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Reflexión tras el 15 O en Italia

Destruir el miedo, afirmar lo común

Fuentes: nemoniente's blog

0. En la noche romana iluminada por el fuego de la Piazza San Giovanni hemos comenzado a preguntarnos por la jornada del 15 de octubre, sobre lo que ha supuesto en múltiples escalas geográficas que se cruzan para producir la dimensión global, sobre la fuerza y sobre ​la potencia surgida, sobre los problemas que supone […]

0. En la noche romana iluminada por el fuego de la Piazza San Giovanni hemos comenzado a preguntarnos por la jornada del 15 de octubre, sobre lo que ha supuesto en múltiples escalas geográficas que se cruzan para producir la dimensión global, sobre la fuerza y sobre ​la potencia surgida, sobre los problemas que supone a nuestra reflexión y a nuestras prácticas. Lo hemos hecho y continuamos haciéndolo como materialistas, convencidos – citando a uno de ellos -no reírse, no lamentarse, no odiar las acciones humanas sino comprenderlas. Intentamos hacerlo con estas notas, señalando algunos de los puntos que nos parecen más relevantes.

1. A partir de una convocatoria de los indignados españoles, la movilización del 15 de octubre se ha extendido a cientos de ciudades alrededor del mundo, demostrando la eficacia de un estilo de acción y un lenguaje político (el de los indignados) que mejor que otros parece adaptarse al modo asimétrica con que la crisis golpea a la sociedad en los diversos contextos geográficos. La profundidad del fracaso del desarrollo capitalista se refleja en el espejo global del 15 de octubre, ofreciendo un marco todavía parcial pero revelador de la intensidad de las luchas y las hipótesis constituyentes que comienzan a presentarse por todas partes. Extraordinarias han sido las movilizaciones de Madrid y Barcelona, finalizadas con asedios a los parlamentos, con ocupaciones de escuelas, edificios y hospitales. Pero muy importantes han sido también las manifestaciones en Estados Unidos, que han llevado a un observador atento como Immanuel Wallerstein a hablar del movimiento social más importante en este país desde el 68. También en este caso, la ocupación física de un espacio central en Nueva York y la indignación frente al poder de las finanzas han sido las principales características de una radicalidad que se ha extendido, sobre todo después de la ocupación del puente de Brooklyn, a otras ciudades los Estados Unidos. En torno a estos puntos altos de la dinámica de la indignación se han organizado otras iniciativas, más o menos consistentes desde el punto de vista de la participación, pero de todos modos esenciales para dar un alcance global a la jornada.

2. La manifestación de Roma se encuentra dentro de este marco con evidentes elementos distorsionadores, que ya habían aparecido claramente en la forma de la convocatoria y en el curso de su preparación. El politicismo y el provincialismo han pesado en Italia como en ningún contexto, y han sido demasiados los intentos para superponer el formato clásico de la «manifestación nacional» en una convocatoria que, en cuanto «desde fuera», garantizaba una movilización para la que ninguna fuerza organizada está hoy capacitada. Las lógicas de la representación (político-institucional y/o del movimiento) han introducido desde el principio elementos de «corrupción» en la construcción italiana del 15 de octubre. Y no es casual que la realidad de la lucha pero extraña a la lógica de la representación, como el movimiento NoTav y «los estados generales de la precariedad» hayan sido inmediatamente señalados por los medios de comunicación como «responsables» de los incidentes. La trama del precario amable y el militante razonable, mejor arrepentido, ha sido una constante en los días siguientes a la manifestación romana, esencial para la construcción de la fábula de un movimiento «bueno» (es decir, compatible con la lógica de la representación) y una minoría de «malos» y corrompidos. La Repubblica ha sido particularmente celosa en esta trama, compensada por una patética actividad «investigativa» para identificar las realidades políticas a criminalizar. Pero como sucede a menudo, el «partido del orden» se ha unido en un coro unánime de improbables aliados -de Di Pietro a Maroni, de La Repubblica al TG.

3. En todo caso, la manifestación ha sido gigantesca, recorrida internamente por una profunda diversidad social y cultural, incluso antes que política. El anti-Berlusconismo ha estado sin duda bien presente en el tono y los sentimientos de muchas y muchos de los participantes, y la hemos visto en masa ya en las plazas, y luego relanzada por propios los medios de comunicación (incluido La Repubblica), la cara más preocupante de la apología de la legalidad que ha atravesado en los últimos años a los movimientos mismos. En el otro lado, ha emergido la presencia de un área que ha caracterizado la primera parte de la manifestación con acciones directas, a veces contra objetivos claramente señalados (por ejemplo bancos), a veces con ciega furia destructora. Entre estas dos áreas, la manifestación estaba repleta de gruppi, gruppetti e gruppazzi, cada uno con sus planteamientos sobre cómo representar la unidad del movimiento manifestado en Roma. Nadie ha sido capaz de hacerlo, los planteamientos no han estado a la altura del problema político que la jornada del 15 suponía, cuando no eran poco realistas. Esta «densidad» de estructuras políticas que en formas diversas hacen referencia al «movimiento» es una peculiaridad italiana que ha acabado por actuar de freno con respecto al despliegue de dinámicas de unificación de la protesta que en otros lugares, por ejemplo en los dos casos citados anteriormente (en España y los Estados Unidos), se han desplegado de modo original y autónomo. Al vacío político abierto en Roma el sábado (pero que ya se había revelado en las semanas anteriores) la confusión se unió a la rabia, hasta el estallido de disturbios sociales en la Piazza San Giovanni, con horas de resistencias y ataques frente a la violencia policial, en la que participaron miles de jóvenes y no tan jóvenes. Aquí, con toda evidencia, conductas, prácticas, formas de estar en las calles (entre los que se mencionan los miles de otros manifestantes que simplemente se negaron a marcharse) han dado al choque un signo totalmente diferente a cuanto se había visto en las horas previas

4. Allí donde se ha manifestado en formas políticamente significativas, la dinámica de la indignación presenta características de ruptura radical, independientemente de que los enfrentamientos en las calles se expresen de formas diversas. Es evidente la ruptura con la representación política en España, partiendo del hecho de que el movimiento se formó contra un gobierno de «izquierda» en el que muchos habían visto el ascenso de un nuevo socialismo reformista, no pudiendo tener su interlocutor en el Partido Popular. Pero la ocupación de los espacios urbanos, la difusión en los barrios, las ocupaciones y las experiencias de autogestión de los servicios aluden a una dimensión plenamente constituyente. En los Estados Unidos por otro lado, en un contexto completamente diferente desde el punto de vista de las tradiciones y las dinámicas políticas, ha sido sobre todo la ocupación de los espacios urbanos, al precio de cientos de arrestos, como se ha expresado la radicalidad y la consolidación del movimiento. Difundida por todas partes ha sido también la consigna contra la deuda, que alude a un terreno esencial de la campaña común. Creemos que estos aspectos de radicalidad y ruptura marcan un punto de no retorno para el desarrollo de las luchas y de los movimientos dentro de la crisis. Se tratará «traducir» a los diferentes contextos, sin pensar que hay modelos «universales» (o «globales»). ¡Pero no hay vuelta atrás! Frente a los procesos de precarización laboral y existencial, de empobrecimiento generalizado, de exclusión y desclasamiento, de expropiación financiera, de marginación social, que muestran su cara más feroz en la crisis, la radicalidad de las prácticas debe implantarse sobre una composición social que cada vez más encuentra en la pobreza su figura conjunta. Todo esto es producto del capital. Y nos parece que las luchas dentro de la crisis deben ser, y son sobre todo, luchas contra el capital y contra la pobreza que nos impone.

5. Si este es el escenario que se prefigura para los próximos meses, se trata de comprender que la pobreza es experimentada desde posiciones subjetivas muy diferentes, muy heterogéneas. Esta heterogeneidad es un elemento constitutivo de la composición del trabajo vivo contemporáneo. No nos dejemos engañar por la retórica, ciertamente útil para contruir movilizaciones no sin dificultades, del 99% de la población frente a las oligarquías financieras: sugiere una imagen de solidez y homogeneidad de los referentes «sociales» del movimiento que, obviamente, no se refleja en la realidad. Comportamientos destructivos, si no auto-destructivos, son connaturales a algunas de estas posiciones subjetivas. Cuando algunas periferias de la pobreza, como había ocurrido en Roma el 14 de diciembre y nuevamente el 15 de octubre, salen a las calles, no hay que esperar sus propuestas de reforma constitucional. Se había visto con la revuelta de las banlieues francesas en 2005 y se ha visto nuevamente en Inglaterra este verano. No se trata de hacer una apología «esteticista» de los comportamientos que han caracterizado estas insurgencias. Se trata, ante todo, de elegir de qué parte estar. Y hay una gran diferencia entre estar con los pobres, incluso si destrozan todo, y no estar de su parte- considerándolos apestados, leprosos. Los medios de comunicación, la policía y el sistema político no tienen dudas de qué parte estar. Nosotros tampoco.

6. Sólo un programa positivo, mayoritario, materialmente definido puede probablemente vencer las eventuales características destructivas de algunos sectores del movimiento de los pobres. Diciéndolo en los términos más simples posibles: el problema de cómo estar juntos en una manifestación el artista del Teatro Valle condenado a la precariedad y el adolescente de Tor Bella Monaca que probablemente no irá jamás al teatro, es el problema que nos hacemos cuando hablamos del programa. El hecho incluso de que la mera alusión a este programa sea fallida en la preparación de la manifestación romana del 15 de octubre es ampliamente reconocido en el debate que atraviesa el movimiento estos días. Como mucho se advierte la presencia por parte de algunos componentes de un «programa mínimo» construido enteramente en torno a líneas de alianza sindical y político-institucional (y no es de extrañar que para muchos este programa mínimo sea un «oportunismo máximo»). A esto se añade la falta de objetivos caracterizados por la radicalidad, inmediata legibilidad y potencial compartido por la inmensa mayoría de los manifestantes. Era esta, sobre todo considerando la imponente manifestación, una limitación básica que ha tenido un papel importante en la determinación de la dinámica romana el sábado pasado. Realmente grotesco, en particular, parecía el intento de revivir para la ocasión del 15 de octubre el modelo de «foro social». Ha sido grotesco porque no tenía en cuenta los profundos cambios que se han producido con respecto a una época de luchas y movilizaciones sin duda importante, pero que había conocido, entre otras cosas, la propia derrota en una dinámica de representación en el terreno de la opinión pública y la sociedad civil, habiendo sido su expresión el propio modelo de «foro social». La derrota de la extraordinaria movilización global contra la guerra en Irak el 15 de febrero de 2003, cuando millones de mujeres y hombres salieron a las calles de todo el mundo llevando al New York Times (y al inefable La Repubblica) a hablar de la «segunda potencia mundial», sigue viva en la memoria de los movimientos. Imaginamos que el 15 de octubre se recordó con nostalgia la oceánica manifestación romana de aquel día de febrero. Muchos hemos pensado en la impotencia sentida en aquella ocasión ante una guerra que se iniciaba y que no conseguimos detener. Y más bien se ha advertido una cierta similitud entre aquella sensación de impotencia y la confusión de muchos de los manifestantes romanos el 15 de octubre. Ni en las calles españolas ni en el Zuccotti Park de Nueva York se ha respirado esa sensación de impotencia y confusión.

7. En torno al método -vale la pena destacarlo- los movimientos italianos conocen una limitación de fondo: nunca han sido capaces de atrapar horizontalmente, en la masificación del movimiento, la singularidad de las decisiones, es decir la decisión deseada por todos, y que solo nace cuando primero se habla, cuando se discute en profundidad, cuando se debate sin miedo de ser escuchado, sin querer intervenir inmediatamente. Esperemos que cuánto ha ocurrido no represente la última aventura de los movimientos nacidos en los años noventa, que reconocieron en la forma manifestación el evento decisivo. Hoy hay un nuevo movimiento, que considera lo común constituyente como su horizonte y el debate sin miedo y sin autoridad como su método. En Italia, este movimiento se ha expresado en torno a las elecciones administrativas y el referéndum de la primavera pasada, en las luchas contra el TAV en Val di Susa, vive en las miles de experiencias de auto-organización y en las luchas de precarios y migrantes. Se trata de darles espacio y voz, sabiendo que sólo un proyecto constituyente puede unificar a todos en el movimiento. En España, el aspecto clave de esta unificación ha sido sin duda la acampada. La convivencia en las calles. Después se desarrollaron las asambleas de barrio donde se han asumido las funciones de la emancipación concreta del proletariado multitudinario. Se trata de cámaras del trabajo metropolitano y centros de ocupación de empleo y de autogestión de las instituciones del Welfare abandonadas hoy por el Estado. Pero hay más. La clave del modelo constituyente de la vida conjunta está en la destrucción del «miedo» que muchos sienten cuando se trata de estar juntos. Una destrucción practicada con experiencias pacíficas, colectivas, de masas, -cuando esto es posible-, sin ceder jamás a abandonar a los más pobres de la sociedad, los sin techo, los hipotecados, los endeudados, los nuevos pobres, y todas las demás víctimas del saqueo capitalista actual. No tener miedo es resistir al poder y expresar potencia de invención, de producción social y política. En torno a las luchas contra la deuda, las privatizaciones, contra la especulación de las » grandes obras «, por la organización común de los servicios de bienestar y por la reapropiación de la renta financiera, algunos elementos del programa están empezando a definirse materialmente. Ciertamente, no es dentro de los límites de los estados nacionales que estos elementos pueden componerse eficazmente. La conquista del espacio europeo, machacado por la crisis y transformado en su misma geografía tanto por la propia crisis como por los movimientos de revuelta en el Magreb, vuelve a ser una tarea inmediata y extraordinariamente urgente para las luchas y los movimientos.

PD: mientras escribimos muchos jóvenes están todavía en prisión. Pidamos su inmediata excarcelación. Es el deber común de todas y todos. Nadie puede tener dudas sobre esto.

Fuente: https://n-1.cc/pg/blog/read/893643/destruir-el-miedo-afirmar-lo-comn