Gonzalo Delacámara

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Durante mucho tiempo, en las economías avanzadas, el agua ha sido víctima de un éxito social: la universalidad de los servicios de agua. Se da, de hecho, una disonancia cognitiva: advertimos de su escasez, al tiempo que garantizamos un suministro estable.

Sorprende que siendo el agua un bien de primera necesidad, vital, su valor sea esencialmente desconocido en términos prácticos, como decimos en el título parafraseando a Machado.

No podremos decir que no fuimos advertidos. Umberto Eco señalaba los riesgos de lo que llamaba «bulimia intelectual», entendida como una insaciable curiosidad estéril o un grado de dispersión extrema. Fernando Savater se refería de modo análogo a la «ignorancia hiperinformada». Con frecuencia, observamos que hay incluso quien celebra la ignorancia.