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No sólo mata el supremacismo fanático. No sólo mata el fundamentalismo genocida. También mata la inanición complacida del “colonialismo moderado” que expresa preocupación, consternación o indignación ante cada empujón de esa maquinaria industrial de muerte que él mismo y sus feligreses, dando al axioma “económico” una prioridad incuestionable sobre la vida, han contribuido a crear. Y a tenor de las consecuencias globales, a esas dos posiciones las une mucho más de lo que las separa. Qué gran ejemplo de todo eso nos muestra la universidad actual, desgraciadamente.
La Universidad de Birzeit, Palestina, muestra su apoyo a las movilizaciones universitarias y nos presenta un ejemplo de la violencia israelí contra las universidades palestinas, en un afán de aniquilarlas.


