¿Es la juventud pobre de derecha? ¿La traición y la corrupción son parte de la estructura cultural de una sociedad necesitada?
«Quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controla el futuro». (George Orwell)
El punto de partida decisivo en el sentido común prevaleciente surge de una larga lista de historiadores, académicos y políticos peruanos de derecha e izquierda que coinciden en calificar al Perú como una “república democrática”. Hoy todos ellos aceptan que es un régimen neoliberal en el que hay que defender un mal simulacro de una inexistente democracia. Veamos: Según el filósofo y ensayista Joaquín Miras Albarrán, se puede considerar que Perú ha funcionado como una «republiqueta» o, en sus términos, una «pseudo república». Esta idea cobra relevancia en los términos basados en Miras, Domenech y Rosenberg sobre la realidad política peruana, enmarcado en un debate más amplio sobre la construcción de una nación auténtica. Para Miras, el concepto de «república» va mucho más allá de la mera existencia de instituciones o de un gobierno representativo. Una verdadera república, en su sentido clásico, es una comunidad de ciudadanos activos y soberanos que participan en la creación de su propio ethos (modo de vida) y leyes. Desde esta perspectiva, una «republiqueta» no es solo un Estado pequeño o débil, sino uno que carece de sustancia democrática y soberana.2 Las características que Miras atribuiría a una «pseudo república» como la peruana incluirían: Ausencia de ciudadanía activa: La política se reduce a una actividad de especialistas, donde la participación ciudadana se limita al voto periódico, en lugar de ser una implicación constante en la vida común. El voto universal data de 1980 (20 años entre los dos fujimorismos 1990-2000 y 2016-2026; 10 años de aprismo y 15 de mas de una decena de gobiernos vacados) Dos rasgos la definen Corrupción sistémica: No se trata solo de robos, sino de un «alma» corrupta de un sistema que se manifiesta en clientelismo, falta de mérito, leyes ad hoc, faccionalismo e impunidad. Esta corrupción impide la construcción de lo público como un bien común. La conclusión de Alfonso Quiroz es inequívoca, desde la conquista el estado es corrupto. Ineficacia estatal y sumisión: La existencia de un Estado frágil, que no logra integrar a su propia población ni resolver problemas fundamentales (como la cuestión étnica, el problema agrario o la desigualdad), y que se encuentra sometido a intereses recolonizadores externos y/o de una élite depredadora.
El punto de partida para entender la conformación de la republiqueta es el señalado por Gilberto López y Rivas: “En América Latina, los pueblos indígenas fueron reducidos demográficamente, sus territorios invadidos y despojados, y a lo largo del proceso de integración nacional, los grupos dominantes impusieron una historia, una cultura, una lengua, una religión, formas de organización social, instituciones y marcos jurídicos a través de los mecanismos coercitivos del Estado: la instrucción pública, la administración centralizada, el mercado nacional y el ejército, como medios de socialización de la llamada cultura o carácter nacional.3
El Perú y otros países latinoamericanos, pueden ser descritos como entidades que han fracasado en construir una nación integrada y auténtica. Esta crítica se vincula con la idea de que en el país no se consolida el capitalismo, sufre de un «colonialismo interno» y una dependencia neocolonial que impiden su desarrollo soberano. Por lo tanto, el diagnóstico de Miras, aunque no usa la palabra «republiqueta» de forma aislada, la emplea como sinónimo de «seudo-república» para describir la precaria y frustrada institucionalidad peruana, que no logra encarnar los valores republicanos de igualdad, soberanía y participación ciudadana . En definitiva, Perú, en su estado actual, sería una «republiqueta» en el sentido de ser una república fallida, carente de una ciudadanía soberana y corroída por la corrupción, en lugar de una auténtica comunidad política. La elección de las directivas de las cámaras en el Perú solo expresan la ausencia de una soberanía ciudadana, terminan mandando sujetos elegidos a dedo, siendo aceptada por las organizaciones involucradas.
Autores que beben de la tradición de Antoni Domènech y analistas de la economía política criminal (Jaime Antezana Rivera señala que Perú es un narcoestado, donde el crimen organizado y grupos de poder ilegales han logrado una influencia decisiva en el Estado. Advierte que el fujimorismo controla «casi absolutamente las instituciones del Estado», y que existen fuerzas políticas que actúan como «narco-partidos» que han copado el Congreso y otros espacios de poder) coinciden en que el Perú actual encaja en el modelo de una «republiqueta» cuyas instituciones han sido capturadas por una cacocracia que protege y reproduce el delito. Cómo se articula esta visión? 1. El concepto de «Republiqueta». El filósofo y teórico español Antoni Domènech (1940-2017), en su obra cumbre El eclipse de la fraternidad,4 hizo una crítica profunda a las democracias liberales contemporáneas. Domènech diferenciaba entre una verdadera «República» (basada en la libertad, la igualdad y la fraternidad material, donde el Estado asegura la dignidad ciudadana) y las «republiquetas. Para Domènech, América Latina heredó instituciones republicanas en el papel, pero en la práctica construyó «repúblicas oligárquicas» o «republiquetas». Estas se caracterizan por: Formalismo legal vacío: Hay constituciones y leyes, pero no hay igualdad material ni justicia social. Exclusión estructural: Las élites usan el Estado para perpetuar sus privilegios, manteniendo a las mayorías en la precariedad. Ausencia de fraternidad cívica: No hay un proyecto común de nación; el que tiene poder lo usa para saquear el Estado, no para gobernar para todos. Bajo esta óptica, el Perú es el ejemplo perfecto de una «republiqueta»: un país con una fachada institucional democrática, pero donde el núcleo real del poder está en manos de élites económicas y políticas que actúan de manera mafiosa contra el interés común.
2. La mutación a «República Pro Crimen». El calificativo de «procrimen» es una actualización de la teoría crítica latinoamericana que analiza cómo las mafias han mutado. Ya no son grupos al margen de la ley que combaten al Estado, sino que se han adueñado del Estado. Analistas contemporáneos (en la línea de pensamiento crítico que incluye a autores como Rosen, J. D., & Kassab: Corruption in the Americas. y Crime, Violence and the State in Latin America.
La idea principal que conecta ambas obras es que la debilidad de las instituciones estatales en América Latina crea un espacio propicio para que el crimen organizado y la corrupción florezcan, socavando la democracia y la gobernabilidad. Esto es cierto, sin embargo la tesis principal del primer libro es que la corrupción en Latinoamérica no es un fenómeno aislado, sino que se ha convertido en una parte integral del sistema político y social, actuando como una «industria» que corroe el tejido social y debilita la confianza en las instituciones .
Este libro,5 editado por Rosen y Kassab, es una colección de estudios de caso sobre la corrupción en seis países: Bolivia, Brasil, Colombia, Guatemala, México y Perú. La corrupción como sistema se ejemplifica con el escándalo de Odebrecht: Se utiliza el caso de la constructora brasileña Odebrecht como un ejemplo paradigmático de la corrupción sistémica en la región, que implicó sobornos en al menos diez países . Un tema recurrente es cómo el crimen organizado y las redes de poder logran «capturar» al Estado. Por ejemplo, el capítulo sobre Guatemala analiza cómo la Comisión Internacional contra la Impunidad (CICIG) reveló que redes de individuos poderosos habían coludido para cooptar todas las ramas del poder estatal en beneficio propio . En algunos casos, como el de Brasil, se describe una relación «simbiótica» entre el gobierno y actores violentos no estatales, donde se benefician mutuamente. Estos grupos criminales llegan a controlar territorios, como las favelas de Río de Janeiro, donde imponen su propio orden y proveen servicios que el Estado no ofrece. Esta situación ha llevado a un bajo nivel de apoyo a la democracia y a una percepción generalizada de que los gobiernos son frágiles y no pueden garantizar el bienestar de los ciudadanos .
En el libro Crime, Violence and the State in Latin America (2021)6 los autores profundizan en la relación directa entre la debilidad institucional y el aumento de la violencia y el crimen organizado. El argumento central es que los «estados frágiles» (equivalente a republiqueta, con instituciones débiles en Bolivia, Perú y Colombia) son un terreno fértil para que los grupos criminales se fortalezcan, infiltrando el aparato estatal a través de la corrupción y la extorsión. El libro utiliza estudios de caso detallados de Colombia, México, El Salvador y Nicaragua para ilustrar estos desafíos y cómo los gobiernos han respondido a los problemas de seguridad. Un tema clave para ellos es analizar si las políticas gubernamentales han contribuido inadvertidamente al aumento de la violencia. Emplea un enfoque de análisis cuantitativo, utilizando datos de encuestas del Proyecto de Opinión Pública de América Latina (LAPOP) y análisis de regresión para respaldar sus argumentos. El libro también dedica un capítulo a analizar el papel de los actores criminales externos y la aparición de «vacíos de poder» que estos aprovechan, para luego ofrecer recomendaciones de política pública. El libro privilegia la idea de que la violencia se explica sobre todo por instituciones débiles y políticas estatales insuficientes, lo que puede dejar en segundo plano la agencia de actores criminales, las economías ilegales y las formas de gobernanza híbrida. Frente a literatura más reciente sobre criminal governance, el enfoque del libro se queda corto para explicar arreglos en los que Estado de un país dominante y otro sometido colaboran en el crimen y no solo no se enfrentan, sino que cooperan o coadministran territorios y reglas locales. Es el caso de los Estados Unidos y varios gobiernos no seleccionados como Honduras, Argentina, Ecuador, etc. integrados después del 2024 a un sistema global de corrupción. La argumentación no se orienta a criticar la gobernanza criminal, el Estado no solo es débil o ausente, sino que también coexiste, negocia o colabora con organizaciones criminales en arreglos híbridos de poder. Desde esa perspectiva, el marco de Rosen y Kassab queda algo corto para capturar esas formas más complejas de relación entre crimen y Estado.
Economistas políticos y sociólogos que estudian la corrupción sistémica) sostienen que el Perú ha dejado de ser un Estado fallido para convertirse en un Estado capturado. ¿Por qué se le llama «pro crimen»? Las «Leyes Pro Crimen»: Como he mencionado en otro texto, el Congreso peruano ha legislado sistemáticamente para beneficiar a delincuentes corruptos. Se han aprobado leyes que permiten a sentenciados por corrupción participar en política, se han bloqueado reformas que castigan el lavado de activos y se han modificado códigos penales para reducir la punibilidad de la criminalidad de cuello blanco y la corrupción de funcionarios. La impunidad como política de Estado: En el Perú, la justicia persigue fuertemente el delito común (el carterista, el microtraficante de barrio), pero blindan a los macrodelincuentes (ex presidentes, congresistas, jueces supremos y grandes empresarios que cometen colusión, coimas y lavado de activos). El Congreso es un refugio mafioso. El Parlamento se ha convertido en un escudo de la corrupción. Los congresistas usan su inmunidad para evitar investigaciones y nombran a contralores, fiscales y magistrados afines para asegurarse impunidad. Han logrado una alianza con las economías ilegales: el narcotráfico, la minería ilegal y la tala ilegal han encontrado un aliado en las mafias políticas, que lavan el dinero de estas actividades a través del sistema financiero y el sector construcción.
3. Síntesis de la visión crítica (Domènech + la tesis Pro Crimen). Si cruzamos el concepto de «republiqueta» de Antoni Domènech con la realidad descrita por la economía política criminal (la tesis «pro crimen»), la conclusión analítica sobre el Perú es demoledora:
Si aceptamos esto, la respuesta popular no puede ser la defensa de la democracia que se reduce a la defensa del Estado, sino a destruir este Estado para crear el republicanismo democrático, fundamento del socialismo. El republicanismo que defendía Antoni Domènech puede definirse como un republicanismo socialista, aunque la relación entre ambos conceptos es muy específica y no necesariamente la que se podría pensar a simple vista. Para Domènech, el socialismo no es un punto de partida que luego se viste de republicanismo, sino que es, en esencia, una continuación y un desarrollo del propio republicanismo democrático. Esta idea la desarrolló a lo largo de su obra, especialmente en su libro ya citado. Domènech realizó una revisión histórica para argumentar su postura, que se puede resumir en estos puntos: Prioridad histórica del republicanismo: Domènech sostenía que, cronológica y políticamente, primero fue el republicanismo democrático, y luego el socialismo. Para él, el socialismo del movimiento obrero del siglo XIX no surgió de la nada, sino que se entendió a sí mismo como heredero de la tradición republicana revolucionaria que venía de la Revolución Francesa. Consideraba que la tradición republicana democrática fue el «suelo compartido» o el «denominador común» de las diversas tendencias del movimiento obrero en Europa y América. Incluso señaló que, en el siglo XIX, el «socialismo» y el «comunismo» no preocupaban a los poderes establecidos hasta que se fusionaron o aliaron con la tradición republicana revolucionaria. Lo que realmente se combatía era esa democracia revolucionaria de raíz republicana.
Rechazo a la abstracción liberal: Domènech criticaba la visión liberal que define la libertad y los derechos como atributos «pre-políticos» del individuo. Para él, la capacidad de ejercer realmente esos derechos depende de que la persona goce de unas condiciones materiales sólidas que le permitan evitar relaciones sociales de desigualdad y dominación. Un proyecto de libertad real: El objetivo central es garantizar que nadie tenga que pedir permiso a otro particular o al Estado para vivir, una exigencia que conecta directamente con la tradición de la «democracia fraternal» y la lucha contra el despotismo estatal, patronal y doméstico. Domènech veía la república, la democracia y el socialismo no como ideales académicos, sino como viejas tradiciones encarnadas en luchas populares, con una historia rica y compleja. Domenech se sumo al anti filisteismo o actitud de valorar el conocimiento y la lucha política por sí mismos, no por su utilidad instrumental para hacer carrera, ganar dinero o «hacer la revolución». Y se adhería a la Democracia fraternal ideal de la tradición republicana revolucionaria que buscaba la universalización de la libertad política. Se articulaba en torno a la exigencia de que nadie dependa de la voluntad de otro para poder subsistir, y fue el fundamento sobre el que, para Domènech, se construyó el socialismo moderno.
Notas:
2 Joaquín Miras Albarrán, Praxis política y Estado Republicano. Crítica del republicanismo liberal, El Viejo Topo, 2016. En la presentación señala que la política “exige la participación permanente, creativa, de la totalidad de la comunidad de ciudadanos, tanto en la producción y reproducción del ethos o vivir en común, libre, como en la deliberación soberana de la ley. Las tareas delegadas a sus servidores y ministros –minister: siervo doméstico– son las de ejecución puntual de sus acuerdos. Sin la existencia de un Soberano material, compuesto por el pueblo organizado activo, que delibera sobre el destino de la comunidad, crea su ethos y legisla su ley, no existe República. En ausencia de estas características, el uso de la denominación de Republicanismo para definir la actividad política es una falsificación.
3 Gilberto López y Rivas, Nación y pueblos indígenas, La jornada, 24/07/2026
4 Antoni Domenech, El eclipse de la fraternidad. Una revisión republicana de la tradición socialista, Ed Akal, 2019.
5 Corruption in the Americas (2020) , Rosen, J. D., & Kassab, H. S. (Eds.). Lexington Books.
6 Rosen, J. D., & Kassab, H. S. (2021). Crime, Violence and the State in Latin America. Routledge.
Jorge Lora Cam. Doctor en Ciencias política y Estudios Latinoamericanos, UNAM
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