En Colombia el racismo es una pandemia interiorizada que sus portadores no logran visibilizar.
En Colombia el racismo es una pandemia interiorizada que sus portadores no logran visibilizar.
La corta historia republicana colombiana no ha estado exenta de tensiones separatistas, basta recordar que el 3 de noviembre de 1903 Panamá declaró su independencia bajo el cobijo del gobierno estadounidense
El triunfo electoral de Gustavo Petro, convirtiéndose en el nuevo presidente de Colombia e identificado como de izquierda, ha producido en muchas personas, dentro y fuera del hermano país, cierta euforia sobre los cambios que éste impulsaría.
La paz completa es tal vez una de las más profundas aspiraciones de todos los colombianos. Erradicar la violencia de manera definitiva constituye en anhelo genuino de los sectores populares, los más afectados por el uso de la fuerza por las castas oligárquicas que recurren al atropello para mantener sus privilegios y el control de los puntos neurálgicos del poder político y del Estado.
Lo que ha ocurrido en la historia política y social de Colombia, con el triunfo del pueblo en las urnas para gobernar el país, no cabe en las distinciones usuales y duales del siglo XX, etiquetado en izquierda o derecha, blanco o negro, masculino o femenino, arriba o abajo, bonito o feo.
Soplan vientos de cambio en Colombia, de esos que traen consigo aparejados la esperanza de los pueblos, pero también las expectativas –que son muchas y variadas–, el recelo, la desconfianza y la resistencia, que tampoco serán menores, según se anuncia desde parte de la futura oposición.
El desacople de la política exterior de Colombia de la de Washington será uno de los desafíos de una gestión precondicionada por poderosos factores externos.
El triunfo electoral de Gustavo Petro a la presidencia de Colombia pone de manifiesto la reivindicación histórica del pueblo colombiano, que en los años cuarenta del siglo pasado fue objeto de un brutal asesinato del extraordinario dirigente del Partido Liberal Eliécer Gaitán.