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Portugal

Un sistema de salud anestesiado por la austeridad

Fuentes: Le Monde

Es un servicio punta, en el que trabaja un equipo entusiasta, pero un servicio dividido en dos alas. En el hospital Sao Joao de Porto, uno de los principales hospitales públicos de Portugal, 240 camas acogen a los pacientes de medicina interna, un servicio pluridiciplinar que trata patologías complejas que requieren el concurso de varias […]

Es un servicio punta, en el que trabaja un equipo entusiasta, pero un servicio dividido en dos alas. En el hospital Sao Joao de Porto, uno de los principales hospitales públicos de Portugal, 240 camas acogen a los pacientes de medicina interna, un servicio pluridiciplinar que trata patologías complejas que requieren el concurso de varias especialidades.

En un ala, el servicio ofrece todas las prestaciones de un hospital ultramoderno: una enfermera accesible tras amplios ventanales de vidrio, habitaciones de de una a tres camas, con sala de baño privada, salas de descanso para acoger a las familias. Pero otra ala, no renovada, ofrece una visión diferente: los dormitorios de cuatro a ocho camas, sin separación con cortina y sin armarios para los efectos personales, con sanitarios comunes en el pasillo. Los equipos médicos ponen el mismo entusiasmo en cuidar los pacientes de las dos alas, pero este servicio hospitalario con ambiente a veces esquizofrénico es una imagen del sistema de salud portugués: avanzado en numerosos terrenos, pero con los cimientos amenazados.

Un deslizamiento semántico simboliza los cambios en curso en el terreno de la salud en Portugal. De «doentes» («enfermos»), los pacientes del servicio público de salud se han convertido progresivamente en «clientes«. Antonio Ferreira, director del hospital Sao Joao, utiliza indiscriminadamente los dos vocablos en las entrevistas que concede. Entre los médicos generalistas (llamados «médicos de familia» en Portugal), el término de «clientes» se ha extendido y es objeto de debate en los blogs dedicados a la salud. Al hacerse cargo de sus funciones hace un año, el decano de la Orden de los médicos, José Manuel Silva, denunciaba en el Correio da Manha este cambio de léxico. Para él, algo se ha roto en el Servicio Nacional de Salud (SNS) portugués.

El SNS es un orgullo, una conquista de la «revolución de los claveles» de 1974, tras la cual el derecho a la protección de la salud gratuita para todos fue inscrito en la Constitución. Inspirado en el National Health Service británico, el SNS ha permitido a Portugal elevarse al rango de las naciones de primer nivel en las cuestiones de salud, según la clasificación de la OCDE. Portugal es así el primer país en términos de reducción de la mortalidad infantil y entre los países con una esperanza de vida en mayor progresión.

Pero las restricciones presupuestarias han hecho que nazcan dudas: ¿está garantizado el principio constitucional de una salud de calidad y gratuita para todos? «Estamos retrocediendo treinta años, deplora Cristina Costa, presidenta del Sindicato de Salud, un sindicato de personal sanitario de Porto. Tenemos actualmente el mejor sistema de salud que nuestro país haya conocido, pero el estado está torpedeándolo«, resume.

Siete meses de espera se hacen largos, cuando se tienen dolores

Una de las principales dificultades para los portugueses es el acceso a los centros hospitalarios. En el prefabricado que acoge las consultas ambulatorias de Sao Joao («el prefabricado es una solución provisional«, explican los servicios administrativos del hospital, «pero que dura ya una veintena de años«), Elisabete Ferreira, una portuana de 39 años operada en marzo de una hernia discal, espera su cita para la consulta de revisión. «Mi hernia fue detectada en agosto. Obtuve mi cita con un neurocirujano al cabo de cuatro meses, que luego me puso en la lista de espera para una operación«. En marzo, la señora Ferreira recibió una llamada avisándola que alguien había desistido y sería operada al día siguiente por la mañana. «He tenido suerte pues no he esperado más que siete meses. Pero cuando se tienen dolores, siete meses pueden parecer muy largos«. La neurocirujana de Elisabete Ferreira le ha enviado también a hacer una consulta en reumatología. Pero con una lista de espera de seis meses, Elisabete fue finalmente operada antes de haber tenido su cita.

Un poco más lejos, Clarinda Marques espera desde hace más de tres horas en el servicio de neumología. Operada hace veintiseis años de un tumor de pulmón, la señora Marques, una mujer pequeña y frágil de 56 años, es citada una vez al año en el hospital para la revisión. «Mis citas son de un año para otro, subraya. Una vez operada, estaba dentro del sistema y el seguimiento era fácil. Mi única demanda es que los horarios de las citas sean respetados. Cuando se viene a la consulta, hay que coger día de vacaciones, pues nunca se sabe a qué hora te van a atender«.

No más de once meses de espera para una consulta

Para las situaciones menos urgentes, la espera a veces es desmoralizadora. Elisabete Portela había obtenido en junio de 2011 una carta de recomendación de su médico de cabecera -indispensable para una cita en el hospital- a fin de consultar a un dermatólogo por una mancha en el pecho. «Acabo de ser citada para una consulta el 23 de mayo. Pensaba que mi demanda de consulta había sido rechazada«. Para su miopía y astigmatismo, esta profesora de inglés de 26 años, en cambio, ha renunciado al sector público y va a una consulta de un oftalmólogo en una clínica privada.

El director del Sao Joao es consciente de las dificultades de numerosos pacientes para obtener citas y de la marcha de algunos al sector privado. El objetivo a nivel nacional es que los plazos no superen jamás los once meses. En Sao Joao eran como media 3,2 meses en 2011, un tiempo de espera reducido a la mitad respecto a 2009, y del que su presidente está orgulloso, aunque no refleje las disparidades entre las especialidades.

Antonio Ferreira, como buen gestor,dirige su hospital como una empresa. «Para mí es indispensable que el hospital sea autosuficiente en materia financiera. Es la única forma de garantizar nuestro primer deber: acoger a los enfermos en un establecimiento modernizado». Su caballo de batalla: las horas suplementarias, muy costosas para la administración, que han sido reducidas a la mitad en seis años (representaban el 6,5 % de los gastos en recursos humanos en 2011).

Su otro combate es la adquisición de material y de medicamentos, para el que se ha asociado con otros hospitales de la región. El objetivo es comprar conjuntamente y negociar los precios lo más a la baja posible. «Estoy convencido de que es posible mantener el Servicio Nacional de Salud, pero hay que reducir sus costes y racionalizar el sistema«, justifica Antonio Ferreira. Su pena: que la austeridad no apunte más al sistema privado que, en su opinión, sale ganando de los recortes presupuestarios, en particular debido a que los funcionarios gozan de ventajosas condiciones económicas para las consultas en las clínicas privadas.

Un ticket moderador … de 20 euros

La salud es el objetivo prioritario de los recortes definidos por la troika (FMI, BCE y UE), que ha impuesto en 2011 una cura de austeridad a Portugal, a cambio de una ayuda de 78 millardos de euros escalonada hasta 2014. El gobierno de Pedro Passos Coelho, elegido en junio, se ha aplicado con celo a seguir la ordenanza establecida por los acreedores, reduciendo el presupuesto de la salud un 9% en 2011, para economizar 710 millones de euros. Las medidas de reducción de costes deben intensificarse en 2012, puesto que el estado pretende recortar otros 800 millones de euros los gastos de salud, racionalizando y reagrupando servicios, reduciendo sus pagos y aumentando los pagos moderadores.

El estado primero ha reducido drásticamente los pagos de medicamentos, haciendo subir la factura farmacéutica de los ciudadanos un 3% en 2011. El 1 de enero, los pagos moderadores se han doblado para todos los servicios de salud: una consulta en el centro de salud cuesta ya 5 euros -no devueltos- al paciente, en lugar de los 2,25 euros anteriores; una atención en el servicio de urgencias hospitalarias es facturado a 20 euros, en lugar de los 9,60 hasta 2011. Estas tarifas hacen saltar a Manuel Vilas Boas, portavoz del Movimiento de Usuarios del Servicio Público para la región Norte: «¡A 20 euros la atención en urgencias, el ticket moderador ha perdido su función moderadora!«.

Los servicios hospitalarios justifican esta subida del ticket por la necesidad de racionalizar el recurso a urgencias. El director de Sao Joao estima que el problema es «cultural»: demasiados portugueses van a urgencias por problemas que su médico de cabecera podría tratar, señala Antonio Ferreira. «En Portugal, tenemos un número de urgencias más elevado que en el resto de Europa, confirma Joao Sá, jefe del servicio de urgencias de Sao Joao; 700 urgencias por 1.000 habitantes por año, contra 400 de media por 1.000 habitantes en el resto de Europa«. En paralelo, los portugueses consultan menos a sus médicos: 4,1 consultas por año como media en 2010, según la OCDE, contra 6,9 consultas en Francia, por ejemplo. Los tickets moderadores tienen entonces por objetivo presionar a los portugueses a dirigirse más a su centro de salud; al contrario que en Francia, donde los médicos de cabecera ejercen mayoritariamente en su consulta particular, los médicos de familia portugueses están reagrupados en centros gestionados por el Ministerio de la Salud.

12 millones de inscritos y 10,5 millones de habitantes

Las cifras parecen hablar a favor de la administración hospitalaria. Desde el anuncio de la subida al doble del precio del ticket moderador, el verano de 2011, el número de urgencias benignas ha disminuido en el Sao Joao, mientras que el de las urgencias graves ha permanecido estable, explica Joao Sá. El efecto disuasivo del ticket moderador se aplicaría pues, sobre todo, a las complicaciones menores.

Pero es necesario que los centros de salud sean accesibles. La región de Porto está bien provista de infraestructuras médicas, pero las zonas rurales padecen una cruel carencia de médicos y, aunque las estimaciones sean inverificables, numerosos portugueses no tienen médico de cabecera. Para remediarlo, las autoridades portuguesas han comenzado a limpiar la lista de inscritos: desde enero, en la región de Lisboa, toda persona que no ha ido a un centro de salud desde hace tres años es borrada de él. La medida debe poner fin a las dobles inscripciones: las bases de datos sumaban en efecto 12 millones de inscritos en el SNS, ¡cuando Portugal no cuenta más que con 10,5 millones de habitantes!

En un número especial consagrado a las cuestiones de salud, el Jornal de Negocios ponía en guardia el 26 de abril contra la «bomba de relojería» que podría representar la salud en 2012. Según el diario económico, la troika continúa considerando la salud como un terreno de «alto riesgo» para las finanzas públicas. Los portugueses se preparan para que la austeridad se intensifique, pero ¿hasta qué punto? Los líderes históricos de la «revolución de los claveles» -que han boicoteado las conmemoraciones este año -han advertido sobre los límites de la austeridad. En otoño, el antiguo presidente Mario Soares, jefe histórico del Partido Socialista, había creado un alboroto publicando un libro (Um politico assume-se) en el que consideraba que las medidas de austeridad ponían en peligro la democracia portuguesa. «El Servicio Nacional de Salud, las jubilaciones, la dignidad en el trabajo, la gratuidad de la enseñanza… todo esto puede ser perdido, escribía. Pero es también la propia democracia la que puede ser puesta en cuestión a causa de las exigencias de los mercados especulativos«. En las salas de espera de los hospitales, los portugueses temen también una bomba, social y humana.

Le Monde 15/05/2012 http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article26048

Traducido del francés por Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Para saber más

El Jornal de Negocios ha consagrado un dossier completo a la salud en Portugal en su edición del 26 de abril, publicando en particular una compilación de cifras clave sobre la salud y un debate sobre el futuro del sistema de salud portugués.

Un artículo de Publico, publicado en francés por Courrier International, describe en particular los efectos de la reducción de la financiación del transporte de los enfermos por el estado.

En las páginas para abonados, Le Monde ha publicado una serie de tres reportajes publicados sobre los países de la zona euro frente a la crisis y la austeridad, entre ellos Portugal. Los otros dos son Grecia e Irlanda.

Fuente: http://www.vientosur.info/spip/spip.php?article7041

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