en el sur de Malmo. El 8 de marzo fueron apuñalados varios manifestante pro-abortistas.» Paralelamente el movimiento antifascista está siendo cada vez más criminalizado y perseguido. «Son gente que se enfrenta directamente a los neonazis. Hay cinco compañeros encarcelados por convocar manifestaciones antifascistas y por agresiones a nazis. Algunos se van a comer sus años en prisión.» La policía ha custodiado mítines de carácter neofascistas, alegando que todo el mundo tiene derecho a expresarse. Esto está normalizado en la sociedad y si protestas contra los nazis eres un antisistema.

Ana insiste en que siempre ha habido movimiento nazi en Suecia desde la II Guerra Mundial con mayor o menor importancia. Sin embargo el racismo estructural en el que ella ve la clave del problema, no se reconoce, ni se acepta, ni se replantea. Tampoco la izquierda parlamentaria que sólo habla del enemigo neonazi. «Ellos mientras, están cada vez mejor organizados y siguen creciendo. La gente se sorprende y se pregunta cuánto va a durar esto; parece que la sociedad va un paso por detrás de ellos, no saben cómo reaccionar, ni cómo pararlo.»

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.