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Kosovo

Un cambio histórico

Fuentes: http://csamary.fr

Tras su victoria arrolladora en las elecciones legislativas anticipadas del 13 de febrero en Kosovo (1,8 millones de habitantes, un 90 % de etnia albanesa), el partido Vetëvendosje (VV), que significa Autodeterminación, culminó el domingo, 4 de abril, la consolidación de su poder institucional.

Al obtener en febrero cerca del 50 % de los votos, ha destronado a todos los partidos institucionales que nacieron en fases anteriores de la lucha por la independencia: por un lado, los de los dirigentes de la antigua guerrilla del Ejército de Liberación de Kosovo, el UÇK, en particular el Partido Democrático de Kosovo (PDK, 17,32 %) del expresidente Ashim Thaçi, quien dimitió en noviembre de 2020 a la espera de su juicio por crímenes de guerra. Por otro, la Liga Democrática de Kosovo (LDK, 13,18 %) del difunto presidente y pacifista Ibrahim Rugova (véase el recuadro).

Contando con 58 escaños en el nuevo parlamento (de un total de 120), Vetëvendosje (VV) atrajo el voto masivo de la emigración y de las mujeres. Ahora controla todas las instituciones del poder: la presidencia del parlamento le correspondía por derecho y su carismático dirigente Albin Kurti (42 años) formó su gobierno el 22 de marzo. Le quedaba por controlar la presidencia del país, un cargo cuya elección requiere una mayoría cualificada en el parlamento, cuando la oposición boicoteaba esta elección. Ocurre que en caso de no reunir dicha mayoría en tres votaciones habría que convocar nuevas elecciones legislativas. VV presentó como candidata a la persona que le ayudó a alzarse con la victoria al unirse a su campaña contra la corrupción y que había abandonado su partido, la LDK (de centro derecha): la popular jurista y feminista Vjosa Osmani (38 años). En la última votación, este 4 de abril, Osmani resultó elegida con el apoyo de VV, las minorías étnicas y tres diputados de su antiguo partido, la LDK.

A partir de ahora, VV tendrá que aplicar los grandes ejes de su programa electoral contra la corrupción y por los derechos sociales, en un momento en que la pandemia se ha cobrado la vida de cerca de 1.800 personas y ha agravado las crisis económica, social y sanitaria de uno de los países más pobres del continente: el salario medio es de uno 500 euros y la tasa de paro de la gente joven ronda el 50 %, lo que la empuja a emigrar a Suiza o Alemania. El conjunto está muy condicionado por las incertidumbres del estatuto internacional de Kosovo, cuyo parlamento votó por la independencia en 2008.

¿Qué estatuto?

Serbia denunció aquella votación basándose en el hecho de que Kosovo no era una república, sino una provincia serbia en la antigua Yugoslavia. Por su parte, los independentistas adujeron (entre otros argumentos) la condición de cuasirrepública que adquirió Kosovo bajo el régimen de Tito en la constitución de 1974, que otorgaba a Kosovo los mismos derechos que a las repúblicas dentro de la presidencia colegiada y una autonomía de gestión independiente de Belgrado. Asimismo, subrayan el carácter caduco de la resolución 1.244 de la ONU (que pretendía explícitamente evitarles un enfrentamiento directo con Belgrado) tras la disolución de la Unión Serbia-Montenegro. Belgrado, por el contrario, persiste en reclamar el territorio (con el apoyo de Rusia en el Consejo de Seguridad de la ONU): propone una autonomía radical de Kosovo dentro de Serbia.

Tras los juegos de póker mentiroso, en realidad, ya desde la época de las negociaciones de Rambouillet (1999), cuyo fracaso dio paso a la guerra de la OTAN, los dirigentes de Belgrado ya estaban dispuestos a reconocer a la comunidad albanesa una amplia autonomía para que se organizara y financiara por sí misma las instituciones y los servicios públicos (sanidad y educación) autónomos de Kosovo. Este abandonismo venía acompañado de discursos sobre la soberanía histórica cuyo interés real radicaba en el norte de Kosovo: se trataba de controlar la propiedad de las minas del complejo de Trepça (que los nazis también quisieron conservar en sus manos durante el desmembramiento de Yugoslavia en la segunda guerra mundial), asociado a las comunidades de mayoría serbia y a grandes vestigios del patriarcado ortodoxo. Todas las medidas de carácter monetario, comercial, político y represivo (incluidos los asesinatos de dirigentes serbios indóciles) adoptadas por Belgrado a partir de la década de 2000 y en el marco de las negociaciones con Pristina tienen que ver con el poder sobre esta parte septentrional de Kosovo.

La independencia, rechazada por Belgrado, no ha sido reconocida por la ONU (pero sí por 93 de sus 193 Estados miembros). Tampoco la Unión Europea la ha reconocido oficialmente (aunque en este caso solo se oponen cinco Estados miembros: Chipre, Estado español, Grecia, Rumania y Eslovaquia). En cambio, la UE ha optado por un enfoque pragmático (evitando toda discusión sobre el estatuto), apostando por la bicoca de la adhesión para presionar a los dirigentes de Belgrado y de Pristina para que busquen espacios de acuerdo. En esta óptica, la UE ha integrado explícitamente a Kosovo en el proceso de estabilización y asociación que entabló con los llamados países de los Balcanes Occidentales al término de la guerra de la OTAN y confirmó en el Consejo Europeo de Salónica de 2003. Las relaciones pacíficas entre vecinos forman parte de la hoja de ruta, en particular con miras a crear una zona de libre comercio.

Hitos históricos y principales partidos institucionales de Kosovo

En 1989, el presidente de Serbia, Milosevic, suprime el estatuto de cuasirrepública que Kosovo tenía reconocido en la constitución de 1974. La mayoría albanesa de esta provincia autónoma de Serbia decide boicotear todas las instituciones oficiales, que pasan a ser controladas por Belgrado. A partir de 1991, el desmantelamiento de la Yugoslavia de Tito (fallecido en 1980) se concreta con las declaraciones de independencia de las antiguas repúblicas (aparte de Montenegro y Serbia, que continúan asociadas en una federación yugoslava residual).

1) La Liga Democrática de Kosovo (LDK), que encabezó la resistencia pacifista. De centro derecha, este partido fue fundado en 1989 por Ibrahim Rugova, novelista, antiguo miembro de la Liga de los Comunistas, apodado el Gandhi de los Balcanes. En septiembre de 1991, la comunidad albanesa de Kosovo (tras un referéndum clandestino) proclama la República de Kosovo. Esta se organiza duplicando todas las instituciones oficiales, con escuelas y entidades sanitarias paralelas, así como elecciones presidenciales y legislativas. Rugova es elegido presidente y espera el reconocimiento internacional de la República de Kosovo en un contexto de ni paz ni guerra.

2) De la lucha armada del UÇK al PDK (Partido Democrático de Kosovo). Ante el reconocimiento internacional obtenido por Milosevic en los acuerdos de Dayton de 1996 (que ponen fin a las limpiezas étnicas en Bosnia-Herzegovina y establece su nueva constitución), la estrategia pacifista de Rugova es objeto de crítica por el Movimiento Popular por Kosovo, que decide emprender la lucha armada y crea el Ejército de Liberación de Kosovo (UÇK). Este trata de movilizar la solidaridad de los pueblos contra la represión desatada por Belgrado y de ganarse el apoyo de EE UU, que inicialmente tacha a los guerrilleros de terroristas, pero más tarde los asocian como representantes de la lucha independentista. Se convierten en el brazo armado de la OTAN sobre el terreno en 1999, tras el fracaso de las negociaciones de Rambouillet. El PDK se fundó el 14 de mayo de 1999 como brazo político del UÇK.

3) Del protectorado de Kosovo en la Yugoslavia residual a la independencia. Al término de tres meses de guerra no declarada de la OTAN, la resolución 1.244 del Consejo de Seguridad (incluida Moscú), firmada por Belgrado, pone fin al conflicto y establece (junto con la ONU) un protectorado internacional supuestamente provisional (cuyas instituciones de control asociarán sucesivamente a la OTAN, la ONU y la UE). Kosovo obtiene así un estatuto de autonomía como provincia de Yugoslavia (para evitar que sea dominado directamente por Serbia). En 2006, este estatuto caduca cuando Montenegro proclama su independencia. En febrero de 2007, Martti Ahtisaari, enviado especial de la ONU por Kofi Annan, elabora un proyecto de independencia de Kosovo bajo supervisión internacional. Choca con el veto de Belgrado (que reclama la aplicación de la resolución 1.244 en el nuevo contexto, con un Kosovo autónomo dentro de Serbia).

En febrero de 2008, el parlamento de Kosovo hace suyo el contenido del proyecto Ahtisaari y proclama la independencia del país, con el apoyo de gran parte de la UE y de EE UU.El PDK queda en segunda posición, detrás de la LDK hasta las elecciones de 2007, cuando pasa a ser el partido más votado del país, poniendo de manifiesto la caducidad del estatuto de autonomía en el marco yugoslavo tras el desmantelamiento definitivo de la federación.

A partir de 2016, varias decenas de sus miembros del PDK son procesados por corrupción y crímenes de guerra. Se sospecha asimismo que el PDK ha encargado el asesinato de miembros de la LDK y el Consejo de Europa le acusa de haber participado en el tráfico de órganos extirpados de prisioneros durante la guerra contra Serbia https://fr.wikipedia.org/wiki/Serbie(1999). Su dirigente Hashim Thaçi, uno de los comandantes del UÇK, es elegido presidente de la República el 7 de abril de 2016 (después de tres votaciones en que no hubo ninguna mayoría suficiente). Dimite el 5 de noviembre de 2020 a raíz de su inculpación por el Tribunal Especial de Kosovo en La Haya (KSC), una instancia de derecho kosovar, compuesta por jueces internacionales (el KSC tiene su sede en La Haya para proteger a los testigos, pero se encarga de investigar los crímenes cometidos por los independentistas kosovares, principalmente contra serbios, gitanos y adversarios kosovares de la guerrilla independentista). La Alianza por el Futuro de Kosovo (AAK), de derechas, se constituye el 29 de abril de 2001 a raíz de la confluencia de varias formaciones bajo el liderazgo de Ramush Haradinaj, uno de los dirigentes históricos y antiguo oficial superior del UÇK. Elegido primer ministro en 2004 después de aliarse con la LDK, tuvo que dimitir al cabo de tres meses debido a la investigación emprendida contra él por el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY). Fue absuelto (en el recurso de apelación) en 2012. Haradinaj vuelve a ser nombrado primer ministro en septiembre de 2017 como candidato de una coalición de cinco partidos, entre ellos la Lista Serbia (SL), arraigada en los municipios de mayoría serbia del norte del país, a la que consideran teledirigida por Belgrado. Sin embargo, en julio de 2019 tiene que volver a dimitir después de haber sido citado por el Tribunal Especial sobre Kosovo, que sospecha que ha cometido crímenes de guerra.

Evolución política de Vetëvendosje

Fundado durante el protectorado, en 2004, este partido es sucesor de un movimiento asociativo (Kosovo Action Network) favorable a la democracia directa. Al principio presentaba un perfil etnonacionalista y preconizaba la unión con Albania (no sin nostalgia por el periodo de Enver Hodja[01]). Se presentó por primera vez a las elecciones en Kosovo para las legislativas de 2010, donde obtuvo el 12,7 % de los votos: con 14 diputados sobre un total de 120, pasó así a ser el tercer partido en el escenario político kosovar, adelantando a la AAK del antiguo primer ministro Haradinaj. En 2014, el vicepresidente de VV consiguió la alcaldía de Pristina, capital del país. Esto marcó el comienzo de un arraigo decisivo del partido en la acción sobre el terreno, con sus dimensiones de izquierda concretas que reivindicaba.

Su discurso se volvió más social y pasó a denunciar sistemáticamente la corrupción, sin contemplaciones con quienes durante mucho tiempo habían sido intocables porque se asociaban a la lucha de liberación del país. Sus acciones espectaculares y continuas en esta cuestión le han valido una creciente popularidad. Asimismo se ha opuesto a las orientaciones que preconizaban la transferencia de poblaciones hacia nuevas fronteras étnicas como condición de un reconocimiento por parte de Serbia de la independencia de Kosovo. Al tiempo que rechazaba esta lógica, VV evolucionó hacia una política de soberanía popular democrática que respondiera a las necesidades concretas de la población kosovar, dirigiéndose en particular a las diversas minorías, especialmente la comunidad serbia de Kosovo: prefiere buscar un entendimiento con ella que los acuerdos con Belgrado. Su intransigencia con respecto a los antiguos dirigentes de la lucha armada, sometidos a juicio, ha dado sin duda credibilidad a su discurso.

La victoria electoral de este año se produce por tanto después de varios años de implantación local del partido gracias a sus éxitos en las elecciones municipales, sobre todo en Pristina, aunque también después de haber conseguido una ajustada mayoría relativa en las legislativas de 2019, que permitió a Kurti acceder a responsabilidades gubernamentales. Esto se produjo en el marco de una alianza precaria de VV con la LDK, de centro derecha. Kurti asumió la presidencia del gobierno… durante unos 50 días, con cierta desilusión popular ante la timidez de las políticas sociales llevadas a cabo. Lo tumbó una moción de censura iniciada por la propia LDK en marzo de 2020. En segundo plano hubo las acciones espectaculares de Kurti (que le valieron una condena) en torno a la cuestión de las fronteras objeto de negociaciones secretas del antiguo presidente Thaçi con Belgrado.

Una nueva fase: promesas e incertidumbres

¿Permitirán las relaciones de fuerza surgidas de las elecciones una aplicación más autónoma por parte de VV de su programa? VV ha multiplicado sus promesas: disolver la Agencia de Privatización, crear un fondo soberano de gestión de las empresas públicas, asegurar la gratuidad de los gastos escolares para las y los estudiantes, bajas parentales y servicios de protección social, especialmente para las madres solteras y las personas ancianas. Ha atraído el voto masivo de la emigración (un tercio de la población, que genera el 60 % del presupuesto del país) y de las mujeres (el 61 % frente al 47 % de los hombres[02]), especialmente gracias a la implicación de la nueva presidenta. Kurti declara, junto con ella, que desea “acabar con el antiguo régimen”, es decir, lo que denomina el establishment de los partidos institucionales. Promete responder a exigencias sociales prioritarias, entre ellas la de tener vacunada a la mayoría de la población de aquí a un año. ¿Es posible que la generosa distribución reciente de vacunas por Serbia a sus vecinos balcánicos sea un instrumento del diálogo con Pristina?

Kurti ha declarado que está a favor de la integración de Kosovo, junto con el conjunto de los Balcanes Occidentales, en bloque, en la UE. Sin embargo, esta es una lógica que se halla en las antípodas de las orientaciones prácticas de la UE. Su alianza con la nueva presidenta Vjosa Osmani marca al menos un triple cambio importante del escenario político: el ascenso de las mujeres (además de la presidencia y de la alta participación electoral, un tercio de los escaños han recaído en mujeres); un cambio de generación, con un dúo de dirigentes que rondan la cuarentena de años, y el fin del predominio de los comandantes. Pero hay tres cuestiones que suponen otros tantos retos importantes de cara al futuro.

Por un lado, ¿cómo será el funcionamiento interno de VV? Ha habido, sobre todo en el periodo reciente, conflictos de orientación que han quedado soterrados por conflictos personales. Este problema provocó en 2018 una “autodestrucción del partido”[03] por falta de mecanismos democráticos de gestión de desacuerdos, en particular con respecto al principal dirigente, Kurti. Y las modalidades de funcionamiento interno del partido en el poder suelen repercutir rápidamente en sus relaciones con sus aliados y la sociedad civil que lo ha votado.

Por otro lado, ¿se cumplirán las promesas sociales y de qué medios se dispone para ello, habida cuenta de la dependencia internacional de Kosovo con respecto a la UE y EE UU y, por tanto, a su estatuto incierto? Finalmente, y relacionado con este reto, ¿cómo defenderá VV la soberanía de Kosovo, en particular en relación con los derechos sociales? Todo ello plantea cuestiones políticas y socioeconómicas en diferentes escalas territoriales articuladas.

Los antiguos trabajadores de las minas Trepça, albaneses o serbios, carecen de sindicatos capaces de defender sus derechos. Los mineros de la vecina Albania, a la deriva después de treinta años de privatizaciones, han tenido que constatar lo mismo y se esfuerzan por responder autoorganizando un nuevo sindicato[04]. Pero más allá del sindicalismo, ¿quiénes eran y quiénes son los propietarios legítimos de estos bienes comunes? El carácter no solo ilegítimo, sino ilegal –en virtud de las antiguas constituciones– de las privatizaciones de después de 1989 en los países que se habían reclamado del socialismo sigue siendo un punto ciego en los balances de aquella fase, pero que reaparece en no pocos conflictos. Cabría oponer al libre comercio competitivo que preconiza la UE unas lógicas alternativas de puesta en común de recursos y derechos. VV ha prometido cuestionar las privatizaciones, pero ¿cómo lo hará?

Traducción: viento sur

Cathérine Samary es profesora emérita de la Universidad de París Dauphine y forma parte del Comité Internacional de la IV Internacional. Especializada en los países del este de Europa, y en particular en los Balcanes, en su página web (http://csamary.fr) figuran numerosos artículos sobre la antigua Yugoslavia y su desmantelamiento.

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