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La política de bloqueo, sanciones, embargos, acompañado de acciones de desestabilización, por parte de los gobiernos de Estados Unidos contra Cuba, se remontan al inicio mismo del triunfo de la revolución cubana el 1 de enero del año 1959. Hoy, más que nunca es necesario hacer presente que la política de máxima presión que ejerce Washington, sobre la mayor de las Antillas, no ha disminuido un ápice y seguramente se incrementará previo a las elecciones del 3 de noviembre próximo.

Washington y con ello el activista secretario general de la organización de Estados Americanos (OEA) Luis Almagro, están intensificando su interferencia en la política interna boliviana, para evitar que este estado sudamericano vuelva a una determinación independiente de su desarrollo como país.


Mencioné, en la primera parte de este trabajo, que los hechos que propiciaron la denominada lucha anticomunista, derivada de las consecuencias de la SGM, dieron paso a iniciativas políticas, comunicacionales e incluso militares, en el ámbito de lo que gobiernos como el estadounidense y sus aliados llamaron “la defensa de la democracia” como solían designar, la pugna llevada a cabo contra el bloque soviético.
Existen conceptos, asumidos por políticos, dirigentes y líderes de ideologías mesiánicas y supremacistas, que sirven para sostener una doctrina de dominio, colonización y ocupación de territorios o ejercer determinada hegemonía sobre otros pueblos, basado en la idea de un Destino Manifiesto, bajo la consideración de ser un ilusorio pueblo elegido, que les daría potestad sobre una tierra prometida por un Dios exclusivo y excluyente. En este marco es posible situar tanto al imperialismo estadounidense como al sionismo.
Resulta inaceptable que Estados Unidos, que favorece la prórroga del embargo de armas contra Irán y que acusa a la nación persa de atizar el conflicto en la región, sea el mayor proveedor de armas de regímenes como Israel, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, entre otros.