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La advertencia profética de Pierre Mendés France

Fuentes: Altermonde-sans-frontière

Traducción de Susana Merino

En 1957, con ocasión del debate sobre el Tratado de Roma, Pierre Mendès France alertaba contra un proyecto inspirado por «un liberalismo siglo XIX». Esta olvidada alerta resuena en nuestro presente en el que estalla la crisis de una Europa que ha perdido la confianza mayoritaria de sus pueblos.

El 18 de enero de 1957 Pierre Mendés France (1907-1982) intervenía en la Asamblea Nacional en el debate sobre el proyecto del Tratado de Roma que una vez que firmado dos meses más tarde, el 25 de marzo, establecería la primera comunidad económica europea conformada por Alemania, Francia, Italia y los tres países del Benelux (Bélgica, Luxemburgo y los Países Bajos). Figura entonces del Partido Radical, había dejado la presidencia del Consejo dos años antes, luego de siete meses y dieciocho días de gobierno cuya brevedad no impedirá que perdure el recuerdo un hombre de Estado virtuoso, entendido en materia económica, cuidadoso de las cuentas públicas, respetuoso de los debates democráticos y que buscaba, además, una salida de la crisis colonial.

A la distancia de casi sesenta años, este discurso olvidado parecr poner proféticamente en guardia acerca de los vicios originales, ya que en él Mendês France pone de relieve los vicios originales de un mercado económico común que políticamente no podía producir sino un progresivo alejamiento de los pueblos del ideal europeo. En efecto, Mendès France, uno de los 297 votos en contra de que se prosiguiera con las negociaciones sobre la elaboración del Tratado (322 a favor y 30 abstenciones) no dudaba en afirmar que este proyecto se «basa en el liberalismo clásico del siglo XIX» y en ver «la abdicación de una democracia» en caso de que se sometiera a él la política económica francesa. Dicho de otro modo, para Mendès France la economía no podía ser el absoluto de una política a pesar de que, sin embargo, la tomaba muy en serio. O, más bien, la política como bien común, deliberación permanente y confianza compartida no podía disolverse en ella, a menos que perdiera por el camino la propia democracia, sus ideales y su vitalidad. Escuchemos, por lo tanto, a este Casandra, extremadamente lúcido y siempre joven, que aboga por una mayor exigencia social y, sobre todo, predice el engranaje fatal de una pedagogía antidemocrática de la futura Unión Europea.

«La armonización se debe hacer en el sentido del progreso social«, afirma el diputado Mendès France, «en el sentido del aumento paralelo de las ventajas sociales y no como temen desde hace tanto tiempo los gobiernos franceses, en provecho de los países más conservadores y en detrimento de los países más avanzados socialmente«. «Mis queridos colegas«, prosigue Mendês France, «muchas veces he recomendado más rigor en nuestra gestión económica. Pero no me resigno, les aseguro, a permitir juzgar a un areópago europeo en el que reina un espíritu que está lejos de ser el nuestro. En este aspecto advierto al gobierno: no podemos dejarnos despojar de nuestra libertad de decisión en temas que afectan tan de cerca a nuestra propia concepción del progreso y de la justicia social; las consecuencias pueden llegar a ser demasiado graves tanto desde el punto de vista social como desde el político». «Pongámonos también en guardia: una vez que el mecanismo se ponga en marcha, no podremos detenerlo. […]. No podremos desembarazarnos de él. Estaremos totalmente sometidos a las decisiones de la autoridad supranacional ante la que, si nuestra situación es muy mala, estaremos condenados a mendigar derogaciones y excepciones, que no nos concederá, ténganlo por seguro, sin contrapartidas ni condiciones«.

Con la lectura de esta viejas palabras Mendès France adquiere de pronto la estatura de un adivino trágico que se anticipa a lo que sus contemporáneos no ven porque son ciegos o porque se ciegan. Y es que lo que siguió, especialmente lo vivido estos treinta últimos años por unos gobiernos de izquierda, elegidos en base a promesas sociales alternativas, dará la razón a esta profecía. Al final de su discurso Mendès France pone de relieve el meollo del desacuerdo: este proyecto de mercado común, resume, «se basa en el liberalismo clásico del siglo XIX según el cual la simple y pura competencia resuelve todos los problemas«. Dicho de otro modo, un liberalismo económico que arruina todo liberalismo político imponiendo la ley de hierro de la competencia a la vida social en detrimento de las solidaridades colectivas y de las libertades individuales. «La abdicación de una democracia puede adoptar dos formas«, concluye Mendès France, «o bien recurrir a una dictadura interna para remitir todos los poderes a un hombre providencial, o bien delegar esos poderes en una autoridad externa que en nombre de la técnica en realidad ejercerá el poder político, porque en nombre de una economía sana se llega fácilmente a dictar una política monetaria, presupuestaria, social y, finalmente, «una política» en su sentido más amplio, tanto nacional como internacional«.

«Decir esto«, agregaba Pierre Mendês France, «no es ser hostil a la edificación de Europa, sino que es no querer que la empresa se traduzca el día de mañana, luego de una enorme y hermosa esperanza, en una terrible decepción para nuestro país, en un sentimiento del que él sería víctima y, en primer lugar, sus elementos más desfavorecidos«. Por no haberle escuchado, hoy estamos viviendo esos tiempos de «terrible decepción» anticipados por Mendès France.

Fuente: http://www.altermonde-sans-frontiere.com/spip.php?article31652

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción