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El año de las elecciones presidenciales en Francia

Hollande, el candidato de la moderación

Fuentes: Página 12

Los sondeos le otorgan hoy a François Hollande una ventaja frente al presidente conservador. Pero esa ventaja no se traduce en los hechos en propuestas rupturistas. De fondo, la crisis de la deuda y el desempleo creciente.

El año electoral comienza en Francia bajo el signo del silencio político y con el ruido de fondo de la recesión y la crisis. La segunda economía de la Zona Euro celebra entre abril y mayo las elecciones presidenciales que podrían abrirles a los socialistas las puertas del palacio presidencial después de tres derrotas consecutivas. Los sondeos le otorgan hoy al candidato socialista François Hollande una holgada ventaja frente al presidente Nicolas Sarkozy. Pero esa ventaja no se traduce en los hechos por propuestas sólidas que marquen una ruptura con la presidencia de Sarkozy. Tanto Hollande como Sarkozy optaron por el riesgo mínimo: decir poco, no prometer casi nada, pasar volando sobre los temas centrales y mantener la incógnita sobre temas esenciales. Francia tiene un modelo social de una extraordinaria eficacia, pero también cuenta con cerca de tres millones de desempleados, una deuda cercana a los dos billones de euros y sobre su cabeza pende la amenaza de las agencias de calificación que podrían retirarle la prestigiosa triple A.

El apodo que la prensa francesa le ha puesto a François Hollande define con acierto la chatura del frente electoral que se está armando: «monsieur normal». La imagen de Nicolas Sarkozy es todo lo opuesto: hiperactivismo populista, agitación constante, intervenciones cortantes y personalización exacerbada de la función presidencial. Pese al seco rechazo que Nicolas Sarkozy suscita en un amplio sector de la población, el presidente conserva aún una base de apoyo que no se mueve. Según las encuestas, Sarkozy obtendría 26 por ciento de los votos en la primera vuelta del próximo 22 de abril, pero sería derrotado por Hollande por una diferencia de casi 10 puntos en la segunda vuelta del 6 de mayo. Hollande y Sarkozy son un enigma. El candidato socialista ofrece todo lo contrario de lo que encarna Sarkozy: la normalidad, la mesura, la tranquilidad. En ese sentido, por ahora es el candidato «no sueno». El presidente aparece como el agitado caudillo europeo que cabalga sobre las decepciones que dejó, la crisis de la deuda, el desempleo creciente y la búsqueda de un nuevo contenido para su reelección. Dos de las grandes promesas de Sarkozy quedaron en la nada: la refundación del capitalismo y su famoso «trabajar más para ganar más». Se trabaja mucho más y se gana mucho menos y fue al final el capitalismo el que refundó el sistema político imponiendo tecnócratas banqueros al frente de los ejecutivos europeos. Grecia e Italia son un perfecto ejemplo de esa refundación al revés.

François Hollande recién desenvainó a finales de año el cuchillo de la confrontación contra un candidato aún virtual. Sarkozy todavía no oficializó su candidatura y todos los ataques que lanza lo hace a través de su entorno. Según trascendió por medio de confidencias perfectamente organizadas, el presidente está seguro de que Hollande le tiene miedo y que no sería capaz de enfrentarlo en un debate público mano a mano. La derecha desconstruye con método la imagen que François Hollande se forjó con las primarias socialistas, que ganó ampliamente. Los conservadores lo pintan como un hombre débil, incapaz de tomar decisiones, siempre a caballo entre dos alternativas, vulnerable y sin fuerza como para unir a su campo y menos aún para jugar en el terreno internacional e imponer su punto de vista en las negociaciones con sus socios europeos. Hollande salió esta semana a ocupar el espacio y barrer esa imagen que le fueron tejiendo. Su metodología se asemeja mucho a la que empleó el ex presidente socialista François Mitterrand durante la campaña electoral que lo llevó al poder en 1981. Hollande publicó una carta abierta y montó su primer mitin. El candidato socialista hizo un retrato virulento del país de Sarkozy. Según Hollande, Francia fue «humillada, debilitada, dañada y degradada».

Entre ambos candidatos hay dos que podrían modificar la relación de fuerzas, sobre todo para Sarkozy. El centrista François Bayrou, 12 por ciento en las encuestas de opinión, y la líder de la extrema derecha, Marine Le Pen, 19 por ciento. Bayrou les extrae a la derecha y a la izquierda los votos moderados, mientras que Marine Le Pen obliga a Sarkozy a un juego de equilibrista para recuperar el electorado xenófobo y antieuropeo de la extrema derecha francesa. Marine Le Pen pone sobre la mesa un programa descabellado, pero al que es sensible una quinta parte del electorado francés. Su medida emblemática es que Francia salga del euro y también de la Unión Europea. Por alarmante que resulte, esa es la única propuesta concreta que circula como oferta electoral. François Hollande ha contradicho en los últimos días la imagen de debilucho que la derecha le pegó sobre la frente. Atacó a Sarkozy con saña al mismo tiempo que dirigió sus pasos hacia el pasado. El domingo fue al cementerio de Jarnac, donde está enterrado François Mitterrand, el único socialista que conquistó dos veces la presidencia. Hollande se inspira en Mitterrand hasta en la candidatura que busca encarnar e incluso en las palabras. Mitterrand ganó la elección con el eslogan «la fuerza tranquila». Hollande se viste con el mismo mensaje: «Serenidad, fuerza, unión, amor por Francia». La fórmula vuelve a servir 30 años después de la victoria del ’81. Con el correr de las semanas, las indefiniciones y la pugnacidad de Sarkozy, las diferencias se estrechan en las intenciones de voto. El escenario de la sucesión de Sarkozy ya está instalado: la fuerza tranquila contra la fuerza agitada, las modestas ilusiones del presente contra las grandes decepciones del pasado.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-185044-2012-01-09.html