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Bulgaria

Una profunda crisis política en el país más pobre de la UE

Fuentes: Sin Permiso

El primer ministro búlgaro, Boiko Borisov, ha dimitido después de una semana de protestas contra la subida de los precios de la energía. Al menos 14 personas resultaron heridas en enfrentamientos con la policía en la capital del país, Sofía, el 19 de febrero por la noche, lo que llevó a Borisov a declarar que […]

El primer ministro búlgaro, Boiko Borisov, ha dimitido después de una semana de protestas contra la subida de los precios de la energía. Al menos 14 personas resultaron heridas en enfrentamientos con la policía en la capital del país, Sofía, el 19 de febrero por la noche, lo que llevó a Borisov a declarar que no podía «contemplar de brazos cruzados el Puente del Águila ensangrentado», refiriéndose a la principal intersección de Sofía. El Parlamento debe ratificar ahora su dimisión en una votación el jueves 21. A la espera de nuevas elecciones legislativas, que estaban previstas en julio, y en las que se esperaba la derrota del gobierno del GERB, Bulgaria se hunde en una profunda crisis política.

La situación ha ido cambiando día a día con las protestas, tanto a favor como en contra de Borisov. La bolsa búlgara ha caído en una imprevisible deriva y los partidos políticos de todas las tendencias hacen confusas declaraciones sobre sus aspiraciones al poder.

La razón inmediata tanto de las protestas como de la dimisión de Borisov ha sido el aumento del 13% del precio de la electricidad, que ha afectado duramente en pleno invierno las facturas de la calefacción de la población. Como ocurrió con las recientes y masivas protestas medioambientales contra el fracking – ya prohibido en Bulgaria – y la privatización de los bosques, las manifestaciones se han organizado en un primer momento en todo el país a través de las redes sociales. La primera convocatoria en Facebook a manifestarse la semana pasada atrajo a muchos miles de personas, que confirmaron por el mismo medio su participación. Los manifestantes han pedido la expulsión de las compañías eléctricas extranjeras y la renacionalización de las centrales búlgaras, así como la anulación de las subidas de precios de la energía.

A pesar de la promesa de la Administración de que tomaría medidas expeditivas contra las compañías de electricidad privatizadas, incluyendo la retirada a principios de esta semana de la licencia para operar de la compañía checa CEZ, las protestas han continuado, exigiendo la dimisión de Borisov en los últimos días. Los intentos posteriores de los principales partidos de oposición, el Partido Socialista Búlgaro y el Movimiento de los Ciudadanos Búlgaros de la ex Comisario de la UE Meglena Kuneva, de reivindicar el liderazgo del movimiento han sido ruidosamente rechazados en los medios de comunicación social. Los sindicatos búlgaros, que son relativamente importantes, han sido los grandes ausentes de las protestas, aunque muchos de sus cerca de 500.000 miembros han participado en ellas.

Sin embargo, es evidente que las facturas de la calefacción son sólo la punta del iceberg. La caída del nivel de vida, un empleo cada vez más escaso y el aumento constante del coste de vida han empujado a la gente a las calles. La corrupción y el clientelismo político también han provocado cada vez más la indignación pública. Desde el año pasado han tenido lugar todo tipo de protestas y la popularidad personal del Primer Ministro y de su gobierno han sufrido duros golpes. Las razones exactas de la decisión de dimitir del Primer Ministro (después de declarar 24 horas antes que ni siquiera consideraba esa opción) siguen siendo muy oscuras y parecen obedecer ante todo a cálculos políticos cara a las próximas elecciones.

Si el Parlamento de Bulgaria acepta la renuncia Borisov el jueves, como se espera, la Constitución prevé la formación de un gobierno interino. El Partido Socialista ya ha descartado su participación en una administración provisional, planteando la necesidad de convocar elecciones anticipadas.

Corrupción

Borisov ha sufrido una creciente presión política el último año. A pesar de que conserva una gran popularidad personal, su partido GERB (Ciudadanos por el Desarrollo Europeo de Bulgaria), formadas en gran parte en torno suyo en 2006, está perdiendo significativamente apoyo en las encuestas. Bulgaria, que no es miembro del euro, ha evitado en buena parte aplicar la rígida política de austeridad que esta destrozando el sur de Europa, aunque los fuertes recortes en partidas concretas de los presupuestos han provocado gran inquietud. Sin embargo, el aumento del costo de vida en el país más pobre de la UE ha erosionado gravemente la legitimidad de la derecha en el gobierno y el desempleo ha alcanzado el 11%.

La crisis se ha agravado por las recientes revelaciones sobre el pasado de Borisov y de sus colaboradores más cercanos. Antiguo instructor de karate y ex guardaespaldas del pretendiente al trono de Bulgaria, Simeon Saxe-Coburg, Borisov saltó a la fama pública como un poderoso funcionario en el Ministerio del Interior tras la elección de Saxe-Coburg como Primer Ministro en 2001. Borisov ha desarrollado una reputación de duro luchador contra la corrupción, ganando la alcaldía de Sofía en 2005, y utilizándola como una plataforma para lanzar el GERB en 2006, cuando la estrella política de Saxe-Coburg se desvaneció.

A pesar de (o debido a) su imagen de seriedad, la carrera de Borisov se ha visto afectado por las persistentes denuncias de corrupción y conexiones con la mafia. Un informe confidencial de la Embajada de EEUU de 2006, filtrado por Wikileaks en 2011 , vincula a Borisov con «escándalos de robo de petróleo, tráfico ilegal en relación con Lukoil y distribución al por mayor de metanfetaminas», utilizando su puesto como jefe de la policía búlgara para encubrir sus operaciones y las de sus socios.

En 2007, el US Congressional Quaterly alegó, además, que una investigación confidencial de los bancos suizos sobre Borisov había recopilado evidencias de 30 «asesinatos mafiosos no resueltos de personas identificadas con grupos criminales en Bulgaria» durante su gestión al frente del Ministerio del Interior, y señalaba que «muchas de las investigaciones dirigidas por Borisov se han archivado sin resultados o explicaciones». La empresa de seguridad privada de Borisov, Ipon, ha sido acusada «en un grueso expediente de más de 10 cm» de estar vinculada a la banda mafiosa SIK de Sofia.

Y en febrero de este año, una investigación realizada por bivol.bg alegó que, al menos desde la década de 1990, Borisov fue el «agente Buda» – un informante pagado por la policía anti-corrupción para aprovechar sus profundas conexiones con el hampa búlgara.

Aliado de EE.UU.

Borisov y su partido han desestimado todas las alegaciones como meras calumnias. Sus aliados internacionales han mantenido firmemente su apoyo al gobierno del GERB, especialmente EE UU. Borisov fue el primer jefe de Estado extranjero en ser recibido por el presidente Obama tras su reelección 2012 , siendo alabado por Obama como «un líder muy eficaz» y refiriéndose a Bulgaria como «uno de nuestros aliados más importantes en la OTAN». La UE ha sido menos efusiva en sus elogios, pero los sucesivos informes de seguimiento (elaborados tras la adhesión a la UE) han felicitado también a Borisov

La conexión con la OTAN es fundamental. La caída del Muro de Berlín en 1989 permitieron dos décadas de constante expansión de la OTAN en los antiguos países del Pacto de Varsovia. El Partido Comunista de Bulgaria perdió el poder a principios de 1990, reconstruyéndose como el Partido Socialista Búlgaro, y consiguiendo ganar las elecciones de junio de ese año. El proceso de transformación de poder político en poder económico se había iniciado cuando los principales funcionarios del Partido se convirtieron rápidamente en importantes hombres de negocios. El Banco Mundial recomendó la «terapia de choque», que se inició en 1992, y la Unión de Fuerzas Democráticas impulsó la privatización de gran parte de la industria y la agricultura búlgaras, a pesar del desempleo masivo que provocó. Estos dos procesos permitieron que la corrupción y las estructuras mafiosas se convirtieran en un elemento permanente de la vida política búlgara. Pero el modelo básico post-comunista de política económica quedó establecido y el Partido Socialista – cualquiera que sea su retórica – abandonó rápidamente todo intento serio de dar marcha atrás al proceso privatizador neoliberal.

La impopularidad de los dos principales partidos en la década del 2000 abrió el camino para el regreso de Saxe-Coburg, o «Simeón II», a su país natal después de casi seis décadas en el exilio. Su Movimiento Nacional Simeón II (NDSV) obtuvo una abrumadora victoria electoral en 2001, con la promesa de una renovación nacional a través de una política exterior firmemente pro-occidental y la extensión a todas las esferas de la gestión económica neoliberal. Miembro de la OTAN en 2004, – cuando el NDSV gobernaba en coalición con el Partido Socialista – la adhesión de Bulgaria a la UE se logró (con algunas reservas de Bruselas) en 2007.

El apoyo a la «guerra contra el terror» de EE UU a partir de 2001 ayudó, sin duda, a abrir nuevas rutas hacia Occidente, y Bulgaria desplegó tropas en Afganistán e Irak. El NSDV firmó el «Acuerdo de Cooperación para la Defensa» en 2006, que permite a las tropas estadounidenses el uso de instalaciones militares búlgaras para la formación. La base aérea de Bezmer es ahora una de las bases estadounidenses más importantes en el extranjero, y la revista Foreign Policy afirma que es mucho menos probable que Bulgaria condicione o bloquee su uso para operaciones de combate que la «vieja Europa». Los cables estadounidenses divulgados por Wikileaks confirman la transformación de Bulgaria en un aliado clave de EE UU en este período, siendo prioridad de EE UU mejorar la capacidad de Bulgaria para «desplegar tropas y luchar integradas con las fuerzas estadounidenses y de la OTAN». El Ministro de Asuntos Exteriores de Bulgaria, en 2011, ofreció el país para la instalación de los nuevos sistemas de misiles de Estados Unidos , en el caso de que Turquía se negase a ello.

Sin embargo, la crisis financiera de 2008-9 rompió la coalición de gobierno, lo que permitió al GERB de Borisov llegar al poder en julio de ese año. Si bien el ritmo de las reformas neoliberales puede haber disminuido – los planes para un impuesto único del 10% del gobierno anterior han sido pospuestos así como la nacionalización de los fondos de pensiones- el posicionamiento exterior de Bulgaria sigue siendo el mismo, como la cálida recepción a Borisov en EE UU demuestra. El atentado contra un autobús en la popular localidad veraniega de Burgas, el pasado mes de julio, en el que murieron cinco israelíes y un conductor búlgaro – del que Israel acusó a Hezbollah – tiene que ser entendida en este contexto. Mientras tanto, el Ministro de Defensa de Bulgaria negocia la construcción de una base permanente de EE UU en Novo Selo desde diciembre del año pasado, según fuentes del ejército búlgaro .

Contrapesos

La transformación de Bulgaria, en la última década en un eslabón clave de la estrategia europea de EE UU no ha pasado desapercibida en Moscú. Pero Rusia tiene importantes ventajas estratégicas. Bulgaria depende de la compañía rusa Gazprom para más del 90% de su suministro de gas, lo que la hace sumamente vulnerable a cualquier corte (el país ya sufrió un corte del suministro durante la disputa energética de enero de 2009 entre Rusia y Ucrania). La compañía rusa Lukoil refina el 70% del petróleo del país. EE UU presiona para que Bulgaria reduzca su dependencia de las fuentes energéticas rusas después de que su Parlamento prohibiese la extracción de gas de esquisto mediante fracking hidráulico. Se preveía que las empresas estadounidenses ganarían los contratos de explotación del gas de esquisto, pero la licencia de exploración de gas de la petrolera Chevron fue cancelada.

Pese a los temores planteados en los círculos políticos de Estados Unidos a finales de la década de 1990, la administración Putin ha tolerado la expansión de la OTAN a cambio de tener, al menos implícitamente, las manos libres en lo que Rusia considera su propio patio trasero en Asia Central. El realineamiento estratégico de Bulgaria con EE UU no ha sido capaz en la práctica de romper su dependencia de Rusia y los lazos históricos y comerciales entre los dos países son considerables. Mientras Moscú tenga su mano en la llave del gas, su situación seguirá siendo segura. En la mañana del martes 19, poco antes de dimitir, Borisov mantuvo una larga conversación telefónica con Vladimir Putin , para discutir – según el Kremlin – temas de «interés mutuo».

La política oficial en Bulgaria, como en todos los Balcanes, es un delicado acto de equilibrio entre intereses competitivos. En la última década esos intereses han estado determinados por sus alineamiento internacionales, en la medida en que la integración en Occidente ha sido la prioridad, pero cada vez más las preocupaciones nacionales están saliendo a la palestra. Las promesas que acompañaban la adhesión a la UE no se han cumplido, áreas importantes del país siguen subdesarrolladas y la creación de empleo fuera de las grandes ciudades es insuficiente. Al mismo tiempo, los efectos combinados de la crisis global y el neoliberalismo están obligando a una restricción grave en los niveles de vida de la población. La corrupción oficial sigue siendo generalizada, independientemente de las afirmaciones del gobierno de Borisov. Pero los sucesivos movimientos de protesta desde 2009 no han sido capaces de crear un liderazgo político alternativo, siendo vulnerables a la manipulación política o la mera confusión.

Los recientes oleadas de protesta han sido víctimas, en parte, de las dos. Las manifestaciones fueron relativamente grandes en todo el país, pero la presencia de los «ultras» – pandillas de hooligans, neo-nazis, y elementos de la mafia – era evidente, y reconocida por el propio Primer Ministro. Los «ultras», que están a disposición del mejor postor, se han convertido en una presencia recurrente en las cañerías de la vida política de Bulgaria.

Por otro lado, figuras destacadas del movimiento de protesta han prometido que las manifestaciones continuarán, con una gran jornada de protesta nacional el 24 de febrero. La exigencia de una «Gran Asamblea Nacional», como en Islandia, que aborde la reforma de la constitución de Bulgaria esta planteada. Sin embargo, los organizadores de la protesta están divididos sobre cuales deben ser sus próximos pasos – una supuesta oferta de negociación con Borisov ha provocado un escándalo esta misma semana – y no está claro todavía cuál será la respuesta.

La situación sigue siendo muy abierta y dinámica. Los principales partidos, y las facciones que representan, siguen intentando cabalgar la situación. Sin embargo, si hay una respuesta fuerte desde las calles y los lugares de trabajo se puede romper este precario equilibrio. Al igual que en otros antiguos países comunistas, los años transcurridos desde la caída de los regímenes estalinistas han visto una sucesión de promesas incumplidas. Un breve período de estabilidad económica y política a mediados de la década de 2000 fue interrumpido por la crisis financiera; la propia UE ya no es una vía creíble a la prosperidad. Para romper la pinza del control de los políticos corruptos y intereses de las grandes potencias será imprescindible el desarrollo de un movimiento popular anti-neoliberal independiente.

Dancho Medarov es un analista y activista marxista búlgaro.

Traducción para www.sinpermiso.info : Enrique Garcia

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5716