Categoría: Opinión
A primera vista, podría parecer un eslogan dedicado a festejar un viernes de Semana Santa o referido al título de un capítulo rescatado del libro de Regoyos, La España Negra, y no a un eslogan invitando al general consumo, orquestado desde las entrañas del marketing capitalista andante. No. No pretendo hacer un alegato contra el consumo. Sería inútil y pretencioso por mi parte. Además, para condenarlo ya está la jerarquía católica y sus pastorales contra el materialismo, intrínsecamente perversos.
Atrapados en un circo de dudas y promesas, no prevemos el desenlace.
En estos tiempos de la covid-19, donde la incertidumbre parece ser la única certeza y el futuro había pasado a llamarse “nueva normalidad” sin que quede muy claro qué significará eso, apareció una nueva variante del coronavirus, bautizada como Omicron y detectada en Sudáfrica , que prendió todas las luces de alarma en el mundo, estremeció los mercados bursátiles y derrumbó los precios de las materias primas industriales.
Como se conoce, América Latina es la región más inequitativa del mundo. Esa realidad tiene una larga formación histórica que deriva de la época colonial.
La pandemia mundial profundizó las condiciones de precariedad de las mayorías, generadas por la financiarización capitalista y mostró cruelmente las carencias y desigualdades producidas por el orden neoliberal, atenuadas apenas en algunos lugares por sistemas sociales de contención de carácter progresista.