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Comentarios a las mociones del Congreso de Refundación Comunista

Fuentes: Il Manifesto / Sin Permiso

«Nosotros estamos de parte de la Iglesia, creemos en los valores de solidaridad, justicia, tolerancia, respeto y amor hacia los más débiles. Nos encontramos en el mismo plano sobre el que opera la Iglesia de siempre…Mi gobierno no puede sino complacer al Pontífice y a la Iglesia» No se puede decir ciertamente que se hayan […]

«Nosotros estamos de parte de la Iglesia, creemos en los valores de solidaridad, justicia, tolerancia, respeto y amor hacia los más débiles. Nos encontramos en el mismo plano sobre el que opera la Iglesia de siempre…Mi gobierno no puede sino complacer al Pontífice y a la Iglesia»

No se puede decir ciertamente que se hayan apresurado mucho, que se diga, en leer las mociones para el congreso de Refundación Comunista que tendrá lugar en Julio. Quizás el hecho de que vaya a ser un congreso, y dramático, que se decidirá por mayoría les hace tener en cuenta antes los pretextos que los textos. Pero es una equivocación. Son la primera reflexión, en caliente, sobre sí misma realizada por la izquierda que ha quedado excluida de la representación política, y de la cual Refundación Comunista ha sido durante dieciséis años la parte mayor y decisiva. El congreso deberá decidir -se ha dicho y escrito- si RC debe confirmarse como partido o abrir un proceso constituyente junto con las otras fuerzas de izquierda derrotada que sientan esa necesidad. En realidad eso ya se ha decidido: será el partido mismo el que defina su propia suerte, lo que tiene su lógica.

Todos sabemos, sin embargo, lo que es el congreso de un partido y qué otros mecanismos, no precisamente relacionados con las mociones, intervienen en él de forma prepotente, sean cuales fuesen al comienzo las intenciones de las diversas partes en disputa. Por otra parte, las otras formas conocidas de hacer política que también repiten, y no siempre de forma mejor, las liturgias: feminismos, ambientalismos, movimientos, no han logrado resolver el dualismo entre pluralidad y unidad, sin fragmentarse, con heridas y gritos. Nadie parece capaz, hasta el momento, de evitar la dificultad que entraña el hacer de cada grupo en sí y por sí y la unificación más o menos forzosa, más o menos flexible, de la abominada «forma partido del siglo XX». Los convencidos de que la forma sigue valiendo, que es «aquello que se hace» para decidir «quién y cómo se es» no satisfacen a nadie -la infrascrita sabe algo de todo eso-. Amén

Pero volvamos sobre las mociones, leerlas no haría ningún daño. Escritas en caliente, justo tras el trompazo electoral -que sigue siendo, ¡hay de mí! una brutal trompada en toda la cara contra el mundo que nos rodea- aquellas reflejan problemas que nadie, sea de izquierda o de centro, puede eludir razonablemente. No son documentos burocráticos si bien resultan, en ciertos puntos, repetitivos, y en alguna ocasión incluso contradictorios y convulsos. Son cinco. De ellos, uno, la moción de método que firmaba Franco Russo ha sido, por lo que parece, descartada de entrada: proponía que se instrumentasen medios de discusión más amplios que los de un congreso, que no se concluyese esta especie de sumario sobre la pérdida de consenso sufrida, con el nombramiento de un grupo dirigente y tan solo después pasar al congreso propiamente dicho de una fuerza política nueva, o renovada, o simplemente, confirmada

De las otras cuatro, dos -una firmada por el grupo que redacta «L´Ernesto», tras la escisión con «Ser Comunistas» (entre estos Fosco Gianni y Andrea Catone), y la otra sostenida por componentes de los comités políticos de diversas federaciones- parecen coincidir en la tesis de que Refundación Comunista debe volver a sus orígenes, es decir, ser un partido comunista de arriba abajo, asumir «luces y sombras» del pasado, trabajar por una ruptura con la línea de «apertura» surgida del congreso de Venecia, y en pro de un sindicato que se separe de una CGIL actualmente «reformistizada» (1) y, aunque se afanen por conseguir la unidad de las izquierdas de oposición, no confundirse con la misma. En coherencia con lo dicho la única apertura es hacia el partido de los comunistas italianos.

Estas mociones están en clara discontinuidad en relación con el reciente pasado de RC, para entendernos, con Fausto Bertinotti, y si bien aprecian esto o aquello de los movimientos, no pretenden identificarse con ellos. Se trata, y espero no ser excesivamente expeditiva, de encaminarse hacia una actualización del Pci o mejor, de un partido leninista. También el análisis de la fase presente está, salvo las actualizaciones, en continuidad con la tradición. Y al desvaimiento de de la misma es a lo que los firmantes le achacan la derrota electoral: Refundación Comunista ha desilusionado a aquellos a quienes había reunido en nombre de una historia y de su símbolo

En el centro del debate se encuentran, en mi opinión, las mociones 1 y 2. La 1 es presentada según riguroso orden alfabético, por Paolo Ferrero y muchos del grupo que había permanecido en la oposición interna de RC, como, entre otros, Claudio Grassi, Alberto Burgio, Nicola Nicolosi y ahora, también, Giovanni Russo Spena (me perdonarán todos aquéllos a los que no nombro, esto es una nota personal y destaco sobre todo a aquellos que conozco) También la moción 1 insiste sobre los errores de Refundación Comunista cometidos por el grupo dirigente -errores de los cuales todos los signatarios se sienten corresponsables , no es ésta una moción mezquina ni vindicativa-. Entre los errores destacan la no aplicación de las justas decisiones del Congreso de Carrara, al que por lo demás, todos rinden homenaje, y aquellas otras, que se han demostrado equivocadas, del Congreso de Venecia. Error capital entre estas últimas ha sido la infravaloración de la contradicción principal, la que existe entre «capital y trabajo». Refundación se había presentado y se había afirmado como el partido de los «sin medios de producción», del proletariado en el sentido moderno de la palabra, pensionistas y precarios, sobre los cuales esboza una análisis.

Se transparenta en las páginas, secas y precisas, la dureza de la experiencia hecha por Ferrero como ministro del gobierno Prodi -firme en sus prioridades pero leal en su conducta que bien poco ha podido manifestarse incluso en relación con aquello que parecía ya conseguido en el programa de la Unión- y la limpidez cultural de un Alberto Burgio, para quien Marx sigue siendo su punto de referencia, y la que se produce entre capital y trabajo sigue siendo considerada la contradicción principal. Consta aquí la autoacusación de todos los firmantes por haber contado demasiado con lo «político» en relación con los «social» y la exigencia de volver a trabajar prioritariamente sobre esto -pero sin caer en ninguna simplificación del marco global-. Lo que diferencia a esta moción de las dos anteriores es que no se trata pura y simplemente de proponer de nuevo la tradición, sino del empeño por aferrar la compleja realidad del presente en clave marxista, comenzando por los trabajadores en primer lugar. Esta no persigue ruptura alguna del sindicato, del que critica con dureza su actual orientación, ni del mismo partido de RC, que desea que permanezca unido también en la diversidad, y en lo que respecta a la parte de delegados que reunirá en torno a ella, en esto se empeña

La moción 2, para terminar, la más larga, lleva como primera firma a Nicho Vendola y recoge después en riguroso orden alfabético gran parte del anterior equipo dirigente Fausto Bertinotti, Alfonso Gianni, Rina Gagliardi, Patrizia Sentinelli, y otros. Esta moción parece haber sido escrita por una sola mano, la de Vendola, con su andadura apasionada. Es en mi opinión, la más articulada en el análisis y en la observación de los cambios del orden capitalista , pero extrae como conclusión del mismo que la centralidad del conflicto capital-trabajo ha llegado a su fin. Es el capitalismo mismo el que haría surgir nuevas subjetividades revolucionarias , entre las cuales tendría preeminencia la feminista, a la que dedica no mucho espacio, pero sí líneas más agudas que las otras mociones, y la ecológica entendida como explotación de los recursos naturales que en la actualidad se ha convertido en mortal. El «paso» específico de esta moción es que no suma un problema al otro ni los jerarquiza, suponiendo -según creo- que estos pertenecen a planos distintos y que no se pueden yuxtaponer

Esto la convierte en la moción más abierta a las otras izquierdas, y la más hostil a un simple retroceso identitario, sobre el que pone en duda que posea una consistencia efectiva. No está del todo clara la «forma partido» que se derivaría de todo esto, no limitada al rechazo del «centralismo democrático», en la que la pluralidad de las ideas queda confiada sobre todo a la comunicación, pero el análisis que se hace no permitiría fáciles recomposiciones verticales. Por otra parte, un mismo tema es tratado varias veces desde diversos puntos de vista y no sin tropezar en alguna dificultad. De todas las mociones, ésta es la más vivaz y problemática. Yo no dudaría en proponerle a Il Manifesto, que no es un partido, que abriese una discusión no genérica sobre los puntos que Vendola señala en el capítulo lll (lo que no quiere decir que no lo mereciera la tesis principal de las mociones «identitarias»): es sobre el problema, reiteradamente propuesto pero nunca abordado por el periódico, de la palabra «comunista»

En conclusión , en las mociones aparecen materiales para una elaboración a partir de los cuales una RC sólida y menos apática podría seguir viviendo, darse tiempo, y crecer sólidamente sin traumas catastróficos, al menos dentro de los límites de las mociones 1 y 2. El estilo es, por lo demás, muy correcto. Pero en un cuerpo tan severamente castigado las emociones, las heridas inferidas y recibidas, cuentan. Éste es un aspecto que o se aborda o les estallará inevitablemente entre las manos los protagonistas.

Dos últimas observaciones. No existe ni un documento ni tan siquiera trazas de elaboración por parte de las mujeres de Refundación -me refiero a las feministas- las cuales, sin embargo, habían desarrollado en el Forum una experiencia de trabajo común más rica que las de otros lugares. Unas han firmado una moción, otras, otra. Esto es, verdaderamente, una limitación, dado que una reflexión desde su punto de vista, y no solo sobre sí mismas ni desde un horizonte muy lejano, -el conflicto entre los sexos y la diferencia lo recorren todo, pero a medio y corto plazo no explican casi nada- hubiera sido muy valiosa. ¿Por qué no hablan sobre cómo se ha precipitado el cuadro político y social, y sobre las culturas que lo atraviesan? Hubiera sido muy valioso para nosotras y para ellos.

Y aún resulta más extravagante, aunque en mi opinión sea menos grave, el silencio de Liberazione sobre las mociones y la ausencia de Liberazione en las mismas. Y sin embargo, en más de una ocasión, el periódico ha sido objeto de contenciosos dentro de RC

Por lo demás, se podría discutir sobre el espacio otorgado a la situación internacional y a la globalización, pero es comprensible que el centro lo constituya la situación italiana: no son libros, sino documentos sobre una derrota. Y no es que, por su calidad, estén, precisamente, demasiado absorbidos por el asunto. Al menos, este es mi parecer. Espero que no resulte una ilícita injerencia.

NOTA T.: (1) La autora crea el neologismo «cislizzata» como participio del verbo «cislizzare» con el que recoge la opinión de quienes consideran que la CGIL, confederación sindical, antaño, de inspiración comunista, ha asumido el proyecto sindical de la CSIL, confederación tradicionalmente reformista.


Rossana Rossanda es una escritora y analista política italiana, cofundadora del cotidiano comunista italiano Il Manifesto. Acaba de aparecer en España la versión castellana de sus muy recomendables memorias políticas: La ragazza del secolo scorso [La muchacha del siglo pasado, Editorial Foca, Madrid, 2008]. Rossana Rossanda es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO .

Traducción para www.sinpermiso.info : Leonor Joaquín Miras