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La supuesta valentía del Rey

Juan Carlos, ¿por que te escondiste durante el 23-F?

Fuentes: Rebelión

El rey de España le ha dicho a Chávez que se callase, se ha levantado y abandonado la reunión de Jefes de Estado Iberoamericanos cuando el presidente de Nicaragua le ha recordado el pésimo papel de las empresas españolas en su país. Por primera vez vemos al rey enfadado en público, pero ocasiones ha tenido […]

El rey de España le ha dicho a Chávez que se callase, se ha levantado y abandonado la reunión de Jefes de Estado Iberoamericanos cuando el presidente de Nicaragua le ha recordado el pésimo papel de las empresas españolas en su país. Por primera vez vemos al rey enfadado en público, pero ocasiones ha tenido para mostrar ese mismo coraje que ha escenificado en Santiago de Chile.

Por ejemplo, fue nombrado por Francisco Franco, dictador y genocida. Sin embargo, no se conoce que tuviera ningún enfrentamiento con el criminal y, aún hoy, ni siquiera permite en su presencia que se hable mal del generalísimo.

Tampoco demostró ser un hombre valiente en el golpe de estado del 23 de febrero de 1981, día en el que las tropas del ejército español ocuparon el parlamento y los medios de comunicación bajo el mando de su secretario, Jefe de la Casa Real y hombre de confianza el general Alfonso Armada. Los golpistas estaban convencidos de que el rey los apoyaba y razones no les faltaban. Éste sólo se dignó ordenar que las tropas volvieran a los cuarteles en la madrugada del día siguiente, forzado por la administración norteamericana que lo convenció de que el golpe ya había conseguido su propósito: dar por finiquitada la transición y domesticar a la izquierda transformadora.

En todo caso, no demostró en aquellas fechas ser un hombre valiente, ni a la vista de los demócratas a quienes tuvo en vilo durante muchas horas ni a la de los militares a quienes dejó en la estacada.

El desplante torero del Rey ante los presidentes de Nicaragua y Venezuela es realmente ridículo, digno de un chulito de barrio. El coraje se demuestra ante los poderosos. Sólo podré tenerle consideración cuando se enfrente a presidentes como Bush o a la reina Isabel II, que tiene ocupada una parte de su reino o, sencillamente, cuando deje de matar osos borrachos. Y, aún así, aunque fuera realmente un hombre valiente, seguiría siendo republicano, pues no hay institución que me parezca más irracional y antidemocrática que la monarquía.


Franko… pariendo, por J. MiKi Maus