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En el año III d.c.

Fuentes: UniNomade

Creo que tenemos que mantener todas las opciones sobre la mesa. No sabemos por dónde va a ir la economía.   Ben Bernanke, intervención en la Comisión de servicios financieros de la Cámara de representantes, 13 de julio 2011   Excepto por el presente estado del viejo mundo que se está consumiendo como un pergamino en […]

Creo que tenemos que mantener todas las opciones sobre la mesa. No sabemos por dónde va a ir la economía.

  Ben Bernanke, intervención en la Comisión de servicios financieros de la Cámara de representantes, 13 de julio 2011

  Excepto por el presente estado del viejo mundo que se está consumiendo como un pergamino en el fuego

  Gerrard Winstanley, The True Levellers Standard Advanced, 26 de abril de 1649

1. En el año III d.c. (de la crisis), hemos visto cosas maravillosas. Luchas y revueltas han recorrido las dos orillas del Mediterráneo a un ritmo vertiginoso. Movimientos de huelga social, de Francia a Grecia, han prefigurado nuevas formas de lucha detrás de nombres antiguos. Una composición de clase en formación, precaria y con un fuerte componente cognitivo, ha invadido las calles de Londres y Roma enfrentándose duramente con la policía a finales de otoño. Poco después, en Túnez, esta misma composición de clase ha obligado a huir al tirano de turno en cuestión de días. Las acampadas españolas han hecho entrever (y vivir a quienes han participado en ellas) la potencia constituyente del movimiento de indignación que como un río subterráneo está atravesando Europa. En Italia, después, un movimiento que en modo alguno puede ser reducido a la simple dimensión electoral ha puesto fin a la era berlusconiana en Milán, ha desplazado todo el interés a Nápoles y ha sancionado con el referéndum el carácter mayoritario de las luchas contra el saqueo de los «bienes comunes». En el Valle de Susa, poco después, este mismo carácter mayoritario se ha expresado en el asedio a las obras del tren de alta velocidad a principios de julio, sostenido por todo el movimiento NOTAV.

Mientras tanto, la violencia del capital financiero se ha desarrollado en Europa con un poder destructivo devastador. Grecia, Portugal, Italia: basta evocar los nombres de estos tres países, en condiciones tan diferentes a lo que atañe a aquello que los analistas llaman los «fundamentales» de la economía, para comprender la dimensión global de la crisis y los ataques del capital financiero. La lógica de saqueo, como la han definido Ugo Mattei y Laura Nader, está lejos de caracterizar sólo la «prehistoria» del capital: su llamada «acumulación primitiva» no sólo recorre toda la historia sino que se presenta nuevamente con una intensidad sin precedentes en la época de la financiarización del capitalismo. Todo, desde una la isla del Egeo a los servicios sociales básicos de los países, debe ser violentamente «cercado» para abrirlo a la lógica de la propiedad privada, la ganancia y la acumulación. Sólo así es posible extraer nuevo valor y ponerlo en los mercados financieros globales, garantizando la continuidad del comando capitalista sobre el trabajo y la cooperación social, sobre la vida misma. La racionalidad de este comando es tan clara como las palabras de Ben Bernanke citadas en el epígrafe, con las que ha diseñado los escenarios futuros de la «economía» en la Cámara de los diputados estadounidenses.

Es cierto, como hemos dicho y escrito en estos años, que el uno se divide en dos, que las ganancias, la acumulación y el comando del capital solamente pueden imponerse violentamente sobre la composición de la que, con Marx, seguimos llamando composición del trabajo vivo contemporáneo. En los próximos años, nadie podrá eludir posicionarse. Y si en el crepúsculo, en la época de la financiarización y el capitalismo cognitivo, seguimos entreviendo las luces del amanecer, de la llamada «acumulación primitiva», repetimos -con el riesgo y la mirada larga que debe volver a caracterizar el discurso político- las palabras de Gerrard Winstanley, el líder de los Diggers, en el amanecer (en la revolución inglesa de los años los años 40 del siglo XVII) se posicionaba así: «el viejo mundo se está consumiendo como un pergamino en el fuego».

2. No cabe duda de que las palabras de Winstanley tienen una validez casi literal cuando se interpreta la referencia al «viejo mundo» en un sentido habitual mucho después, es decir, traducido por «Europa» . Nos parece verdaderamente increíble la pobreza del debate esta semana sobre la dimensión europea de la crisis. Se lee, en los periódicos no sólo italianos, que los países (los Pigs, o los Piigs en cuanto Italia ingrese en el grupo) se arriesgan a caer ante los ataques de la «especulación», «arrastrando» con ellos «al abismo», a toda la Unión monetaria europea. Como si no fuese evidente (y bien documentado) que el ataque de las finanzas globales está dirigido desde hace meses contra el euro y contra la Unión Europea como tal. «Incluso» Alemania, se vaticina, correría el riesgo de ser «arrollada» por las responsabilidades de los demás, se entiende que por la inclinación innata de los europeos «meridionales» al despilfarro, como si no fuese evidente (y bien documentado) que «la prosperidad» alemana de estos años se ha basado, más allá de sus procesos de marcada «dualización» del mercado de trabajo, precisamente en la moneda única, que ha garantizado las exportaciones alemanas, en particular a los países de la Europa mediterránea (y no es casualidad que abundan en las carteras de los bancos alemanes los títulos griego, por ejemplo). Mientras tanto, bajo el impulso de las revueltas del Magreb y el Mashreq, y frente a la continuidad de las migraciones en ese área, también la libre circulación dentro del espacio Schengen (el otro símbolo, con el euro, del «éxito» de la integración europea) ha sido fuertemente cuestionada en los últimos meses. ¿No bastan estos pocos datos para certificar el estado semi-comatoso de la Unión Europea? Y entretanto, frente a una crisis global que hasta muchos economistas mainstream han interpretado como un signo de la crisis del neoliberalismo, el Banco Central Europeo sigue repitiendo, como un disco rayado (pero con consecuencias sociales devastadoras), el mantra del monetarismo, que siempre ha constituido el hardcore del neoliberalismo. El equilibrio presupuestario, que el buen Tremonti querría escribir en la Constitución (como un baluarte, supuestamente, para combatir el «mercantilismo» que ha predicado durante años), es la traducción del punto de vista de las «recomendaciones» a los gobiernos.

En los días más calientes del debate parlamentario sobre las medidas de «austeridad» en Grecia, un miembro del KKE (Partido Comunista Griego) mantuvo un encendido discurso, argumentando que su país había perdido su «soberanía». Lo que sorprende es que la referencia al discurso de aquel diputado esté tomada del «Financial Times«, que ha elogiado su «coraje» por haber dicho -sólo él- «la verdad». Ahora, esta «verdad» también la hemos experimentado en Italia. No sólo teniendo en cuenta la entidad y la composición de la maniobra realizada por el gobierno, sino también (sobre todo podría añadirse) las posiciones asumidas por la oposición en estos días. No podemos aquí entrar en los detalles de las medidas individuales y las críticas avanzadas de lo que Bersani ha llegado a definir como una una «maniobra de clase» (Andrea Fumagalli ha comenzado a hacerlo). Lo que es sorprendente es el respeto absoluto que muestran la oposición y sus medios de comunicación con respecto a figuras como Giorgio Napolitano (actualmente cerca de la santificación), Mario Draghi y Mario Monti: se ha llegado a hablar de un «triángulo» compuesto por el Presidente, el Banco de Italia y el gobierno, en cuya debilidad y corrupción se explicaría el ataque de la «especulación» a Italia y el riesgo de impago (default). Que este riesgo se mencione catastróficamente en estos mismos días en los Estados Unidos no parece perturbar la lógica de este análisis (¡quizá también sea culpa de Berlusconi!): se trataría sólo de intervenir sobre el tercer vértice del triángulo, sustituyendo a Berlsuconi con una personalidad «de confianza» y con fuerzas políticas «responsables» (¿será otra vez el momento de Scilipoti?) y asunto resuelto.

¿Y luego? Luego, repiten todos, será el momento de los «sacrificios», por supuesto repartidos equitativamente por el «bien del país». La palabra -«sacrificios»- la ha susurrado un par de veces incluso el buen Vendola, el cual recordará los buenos tiempos de su juventud y cuánto agradaba esa palabra a Enrico Berlinguer, secretario de su partido. A aquellos de nosotros que teníamos uso de razón se nos llamaba entonces «untorelli» *. Pero incluso los más jóvenes saben que la austeridad y los sacrificios no trajeron nada bueno al propio Partido Comunista en los años setenta. Les sirvieron nada más para imponer, con cierta violencia, la «paz social» (llamada «solidaridad nacional»), que necesitaba el capital para lanzar una tremenda ofensiva que envolvería al poco tiempo al propio Partido Comunista y a todo el movimiento obrero oficial. Tenemos la impresión de que las cosas no serían muy diferentes esta vez… Pero hoy la confrontación se ha desplazado por completo fuera de las fronteras nacionales (dentro de estos límites, como demuestran los acontecimientos de los últimos meses, solo hay espacio para una gestión populista y racista de la crisis por parte de la derecha). Hic Rhodus salta, una vez más: estamos en condiciones de conquistar un terreno europeo en el que agitar la lucha y establecer una relación de fuerza favorable frente al capital financiero o, políticamente, no hay alternativas a los «sacrificios». Esto significa en primer lugar atacar la ortodoxia monetaria del Banco Central Europeo y el Pacto de Estabilidad sobre el que se fundamenta el euro hoy en día. Sólo el aumento, la intensificación y la circulación de las luchas en los próximos meses, puede hacer posible que este objetivo sea factible (posibilitando a la vez las condiciones de una refundación del proyecto europeo), de lo cual es necesario empezar a hablar, y con cierta urgencia.

Hemos dicho muchas veces, en los últimos años, que si el movimiento obrero ha crecido históricamente alrededor de la invención de una forma de lucha, la huelga, que ha permitido extorsionar al capital industrial, hoy se trata de imaginar y experimentar instrumentos de lucha que obliguen al capital financiera a pagar. Lo hemos dicho (y lo repetimos) conscientes de la enorme dificultad de esta tarea. Sabemos que los mercados financieros globales han secuestrado y cotizado nuestras vidas, y de este chantaje se vale el capital financiero para dictar las políticas y los «sacrificios» a los países. De aquí deriva la dificultad de imaginar, en una situación como la griega (o como la italiana), una política que apunte a la aceleración y a la gestión del impago: las consecuencias sociales de una quiebra del Estado serían catastróficas (se repite con alguna razón). Mientras tanto, se podría recordar que hace diez años, una «catástrofe» similar se abatió sobre un gran país latinoamericano, Argentina, pero la catástrofe fue acompañada, forzada, dirigida por un gran movimiento insurreccional, que a costa de decenas de muertes abrió una nueva etapa política en aquel país. Está bien recordar lo que sucedió: durante meses las luchas provocaron extraordinarios experimentos de auto-organización económica, social y política que sedimentaron una nueva (y en absoluto material) realidad de la cooperación y la solidaridad. Sobre esta realidad se instaló un gobierno «espurio» en modo alguno «revolucionario», el gobierno de Néstor Kirchner, que a través de relaciones ambivalente con las luchas y los movimientos, nuevas políticas y una nueva gestión de la interdependencia a escala continental, ha hecho de Argentina el país que es hoy: un país sobre el cual ciertamente no reluce el «sol del porvenir», pero donde también es verdad que se vive mejor que hace diez años.

Es cierto que en Argentina el peso estaba obligado a la paridad con el dólar, pero esto de ningún modo puede compararse con la situación que se da hoy en Grecia e Italia debido a la existencia del euro (y lo mismo puede decirse de Islandia, el otro país sobre cuya gestión del impago sería útil detenerse). Es precisamente por esto que insistimos en la dimensión europea e invitamos a discutir sobre el escenario de una europeización del impago. Nos parece que es realmente el único escenario que, con todas sus enormes dificultades, permite escapar al chantaje del capital financiero y a los ceñudos narradores de la necesidad de «sacrificios».

3. La conciencia de esta necesaria perspectiva europea vive de modo ambivalente y todavía insuficiente dentro de las luchas de las que partimos (y de muchas otras que no hemos mencionado). La sensación de haber llegado a un límite que es necesario superar es fortísima. Es en este sentido que, en el seminario de Génova sobre la «composición de clase y la organización del común», hemos hablado sobre el fin de la resistencia, entendiendo con esta fórmula el agotamiento de la caracterización puramente «defensiva» de las luchas. En principio, hablar del fin de la resistencia tiene un sentido simple, es decir, se refiere a la percepción generalizada de que no hay mucho que defender, y que de todos modos la postura defensiva lleva generalmente a la derrota. Pero precisamente esta sensación de límite está comenzando a alimentar, a nivel popular, el deseo y la necesidad de ir más allá, de reabrir un terreno programático y la construcción de una alternativa. Es sobre este terreno que UniNomade tiene que ponerse a trabajar con mayor decisión. Sin ninguna arrogancia: somos conscientes de la enorme riqueza de los debates y de las prácticas que atraviesan los movimientos y las luchas, así como la existencia de una multiplicidad de lugares y de sujetos que surgen sobre este mismo terreno. Queremos dialogar y colaborar con todos, aportando nuestra contribución, ayudando a identificar y resolver cualquier equívoco. Un par de ejemplos sobre la situación italiana pueden ser suficientes por el momento.

Inicialmente hacíamos referencia al carácter mayoritario que habían asumido en Italia las luchas contra el saqueo de los «bienes comunes». La extraordinaria campaña del agua, coronada con el éxito del referéndum, ha sido decisiva para afirmar este carácter mayoritario. Sin embargo, el combate se ha reabierto inmediatamente: la maniobra financiera ha excluido el agua de la nueva tanda de privatizaciones, pero para compensar ha incluido el transporte, la electricidad y el gas golpeando con dureza a la sanidad. Pero incluso con respecto al agua no está todo cerrado: una vez establecido el principio de la «publicidad» del agua, tenemos que identificar las formas de su canalización y distribución (el conjunto de intervenciones que hacen que incluso un «bien» aparentemente tan natural como el agua sea socialmente útil). El referéndum sin duda ha dado una respuesta unívoca en este sentido, pero las tentativas de sortearlo ya están en marcha. Y, sinceramente, hemos apreciado una intervención de Nichi Vendola en el «Manifiesto«, hace un par de semanas, explicando «técnicamente» con que profundidad la «mano pública» ya ha sido corrompida, incluso en una región como Puglia, por la contaminación de la lógica y los imperativos del capital financiero (por no mencionar otras formas de «corrupción»). El problema que parece surgir con claridad es al que nos hemos referido a menudo acerca de la distinción entre el concepto de común y el de «bienes comunes»: mientras que el primero se constituye críticamente contra la imagen especular de lo «privado» y «público», destacando la materialidad de los procesos de producción social que hacen incluso del agua algo «común», el segundo se arriesga a confirmar la idea de que se trata simplemente de defender algo que ya existe, descontando la inevitable proximidad, dentro del capitalismo, entre «bienes» y «mercancias». Sabemos que muchos compañeros y compañeras que han participado en la campaña del referéndum sobre el agua y se han comprometido en las luchas contra el saqueo de los «bienes comunes» (pensamos por ejemplo en Ugo Mattei y Guido Viale) son perfectamente conscientes de estos problemas. Nos dirigimos a ellos para ponerlos en el centro del debate político, para empezar a pensar en la construcción de nuevas «instituciones del común» y sobre cómo conquistar para el común instituciones y estructuras «públicas».

Otro ejemplo de las dificultades y los equívocos en los que se desarrollan los movimientos y las luchas es la extraordinaria movilización del pasado otoño en contra de la «reforma» pretendida por la «ministro» Gelmini. Esta movilización fue extraordinaria no sólo por la intensidad, duración y participación popular: lo ha sido también porque con la participación de todo el mundo de la enseñanza, ha hablado un lenguaje distinto al de los movimientos universitarios tradicionales (el lenguaje de la precariedad y del trabajo cognitivo en formación) y ha propuesto -al menos por algunos de sus componentes- el problema de construir una «nueva» universidad. Sin embargo, también este movimiento se agotó cuando la ley Gelmini fue aprobada por el Parlamento, esto es, en el momento en que habría que haber intensificado los esfuerzos para proyectar y experimentar nuevos experiencias formativas y un sabotaje inteligente de la ley en su fase de ejecución . Estamos convencidos de que los que han interpretado el movimiento del otoño como un movimiento en «defensa de la Universidad pública» pueden haber contribuido a esta desmovilización. La propuesta de un referéndum para derogar la ley Gelmini, sobre la cual hemos debatido con los colectivos estudiantiles, profesores y sindicatos, es ejemplar en este sentido: evidentemente impracticable (considerando principalmente la reputación de la Universidad en el electorado italiano), ha acabado por acompañar el duelo por su pérdida, confirmando la idea de que en la Universidad antes de la «reforma» Gelmini hubiese algo por lo que valiese la pena luchar. Cosa de la que es razonable dudar, como hemos explicado otras veces. En pocos meses, en condiciones diferentes, la situación se habría repetido con el gran investimento hecho por sectores del movimiento y la izquierda sobre el «sciopericchio» del 6 de mayo, o mejor con la astuta operación con la que Susanna Camusso ha inaugurado su temporada de secretaria de la CGIL, arrinconando a la FIOM, suspendiendo por un par de meses los conflictos y huelgas del sector y allanando el camino para el regreso de su Confederación a la mesa de concertación para definir el nuevo sistema contractual.

4. El año III d.c. también ha sido el primero de una nueva etapa en la historia del colectivo UniNomade (a la que, con poca imaginación, hemos llamado UniNomade 2.0). El lanzamiento del sitio y un par de seminarios temáticos (sobre China y sobre el «derecho del común») lo han inaugurado de algún modo, mientras que el seminario de junio en Génova ha representado una primera experiencia de intervención directa sobre el terreno que aquí hemos definido como «programático». En Génova nos hemos enfrentado con la realidad del movimiento heterogéneo, con laboratorios de investigación e investigadores e investigadoras individuales, siguiendo un método que nos proponemos proseguir el año próximo. Tres seminarios, preparados con un trabajo de construcción e investigación sobre el plano territorial, están ya en marcha: uno sobre los escenarios de un nuevo welfare (que llamamos commonfare), otro sobre las transformaciones de la empresa (sobre la forma en que se comanda la cooperación social, pero también sobre las «funciones contraempresariales» que viven en la cooperación) y uno más sobre la nueva realidad de la constitución (contra el fetichismo constitucional tan extendido en Italia, para analizar la constitución material emergente y empezar a imaginar una constitución «fundada en el común»). A partir de ahora, coherentemente con cuanto hemos escrito, proponemos estos seminarios dentro de una dimensión europea (consolidando las muchas relaciones que hemos hecho este año y construyendo otras nuevas, sobre todo en la orilla sur del Mediterráneo que es hoy más que nunca para nosotros un elemento fundamental de todo pensamiento en Europa). Y vamos a tratar de contribuir a la construcción de redes y espacios de discusión a nivel europeo. Es un programa extraordinariamente comprometido para un colectivo como UniNomade, del que advertimos su radical insuficiencia. A todos aquellos que comparten con nosotros este sentimiento de insatisfacción con lo que son y lo que hacen, a todos aquellos que siguen soñando con asaltar el cielo y el «sogno di una cosa», llamamos, sencillamente, a echarnos una mano.



* UniNomade es una red de investigadores, profesores, estudiantes y activistas del movimiento que desde el 2004 ha iniciado un recorrido de recomposición de la inteligencia crítica en torno a un deseo común: el de construir un dispositivo de autoformación y debate público sobre los conceptos, los lenguajes y las categorías que las experiencias teóricas y prácticas de los movimiento han expresado en estos últimos años (http://uninomade.org)

* Nombre con el que se llamaba en las épocas de peste, a personas a las que se acusaba de contagiar la peste untando las puertas. En sentido figurado, pobre diablo.

rCR