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En el pantano

Fuentes: La Vanguardia

Lección de Portugal: desgaste del Gobierno y prima para la nueva izquierda, sin ganas de imitar a Grecia. De Lisboa no llega un fado triunfal y José María Aznar pega otro aldabonazo en la puerta del PP Los aficionados a los paralelismos entre Portugal y Catalunya estarán hoy de enhorabuena. Una semana después de que […]

Lección de Portugal: desgaste del Gobierno y prima para la nueva izquierda, sin ganas de imitar a Grecia. De Lisboa no llega un fado triunfal y José María Aznar pega otro aldabonazo en la puerta del PP

Los aficionados a los paralelismos entre Portugal y Catalunya estarán hoy de enhorabuena. Una semana después de que Catalunya haya empatado su plebisicito electoral, bordeando la maresma, Portugal decide adentrarse en el pântano . No habrá mayorías bien atornilladas en Lisboa y en Barcelona. Y a finales de diciembre veremos si la hay en Madrid.

Después de cruzar apuestas en favor de la continuidad contable de Pedro Passos Coelho y el matizado regreso al gasto público de António Costa, los portugueses han fabricado un resultado complejo y algo confuso del que probablemente saldrá un gobierno en minoría, a la espera de las elecciones presidenciales de enero del 2016. Toda la Europa del sur se está convirtiendo en una cadena de narraciones políticas confusas.

No es correcta la apreciación de que los portugueses han dado un apoyo mayoritario a la política de austeridad. No es verdad. La mayoría ha votado a los partidos que, con distinto acento e intensidad, enmiendan al Directorio Europeo, cuyos señores de negro han visitado periódicamente el país. El Partido Socialista, el Bloco de Esquerda (la formación más parecida a Podemos y Syriza) y el pétreo Partido Comunista suman más de la mitad de los votos y podrían gobernar con mayoría parlamentaria si alcanzasen un acuerdo.

Cifras: 2,7 millones de votos de las tres izquierdas frente a los 1,9 millones de las dos derechas (Partido Social Demócrata y Centro Democrático Social), que esta vez se presentaban juntas para asegurarse el primer puesto en la mayoría de los distritos. Las dos derechas han perdido 12 puntos porcentuales. Las tres izquierdas han ganado 10, con premio especial para el Bloco. Podrían gobernar si pudiesen hilvanar un programa común. Cabría imaginarse un gobierno de coalición PS – Bloco de Esquerda, con apoyo parlamentario del PCP.

No ocurrirá. No habrá frente popular portugués. Socialistas y comunistas se bifurcaron dramáticamente en otoño de 1975, cuando la revolución de los claveles estuvo a punto de descarrilar y acabar en guerra civil. Los comunistas de Alvaro Cunhal apoyaban el bonapartismo de izquierdas del sector más revolucionario del Movimiento de las Fuerzas Armadas (gobierno del coronel Vasco Gonçalves entre julio de 1974 y diciembre de 1975), mientras el PS de Mario Soares, ganador en las urnas, trabajaba por una reconducción socialdemócrata de la revolución, bajo la tutela de Willy Brand y Olof Palme, y la anuencia de Henry Kissinger, que no descartaba una intervención militar de la OTAN. Es muy difícil, por no decir que imposible, que socialistas y comunistas hagan frente común en Portugal. Habrá gobierno de Passos Coelho en minoría, a la espera de las presidenciales de enero. Los socialistas, que han pagado el pato del escándalo Sócrates (el ex primer ministro detenido y encarcelado por corrupción) pueden padecer ahora una crisis de liderazgo. En el horizonte, un gobierno de gran coalición PSD-PSP, o elecciones anticipadas en un año. Pântano, dicen en Portugal.

Sin exagerar la nota y salvando todas las distancias -1.248 kilómetros por carretera entre Lisboa y Barcelona-, podríamos decir que hay cierto paralelismo entre las recientes elecciones portuguesas y catalanas. Dos fuerzas afines se presentan unidas para asegurarse el primer puesto y no alcanzan la mayoría absoluta. Gobierno en minoría, con riesgo de colapso parlamentario y nuevas elecciones. Los socialistas flojean y el premio lo recibe la nueva izquierda. La CUP de David Fernàndez esgrimió una sandalia contra Rodrigo Rato en el Parlament. Mariana Mortágua, joven diputada del Bloco, se encaró con los directivos del Banco Espírito Santo en la comisión parlamentaria que investigaba la onerosa ruina del principal banco privado de Portugal. Los resultados portugueses contienen una interesante lección para la víspera electoral española: hay mucho malestar acumulado en todo el sur de Europa, pero ha remitido el deseo de imitar a Grecia.

Portugal no es la Grecia de enero del 2015. Los portugueses han castigado a su Gobierno, pero no han autorizado con claridad un frente anti-Directorio. Prefieren esperar. Prefieren un poco de pântano. Muchos catalanes sueñan con grandes catarsis, pero cuando les han pedido «el voto de tu vida» han empatado el plebiscito. Han comprado tiempo, aun a riesgo de acabar en la maresma.

En Madrid difícilmente se puede presentar el voto de Portugal como un fado marianista. El ciclo electoral ibérico tiene fuerte percusión. La nota musical del día fue ayer el segundo aldabonazo de José María Aznar en la puerta de Génova: «Ciudadanos podría obtener la primacía del centroderecha».