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Perú

Modelo para aplastar una tendencia anticolonial y antimperialista… y como hacerlo desde lo «decolonial»

Fuentes: Rebelión

…La nacionalización, la expropiación o la requisición deberán fundarse en razones o motivos de utilidad pública, de seguridad o de interés nacional, los cuales se reconocen como superiores al mero interés particular o privado, tanto nacional como extranjero… (Asamblea General de la ONU Resolución 1803 (XVII), 14 de diciembre de 1962)

A  la finalización de la II guerra mundial, se inició un periodo histórico de lucha de los pueblos colonizados, la mayoría asumiendo formas de lucha armada por la liberación del brutal colonialismo que los oprimía, con el fin de apropiarse de sus recursos naturales, que eran y son aún, sustento del desarrollo industrial de los países “desarrollados”, Este justo proceso tuvo qué expresarse y ser reconocido por la instancia supranacional que en ese entonces comenzaba a constituirse, traduciéndose en el reconocimiento del derecho de los pueblos a su autodeterminación, y a la soberanía política y económica, que alcanzó su expresión más clara en la Resolución de la ONU 1803 (XVII). Denominado como el derecho a la soberanía permanente sobre sus recursos naturales que tienen los pueblos. Que en su artículo 4. Establece incluso el derecho a la nacionalización.  ( https://www.dipublico.org/doc/ ) abriendo así posibilidades de ampliar la lucha pacífica, legal o electoral.                               

El imperialismo capitalista tenía que revertir esta tendencia histórica, y hacer que este proceso se revierta, básicamente en su expresión económica, aún permitiéndola en sus aspectos políticos, culturales, y en general sociales, en este sentido se ha venido tergiversando la lucha anticolonial y antiimperialista, y paulatinamente reemplazada por los conceptos de descolonización y decolonizacion, básicamente desde la academia y desde la cultura, incidiendo desde ahí en lo político.

Para esto, y desde entonces, se ha venido usando el adjetivo soberanismo, o soberanista, para designar al conjunto de movimientos sociales, o estructuras políticas de diversa índole, que se plantean como objetivo político alcanzar la soberanía, sean esta política, económica, social o cultural, e idealmente una soberanía total. Los conceptos útiles para separar estos, artificialmente y supuestamente diferentes campos, son los ya mencionados como lo decolonial y lo descolonial.

Se da el caso de algunos movimientos (decoloniales) que solo apuntan a una soberanía parcial, centrándose en lo social, cultural, quizás política, y muy pocas centrándose, sin desmerecer los otros aspectos, en la económica (descoloniales o liberadoras); son estas últimas las que hacen sonar las alarmas imperiales y activan los protocolos político-militares para sofocarlas al primer asomo.

Esta diferenciación artificial, procolonial y de origen imperial generalmente impulsada por reconocidas ONGs y desde el ámbito académico y cultural supuestamente críticos, es muy útil para diferenciar a las posiciones que desde una posición auténtica y consecuente van afirmando que la verdadera posición anticolonial y antiimperialista es la que se centra en el campo económico, que de todas formas se manifiesta en el régimen económico de los recursos naturales. La política exterior del gobierno norteamericano, públicamente reconocida, está centrada en el control de los recursos naturales, que ellos, por seguridad nacional, deben tener en todo el planeta, sin importar incluso el régimen político, que muchas veces puede ser incluso, aparentemente, soberanista. Siempre y cuando no toque, en primera instancia, el tema de los recursos naturales, solo está permitido hacerlo de forma muy referencial, para salvar las apariencias.

Bajo estos antecedentes generales, aplicable a todo país fuente de materias primas, veamos qué pasa, bajo el modelo aplicado en el Perú, cuando en alguno se comienza a levantar una tendencia liberadora anticolonial y antimperialista; paso por paso.

Primero, en el marco de una campaña electoral, en el caso del Perú, es lanzada la frase “no más pobres en un país rico”, la que inmediatamente es aceptada y reconocida como principal por un buen sector de la población, la misma que provoca una considerable votación, sin importar siquiera quien la lanzaba.

Segundo, en una segunda votación, a pesar de la marcada campaña de terruqueo contra esa frase y quien la proclamaba, aun sin mayor sustento, alcanza una mayoría electoral, siendo proclamado un gobierno, que, a pesar de ya estar maniatado antes de la segunda vuelta, sigue flotando en el aire tal frase inquietante para el imperio capitalista global, para el imperialismo capitalista global.

Tercera, se comienza a torpedear la labor del gobierno, paulatinamente y engañosamente, dándole un carácter étnico y discriminatorio, diluyendo y haciendo perder de vista la connotación de la fase de campaña.

Cuarto, llegado el momento adecuado, se provoca una crisis política funcional al sistema, cuyo desenlace es la vacancia del portavoz de la frase electoral: no más pobres en un país rico.

Quinto, tal hecho provoca una reacción de los sectores más esclarecidos e identificados con la connotación de esa frase de campaña, ya medianamente olvidada, voces que son ahogadas en sangre con la masacre de más de medio centenar de personas, en su mayoría provenientes de sectores sociales y geográficos más esclarecidos y peligrosos para el imperialismo, que en el caso del Perú se da principalmente en la zona del sur del país.

Sexto, tal circunstancia de coincidencia geográfica, sirve para profundizar el proceso de encubrimiento del principal motivo de la respuesta popular, haciéndolo visibilizar o asumir desde el punto de vista racial, discriminatorio y cultural, ya no poniendo en cuestionamiento el régimen de propiedad de los recursos naturales.

Finalmente, el imperialismo logra, que la oposición al sistema solo sea en base a su carácter discriminatorio, étnico racial, y sobre todo centrarlo solo en la corrupción, y el carácter mafiosos de sus operadores, logrando así neutralizar las fuerzas auténticamente populares, y minimizarlas, manteniendo aún una aparente radicalidad, pero solo levantando la foto de los asesinados, pero la frase y su connotación inquietante para el imperialismo: no más pobres en un país rico, ha sido olvidada, traicionando así la lucha por la cual los pueblos son masacrados.

Por más que se levanten las fotos y se proclamen sus nombres, la sangre derramada por nuestro pueblo, por más de quinientos años, va siendo olvidada. El imperio sigue apropiándose de los recursos naturales, y desde la cultura, la academia y la politiquería, solo se reclama contra la discriminación y contra la corrupción, y por la reivindicación de los pueblos olvidados, marginados y excluidos. Gran victoria del imperio global, pero como la historia lo demuestra, solo temporal.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.