Al cumplirse diez días de la caída del Gobierno del presidente sirio Bashar al-Assad, queda expuesta de manera patente la alianza entre Estados Unidos y al-Qaeda, que, si bien viene de lejos, fraguada en los años de la guerra antisoviética en Afganistán (1979-1992), después de la caída de las torres de Nueva York debió mantenerse de manera subterránea. Aunque cada vez que el Pentágono necesitó de ellos los activó y cumplieron: Libia, Yemen, el Sahel y ahora en Siria: el vínculo ha quedado otra vez expuesto con claridad.