Recomiendo:
0

América Latina en la relación centro-periferia

Fuentes: Rebelión

La teoría económica de raíz latinoamericana surgió en la segunda mitad del siglo XX y en su construcción tuvo un rol central el pensamiento de la CEPAL, al que siguió, de inmediato, la teoría de la dependencia de gran influencia en la región durante los 60 y 70 del pasado siglo (https://t.ly/AAjcU). Una de las ideas fundamentales en la generación de esa teoría es la relación centro-periferia.

En la teoría económica clásica, generada en Europa y en los Estados Unidos, que asumió carácter universal bajo el supuesto de ser la única verdadera, técnica y, además, guiada por los principios de la “libertad”, no se podía concebir las relaciones internacionales como diferentes por sus procesos de acumulación, sino exclusivamente como fruto de las “ventajas comparativas”, una tesis fundada por el británico David Ricardo en 1817. Los grandes países podían proveer a todo el mundo los productos industrializados, mientras los otros aportaban a ese mundo los productos primarios. El asunto de fondo es que cada país se especializa en aquellas producciones en las que obtendrá ventaja frente a otros.

Esta concepción fue ampliamente cuestionada en la segunda mitad del siglo XIX por Karl Marx en El Capital, al examinar el proceso de la acumulación originaria o primitiva de capitales. En definitiva, sus profundas investigaciones sobre la historia económica le condujeron a sostener, por primera vez en forma científica, que el capitalismo europeo se levantó sobre un largo proceso de saqueo, dominación y sometimiento colonial en otros lugares del mundo (ahí se ubica América Latina) desde inicios del siglo XVI, cuando propiamente se inició la “era capitalista”, que no debe confundirse con el sistema capitalista que nace con la primera Revolución Industrial a mediados del siglo XVIII. Por eso, en forma metafórica Marx escribió: “el capital viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros, desde los pies hasta la cabeza”.

En el pensamiento originario de la CEPAL se advirtió la desigual condición en la que históricamente se encuentran los grandes países capitalistas y los que se hallan en situación de subdesarrollo, como una relación entre el “centro” y la “periferia”, que ha perpetuado el “deterioro en los términos del intercambio”. Los teóricos de la dependencia reformularon esa propuesta, en otros términos: la dependencia generó “desarrollo”, por un lado y “subdesarrollo”, por otro. En términos de André Gunder Frank (uno de los renombrados teóricos de la dependencia): el desarrollo tiene dos vías: el “desarrollo del desarrollo”, en el un polo, y el “desarrollo del subdesarrollo” en el otro polo. De allí que la única manera de salir de esta situación es romper con la dependencia, que en última instancia significa romper con el capitalismo.

En los primeros informes de la CEPAL, como el pionero “El desarrollo económico de la América Latina y algunos de sus principales problemas” (1949), queda en claro que la división internacional del trabajo creó los dos bloques del centro y la periferia, además de concentrar la relación de América Latina con Estados Unidos. La industrialización, por tanto, era necesaria para la región, a fin de superar la dependencia del sector primario exportador. Pero estas concepciones provocaron la reacción de pensadores vinculados con la economía clásica y de corrientes críticas al “marxismo” y al “dependentismo”. El mismo Raúl Prebisch, Secretario General de la CEPAL, se encargó de dar contundentes respuestas a los críticos (https://t.ly/KETCQ). Y los autores de la teoría de la dependencia hicieron lo mismo.

Sin duda, desde aquellos tiempos hasta la actualidad la teoría económica latinoamericana se ha enriquecido con otros aportes. Pero hay una matriz que no puede ocultarse y es el hecho de que no es posible comprender los cimientos de las economías de la región, y peor transformarlas, sin concebir que hay una relación desigual entre los países de capitalismo central y los de la periferia. De modo que los neoliberales en América Latina y los libertarios anarcocapitalistas que están de moda en la región, al volver sobre las ideas de mercado libre, competencia, ventajas comparativas y otras formulaciones sobre la “libertad”, demuestran estar incapacitados para generar políticas para el desarrollo económico con bienestar.

Para desmentir a los neoliberales y libertarios, el tema de la relación centro-periferia ha sido actualizado por los mismos Estados Unidos al formular la Doctrina Donroe del Corolario Trump. De acuerdo con ella, América Latina no puede tener vida propia, sino que debe ser “eco de vida ajena”, parafraseando a G.W.F. Hegel. Porque la Doctrina demanda alineamiento completo de la región no para generar desarrollo y bienestar independientes, sino para anteponer la seguridad nacional de los Estados Unidos, lo cual implica mantener economías dependientes de este país y no relacionadas con los “enemigos” o “adversarios”, como Rusia, China y los BRICS, que son ajenos al “hemisferio occidental”. Como socio privilegiado los Estados Unidos quedan vigilantes de cómo se conducen las economías y los gobiernos, además de proyectar abiertamente sus intereses sobre tierras raras, recursos naturales, mineros y agua.

El camino económico hacia el progreso y el bienestar social que cada país latinoamericano desea impulsar, si sigue condicionado tanto por la dependencia clásica como por el Corolario Trump, no será viable. Y tampoco si sus economías continúan, durante siglos, sujetas al sector primario exportador, así como al florecimiento del comercio y la banca, que son sectores en los que ha nacido y se ha cultivado la poderosa oligarquía de la región. Pensar que el cacao, café, azúcar, bananos, productos del mar, petróleo o minería, junto al empresariado rentista deben sostener las economías, solo alimenta el subdesarrollo real de los países latinoamericanos. Ecuador puede ser un ejemplo: desde 2017 tres gobiernos empresariales han consolidado la acumulación rentista y la reprimarización económica, en tanto se han profundizado los índices sociales del subdesarrollo.

En la actual coyuntura histórica marcada por el predominio de un ciclo conservador, las oligarquías latinoamericanas han logrado recuperar el poder de la mano de gobiernos de la derecha política, que se lanzan, cada vez con mayor fuerza, a la persecución y criminalización de las izquierdas progresistas, que están en la mira de la Doctrina Donroe como las nuevas amenazas continentales, junto al “narcoterrorismo”.

Blog del autor: https://www.historiaypresente.com/

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.