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La lucha continúa

Huelga estudiantil en Quebec

Fuentes: Esquerda

En Quebec, la primavera quedó marcada por una huelga estudiantil muy comentada en el extranjero. En un país habitualmente tranquilo, próspero, donde se privilegia el consenso, raramente hubo tal agitación. Provocados por un gran aumento de las tasas, los estudiantes dirigieron el debate hacia un punto más alto: la mercantilización de la educación que la […]

En Quebec, la primavera quedó marcada por una huelga estudiantil muy comentada en el extranjero. En un país habitualmente tranquilo, próspero, donde se privilegia el consenso, raramente hubo tal agitación. Provocados por un gran aumento de las tasas, los estudiantes dirigieron el debate hacia un punto más alto: la mercantilización de la educación que la desvía de sus objetivos esenciales.

La huelga tomó enormes dimensiones debido al rechazo a negociar con los estudiantes por parte del partido en el poder, los liberales del primer ministro Jean Charest. Esta actitud tiene su origen en una posición ideológica: según los liberales, los estudiantes deben pagarse los estudios, transformarse en consumidores de asignaturas y programas, cuyos precios están determinados por el mercado. En concreto, en el caso de Quebec, los costes de escolarización deberían aproximarse a la media canadiense. Para los liberales, está fuera de cuestión opinar sobre ese principio elemental, algo a lo cual los estudiantes se oponen radicalmente.

Por otro lado, Jean Charest y otros liberales no consiguieron esconder su desprecio: desprecio por los jóvenes, por la democracia estudiantil, desprecio por esos «niños mimados que no saben nada de economía y que se niegan a pagar su parte». A esto los estudiantes respondieron con contundencia: la educación es, a la vez, un derecho y una necesidad. Fuera de estos parámetros se torna en un privilegio de una élite opulenta.

La actitud del gobierno desencadenó desde el inicio una fuerte oposición esencialmente pacifica. Tres manifestaciones juntaron cada una a más de 200.000 personas en marzo, abril y mayo, lo cual es mucho teniendo en cuenta la población de Quebec y su baja densidad. No obstante, ante la negativa hostil a la negociación, la tensión subió. Dos conflictos surgieron en el lugar donde se encontraba (o debería encontrarse) el primer ministro.

Las intervenciones policiales mas brutales ocurrieron sobre todo en las escuelas: los estudiantes huelguistas bloqueaban el acceso a otros que gracias a las resoluciones obtenidas en los tribunales tenían reconocido su «derecho a la educación», es decir, asistir a las aulas en detrimento de las decisiones tomadas democráticamente. La policía fue así legitimada contra los estudiantes huelguistas y los profesores que los apoyaban, procediendo a cargas violentas, detenciones y secuestros.

Para contrarrestar la «violencia e intimidación» provocada por ellos mismos, el gobierno adoptó una ley especial que aumentó la indignación. Esta ley, mal concebida y de difícil interpretación, viola la libertad de expresión y asociación y fue denunciada por diversos juristas. Por encima de todo, esta ley desencadenó un movimiento de protesta de todos los ciudadanos, que espontáneamente llenaron las calles por millares con cacerolas todas las noches durante dos semanas en Montreal y otras ciudades de Quebec.

Elecciones largamente esperadas

Las semanas de verano supusieron una tregua en el conflicto. A pesar de eso, los estudiantes consiguieron juntar nuevamente a decenas de miles de personas en una gran manifestación en pleno mes de julio, en medio de las vacaciones.

Por su parte, los liberales decidieron convocar elecciones, que ahora están fijadas para el 4 de septiembre (en Quebec las elecciones no tienen lugar en una fecha determinada, la marca el partido en el poder). La cuestión de la educación será crucial, el voto se puede asemejar al de un referéndum: tal es la importancia de la aprobación o no de los electores en relación con la actitud del gobierno ante los estudiantes. El apoyo más que significativo que los estudiantes han obtenido en numerosas manifestaciones puede ser un indicio de la derrota del gobierno, pero las cosas son bastantes mas complicadas.

Antes de la huelga estudiantil, el Partido Liberal y el primer ministro tenían una baja popularidad. Mas allá de otros de otros motivos, Charest está marcado por diversos escándalos: financiación dudosa, favoritismo, lazos con la mafia. Muchos consideraban agotado este gobierno, corrupto, al servicio de las grandes industrias y de los magnates de las finanzas, muy distante de las preocupaciones cotidianas de la población.

A pesar de todo, Jean Charest intenta presentarse como el único capaz de controlar a los estudiantes y restablecer el orden y la seguridad, aunque sea el principal responsable del caos. El cree que así obtendrá el apoyo de la «mayoría silenciosa», asustada por los excesos y escenas de brutalidad que los grandes medios de comunicación no han parado de difundir. Focalizar la atención sobre la huelga estudiantil también ha tenido la gran ventaja para el primer ministro de desviar la atención de sus embarazosos casos de corrupción.

El principal partido de la oposición es independentista. Ahora bien, existe una importante franja de electores alejada sin reservas del partido liberal que nunca votará a un partido independentista: la gran mayoría de anglófonos e inmigrantes, así como un sector de comerciantes.

La batalla electoral se prevé feroz. Los estudiantes tienen la intención de condicionar activamente la campaña, pero su peso demográfico es poco relevante. Sin embargo, serán imprescindibles para romper la rutina de la campaña electoral y poner en primer plano cuestiones ideológicas que muchas veces se evitan.

Un inicio de curso movido

Nadie puede anticipar lo que ocurrirá en el inicio de curso previsto para mediados de agosto: ¿llevarán a cabo acciones los estudiantes, a pesar de la ley especial? ¿O se centrarán en la campaña electoral, intentando influir en el resultado?

Una cosa es cierta: el rechazo a llegar a una solución negociada por parte del gobierno liberal convertirá el año escolar en duro y caótico. El inicio del curso abre varias incógnitas. La huelga fue dura y las sanciones por disciplina se traducen en multas. Las instituciones académicas deberán condensar tres trimestres en dos, lo cual generará muchos problemas: dificultad para conciliar horarios, agotamiento de profesores y estudiantes, carreras mucho más densas, periodos de corrección mucho más restringidos para los profesores. Por encima de todo, asignaturas mucho más concentradas que serán mucho más exigentes para los alumnos que trabajan, los cuales tendrán mayor dificultad para avanzar en los estudios.

Entretanto, la huelga también tiene muchos efectos positivos. En Quebec nunca antes se había debatido abiertamente de educación y el tipo de sociedad que se quiere construir. Las políticas neoliberales fueron sistemáticamente denunciadas. Los estudiantes, considerados individualistas y despolitizados, defendieron con garra los principios de equidad y justicia.

Esta generación quedara marcada por esta lucha: la huelga alumbró múltiples debates y sensibilizó a las personas sobre los problemas contemporáneos de la sociedad. Muchos jóvenes, víctimas de la violencia policial y testigos de las maniobras cínicas del gobierno, han desarrollado un sentido crítico hacia el poder político que no perderán fácilmente.

El resultado de las elecciones es particularmente importante. Una derrota de los liberales sería la prueba de que podemos vencer al cinismo y a la manipulación y de que ideas audaces, bien defendidas por los estudiantes, pueden llegar a una población inicialmente marcada por la propaganda de los grandes medios de comunicación, poco sensibles a las causas populares.

Catherine y Claude Vaillancourt (Attac Quebec)

Traducción de Brais Fernandez para VIENTO SUR a partir de la edición de esquerda.net http://www.esquerda.net/artigo/greve-estudantil-no-quebec-luta-continua/24236