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China, Rusia y las sanciones a Irán

Fuentes: CEPRID

El apoyo de Rusia y China a la imposición de nuevas sanciones a Irán por parte del Consejo de Seguridad de la ONU ha sorprendido a muchos. Como era de esperar, EEUU y sus aliados europeos han presentado la resolución como un gran logro diplomático repitiendo el mantra de una «comunidad internacional» unida y preocupada […]

El apoyo de Rusia y China a la imposición de nuevas sanciones a Irán por parte del Consejo de Seguridad de la ONU ha sorprendido a muchos. Como era de esperar, EEUU y sus aliados europeos han presentado la resolución como un gran logro diplomático repitiendo el mantra de una «comunidad internacional» unida y preocupada por el programa nuclear iraní y lanzando «un mensaje duro y firme» sobre este tema. Sin embargo, un examen detallado de la Resolución 1929 pone de manifiesto que no es para tanto. Tal vez no sea tan inservible como «un pañuelo usado», según se ha referido a la misma el presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, pero sí deja al desnudo, de forma clara, que una cosa con los deseos y otra la realidad. Y ahí ha jugado un papel importante China, y en menor medida Rusia, pese al voto favorable de ambos.

La decisión de China de jugar un papel más protagonista en la geopolítica (1) no implica que asistamos a un cambio radical en las relaciones internacionales, pero sí es un indicativo de por dónde van a ir las cosas a partir de ahora y que un cambio está en marcha. Tal vez no tan rápido como nos gustaría, pero el camino ya está trazado con firmeza y en el mismo es el Ejército Popular de Liberación (EPL) quien está marcando el rumbo.

Mientras que el mundo asiste indignado al doble rasero empleado por la ONU con la rápida imposición de sanciones a Irán y la aquiescencia con las violaciones al derecho internacional que realiza, una y otra vez, el estado de Israel se olvidan otras realidades que le interesan mucho más a China y que le están enfrentando directamente a EEUU pese a las buenas relaciones comerciales existentes entre ambos países.

Es el caso del intento estadounidense y surcoreano para imponer sanciones a Corea del Norte por el hundimiento de la corbeta «Chenoan». Supuestamente este buque fue hundido por un torpedo norcoreano -tal y como presentó con toda parafernalia una «comisión internacional» compuesta por seis expertos procedentes de países, con la excepción de un sueco, que participaron en la guerra de los años 1950-1953 al lado de Corea del Sur- pero las sospechas sobre que el hecho se produjo bajo una bandera falsa y con la finalidad de acorralar a China no han hecho sino crecer desde ese mismo momento.

El hundimiento del «Chenoan» se produjo el 26 de marzo, apenas quince días después que el presidente norcoreano, Kim Jong Il, visitase Beijing y se ratificasen una serie de acuerdos económicos -por valor de 8.350 millones de euros- que rescatan a Corea del Norte del colapso económico y dejan sin efecto las presiones de EEUU sobre los norcoreanos en cuestiones nucleares. Sobre este tema, tanto Corea del Norte como China «trabajarán para crear las condiciones favorables para reanudar las conversaciones a seis bandas» (2), interrumpidas desde finales del año pasado y de las que no se ha vuelto a oír hablar.

En China existe el convencimiento que el hundimiento del «Chenoan» es algo muy parecido al «incidente de Tonkin» que proporcionó la excusa a EEUU para involucrarse en la guerra de Vietnam y se pone el acento en que se produjo en un momento crucial para la presencia de EEUU en la zona: en Japón se estaba discutiendo la pertinencia o no de que en Okinawa se mantuviese la base estadounidense. El primer ministro japonés, Yukio Hatoyama, había prometido en su programa electoral que la desmantelaría si llegaba al gobierno. Como consecuencia del hundimiento del «Chenoan» el gobierno japonés decidió, el 28 de marzo, incumplir su promesa electoral y mantener la base Futenma (Okinawa) lo que, a su vez, provocó dos meses después la dimisión del primer ministro Hatoyama por la presión popular … aunque la base sigue en su sitio pese a la oposición de la gobernación de Okinawa y de la población de la isla.

El general Ma Xiaotuan, Jefe Adjunto del Estado Mayor del EPL, en una conferencia realizada en Singapur el 5 de junio de 2010, se hizo eco de todo ello expresando la «insatisfacción» de China con toda la estrategia desarrollada por EEUU y Corea del Sur con el hundimiento del «Chenoan», que calificó de «contraproducente» y como un intento de presionar a China en el ámbito diplomático e internacional y evitar así un veto ante la posibilidad de que Corea del Sur plantee el tema ante el Consejo de Seguridad de la ONU (3). Los chinos sólo han hecho uso del veto en el Consejo de Seguridad en cinco ocasiones, todas ellas referentes a situaciones que afectaban de forma directa a su «patio trasero». Si tal resolución llega finalmente a la ONU, habrá veto chino.

Por esta razón China no utilizó el derecho de veto con la Resolución 1929 sobre Irán. Ni lo ha hecho ahora ni lo hizo en el pasado (desde el año 2006 el CSONU ha aprobado cuatro resoluciones conminando a Irán a renunciar a su programa nuclear, con la consiguiente aprobación de sanciones), por lo que no hay que sorprenderse del voto chino favorable a las sanciones al país persa. Era algo con lo que se contaba puesto que también lo había hecho antes. Y también contaba con ello Irán, que ha criticado con dureza la actitud de Rusia pero que ha mantenido un prudente silencio respecto a China, que ha suavizado, y mucho, las pretensiones de EEUU y sus socios europeos.

Una resolución débil

A pesar de lo que pretende la propaganda imperialista, la Resolución 1929 es una resolución débil. Después de seis meses de intensa presión de EEUU e Israel lo único que estos países -y sus correveidiles europeos- han conseguido es una resolución aguada que tendrá poco impacto sobre el programa de energía nuclear, el comercio o el desarrollo económico iraní.

Irán lleva casi 40 años sufriendo sanciones occidentales y cuatro con el amparo de la ONU, como se ha dicho antes. Ha sufrido una durísima guerra de ocho años con Irak y, pese a ello, ha emergido como un potente poder regional. Y si en las anteriores sanciones el CSONU logró la unanimidad, ahora Turquía y Brasil han votado en contra y Líbano se ha abstenido. Es decir, la R1929 se aprueba con el menor apoyo que nunca ha tenido una resolución contra Irán.

Incluye, sí, aspectos que no aparecían en las anteriores, (tres, acordadas desde 2006, la R1737, la R1747 y la R1803) pero no hay nada en ella que vaya directamente a la yugular del sistema iraní: la capacidad de producir y exportar hidrocarburos y la extensión a entidades iraníes de servicios financieros, seguros y demás. EEUU y sus socios europeos pretendían incluir estos dos aspectos en las sanciones, pero la firme oposición china lo ha impedido. De ahí que lo que pretendan ahora es la imposición de sanciones adicionales de forma unilateral, algo que ya ha dicho Obama y que ha recogido el inefable ministro de Asuntos Exteriores francés, Bernard Kouchner, para que las asuma la UE, lo que ha hecho en la última reunión de sus ministros de Asuntos Exteriores (4). Esta actitud seguidista de la UE respecto a EEUU le está costando perder el poco terreno que ya tenía en Irán: la transnacional española Repsol YPF y la alemana Shell acaban de ver cómo el gobierno iraní ha cancelado los contratos que había suscrito con ambas para la explotación de gas en South Pars (5).

China ha protegido claramente sus intereses en Irán, que aún siendo importantes no son estratégicos como ocurre con Corea del Norte. A cambio, ha ofrecido una reevaluación del renminbi (su moneda, nombre oficial del yuan) -un aspecto sobre el que tanto EEUU como el FMI venían insistiendo desde hace tiempo- y ha recibido garantías de ingreso en la Organización Mundial del Comercio, bloqueado por los intereses estadounidenses..

Aunque China sólo compra a Irán el 11’4% del petróleo que necesita -por detrás de Angola y Arabia Saudita, por ejemplo- la inversión en contratos de petróleo y gas aumenta sustancialmente a través de la Corporación Nacional China de Petróleo, la empresa más grande de China, y su filial PetroChina, hasta la cifra de 9.000 millones de dólares (unos 7.000 millones de euros). Los chinos están presentes en el Juzestán, suroeste del país, y en South Pars, en el Golfo, aquí en sustitución de la francesa Total (un hecho que ayuda a comprender por qué Francia se ha apresurado a seguir la estela de EEUU con las «sanciones adicionales de forma unilateral»). Otro dato a tener en cuenta para la actitud de la UE respecto a Irán es que China ha sustituido a Alemania como el principal proveedor de las exportaciones de manufacturas al país persa. Y para este año 2010, las compañías chinas tienen comprometidas inversiones en una serie de proyectos importantes como la construcción de una autopista entre Teherán y el Mar Caspio a través de las montañas de Alborz. Nada de ello se verá afectado por la Resolución 1929.

Ninguno de estos aspectos aparece en la resolución, ni en su vertiente de «medidas obligatorias» ni en la de «opcionales». En lo referente a las primeras, sólo se bloquean las inversiones iraníes fuera de la República Islámica en la minería de uranio o en la producción de materiales y tecnología nuclear; se prohíbe suministrar a Irán armas pesadas con carácter ofensivo (por lo que los misiles antiaéreos S-300 que Rusia tenía que suministrar a Irán en virtud de un contrato ya firmado sí serían legales según esta resolución, al contrario de lo que acaba de afirmar Rusia); se impide la salida del país a una serie de personas, algo que ya aparecía en las sanciones anteriores -ahora se estipula el número de afectados en 40, uno más de los que aparecían antes- como también la congelación de bienes y activos de personas y entidades vinculadas con el programa nuclear (también aquí la lista se amplía en un solo banco más a los que ya aparecían en las anteriores resoluciones). En teoría, estos dos últimos aspectos tienen como objetivo individuos y entidades vinculadas a la Guardia Revolucionaria.

Pocas novedades, entonces. Lo relevante son las medidas «opcionales», entre ellas los límites a ciertos servicios financieros si se cree que están vinculados al programa nuclear y, lo más preocupante, la posibilidad de «inspección en alta mar» de buques sospechosos de llevar material que se pueda utilizar en la industria nuclear y la facultad de inspección de buques y cargas que, en puerto, vayan o procedan de Irán. Sobre este aspecto, Irán ya ha dicho que las aguas del estrecho de Ormuz con en su mayoría iraníes y en caso de que alguno de sus barcos sea asaltado en alta mar, hará lo propio con las naves que atraviesen el estrecho. Irán, en virtud del derecho internacional referente al mar, está obligado a permitir el paso de barcos, pero legalmente les puede inspeccionar si lo desea. Y si se hace con sus barcos, sin duda devolverá la moneda.

Salvo la UE y los propios EEUU, pocos países más (como Australia, Japón y Canadá) van a poner en marcha las medidas «opcionales», por lo que la Resolución 1929 no es tan fiera como la pintan. Estamos en lo que el presidente brasileño, Luiz Ignacio «Lula» da Silva, calificó de «victoria pírrica». EEUU y la UE hace mucho tiempo que no tienen presencia en Irán, o si la hay es testimonial, y las sanciones que impongan no van a hacer mucho daño a la economía ni al gobierno iraní.

Más daño le haría a Irán si Rusia se sumase a las mismas. Aquí es donde hay que explicar el voto de Rusia. Las enormes reservas de gas de Irán amenazan el predominio de Rusia en este ámbito y un hipotético proveedor alternativo para Europa. Tal eventualidad no se va dar ahora, pero Rusia juega ha jugado en este ámbito a largo plazo. La eventualidad de que Rusia se sume a las «sanciones adicionales» se ubicaría en esta línea estratégica de mantener su predominio en el mercado del gas a nivel mundial. Por dar un dato de lo que hay en juego, sólo en el área del yacimiento de South Pars -situado en una zona que comprende aguas territoriales de Irán y Omán y del que se ha hablado más arriba- la Agencia Internacional de la Energía (AIE) calcula que hay 50,9 billones de metros cúbicos de gas y unos 50.000 millones de barriles de petróleo.

Pero, desde luego, China no va a mover un dedo en esa dirección e Irán lo sabe. Y en un gesto que trasciende la mera anécdota, el pasado 12 de junio, tres días después de aprobarse la R1929, Chen Chufa, el presidente de la Autoridad de Energía Atómica de China y director de la misión china ante la Agencia Internacional de la Energía Atómica, desató la caja de los truenos al manifestar públicamente que Israel tiene que suscribir el Tratado de No Proliferación Nuclear -algo que, curiosamente, sí ha hecho Irán pese a recibir las sanciones- y poner todo su arsenal de armas nucleares e instalaciones bajo la supervisión de la AIEA.

También lo sabe EEUU, que más allá del calificativo de «sanciones inteligentes» hecho por la embajadora ante la ONU, Susan Rice, apuesta sin tapujos por prescindir de la ONU en el futuro en lo referente a Irán: «Washington debería amenazar a cualquier entidad que se niegue a cooperar [con las sanciones unilaterales]. Se debe poner en peligro de exclusión del mercado de los EE.UU. [a quienes se nieguen a secundar esas sanciones] e imponer multas, incluso más importantes que los 536 millones dólares pagados por Credit Suisse a finales de 2009 [por no hacer caso de las resoluciones anteriores]. Así, pocas entidades elegirán a Irán frente a Estados Unidos»(6).

Es un aviso a navegantes puesto que EEUU es consciente que «los países críticos [con la Resolución 1929] tales como China, Malasia, Singapur y otros están dispuestos a hacer sólo lo mínimo para cumplir con las resoluciones del CSONU» (7). Les ha faltado referirse a los países latinoamericanos que, como Venezuela, Bolivia, Ecuador o Nicaragua tienen convenios y tratados comerciales con Irán.

La puesta en escena de EEUU (e Israel)

Es evidente que EEUU no cree realmente que las sanciones vayan a conseguir nada respecto a la cuestión nuclear iraní. Es evidente, también, que hace mucho tiempo -y más tras el ninguneo a que han sido sometidos Turquía y Brasil al alcanzar un acuerdo con Irán en la línea de lo que presuponía EEUU en el mes de abril, sin ir más lejos,- la Administración Obama no tiene el menor interés en encontrar una solución pacífica a la cuestión.

Y es evidente, también, que no importa si las sanciones son efectivas o no, sino que sirven de coartada para escenificar que al no poder hacer nada en el ámbito diplomático, sólo queda la salida militar. El objetivo que viene buscando Israel desde hace años, al igual que hizo con el Irak de Saddam Hussein ante la posibilidad de que se convirtiese en el único país árabe capaz de hacer frente militarmente a Israel. El poder de Irak ya no existe, pero el de Irán sí.

Tras el amparo otorgado al crimen de guerra realizado por Israel contra la flotilla solidaria a Gaza -otro amparo a otro crimen de guerra más cometido por los sionistas- EEUU cierra cualquier posibilidad de ir hacia atrás, es decir, reconsiderar su postura. Sólo queda esperar al abordaje de cualquier barco iraní para buscar la respuesta deseada y tener la excusa para el ataque. Políticamente no es conveniente en estos momentos, y más con el desastre de las guerras de Irak y Afganistán en marcha, pero en la medida en que Israel se sienta más y más acorralado por el mundo la guerra será inminente. Ahí sí China jugará un papel determinante a la hora de avalar o impedir la guerra contra Irán.

Y aquí entramos en la guerra de propaganda. Se está intentando «vender» la R1929 como la panacea para evitar esa guerra. Justo con su aprobación nos desayunamos con noticias como que «Arabia Saudita cede un corredor a Israel para bombardear Irán» (8). Exactamente lo mismo se dijo en junio de 2009 en The Sunday Times. Curiosamente, otro periódico británico. Entonces se hizo en unos momentos en los que el servicio secreto sionista mostraba su preocupación por el acercamiento entre Siria y Arabia Saudita (9). Ahora se hace con un objetivo doble: asustar a los pusilánimes europeos con el ataque israelí, al estilo de un perro rabioso que se sabe acorralado, a Irán (los ministros de Asuntos Exteriores de España, Italia y Francia escribieron una carta conjunta a la ONU solicitando «evitar una reacción diplomática desmesurada contra Israel» (10) tras su asalto en aguas internacionales a la flotilla humanitaria a Gaza) y para intentar demostrar que a Israel no le afecta lo más mínimo la casi ruptura de relaciones con Turquía.

En este país donde se entrenaban los aviones israelíes, es por donde sobrevolaron las aeronaves que bombardearon una supuesta central nuclear en Siria y es vital para Israel. Ahora, tras el crimen de guerra cometido contra la flotilla solidaria no hay esa posibilidad. La única que queda, por lo tanto, es Arabia Saudita. Y de ahí la repetición de la propaganda un año después y casi con las mismas palabras. Sirve tanto para presionar a los saudíes como para «calentar» al mundo occidental y abocarles a la imposición de esas «sanciones adicionales» que no se recogen en la R1929.

La actitud de Turquía está haciendo mucho más daño del previsto a Israel y está enojando como jamás a EEUU. La estrecha alianza que mantenían Turquía e Israel desde hace 15 años ha saltado por los aires en el aspecto estratégico y comercial (el comercio entre ambos alcanzaba los 2.600 millones de euros). El apoyo de EEUU a la matanza realizada por Israel en la flotilla solidaria a Gaza pone en cuarentena, también, la relación preferente que ambos países mantenían y genera interrogaciones sobre el papel turco en la guerra de Afganistán, puesto que su territorio es clave para el aprovisionamiento y tránsito de las tropas estadounidenses hacia Afganistán.

Pero hay más. Su actitud digna con el ataque a la flotilla y su voto negativo en la ONU a las sanciones contra Irán son consideradas en Washington como una bofetada. Su hasta ahora «amigo cercano», miembro de la OTAN, ha llevado al mínimo su relación con Israel y se ha desperezado como poder regional. No hay que perder de vista que el acuerdo alcanzado entre Turquía, Brasil e Irán -ninguneado por Occidente en pleno y, de forma indirecta por China y Rusia al votar favorablemente a las sanciones en la ONU- se produjo al final de la reunión del G-15, grupo de países que quieren que sus opiniones sean escuchadas por los prepotentes occidentales: Argentina, Brasil, Indonesia, Nigeria…

Todos estos países tienen una relación cada vez más estrecha con China no sólo en los aspectos de mercados o materias primas, sino en cuestiones estratégicas y China tiene que ser consciente de ello en el ámbito diplomático y geopolítico. El progreso chino en el comercio, inversión, cooperación militar y política con todos ellos cada vez es más notorio. En un contexto de crisis financiera mundial, las actividades chinas no pueden ser subestimadas, aunque su actuación con los países del Sur deje mucho que desear y no sea, aún, el «contrapoder» que el mundo espera a la hegemonía de EEUU. Si bien China no considera que haya llegado aún su momento (para ellos ese día llegará en el año 2027) la profundidad estratégica china es cada vez mayor y más evidente. Irán es sólo un ejemplo.

Notas:

(1) Alberto Cruz, «China inicia el cambio en la geopolítica internacional» http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article793

(2) Prensa Latina, 7 de mayo de 2010.

(3) Asia Times, 8 de junio de 2010.

(4) Efe, 14 de junio de 2010.

(5) Europa Press, 16 de junio de 2010.

(6) National Interest, 6 de junio de 2010.

(7) Washington Institute, 11 de junio de 2010.

(8) The Times, 12 de junio de 2010.

(9) Alberto Cruz, «Siria logra una nueva correlación de fuerzas en Oriente Próximo» http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article852

(10) The International Herald Tribune, 12 de junio de 2010.

Alberto Cruz es periodista, politólogo y escritor.

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