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Los nuevos imperios de Francia en África

Fuentes: Rebelión [Foto:Una tienda de Orange en Abidjan. © Pablo029]

Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Entre afirmaciones catastrofistas sobre el retroceso económico de Francia en África y el sueño de la explotación colonial sea inmutable, un informe de la asociación Survie trata de diferenciar el mito de la realidad y hace balance los intereses económicos de Francia en el continente.

«Es una constatación categórica: las estadísticas del comercio internacional confirman la constante erosión de las cuotas de mercado francesas en el África francófona, tanto en la importación como en la exportación», afirma de entrada el informe de Survie disponible desde el 13 de enero aquí.

Pero una advertencia matiza inmediatamente esta afirmación: el riesgo de «tomar como referencia una situación caricaturesca, muy frecuentemente la del inicio de la década de 2000, marcada por una herencia colonial en la que los flujos comerciales se polarizaban sobre todo en la metrópoli».

En efecto, más allá del fantasma del desaparecido Imperio colonial, hay que tener en cuenta otra desaparición, dentro de las fronteras de Francia: «un tejido industrial en el Hexágono cercenado por cuatro décadas de neoliberalismo y deslocalizaciones». «La desindustrialización francesa reorganizó los flujos con África, sobre todo la francófona, y al contrario de lo que generalmente se cree, esta importante evolución empezó mucho antes del auge económico de China», insiste Survie. Así, por ejemplo, el retroceso en el continente de los vehículos a motor franceses benefició a los japoneses en las décadas de 1980-1990 y después a los alemanes hasta finales de la de 2000, mucho antes de la llegada de los vehículos chinos o indios, «cuando ya había terminado la desindustrialización francesa».

La gran convulsión de la globalización

Veamos alguna cifras para valorar este retroceso «indudable»: una cuota de mercado que pasa del 15% al 3% desde la década de 1970, mucho antes de que apareciera la competencia china, india o turca. Con todo, el balance comercial de los intercambios con África sigue siendo positivo para Francia y aumenta globalmente en un contexto de fuerte crecimiento de la economía africana. «Es verdad que las cuotas de mercado francesas en el África subsahariana se dividieron por cinco en sesenta años, pero en un mercado cuyo tamaño se multiplicó por doce».

Evidentemente, la globalización hace que sea complicado rastrear del origen de los bienes intercambiados a lo largo del tortuoso recorrido que marcan los circuitos comerciales y de transformación. Así, las materias primas africanas solo llegan a Francia una vez transformadas en otros continentes, como es el caso, por ejemplo, del petróleo bruto, que ha cedido el paso a productos refinados que entran en Francia procedentes de países europeos.

El cuadro franco-africano se inscribe en este contexto de globalización de la economía. «La globalización del comercio ha barrido la economía de renta [que consiste en la transformación en Francia de las materias primas del continente antes de ser reexportadas]» Por consiguiente, para comprender la situación de los intereses económicos de Francia en África, hay que observar la recomposición global de los circuitos comerciales. «Ahora […], esen Asia donde el algodón burkinés se convierte en una camiseta que es vendida en París o en Uagadugú por una multinacional francesa china o estadounidense del textil».

Pérdida de competitividad de Francia

Las cifras reflejan, por tanto, una pérdida de competitividad mundial de Francia, cuyas cuotas de mercado en el ámbito internacional se han reducido a la mitad desde principios de la década de 2000. «El África subsahariana y Francia se han convertido en socios comerciales de segunda fila la una para la otra». Debido a eso, los principales motores de «la obstinación de París por continuar con su política africana» sin duda son más la cultura colonial y la búsqueda de poder que la defensa de los intereses económicos franceses, opinan los autores.

Con todo, hay que matizar la idea del retroceso económico de Francia en el continente. Las cuotas de mercado francesas en el antiguo imperio colonial se mantienen en torno a entre el 10% y el 12%, seis veces más que en el resto de África. Con excepción del sector extractivo angoleño y nigeriano, las inversiones siguen siendo limitadas fuera del territorio. El 60 % del volumen de negocios de las multinacionales francesas presentes en el continente se realiza en el antiguo imperio colonial.

Las filiales africanas, una especificidad neocolonial

Y, más allá de las cifras del comercio internacional, los autores del informe destacan la persistencia de una «especificidad neocolonial muy francesa»: «Las empresas francesas han mantenido en las antiguas colonias una red muy densa de filiales locales», más de 2.400 (2.421, según el último censo publicado por Eurostat), que generaron una media de 41.000 millones de euros de volumen de negocio al año (en el periodo 2019-2021) y cuyos beneficios «se repratrían después a las casas madre».

Esta cifra es cuatro veces mayor que el importe de las exportaciones francesas a la zona. Estas filiales son «6 veces más numerosas que las filiales alemanas y 9 veces más que las neerlandesas, dos países que, sin embargo, exportan más que Francia al sur del Sahára». No es de extrañar que Costa de Marfil, Senegal y Camerún sean los tres países en los que las filiales de empresas francesas logran los volúmenes de negocios acumulados más importantes (y en aumento), por delante de Gabón.

Ahí donde Francia está más arraigada históricamente, en sus antiguas colonias, conserva bastiones en algunos sectores estratégicos como el agroalimentario, el farmacéutico y los hidrocarburos, en particular en la zona del franco [CFA]. Así, aunque en los países con cernidos la cuota de mercado de las empresas francesas cayera de más del 60% tras las independencias a un poco más del 10% hoy en día, las empresas francesas y sus filiales «siguen siendo una matriz económica agobiante, aplastante frente a las veleidades de soberanía en el ámbito comercial y productivo».

Persiste la asimetría

Estas relaciones se caracterizan por la asimetría: el superávit comercial francés persiste desde 1961 y sigue aumentando. Francia todavía tiene mucho peso en las economías de sus antiguas colonias. Por ejemplo, es la primera exportadora en Gabón, con un 13,6% de cuota de mercado, frente a la inversa, el 0,09 % de las exportaciones de este país a Francia. Las filiales locales de las empresas francesas controlan ahí sectores vitales para la vida cotidiana (la telefonía, los medios de comunicación, el agua, la energía, el saneamiento, etc.) y tienen un peso muy importante en el PIB de estos países.

La asimetría de estas relaciones heredadas de las independencias ha aumentado y «provoca una percepción muy diferente de los intereses franceses cuando se observan desde Francia o desde África». Desde este punto de vista, se supone que el franco CFA sirve a los intereses franceses al facilitar la repatriación de los beneficios, garantizar el valor de los activos que se poseen y reducir los riesgos provocados por el cambio de divisa. «Un franco CFA sobrevalorado, como es el caso hoy en día, funciona como una subvención a las exportaciones europeas en la zona, pero, por el contrario, lastra la productividad de las empresas […]locales». Sin embargo, no se ha demostrado una mayor rentabilidad en la zona del franco [CFA], sobre todo si se tiene en cuenta que muchas empresas francesas (o sus filiales) producen in situ.

Entre estos «nuevos imperios» de Francia en África hay algunos herederos coloniales establecidos desde hace mucho tiempo, pero también nuevos actores: Somdiaa (familia Vilgrain) en el sector azucarero; la cervecera Castel, Bolloré, que se desprendió del tabaco, la logística, los puertos y el transporte, pero volvió con la televisión; Saur International, antigua filial de Bouygues, y su rival Vivendi, que se reparten los sectores del agua y la energía en una decena de países, y France Télécom/Orange en las telecomunicaciones (segundo operador del continente). A partir de las antiguas colonias, estos actores han progresado más allá de su anterior territorio.

Un fuerte crecimiento impulsado por la explotación de petróleo

Por otra parte, el stock de inversiones directas de las empresas francesas se multiplicó por diez fuera de las antiguas colonias entre principios de la década de 2000 y mediados de la de 2010. Sin embargo, hay que considerar estas cifras con precaución, porque en gran medida se explican por el crecimiento de las transacciones financieras entre filiales de una misma multinacional, lo que explica que las Islas Caimán, las Bermudas y las Islas Vírgenes Británicas se sitúen entre los 15 principales territorios que invierten en África.

En realidad este crecimiento muy fuerte se basa esencialmente en los sectores extractivos angoleño y negariano. A mediados de la década de 2010 ambos países concentraban «ellos solos casi la mitad de las inversiones francesas en el África subsahariana, del mismo modo que hoy en día sufrenla mayor parte del retroceso de estas inversiones, con una disminución del stock del 47 % desde 2016 en el caso de Angola y del 34 % en el de Nigeria». Fuera de estos dos países petroleros, las inversiones francesas son muy limitadas. Si se excluyen Angola y Nigeria, «en algo más de la mitad de los casos, las inversiones de las empresas francesas al sur del Sáhara siguen estando localizadas en las antiguas colonias».

Sin salir de las antiguas colonias, la competencia china y de otros países emergentes, que a menudo se considera la causa del «declive francés», en realidad es moderada. Y más de sesenta años después de las independencias, se perpetúan situaciones de renta. Desde la década de 2010 las cuotas de mercado francesas están estabilizadas entre el 10% y el 12% en las antiguas colonias. «Unos buenos resultados, casi seis veces superior a las cuotas de mercado de Francia en el resto de África y cuatro veces superior a la del resto del mundo»

Las cuotas de mercado chinas en estos países son de media un 5,5% inferiores a las que hay los demás países del continente. En realidad, las inversiones de las empresas chinas «superan a las de las multinacionales francesas en pocos países, cuando controlan toda la extracción petrolera o una parte, o cuando tienen importantes participaciones en el sector minero».

Dada la internacionalización de los capitales y la cada vez mayor autonomía de las multinacionales respecto a los Estados, resulta complicado definir con precisión los intereses «franceses» en África hoy en día. Así, por ejemplo, la casa madre de Castel tiene su sede en Singapur y los activos africanos del grupo están en Luxemburgo y Gibraltar. Un tercio de las empresas del CAC 40 [el principal índice de la Bolsa de París] son propiedad mayoritariamente de accionistas extranjeros y las grandes empresas francesas a veces están en desacuerdo con el poder político parisino. A la inversa, las empresas que han pasado a estar bajo control extranjero «mantienen un arraigo importante en Francia», con actividades en África que tienen un fuerte impacto en la economía francesa. Así, varias grandes sociedades que antes eran francesas y ahora están bajo control extranjero forman parte del consejo de administración del Consejo Francés de Inversores en África. Por lo que se refiere al carácter estratégico o no de estos intereses, los autores del informe recuerdan, para definirla, «la capacidad de sustitución de los aprovisionamientos» y recuerdan el ejemplo de la energía nuclear francesa, que desde principios de la década de 2000 ha reducido considerablemente su dependencia del uranio de Níger al diversificar a sus proveedores. Por supuesto, estas dependencias evolucionan a lo largo del tiempo, puesto que el contexto geopolítico es volátil por naturaleza.

Nathalie Prévost fue periodista judicial y de investigación en la agencia Reuters, en Journal du Dimanche y en la agencia Capahasta 2001; vivió en Níger de 2003 hasta 2018. Colaboró con diferentes medios, incluido TV5 Monde. En 2023 y en 2024 hizo para France Télévisions un documental sobre la crisis en Mali, Mali, la guerre perdue contre le terrorisme, y un podcast para RFI, Mali, l’histoire d’une crise.

Texto original: https://afriquexxi.info/Les-nouveaux-empires-de-la-France-en-Afrique

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a laautora, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.