Nunca doy por sentado que ahora el sol salga sobre un mundo por el que puedo caminar sin cadenas. Somos activistas afortunados. Hemos sobrevivido. Hemos vivido una vida que valía la pena vivir. Tenemos una comunidad. Tenemos el privilegio de vivir la vida que una vez luchamos simplemente por poder imaginar. Y con ese privilegio viene la responsabilidad de garantizar que el futuro ofrezca aún más a quienes vienen detrás de nosotros. […]
Termina así la autobiografía de Martina Anderson, Elegir la lucha (Choosing the Struggle), presentada al West Belfast Festival (Féile an Phobail) y al Féile en Derry a principio de agosto. Las presentaciones han sido marcadas por la emoción en ambos lados, en de la protagonista (contar la propia vida siempre es algo emotivo) y en de los que escuchan (que en muchos casos ven reflejada sus propias vidas y perciben la ausencia de los que no sobrevivieron).
Martina Anderson, nacida en Derry en 1962, ha elegido la lucha con convicción y compromiso, siempre coherente desde que fue voluntaria del IRA y hasta ser elegida diputada del Sinn Féin en Stormont el parlamento de Irlanda del Norte post-acuerdo del Viernes Santo y Diputada Europea.
Anderson encuentra Berria en la sede del Sinn Féin en Derry, tras la presentación de su libro en Belfast.
¿Qué te llevó a escribir tu autobiografía y porque ahora?
La verdad es que nunca tuve intención de escribir un libro, pero me lo pidieron varios compañeros subrayando que no son muchas las mujeres republicanas que han escrito sus experiencias o su historia. No estaba segura, pero finalmente decidí ponerme a escribir. Lo que sí dejé claro fue que tenía algunas cosas difíciles que decir, y iba a decirlas. Si iba a escribir el libro, quería hacerlo con integridad y honestidad. Si pedía al lector que lo abordara con honestidad y con el corazón abierto, yo también tenía que escribir con honestidad. Y eso es lo que hice.
Has titulado el libro Elegir la lucha. Un título vinculado a una experiencia muy personal, de la cual hablaremos. Pero, también es un titulo que aborda todas la decisiones de tu vida. ¿Qué llevó a una joven de Derry a elegir la lucha?
Fue el entorno en el que crecí. No se pueden separar las experiencias que viven los niños y los jóvenes de las decisiones que finalmente toman en la vida. Crecí durante los días más oscuros del conflicto, cuando, siendo una niña, sufríamos la opresión y la violencia del Estado y de la RUC (la policía norirlandesa). Los activistas por los derechos civiles en 1968 intentaron en vano cambiar la actitud del Estado y evitar y detener los ataques contra la comunidad nacionalista y republicana. Pero el Estado no estaba dispuesto a escuchar ni a conceder igualdad y derechos humanos.
Tenía 7 años cuando vivimos la Batalla del Bogside. Nosotros vivíamos a pocos metros del Free Derry Corner. Los habitantes del Bogside finalmente consiguieron expulsar de la zona tanto a la policía como a los lealistas. Fue en esos disturbios que per primera vez la RUC utilizó gas CS. Y fueron esos disturbios que en la memoria popular desencadenaron el regreso del ejército británico a las calles de los Seis Condados.
Tenía 9 años cuando Bloody Sunday ocurrió. Yo creía que teníamos que conquistar esos derechos y que teníamos que levantarnos y defendernos. Así que pocos años después me incorporé a la lucha. Sé que no fue el camino que eligió todo el mundo, pero, en conciencia, no podía quedarme de brazos cruzados. A los 16 años me detuvieron por primera vez.
Entraste en el movimiento republicano y eso, por supuesto, también te llevó a tomar algunas decisiones muy dolorosas que has decidido revelar en el libro.
En 1985, descubrí que estaba embarazada. No era un embarazo planificado, y lo descubrí después de haberme comprometido en participar en una misión del IRA en Inglaterra. Tuve que decidir si continuar con el embarazo o terminarlo, No fue una decision fácil, pero decidí que mi papel en la lucha no había terminado, y finalmente terminé el embarazo. Tomé esa decisión por las circunstancias en las que me encontraba. Muchas personas se encuentran en determinadas circunstancias y toman una decisión por razones que les son propias. No me arrepiento de la decisión que tomé, me duelen las circunstancias que me llevaron a tomarla, o sea una guerra que no habíamos querido nosotras. Lo único constante en todas esas decisiones es que son decisiones que corresponde tomar a las mujeres, y a nadie más.
Ha sido horrible ver algunas reacciones de odio, machistas y chovinistas, y los ataques que has tenido que soportar después de esta revelación. Innegablemente, sigue existiendo un estigma en torno al derecho de las mujeres a decidir sobre sus propios cuerpos y vidas.
Ese estigma es muy muy presente. A las mujeres se nos dice que nos tenemos que callar, que tenemos que volver al silencio, que seguimos viviendo en silencio para siempre y que tenemos que llevarnos todo a la tumba. No se considera política ni socialmente aceptable que las mujeres tomen la decisión que yo tomé y después hablen de ella. Nos dicen que tenemos que permanecer calladas el resto de nuestras vidas. En este momento de mi vida, decidí romper ese silencio. Quiero intentar acabar con la vergüenza social y moral, y con el estigma, que las mujeres siguen sufriendo en esta sociedad. Durante las últimas semanas, como recuerdas, eso ha provocado mucha hostilidad y misoginia hacia mí en las redes sociales. Ha sido tóxico, pero lo que pretende todo ese odio es volver a encerrar en una caja de silencio a mujeres como yo.
La segunda vez que te detuvieron fue en 1985 en Escocia. Tú y Ella O’Dwyer pensabais que os llevarían a la prisión de Holloway en Londres, pero acabasteis en Brixton.
Efectivamente. Acabamos en la prisión de Brixton. Nos llevaron al ala D: Éramos las únicas dos mujeres en la planta superior. Había 600 hombres. La violación de derechos, el acoso, empezaron literalmente el día que entramos y nunca paró, con la cantidad de registros corporales a los que nos sometían.
Al principio eran uno, dos o tres al día, y después parecía que no hacía más que aumentar. Recuerdo la primera visita que tuve, solo dos días después del traslado. Mi madre podía ver que no lo estaba llevando muy bien. Y solo era el segundo día. Mi madre era la jefa de nuestra casa. Papá había muerto cuando yo solo tenía nueve años. Y mi madre, después de 15 minutos, eso era todo lo que duraba nuestra visita, se acercó y me abrazó. Puso un dedo en mi columna vertebral y me dijo: “Martina, enderézate”. Y así hice. De vuelta en la celda le dije a Ella: “Tenemos que enderezarnos». Y nunca más cedimos, a pesar de la violencia.
Violencia que se tradujo también en una intervención quirúrgica que tuviste en la cárcel de Durham. Tenían que extirpar unos pólipos del utero…
Sabía que se trataba de una intervención sencilla. Sin embargo el ginecólogo, un militar, hizo la operación con anestesia total durante la cual tuve una hemorragia. Como me dijeron después, había “accidentalmente” dañado el utero. No habría podido tener hijos nunca más. Tenía 28 años.
Sin dudas, has sido una pionera en muchos campos. Nos conocemos desde hace casi cuarenta años y siempre estuviste en la lucha, desde la lucha, a la cárcel y las huelgas de hambre hasta el Acuerdo del Viernes Santo para después estar muy implicada en la política institucional. ¿Cómo definirías tu vida a través de todas esas decisiones y tu compromiso en servir a la gente allí donde fueras necesaria?
Creo que la constante a lo largo de mi vida ha sido la sed y el hambre de ver a las personas tratadas con igualdad, dignidad y derechos humanos. Una vez que se te dan las herramientas para conseguirlo, creo que es importante utilizarlas para provocar cambios. La otra constante ha sido el deseo de ver reunificado este país. El objetivo ha sido siempre el mismo, independientemente de si era voluntaria del IRA, presa política o activista elegida. Ha habido un objetivo constante: ver reunificado este país. He trabajado por la gente tanto como he podido. He cumplido con mi papel, y sigo haciéndolo. Sa cual sea el papel que desempeñemos, todos lo hacemos con el mismo tipo de entusiasmo. Como digo al final de mi libro, miro al futuro con certeza. No con esperanza, sino con certeza. Porque no aguantamos todo lo que aguantamos para conseguir una libertad a medias.
Estamos en otro momento crucial en la historia de Irlanda. La unidad de la isla nunca ha parecido tan cercana. Es algo que da esperanza a muchos en la izquierda del mundo. Sin embargo hay también dificultades…
Espero que la trayectoria en la que estamos pueda ofrecer esperanza a otras personas que luchan, especialmente en un momento en el que hay un genocidio en Palestina y Gaza. Hay veces, cuando estás inmerso en un conflicto, que sientes que nunca vas a salir de esa confrontación. Lo que hemos demostrado, sin embargo, es que, mediante el diálogo y el pensamiento estratégico, puedes hacer avanzar tu lucha. Toda lucha tiene distintas fases, y cuando se presentan el momento y la oportunidad, necesitas un liderazgo capaz de aprovecharlos y hacer avanzar el proceso. Nosotros tenemos algo que otras luchas de liberación todavía no tienen, una herramienta que es el Acuerdo de Viernes Santo, un documento internacional depositado en las Naciones Unidas. No era un documento republicano irlandés ni es un documento del Sinn Féin. Pero contiene lo suficiente para permitirnos avanzar en nuestra lucha de forma democrática y pacífica.
Y al hacer avanzar la lucha de manera democrática y pacífica, también puedes ver cómo hemos construido y ampliado los apoyos. No se puede trasladar una lección de una lucha a otra, pero sí se pueden compartir experiencias. Aprendimos de los sudafricanos la importancia de las negociaciones y de no dejar nunca atrás a nuestra gente. En algunos lugares existe demasiada división entre los distintos sectores. Creo que la cohesión es una valiosa lección que las luchas de liberación pueden extraer de nuestra experiencia y de lo que hemos aprendido sobre cómo avanzar juntos.
¿Cómo imaginas una Irlanda unida?
Nunca hemos estado tan cerca como ahora de la posible reunificación de nuestro país. Creo que sucederá durante mi vida, salvo que me ocurra algo inesperado (ríe y añade: no tengo planes de irme a ninguna parte pronto). Estoy convencida de que la trayectoria en la que nos encontramos ahora va a terminar en un único lugar. Quiero ver una Irlanda mejor. Personalmente, quiero una república socialista democrática de treinta y dos condados. Sé que ese no será el resultado inmediato de un referéndum, pero es algo hacia lo que podemos trabajar una vez hayamos reunificado el país.
Creo que protestantes, católicos, disidentes, personas de todas las tradiciones y quienes no pertenecen a ninguna tendrán un país mejor. Nuestros hijos crecerán en un lugar mejor y tendremos una representación mejor.
Algunos pueden intentar decir que las cosas no han cambiado. Nada podría estar más lejos de la realidad. Eso significa simplemente no percibir el estado de ánimo que existe ahí fuera. Las placas tectónicas han cambiado y nos estamos moviendo en una sola dirección.
Y hablando de Derry, ¿cómo ha cambiado la ciudad de tu infancia?
La ciudad ha cambiado de manera exponencial. Para alguien que creció en la época de la Batalla del Bogside, el cambio es enorme. Todavía nos queda mucho camino por recorrer y aún hay mucho que hacer, incluida la inversión en la ciudad. Pero Derry cuenta ahora con un rico calendario de actividades culturales. Tenemos un festival de jazz, el Museo Marítimo y el Festival Marítimo. Hay una enorme actividad. Se ha convertido en un lugar que la gente quiere visitar, y es una ciudad hermosa, con gente hermosa. Lo único que no podemos garantizar es el tiempo! Además, estamos más cerca del sur de Irlanda que de muchos otros lugares de esta isla. Donegal está a solo unos kilómetros. Nos separaron de nuestro entorno natural y creo que vamos a ver cómo eso cambia por completo.
¿Cómo transmitir el legado de la lucha y su logros a las generaciones más jóvenes, para que no sea simplemente un recuerdo, sino una herramienta con la que construir el futuro?
Bueno, pensamos en la que llamamos la generación Kneecap. Cuando miras a Kneecap y a los miles de jóvenes que salen a las calles, ves una generación que ya está orgullosa de la comunidad republicana. Hablan una lengua, el irlandés, que nosotros nunca tuvimos la oportunidad de hablar. La descolonización forma parte de manera muy importante de su forma de pensar. Por supuesto hay jóvenes a los que todavía necesitamos llegar, personas que sienten que el ritmo del cambio es demasiado lento, que las cosas no están sucediendo con la suficiente rapidez. Entendemos esa frustración. Al mismo tiempo, ellos están viviendo una vida que nosotros nunca vivimos, y es una vida que merece la pena vivir.
¿Cómo ves el futuro del Reino ya no tan Unido?
El Reino Unido, como se le llama, se está desintegrando desde dentro hacia fuera. Escocia busca otro referéndum de independencia. Gales quiere su propio referéndum. Nosotros queremos el nuestro. Los Little Englanders de Londres y de otros lugares están impidiendo que todos tengamos esos referendos. No creo que eso vaya a durar para siempre.
Nunca olvidaste a los demás, ya fueran los amigos kurdos, vascos, surafricanos, palestinos, tamiles…¿Qué lugar ocupa el internacionalismo en tu vida política?
Como republicana irlandesa, soy una nacionalista progresista y también internacionalista. La solidaridad internacional forma parte de nuestro ADN. Forma parte de lo que somos. He intentado impulsar la solidaridad con la lucha kurda, la lucha palestina, la de los tamiles y muchas otras, y ser su voz en el Parlamento Europeo. También tuve oportunidades de representar al Sinn Féin en distintos escenarios internacionales por toda Europa, y eso consolidó nuestra camaradería internacional. Creo que es fundamental que seamos generosos con nuestro tiempo y con aquello que podemos aportar. La solidaridad internacional es crucial para cualquier lucha de liberación.
Sigues siendo profundamente implicada con Palestina.
Fui presidenta de la Delegación del Parlamento Europeo para las Relaciones con Palestina. Fui a Gaza y visité Palestina en seis ocasiones. Encabecé una delegación formada por representantes de distintos Estados miembros de la UE. En aquel momento nos reunimos con la Autoridad Palestina y con organizaciones de la sociedad civil de toda Cisjordania, y también con comunidades beduinas. Después Israel selló el pasaporte y me dijo que no volviera nunca. He contemplado con horror, minuto a minuto, hora tras hora, día tras día, cómo se desarrollaba el genocidio. La comunidad internacional ha actuado de manera vergonzosa al permitir que Israel siga haciendo lo que hace con impunidad.
Una de las esperanzas que extraigo de todo esto es que, aunque quienes están en el poder puedan ignorar el derecho internacional, la comunidad mundial quiere que el derecho internacional se aplique. Somos cientos de miles, somos millones, y todos somos palestinos, y salimos a la calle siempre que podemos para mantener viva esa conciencia.
¿Hay algo que te gustaría decir a los amigos vascos?
Siempre he apreciado la solidaridad que recibí de los vascos y la solidaridad que pude ofrecer a cambio. Fui al País Vasco en varias ocasiones y visité a presos vascos en prisión. Los representantes políticos vascos están haciendo un trabajo extraordinario tanto en sus propios parlamentos como en Madrid. Inspiran esperanza y optimismo. ¡Larga vida a la solidaridad internacional!
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


