Daniel Ortega, el presidente de Nicaragua, afirmó el domingo (19 de julio), fecha del aniversario 47 de la Revolución Sandinista, que en el país no habrá más lecciones para impedir que la oposición llegue al poder. “No habrá más elecciones aquí para que ellos [la oposición] no intenten hacerse del gobierno y el poder”, declaró.
Lo conocí en enero de 1980, seis meses después de la victoria de la revolución, cuando vino a São Paulo a participar en un encuentro internacional de teología. Aunque su visita era de carácter personal, la dictadura que aún gobernaba Brasil le ofreció personal de seguridad de la Policía Federal y no le impidió participar en actos públicos.
Invitado por el Frente Sandinista y las Comunidades Eclesiales de Base, trabajé en Nicaragua entre 1991y 1993 implementando el método Paulo Freire de educación popular. Llegué a escribir un libro sobre la Revolución Sandinista: Nicarágua livre: o primeiro passo (Civilizaҫão Brasileira, 1980).
Ahora, el hombre que encabezó una revolución que hermanó a comunistas y cristianos admite que su gobierno está tan desgastado que lo mejor es impedir que haya elecciones, pues es real el peligro de que lo derriben del poder por la vía democrática.
Ortega está en el poder hace 19 años, desde 2007. La última elección presidencial, celebrada en noviembre de 2021, fue impugnada, ya que los principales candidatos de oposición fueron presos.
Ortega lideró Nicaragua por primera vez al ser electo coordinador del Consejo de Administración en 1981, dos años después del triunfo de la Revolución Sandinista (1979). En 1984 ganó las elecciones y ocupó la presidencia hasta 1990.
A continuación, Nicaragua fue presidida por Violeta Chamorro (1990-1996), Arnoldo Alemán (1997-2002) y Enrique Bolaños (2002-2007). En 2007, Ortega fue electo nuevamente y desde entonces permanece en el poder. En febrero de 2025 creó la extraña figura de “copresidente” para compartir el poder con su mujer, Rosario Murillo.
Ortega ha estado en el poder más tiempo que cualquiera de los miembros de la dinastía dictatorial de los Somoza, el grupo familiar que mandó en el país durante más de 40 años y que el propio Ortega ayudó a derribar. Anastasio Somoza fue presidente durante 16 años, y sus hijos, Luis y Anastasio Somoza, gobernaron Nicaragua por casi 7 y 9 años respectivamente.
Las nuevas elecciones presidenciales estaban previstas para fines de este año 2026. Una reforma constitucional pospuso la contienda para 2027. No obstante, todo indica que la pareja presidencial tiene la intención de perpetuarse en el poder.
En dos años de trabajo en el Planalto (2003-2004) aprendí que el ser humano es vulnerable a cinco grandes tentaciones: la primera es el poder; la segunda, el poder; la tercera, el poder; la cuarta, el dinero; la quinta, el sexo. Las tres primeras garantizan las dos últimas. Eso vale para cualquier escala de poder, de directora de escuela a administrador de una farmacia.
Al enterrar la democracia en Nicaragua y callar las voces de la oposición (religiosas, padres y obispos católicos fueron expulsados del país por hacer críticas constructivas), Ortega refuerza la acusación derechista de que la izquierda es antidemocrática, no soporta la alternancia de poder y fabrica dictadores.
Ortega jamás admitió que otros líderes del Frente Sandinista fueran candidatos a la presidencia de la República. Electo presidente por primera vez en 1984, nunca le abrió espacio a otro candidato sandinista. Ya ha sido candidato en ocho campañas electorales a la presidencia.
En 1990 perdió las elecciones contra Violeta Chamorro, y también fue derrotado en las dos elecciones siguientes, de 1996 y 2001. Tras 16 años de intentos, logró reelegirse en noviembre de 2006 con apenas 38% de los votos y la promesa de un gobierno de “paz y reconciliación nacional”.
Al tomar posesión en 2007, Ortega sabía que la Constitución nicaragüense prohibía la reelección consecutiva y también la candidatura al cargo después de dos mandatos en momentos diferentes. Por tanto, no podría convertirse en presidente de nuevo. Sin embargo, dos años después, la Corte Suprema emitió una decisión que declaraba “inaplicable” el artículo 147 de la Constitución, que prohibía la reelección.
A fines de 2013 envió una propuesta de reforma constitucional que fue aprobada por la Asamblea Nacional, de mayoría sandinista, que permitía la reelección por tiempo indeterminado, establecía la elección del presidente en primer turno por mayoría simple y autorizaba a este a emitir decretos con fuerza de ley.
Además, la reforma incorporó la llamada Ley de Defensa de los Derechos de los Pueblos a la Independencia: esa legislación impide que las personas que hayan participado en las grandes protestas contra Ortega en 2018 se presenten como candidatos.
El 2 de junio de 2023, el gobierno e Ortega le impuso prisión domiciliaria a Cristiana Chamorro Barrios, entonces candidata a la presidencia de Nicaragua, acusada de “administración abusiva, falsedad ideológica y lavado de activos”, entre otros cargos. En los días siguientes, otros seis candidatos fueron detenidos.
Semanas después, refiriéndose a las manifestaciones antigubernamentales que comenzaron el 18 de abril de 2018, Ortega pronunció un discurso en el cual justificó las detenciones: “No estamos juzgando a políticos o candidatos. Estamos juzgando a delincuentes que atacaron el país intentando organizar nuevamente otro golpe del 18 de abril”. La represión policial a las protestas causó la muerte de al menos 325 personas, según organizaciones internacionales.
Ortega es pragmático. Incorpora a sus discursos frases antimperialistas. En su toma de posesión de enero de 2007 criticó “el capitalismo salvaje y el neoliberalismo”, pero también se mostró abierto a mantener buenas relaciones con los organismos financieros internacionales. Los Estados Unidos, a los que insiste en llamar “imperio”, son, en realidad, el mayor socio comercial de Nicaragua. Como expresa el analista Eliseo Núñez: “Ortega ha demostrado ser el mejor alumno del Fondo Monetario Internacional (FMI). Practica el neoliberalismo que tanto ataca”.
Es como mínimo desalentador ver una revolución tan genuina como la de Nicaragua perderse por la ambición desmedida de una pareja.
Frei Betto es autor, entre otros libros, de O voo da locomotiva (Rocco).
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