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Ecuador: En vísperas de las elecciones municipales

Fuentes: Correspondencia de Prensa

Este próximo domingo 17 se realizarán elecciones en todo el país para renovar los gobiernos municipales y municipales. Han transcurrido apenas dos años desde las elecciones presidenciales en que triunfó Lucio Gutiérrez; dos años, y sin embargo, el ambiente es completamente otro. Es que el fracasado paso por el cogobierno dejó lesionadas las organizaciones, los […]

Este próximo domingo 17 se realizarán elecciones en todo el país para renovar los gobiernos municipales y municipales. Han transcurrido apenas dos años desde las elecciones presidenciales en que triunfó Lucio Gutiérrez; dos años, y sin embargo, el ambiente es completamente otro. Es que el fracasado paso por el cogobierno dejó lesionadas las organizaciones, los ánimos y la influencia espiritual de la izquierda y de los movimientos populares. Y dejó una derrota política que -si se profundiza- puede significar que entremos a una nueva etapa en la lucha de clases, una etapa en que la correlación de fuerzas jugará en contra de los sectores populares y de las posibilidades de transformación social.

En este ambiente se realizan las elecciones: un ambiente en el que la izquierda prácticamente ha desaparecido como opción independiente, un ambiente en que las amplias masas se han dejado ganar por el desgano y por el clientelismo, un amiente que vuelve a ser copado por los partidos tradicionales: la derecha, con el partido Socialcristiano, seguramente continuará controlando Guayaquil, la ciudad más poblada y el más importante centro económico, y su provincia, Guayas. Probablemente el populismo de derechas del partido Roldisista (del expresidente Bucaram, derrocado por las movilizaciones populares de febrero de 1997) y del partido Renovador Independiente (del empresario más poderoso del país, Álvaro Noboa) se repartirán una gruesa franja de votación en el resto de la costa ecuatoriana. Y es muy probable que la Izquierda Democrática (socialdemócrata, del expresidente Borja -1988-92-) mantendrá su control sobre Quito, la capital, y segundo centro en importancia.

De este modo, las posibilidades de profundizar modificaciones en el mapa político, que, de cualquier modo, se habían abierto en el 2002, pueden retroceder muy seriamente. Aún si Pachakutik logra mantener su presencia en las provincias y cantones de mayor población indígena de la sierra ecuatoriana. Aún si el ex maoísta Movimiento popular democrático o el desteñido partido Socialista lograran algunos resultados favorables.

Una derrota política

Hemos dicho que el cogobierno con Gutiérrez se ha saldado con una derrota para los intereses de las clases trabajadoras y del pueblo. Las posibilidades de acumulación de fuerzas, de construcción de una alianza de los sectores subalternos para enfrentar al capital y al imperio fueron desaprovechadas. Por el contrario, Gutiérrez se convirtió permitió, con sus desplazamientos hacia la derecha y su búsqueda de sustento en el derechista partido Socialcristiano y en el populismo del PRE y del PRIAN, rearmar el frente de las clases dominantes.

La derrota política fue el signo del paso por el gobierno, y ha seguido marcando el devenir de las izquierdas aún después de la ruptura con Gutiérrez, apenas pocos meses más tarde de inaugurado el gobierno. Y marca también su presencia en estas elecciones seccionales.

Una derrota política, por lo menos en dos frentes. Por una parte, en el enfrentamiento al neoliberalismo; en estos dos años se ha avanzado en la aplicación de las propuestas neoliberales (y en la sumisión a los intereses geopolíticos del imperialismo norteamericano) más que en los últimos cuatro gobiernos.

Por otra parte, en la construcción política de una opción alternativa al neoliberalismo y al capital. El paso por el gobierno dejó desmovilizado y desarmado ideológica y políticamente al movimiento. Florecieron disputas e intereses particularistas que torpedearon los difíciles acercamientos que se habían adelantado hasta entonces. Los sectores dominantes en os movimientos y en las organizaciones políticas profundizaron una ya iniciada deriva reformista que los acerca al «centro izquierda» y a la socialdemocracia; y profundizaron un saber político básicamente oportunista que deja de lado gustosamente os principios a cambio de obtener uno que otro «resorte de poder» (es decir, un puesto aquí y otro allá dentro de la institcionalidad estatal).

Ciertamente, que eso representa también una oportunidad: la clarificación de los campos políticos; sin embargo, la extrema debilidad de la izquierda radical y revolucionaria no ha permitido que, al menos hasta ahora, la posibilidad pueda devenir realización.

Alianzas, retrocesos y resignación de la independencia política

Y es así: la participación de Pachakutik, del Partido Socialista y del Movimiento Popular Democrático en las elecciones del domingo es tributaria de este ambiente. Por primera vez desde el «retorno a la democracia» en 1979 la izquierda se ha desvanecido en la capital política del país. Pachakutik se ha mimetizado en la Izquierda Democrática, concertando una «alianza» que le queda corta a la palabra: el acuerdo 12-18 (los números electorales correspondientes, respectivamente, a la ID y al Pachakutik) es apenas la inclusión de un candidato pachakutik en la lista, enteramente tomada por la ID. Las propuestas del candidato proveniente de Pachakutik no se diferencia en nada del discurso del candidato Paco Moncayo (socialdemócrata, que aspira a la reelección) y, más bien, procura mostrarse lo más apegado a ella (y a la imagen del Alcalde candidato). Incluso los afiches que adornan algunos postes de la ciudad muestran una ausencia total del nombre, los símbolos y los colores de Pachakutik.

El Movimiento Popular Democrático, que gusta autodenominarse como la «única izquierda revolucionaria» optó por cobijar sus listas bajo el ala de la candidatura del mismo Moncayo. Y el partido Socialista (¿socialsta?) optó por arrimarse a la candidatura de Rodrigo Paz, el principal empresario de Quito, propietario y accionista de bancos, empresas inmobiliarias y cadenas comerciales.
La deriva reformista y la mentalidad oportunista se traducen en la resignación absoluta de la independencia política, marcando un serio retroceso en todo lo que el movimiento popular había logrado construir desde 1995. Es verdad: estas alianzas podrían permitir ganar una concejalía en Quito, quizás algún otro puesto por aquí y por allá. Pero seguirá siendo una derrota política, porque será la reafirmación del retroceso y el abandono, probablemente no sólo coyuntural, de una perspectiva de independencia política de los sectores populares. Y también el abandono de la disputa del espacio político a la socialdemocracia en la conciencia de las masas populares.

Ventajosamente, en otros cantones y provincias del país el movimiento indígena ha logrado mantener una línea distinta y sostenerse como opción independiente. Y habrá que ver entonces para dónde soplan los vientos después de la jornada del domingo. Es decir, si las corrientes radicales y revolucionarias logran construirse un espacio de propuestas políticas que enfrenten al reformismo y al oportunismo sin caer en el sectarismo.

Mario Unda es militante de la Corriente Democracia Socialista (sección ecuatoriana de la IV Internacional)