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Una base militar en el Ártico, símbolo de la ambición de Rusia

Fuentes: Agencias

Agua caliente, gimnasio, sauna y… soldados armados en motonieve. En el archipiélago ártico de Nueva Siberia, el ejército ruso presume de una base militar moderna, símbolo de las ambiciones del Kremlin en esta región rica en hidrocarburos. El «Trébol del Norte» acoge a 250 soldados en la isla Kotelny, más allá del círculo polar. Es […]

Agua caliente, gimnasio, sauna y… soldados armados en motonieve. En el archipiélago ártico de Nueva Siberia, el ejército ruso presume de una base militar moderna, símbolo de las ambiciones del Kremlin en esta región rica en hidrocarburos.

El «Trébol del Norte» acoge a 250 soldados en la isla Kotelny, más allá del círculo polar. Es un modelo para futuras instalaciones militares en el Ártico, una región estratégica para Moscú.

«El Trébol del Norte es el primer asentamiento permanente de las fuerzas armadas rusas capaz de vivir de forma autárquica. Nuestras reservas de agua y de provisiones nos permiten aguantar un año», explica Vladimir Pasechnik, comandante del grupo táctico de la Flota del Norte que ocupa la base, a un grupo de periodistas invitados por el ejército.

La isla Kotelny albergó una base militar soviética que quedó abandonada con la caída de la URSS en 1993. A partir de 2014 el ejército la remodeló, construyendo instalaciones conectadas por pasadizos cerrados para que los soldados eviten exponerse a temperaturas extremas de hasta -50°C o se topen de frente con osos polares.

Al principio los osos se acercaban con curiosidad para observar su nuevo entorno, recuerda Evgueni Kaziev, encargado de los sistemas de misiles de defensa costera «Bastion», destinados a defender la isla de los buques.

Cuando los militares ya estaban asentados, los osos «se alejaron de la base y ya no nos molestan», añade.

«Condiciones difíciles»

A falta de un aeródromo para el aterrizaje de aviones, el material para la construcción de la base se descargó en paracaídas. Las condiciones climáticas cambian constantemente, con una temperatura promedio de -15°C.

«Aunque las condiciones afuera son difíciles, nos vestimos con ropa de abrigo y nuestro equipamiento nos permite realizar misiones en el exterior», asegura Rinat Uformanov, subcomandante de la base, ataviado con ropa de camuflaje blanca y gris y shapka (gorro térmico ruso con orejeras).

El ministerio de Defensa ruso, deseoso de atraer a voluntarios para trabajar en una región alejada de todo, ensalza el tipo de vida en la base, con sala de billar y de pimpón, cantina, sauna y gimnasio.

No tienen internet ni red telefónica pero los soldados disponen de agua caliente las 24 horas del día gracias a un sistema de deshielo y de depuración de la nieve, desarrollado especialmente para el Ártico que permite almacenar 20.000 m3 de agua durante el invierno.

Ruta comercial

El «Trébol del Norte» es la primera base rusa del Ártico a la que tiene acceso la prensa pero existen otras más pequeñas como la que alberga 150 soldados en la Tierra de Francisco José, más al oeste. Fue construida siguiendo el modelo de Kotelny. Y hay más previstas.

En 2017, el ejército ruso aseguró haber descubierto 11 nuevas islas y seis estrechos en el Ártico, un anuncio que reforzó las aspiraciones de Rusia en esta región disputada y rica en recursos naturales todavía poco explotados.

El martes y miércoles próximos se celebrará un foro en San Petersburgo, en presencia del presidente ruso Vladimir Putin y de dirigentes extranjeros, para abordar el desarrollo económico de esta región, en la que se contraponen los intereses de cinco países, entre ellos Rusia y Estados Unidos.

Rusia espera convertirse en la primera potencia económica y militar de la zona aprovechando el cambio climático y el deshielo que deberían abrir nuevas rutas comerciales hacia el Gran Norte.

Moscú apuesta por el Paso del Noreste, que conecta el océano Atlántico con el Pacífico a través del Ártico y simplificará a Rusia el aprovisionamiento en hidrocarburos al sudeste asiático. En septiembre de 2018, un buque portacontenedores rompehielos danés llegó a San Petersburgo tras haber cruzado el Ártico por esta ruta marítima.

Las organizaciones ecologistas están preocupadas por las repercusiones en un ecosistema muy frágil.

En la isla Kotelny, el comandante Vladimir Pasechnik asegura que el ejército se interesa por el tema medioambiental y limpió los restos de la antigua base soviética después de 20 años de abandono.

«Hasta 1993, el carburante se suministraba en barriles metálicos y muchos de ellos se acumularon aquí, generando una amenaza para la ecología de la isla. El comandante tomó la decisión de limpiar estos residuos».