Super omnia veritas. La Academia Paraguaya de la Historia y la dictadura de Stroessner.
Del colaboracionismo cultural con el stronismo y el franquismo español hasta su rol actual en democracia
Montero, Mariano Damián
Asunción, Editorial Arandura, 2025
Sin duda la presente obra constituye el producto esperado de un trabajo de investigación exhaustivo y pertinaz. Inscripto en el campo de la historiografía el volumen que nos ocupa propone una interesante convergencia de los estudios de las relaciones entre historia/política y la sociología de los intelectuales. Lejos de cualquier “objetivismo” el autor de este libro no elude la polémica y la confrontación con otras líneas de interpretación sobre el tema que se investiga. Este consiste en el análisis de la trayectoria de la Academia Paraguaya de la Historia (APH) desde su fundación en 1937 hasta los actuales tiempos del tercer milenio. Para acometer dicha tarea se toma como ordenadores principales: a) las relaciones entre la APH y el poder político paraguayo a lo largo de los sucesivos gobiernos que se sucedieron en la república guaraní; b) los vínculos particulares entre este institución y el poder político en las décadas del autoritarismo stronista y el rol que jugó en la legitimación intelectual de este régimen autoritario sui generis y; c) la centralidad de las relaciones externas de la APH por medio de su fuerte inserción en una red de espacios académicos de los países hispanoparlantes que reconocían como principal autoridad la historiografía oficial de España bajo la dictadura franquista.
En base a un relevamiento muy completo de fuentes Mariano D. Montero busca fundamentar algunas hipótesis primarias relacionadas entre sí: a) la fuerte importancia de la legitimación por la historia para el poder político en el caso del Paraguay del siglo XX en relación al conjunto de países latinoamericanos; b) la fuerte centralidad de la Academia de la Historia como creadora de sentido y como principal difusora de una “Historia oficial” en una serie de instituciones dependientes (Institutos de investigación, Universidad, sistema escolar) que constituían lo que propone llamar el “Universo APH”. Presentes desde su origen estos rasgos específicos de la APH alcanzarán su consolidación en un modelo claramente delimitado durante los largos años del régimen stronista (1954-1989). Es interesante comparar los elementos distintivos de la APH con su par de la Argentina, institución también famosa por sus vínculos con los sucesivos poderes políticos y por la fuerte continuidad temporal de sus equipos académicos, autoridades y sus enfoques historiográficos. Pero que, entendemos, no llegó a monopolizar la creación de un modelo de historiografía dominante en la misma medida que su par del país vecino. Sin duda existen diferencias de contextos. En Argentina se asistió, desde la tercera década del siglo XX, a una profesionalización de la actividad historiográfica que no tuvo las mismas características en la republica guaraní. La caracterización de los miembros de la APH como intelectuales notables, con un capital simbólico ligado a su pertenencia a la elite, se corresponde, en menor medida, con el universo de los historiadores académicos argentinos. País con un campo intelectual más complejo que el paraguayo, en Argentina hubo menos espacio para unanimidades tan monolíticas. La Académica de la Historia Argentina elaboró una historia perteneciente al universo historiográfico liberal conservador que conservaría una legitimidad larga en términos temporales hasta los años ochenta del siglo pasado. Pero viviendo las vicisitudes políticas de un país con una historia con mayores rupturas que la de Paraguay.
Usina intelectual de una dictadura sin un perfil ideológico muy elaborado, la APH acumuló a partir de sus vínculos con las redes de intelectuales de la España franquista un capital intelectual que le permitió ajustar muchas clavijas a su modelo legitimador del gobierno de Stroessner. La participación de miembros de la APH, como Julio Cesar Chávez, Alberto Nogués, etc. en los congresos de hispanistas franquistas, y en muchos proyectos editoriales y académicos con los intelectuales de la dictadura española y sus aliados del mundo hispanoparlante, convirtieron a Paraguay en una de las perlas más preciadas de la corona de la “Hispanidad”. Ese concepto serviría para cubrir la orfandad ideológica y teórica del régimen de Stroessner encuadrándolo mejor en un discurso político anti comunista y pro católico. La “Hispanidad”, a la orilla del rio Paraná, constituía una versión, sudamericana y mestiza, de la civilización cristiana nacida de la conquista de América por una nación, agente de la providencia divina, que llevó la verdadera fe al nuevo mundo. La misma nación que en el siglo XX defendió a occidente en una cruzada contra el comunismo ateo enemigo del cristianismo. La relación entre el APH y la dictadura española abarcó las cuatro décadas del gobierno de Franco y atravesó las distintas etapas en que fue evolucionando la relación política/intelectuales del régimen dictatorial: a) el nacional catolicismo falangista hasta fines de los 40; b) la identificación con la noción de “Democracia orgánica” y un tímido aperturismo controlado hasta principios de los 60 y; c) la modernización desarrollista y tecnocrática opusdesiana hasta la muerte del dictador. Correspondiéndose la segunda de estas etapas con el comienzo del régimen de Stroessner y siendo llamativa la cercanía del concepto de “democracia orgánica” o democracia protegida del franquismo con el “democracia sin comunismo” con el cual la dictadura paraguaya justificaba su modelo autoritario sui generis.
Esta elaboración de una versión de la historia oficial del
Paraguay, tributaria de un imaginario de la hispanidad cristiana y
anti comunista, se proyectó sobre la conservación/apropiación de
una serie de mitos historiográficos, de antigua data, sobre el
Paraguay. Mitos afines con la afirmación de la excepcionalidad
histórica de un país que ha sido definido como una “isla rodeada
de tierra”, “isla sin mar”, etc. Mitos como:
a) la
nación hija de un mestizaje armónico (“conquista erótica”)
nacido de la aceptación por los indios de la superioridad de la
cultura española; b) la falta de resistencia ante la imposición de
los sistemas de trabajos coloniales por los naturales y su condición
subalterna en el orden colonial; c) la no existencia de
contradicciones de clase en el Paraguay colonial, etc., fueron los
pivotes de una versión paraguaya de la leyenda rosa de la conquista.
Una construcción de la “excepcionalidad del pasado” histórico
como una justificación de la “excepcionalidad política del
presente”.
Junto a la apelación a una supuesta “excepcionalidad” en la historia larga del país, la historiografía del Universo APH trabajó también sobre aquellos elementos de la historia del Paraguay que le confieren un perfil atípico en el marco de las historias nacionales iberoamericanas. Nos referimos al esquema: sociedad hispano indígena temprana/colonialidad tardía periférica/Dictadura-la particular centralidad de la apelación al pasado como legitimación del presente en este país, sin duda, le confiere una relevancia particular. En lo que, a juicio nuestro, es uno de los aportes más interesantes de esta obra, Montero realiza un análisis detallado del espacio concedido a cada etapa del pasado nacional en los manuales escolares considerados como una especie de terminación capilar del Universo APH como difusor de una historia hegemónica y solidaria con la trayectoria del Estado Poder.
Para esta Academia integrada por un elenco de “notables”, homogéneos ideológicamente y monolíticos en su apoyo al régimen, el fin de la era Stroessner no podía pasar sin consecuencias. Montero analiza la vida de APH luego de la caída de la dictadura como un proceso de reacomodamientos y estrategias para remozar el perfil de la institución (Incorporación de miembros provenientes de otros horizontes ideológicos, relativa apertura temática) pero con un criterio básicamente gatopardista.
Así todo, el autor de este volumen reconoce la existencia de un mayor grado de pluralidad y de debate en el seno de la academia desde la última década del siglo pasado. Es interesante su análisis de los posicionamientos contrapuestos de historiadores paraguayos durante la crisis que marco el fin del gobierno de Fernando Lugo (2012).
A manera de una síntesis general de esta obra, queremos resaltar como uno de sus puntos fuertes la polémica que el autor emprende contra una línea de interpretación alternativa de la historia de la APH. Montero polemiza con historiadores que tienden a relativizar los estrechos vínculos políticos de la APH con el stronismo y sus fuertes vínculos internacionales con el franquismo. Siempre apoyándose en el uso de documentos y fuentes polemiza con lo que entiende que es un intento de presentar a la APH como desempeñando un rol alternativo y hasta autónomo frentes a las concepciones ideológicas de los autoritarismos con los que mantenía vínculos políticos e intelectuales. Concretamente cuestiona que haya existido en el Universo APH nada equivalente, por ejemplo, a la tarea que Jaime Vicens Vives desarrollo en la Universidad de Zaragoza, durante la dictadura española, desarrollando una cátedra de historia económica social no confrontativa, pero si autónoma, frente a la historiografía franquista más militante. Cuestión que ha sido estudiada por el especialista de las relaciones entre el franquismo y los historiadores Miquel A Marín Gelavert, autor del prólogo del libro que estamos comentando.
A manera de conclusión opinamos que nos encontramos ante una obra muy interesante sobre las relaciones historia/política y el rol de una fracción especifica de los intelectuales en la vida política intelectual latinoamericana. Centrada en un caso nacional que, sin duda, reviste rasgos atípicos, aunque no excepcionales, la legitimación por la historia de los autoritarismos en Paraguay puede servir de un parámetro importante para otros estudios de casos. Como señala irónicamente Montero si los defensores del terrorismo de estado en la Argentina se lamentaban haber ganado la batalla militar y perdido la batalla cultural los historiadores conservadores del Paraguay podían evaluar que habían ganado ambas.
Daniel Omar De Lucia/Universidad Nacional de Quilmes
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