La consigna “Albania no se vende” alteró en las últimas semanas la vida del pequeño país de menos de 3 millones de habitantes y costas sobre los mares Jónico y Adriático, frente a Italia. Sumamos al artículo «Albaneses protestan contra un proyecto de lujo vinculado a Trump y Kushner» de Ivan Kesic, escritor croata.
Hasta allí habían llegado las garras inmobiliarias de la familia Trump –esta vez de su primogénita Ivanka y su consorte Jared Kushner–, en sociedad con inversores de Qatar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes. Entre unos y otros sumaron miles de millones de dólares que, agregados a la corrupción, abrieron el camino a los buenos negocios.
Pero no contaban con el poder de los flamencos y, sobre todo, del pueblo movilizado. Por ahora, las puertas se cerraron y las ambiciones quedaron truncas.
El año pasado, cuando todo iba sobre ruedas, Ivanka y su consorte dijeron que habían destinado más de 1000 millones de dólares a la compra de una isla (Sazan) de 567 hectáreas en la que vieron la ocasión de construir un complejo turístico de súper lujo. Y el primer ministro, Edi Rama, un abanderado del desarrollo turístico a cualquier precio, logró facilitarles todo para que la pareja concretara sus planes económicos como darles a las empresas vinculadas a Trump-Kushner el estatus de “inversor estratégico”, una figura que acelera los permisos y facilita las expropiaciones. Y también una ley que rebajó el nivel de protección ambiental de la isla. Cero de impuestos y el Estado haciéndose cargo de la caminería, el agua, la electricidad, el alcantarillado y hasta el aeropuerto.
Cuando empezaron a desarrollar el plan, la hija de Trump explicó que para iniciar las obras –según Rama insumirían un total de 4700 millones de dólares– debían esperar a que fueran retirados los artefactos explosivos sin detonar que están dispersos por toda la isla. Son parte de los resabios de la Segunda Guerra Mundial y los posteriores años de la Guerra Fría hasta la disolución de la Unión Soviética, en la década de los años ’90 del siglo pasado.
Quienes han ido a Sazan confirman que la isla está llena de señales con calaveras que advierten sobre la presencia de minas terrestres, algo que opaca el clima subtropical de biodiversidad asombrosa en el que reinan los flamencos rosados, una especie protegida que ha hecho de la soledad isleña el mejor refugio en su ruta reproductiva.
A pesar de resaltar el valor y la belleza de los terrenos en juego, el gobierno de Albania asegura que la entrega de la isla supone una “colaboración”, no una venta, y observa con desdén cómo la dupla Trump-Kushner empezó a talar los bosques de la zona e instaló alambradas de púa para impedir el acceso de intrusos al predio. El plan de la pareja estadounidense tiene dos patas. Una es la isla de Sazan, donde se construirán 10.000 habitaciones, además de un puerto de veleros y villas de lujo. La segunda es la laguna de Vjosa-Narta, un humedal protegido por ley desde 2004. “Maquinaria pesada arrasa uno de los hábitats costeros ecológicamente más importantes de Europa. Lo hace sin una evaluación medioambiental y con el gobierno dándoles explicaciones falsas a la sociedad y al Parlamento”, resalta la denuncia de una red de decenas de organizaciones ambientalistas.
El primer ministro Rama relaciona la paz actual del mundo isleño con el pasado reciente, en el que Sazan era una base militar con viviendas, teatro, escuela y un hospital especialmente preparados para las 150 familias militares destinadas allí. Con 65 kilómetros de senderos, 12 kilómetros de túneles y 3600 estructuras blindadas con gruesos muros de hormigón. Esa infraestructura civil, hoy abandonada, es una de las muestras de lo que fue Albania bajo el liderazgo de Enver Hoxha (“el gran sectario”, como le llamaban en el mundo socialista en los tiempos de Mao y de Kruschev), que mantuvo al país al margen de lo que el siglo XX conoció como la “polémica chino-soviética”, tan lejos de Pekín y de Moscú como de Washington, tan lejos del Pacto de Varsovia como de la OTAN.
En los últimos años, bajo la conducción de Rama y el auge de la corrupción, bien visible por ejemplo en los privilegios dados a Ivanka Trump y su marido, Albania ha crecido en la visión de los operadores turísticos. El gobierno de Tirana, la capital, exhibe los números con orgullo: el año pasado tuvo 12 millones de visitantes, un 15% más que el precedente. Paralelamente, habla con rencor de sus vecinos –los de la región que “padecen la envidia”, les dice– y les adjudica ser los promotores de “esta guerra híbrida que sufrimos”. Así le llama a la conjunción entre los flamencos y las multitudes crecientes que se manifiestan día tras día en las calles de las ciudades albanesas.
Flamenco rosado
El
flamenco rosado, emblema de las protestas, recuerda al pato amarillo de
Serbia, símbolo de las denuncias populares contra la corrupción y la
especulación inmobiliaria (un negocio mixto con Estados Unidos por el
que se reconvertiría el edificio del Ministerio de Defensa, en Belgrado,
en un hotel de lujo). Como en la Albania de hoy.
A las mismas
exactas causales de repudio que los Trump generan ahora hay que agregar
aquí una decidida defensa de la cuestión ambiental. Se trata, además, de
una exigencia ineludible de la Unión Europea, la estructura comunitaria
de 27 países a la que el gobierno de Tirana quiere ingresar desde hace
años. Y, justamente, el martes 9 la Comisión Europea anunció que si
Albania no se compromete con la legislación medioambiental comunitaria
debe olvidarse de su proceso de adhesión a la UE.
Miles de albaneses salieron a la calle
La noche del miércoles 10, en el décimo día de protestas, para exigir la dimisión del primer ministro Edi Rama.
Los
manifestantes se concentraron en la plaza Skënderbej, en la capital,
Tirana, para marchar hacia el Parlamento y corearon «Rama a prisión,
Berisha a prisión», en referencia a Sali Berisha, el ex primer ministro y
ahora presidente del Partido Democrático de Albania.
Un movimiento
de protesta que comenzó como rechazo a un proyecto turístico en la zona
de Pishe Poro y la isla de Sazan cumplió el décimo día consecutivo el
miércoles, y culminó en lo que los organizadores describieron como una
manifestación a escala nacional.
Los líderes de la protesta llamaron a
los albaneses de todo el país y del extranjero a sumarse a la última
movilización, que se convocó deliberadamente para hacerla coincidir con
el aniversario de la fundación de la Liga de Prizren, un acontecimiento
del siglo XIX ampliamente considerado un símbolo de la unidad nacional
albanesa.
El movimiento se desencadenó inicialmente por la
preocupación ante un proyecto de inversión propuesto por una empresa
vinculada al yerno de Donald Trump, Jared Kushner, en una zona costera
protegida. Sin embargo, desde entonces ha evolucionado hacia una campaña
más amplia que cuestiona diversas políticas y leyes del Gobierno.
A
lo largo de las protestas, los participantes han planteado cinco
demandas clave: la dimisión del Gobierno, la derogación de la
legislación y de las disposiciones de estatus especial para los
inversores estratégicos, la retirada del ‘Mountain Package’, la
revocación de las enmiendas a la Ley de Zonas Protegidas y la derogación
de las enmiendas a la Ley de Patrimonio Cultural.
El Gobierno
sostiene que el desarrollo en la costa adriática sería transformador
para el país, en su intento de entrar en el mercado del turismo de alto
nivel y avanzar en su adhesión a la Unión Europea.
El proyecto de
lujo tiene dos componentes, un desarrollo costero en la zona de la
laguna de Narta, que es una reserva de fauna salvaje, y un complejo
turístico más pequeño en la cercana isla deshabitada de Sazan, una
antigua base militar de la época comunista.
Rama declaró a Euronews
que la oposición al proyecto inmobiliario previsto en la costa sur del
país está siendo amplificada por bots, discursos antisemitas y fuerzas
externas hostiles que buscan avivar las tensiones en Albania.
El
martes 9, un portavoz de la Comisión Europea instó a las autoridades
albanesas a «actuar sin demora» para evitar poner en peligro la
candidatura del país a ingresar en la UE, que exige su adaptación a las
normas medioambientales del bloque.
«Albania debe abstenerse de
realizar acciones que puedan socavar el cumplimiento del criterio de
cierre, en este caso el capítulo 27, por lo que esperamos que las
autoridades albanesas actúen sin ninguna demora», declaró el portavoz
Guillaume Mercier, en referencia al capítulo de las negociaciones de
adhesión a la UE que exige a un país candidato adaptar su legislación a
las normas medioambientales.
Los organizadores señalaron que las
protestas continuarán en los próximos días y reafirmaron que sus
demandas siguen siendo las mismas.
Albaneses protestan contra un proyecto de lujo vinculado a Trump y Kushner
Por Ivan Kesic
Mientras miles de ciudadanos albaneses cumplen su décimo día consecutivo de protestas bajo el lema “Albania no está en venta”, la alianza entre el primer ministro Edi Rama y la familia Trump-Kushner queda expuesta, amenazando no solo uno de los últimos humedales prístinos de Europa, sino también las aspiraciones de Albania de ingresar en la Unión Europea.
Lo que comenzó como un viaje en yate de lujo frente a la costa albanesa en 2021 se ha transformado en uno de los escándalos ambientales y políticos más graves de la historia reciente de Europa.
Jared Kushner, yerno del presidente estadounidense Donald Trump, y su esposa Ivanka Trump, supuestamente “cautivados” por una isla deshabitada que descubrieron mientras nadaban, se han asociado con el primer ministro Edi Rama para convertir tanto la isla de Sazan como la protegida laguna Vjosa-Narta en un complejo turístico de élite valorado en 4.000 millones de dólares.
El proyecto, al que el gobierno de Rama otorgó el estatus de “inversor estratégico” tras controvertidos cambios en 2024 a la legislación sobre protección de la naturaleza, ya ha implicado maquinaria pesada excavando antiguas dunas de arena, vallas de alambre de púas bloqueando playas públicas y guardias de seguridad privada agrediendo violentamente a manifestantes pacíficos.
Ahora, con la Comisión Europea advirtiendo que el desarrollo pone en riesgo la adhesión de Albania a la UE y la fiscalía anticorrupción del país abriendo una investigación penal, la denominada “Revolución de los flamencos” se ha convertido en una prueba decisiva sobre si el dinero y las conexiones políticas pueden destruir la naturaleza y silenciar a los ciudadanos con impunidad.
Isla de Sazan: de fortaleza militar comunista a parque de recreo de la familia Trump
La isla de Sazan, un puesto deshabitado de 5,7 kilómetros cuadrados frente a la costa de la ciudad sureña de Vlora, posee una historia oscura pero fascinante.
Durante la Segunda Guerra Mundial sirvió como base militar estratégica, y en la década de 1950 pasó a formar parte de la red defensiva albanesa bajo su alianza con la Unión Soviética.
Incluso tras la ruptura de Albania con Moscú, la isla siguió siendo un enclave militar fuertemente fortificado, con miles de búnkeres de hormigón, túneles subterráneos y municiones sin detonar dispersas en su lecho marino y costas rocosas.
Durante décadas, Sazan estuvo estrictamente prohibida para los ciudadanos albaneses, una zona vedada envuelta en secreto.
Todo cambió cuando Kushner e Ivanka, navegando en el barco de un amigo, decidieron detenerse para nadar. Posteriormente describieron cómo llegaron nadando a la isla, subieron descalzos hasta la cima y quedaron completamente cautivados por lo que encontraron.
Ese momento de “descubrimiento descalzo” desencadenaría una cadena de acontecimientos que ha llevado a Albania al borde de una crisis política. La pareja no vio un sitio histórico que debiera preservarse, sino una oportunidad para transformarlo en un destino turístico privado de lujo.
Según el plan actual, la isla se convertiría en un complejo privado de 1400 hectáreas, con hoteles, centros de bienestar e instalaciones turísticas de alto nivel.
La firma de inversión de Kushner, respaldada por fondos soberanos de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Catar, lidera el desarrollo.
A finales de 2024, el gobierno albanés concedió al proyecto el estatus de “inversor estratégico”, una categoría que permite procedimientos administrativos acelerados y exenciones de las evaluaciones ambientales estándar.
La escala del proyecto ha sido descrita por Ivanka Trump como “casi abrumadora”.
Catástrofe ambiental: destrucción de Vjosa-Narta
Mientras la isla de Sazan acapara titulares, el daño ecológico más inmediato e irreversible se está produciendo en tierra firme, en el área protegida de Pishë Poro-Narta dentro del paisaje protegido Vjosa-Narta.
Esta región forma parte del delta del río Vjosa, uno de los últimos ríos salvajes de Europa, y constituye un tesoro ecológico de importancia global. Alberga más de 70 especies en peligro y más de 200 especies de aves, incluidos flamencos y el raro pelícano dálmata.
Se encuentra en la ruta migratoria del Adriático, un corredor crítico para millones de aves que viajan entre África y Europa cada año.
Las aguas circundantes constituyen uno de los últimos refugios mediterráneos de la foca monje mediterránea, uno de los mamíferos marinos más amenazados del mundo, y son zonas clave de anidación de la tortuga boba.
Lo ocurrido en este paisaje protegido desde finales de abril de 2026 constituye una grave violación del derecho ambiental.
Se ha observado maquinaria pesada arrasando la zona sin permisos visibles, sin una evaluación de impacto ambiental completada y con explicaciones del gobierno albanés que han sido cuestionadas por grupos ecologistas.
Se ha vertido grava sobre antiguas dunas de arena legalmente designadas como Monumentos Naturales bajo la legislación albanesa, daños que, según los científicos, tardarán siglos en repararse.
La construcción también ha bloqueado una de las dos aperturas que conectan la laguna de Narta con el mar, interrumpiendo el intercambio de mareas con consecuencias inmediatas y en cadena para peces, aves y toda la cadena alimentaria. Cada día que persiste el bloqueo, el daño se agrava.
La organización ambiental PPNEA, activa en Albania desde 1991 y socia de BirdLife International en el país, ha descrito la destrucción como sin precedentes en la historia de las áreas protegidas albanesas.
El grupo ha documentado que parte del daño ecológico a las dunas ya es irreversible.
Al ser interrogado en el Parlamento, el gobierno alegó que la apertura había sido cerrada para construir una carretera con fines de evaluación ambiental, una afirmación contradicha por la presencia de maquinaria pesada, alambre de púas y fuerzas de seguridad en el lugar.
Alianza Kushner-Rama y vínculos con el régimen israelí
En el centro de este escándalo se encuentra el primer ministro Rama, que gobierna Albania desde 2013 y que ha cultivado una estrecha relación con Kushner desde la primera administración Trump.
Cuando Kushner navegó frente a las costas albanesas en 2021, Rama subió a su barco para una reunión.
En 2024, los frutos de esa relación se hicieron evidentes: el gobierno albanés modificó sus leyes específicamente para permitir la construcción de complejos turísticos de lujo en áreas protegidas, otorgó al consorcio de Kushner el estatus de inversor estratégico y aprobó el proyecto sin evaluación ambiental.
Rama ha defendido el proyecto con una retórica cada vez más combativa. Ha desestimado a los manifestantes como manipulados por intereses extranjeros, alegando que bots en redes sociales están impulsando las protestas y que “se están promoviendo narrativas antisemitas por parte de enemigos del régimen israelí y de Albania”.
También ha sugerido que el proyecto no habría atraído atención internacional si no fuera por la implicación de Kushner, insinuando que las críticas tienen motivación política.
Cuando la Comisión Europea expresó preocupación, Rama desestimó las advertencias, insistiendo en que el impacto ambiental aún está en estudio y que no se han otorgado permisos finales de construcción.
Los vínculos del primer ministro con el régimen israelí también son relevantes. En 2025, Rama presumió de haber recibido una invitación para participar en una Junta del plan de reconstrucción de Gaza, presentándola como prueba de su relación personal con la administración Trump.
Rama ha utilizado estas conexiones para construir una imagen de influencia en Washington y Tel Aviv, mientras el Departamento de Estado de EE UU ha incluido a Albania en listas de restricciones de visado por preocupaciones sobre corrupción y falta de Estado de derecho.
Patrón de bienes raíces depredadores: controversias de Ivanka y Jared
El proyecto en Albania no es una iniciativa aislada de la familia Kushner-Trump. Sigue un patrón de uso de conexiones políticas para asegurar lucrativos negocios inmobiliarios en países vulnerables, a menudo a expensas de comunidades locales y protecciones ambientales.
Meses antes de que estallara la controversia en Albania, Kushner se vio obligado a retirarse de un proyecto similar en Serbia, después de que la fiscalía de crimen organizado acusara a cuatro personas, incluido un ministro, de abuso de poder y falsificación de documentos para facilitar el desarrollo.
El acuerdo serbio, que también implicaba la designación de inversor estratégico y cambios legislativos, colapsó bajo el peso de las investigaciones penales. Kushner se retiró del proyecto, dejando tras de sí un rastro de acusaciones de corrupción y rechazo público.
Ahora, el mismo patrón se repite en Albania. La Oficina Especial de Fiscalía Anticorrupción del país ha abierto una investigación penal sobre los cambios en el estatus del área protegida y las transferencias de propiedad que hicieron posible el proyecto.
La investigación, según informes, se extiende más allá de las cuestiones ambientales hacia posibles abusos de poder y fraude.
Mientras tanto, Ivanka Trump ha descrito el proyecto en términos elogiosos, hablando de una arquitectura que “casi emergería” del paisaje y afirmando que la “comunidad” está en el centro del desarrollo.
Para los albaneses que han visto sus playas cercadas y sus dunas arrasadas, estas declaraciones suenan vacías.
“Revolución de los flamencos”: protestas, violencia y demandas democráticas
Lo que comenzó a finales de mayo de 2026 como una pequeña concentración en el pueblo pesquero de Zvërnec se ha convertido en una revuelta nacional. Las protestas continúan con miles de ciudadanos marchando en la capital, Tirana, bajo el lema “Albania no está en venta”.
El movimiento ha sido bautizado como la “Revolución de los flamencos”, en referencia a los flamencos rosados cuyo hábitat está amenazado. Los manifestantes portan globos con forma de flamenco, visten ropa rosa y ondean banderas en las que el águila bicéfala de Albania ha sido sustituida por un flamenco bicéfalo rosa.
Las protestas se han extendido más allá de las fronteras del país, con la diáspora albanesa organizando manifestaciones de solidaridad en Nueva York, Londres, Bruselas, Milán y Berlín.
Consignas como “Ivanka, vete a casa”, “Cancelen el proyecto” y demandas de dimisión del primer ministro han llenado las calles, reflejando una creciente indignación contra la élite política que ha dominado Albania durante tres décadas.
La respuesta del gobierno a las protestas pacíficas ha sido violenta y agresiva. Cuando ciudadanos intentaron acceder a la playa de Zvërnec, fueron enfrentados por guardias de seguridad privada que habían instalado cercas de alambre de púas.
Imágenes virales mostraron a un guardia golpeando y arrastrando a un manifestante lejos de la playa vallada. Otro incidente dejó a un ciudadano griego herido, provocando una protesta diplomática de Atenas.
Posteriormente, la policía albanesa confirmó la detención de un guardia de seguridad por privación ilegal de libertad y lesiones leves intencionales, y la suspensión de varios agentes por su actuación.
En lugar de disculparse o frenar a los promotores del proyecto, el primer ministro Rama ha insistido en que el proyecto seguirá adelante pese a las protestas. Ha ofrecido reunirse con una delegación de manifestantes, pero estos han rechazado la oferta y ahora exigen su dimisión.
Demandas populares: naturaleza, justicia y Estado de derecho
Las demandas de los manifestantes van mucho más allá de la cancelación de un complejo turístico. Representan un rechazo amplio a la corrupción, el clientelismo y el desprecio por las normas democráticas que han caracterizado la era Rama.
Los manifestantes han declarado que no están en contra de la inversión extranjera ni de ningún individuo o nacionalidad en particular, sino contra la destrucción de su naturaleza y su territorio en nombre del beneficio económico.
Durante años, expertos han señalado que las mejores tierras costeras de Albania han terminado en manos de oligarcas mediante acuerdos opacos, mientras los ciudadanos comunes se ven relegados a empleos precarios en los complejos turísticos construidos sobre su patrimonio arrebatado.
El proyecto de la familia Kushner-Trump es visto como la culminación de este patrón, el ejemplo más flagrante hasta ahora de un primer ministro que vende el patrimonio natural del país al mejor postor político e influyente.
Los manifestantes también han centrado su atención en los cambios legales que hicieron posible el proyecto.
En febrero de 2024, el gobierno de Rama modificó la Ley de Áreas Protegidas para permitir estructuras de cinco estrellas o más y actividades hoteleras relacionadas en zonas previamente estrictamente protegidas.
Los abogados ambientales han descrito esto como uno de los ataques legislativos más agresivos contra la protección ambiental en Europa en los últimos años.
La ley no se ajusta a los estándares de la Unión Europea, y Bruselas ha advertido reiteradamente a Albania que debe derogar estos cambios para avanzar en su candidatura.
Los manifestantes también exigen que la investigación penal continúe sin interferencias políticas. Quieren saber quién cambió el estatus de propiedad de la zona costera de Zvërnec, quién aprobó la designación de inversor estratégico y si hubo pagos indebidos.
Advertencia de la UE: capítulo 27 y el futuro de la adhesión albanesa
La Comisión Europea ha dejado claro que las acciones del gobierno de Rama podrían costarle a Albania su adhesión a la Unión Europea.
Un portavoz de la Comisión advirtió que Albania debe abstenerse de acciones que puedan socavar los criterios de cierre del capítulo 27 sobre medio ambiente y cambio climático.
La Comisión subrayó que Albania debe alinearse plenamente con las directivas europeas de aves y hábitats, que protegen estrictamente zonas como Vjosa-Narta.
Asimismo, instó a derogar las modificaciones de la Ley de Áreas Protegidas y a poner fin a la ley de inversiones estratégicas, que otorga trato preferente a proyectos que podrían eludir las salvaguardas ambientales de la UE.
La Comisión también señaló que la investigación anticorrupción en curso se extiende más allá de las cuestiones ambientales, lo que indica que las autoridades europeas siguen de cerca la dimensión de corrupción del caso.
Albania, junto con Montenegro, es considerada una de las candidatas líderes para la adhesión a la UE, con el propio primer ministro Rama fijando el objetivo de ingreso para 2030.
Sin embargo, si Bruselas concluye que Albania no se toma en serio la protección ambiental o el Estado de derecho, ese calendario se pospondrá indefinidamente o se cancelará.
Las advertencias de la Comisión no se refieren a la implicación de ninguna persona en particular, sino a la destrucción de hábitats protegidos, la represión violenta de manifestaciones pacíficas y el desmantelamiento sistemático de la legislación ambiental.
Consecuencias en desarrollo
La situación en Albania sigue deteriorándose. La fiscalía anticorrupción ha congelado las cuentas bancarias de la empresa propietaria de los terrenos vinculados al proyecto, y la investigación penal se está ampliando.
La Comisión Europea sigue el caso de cerca, y la diáspora albanesa está movilizando presión internacional. El primer ministro enfrenta el desafío más serio a su autoridad en más de una década, y los manifestantes no muestran señales de retroceder.
El daño ambiental, sin embargo, podría ser ya irreversible. Grupos de conservación han documentado daños permanentes en las dunas y el ecosistema de la laguna.
Incluso si el proyecto se detuviera hoy, la conexión de marea bloqueada y la grava vertida tardarían años o siglos en recuperarse. Los flamencos, pelícanos, focas monje y tortugas marinas no tienen el lujo de esperar a que la política albanesa se resuelva.
La familia Trump-Kushner ha acumulado miles de millones de dólares mediante el aprovechamiento de conexiones políticas y la flexibilización de normas.
Edi Rama ha construido su carrera presentándose como modernizador, mientras gobierna mediante clientelismo y métodos autoritarios. Pero en la primavera de 2026, en las costas del Adriático, el pueblo albanés ha elegido resistir.
Fuentes: HispanTV, Resumen Latinoamericano
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