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Francia

La cuestión olvidada: la República, la izquierda y las colonias

Fuentes: Viento Sur

Es mirando con lupa los discursos de los partidos «metropolitanos» sobre las colonias como se toma mejor la medida de sus coherencias o incoherencias en su oposición o complacencia hacia el Estado, es decir, en última instancia, hacia la burguesía de su país. Karl Marx mostró que era adoptando el punto de vista del proletariado […]

Es mirando con lupa los discursos de los partidos «metropolitanos» sobre las colonias como se toma mejor la medida de sus coherencias o incoherencias en su oposición o complacencia hacia el Estado, es decir, en última instancia, hacia la burguesía de su país.

Karl Marx mostró que era adoptando el punto de vista del proletariado como se sitúa uno mejor para ver claro en los mecanismos económicos y sociales y en las luchas que se derivan de ellos. Trotsky añadió una bella fórmula: «mirar el mundo con ojos de mujer«. Los pensadores críticos de la cuestión colonial han completado: para analizar las contradicciones de un cierto «humanismo» occidental, la mirada de los y las colonizados, negros, árabes, aborígenes, en definitiva indígenas de todos los orígenes, es una necesidad insoslayable.

Considerar la cuestión de las colonias como secundaria, rechazar tomarla en cuenta o peor aún irritarse por que se haga, es inscribirse en una mala tradición: la del PCF cuando decía, para justificar su alianza con la SFIO [PS de entonces] en la época de la guerra de Argelia: «no hay que sacrificar el todo (la alianza electoral) a la parte (el derecho a la autodeterminación del pueblo argelino)». En general, ¡es en «la parte» donde se encuentran los oprimidos y oprimidas más oprimidos y oprimidas! El PCF no ha cedido siempre a esta práctica, pero es en cualquier caso significativo y deplorable que la cuestión de las posiciones de candidatos y candidatas en las elecciones presidenciales sobre la cuestión de las últimas colonias de Francia haya sido tan poco objeto de debates. Viniendo de la derecha, un «olvido» así no tiene nada de sorprendente. ¿Seríamos ingenuos pensando que podría ser de otra forma viniendo de la izquierda?

La República y sus límites

La República francesa se abrió un camino a través de las luchas tumultuosas inauguradas por la «Gran Revolución» y proseguidas durante un siglo -e incluso más- contra los residuos del Antiguo Régimen, contra sus privilegios, sus tradiciones y su ideología. Apoyadas en el pueblo, incluso impuestas por él pero confiscadas por la burguesía, Revolución y República han estado marcadas por tres límites congénitos: hacia el proletariado, hacia las mujeres y hacia los colonizados. El proletariado ha conquistado sus propios derechos en una lucha encarnizada frente a una burguesía que no ha dudado en responder con sangrientas represiones (junio 1848, mayo 1871, etc.). Las mujeres han debido luchar y esperar un siglo y medio para obtener el simple derecho a voto. Los colonizados, por su parte, han constatado rápidamente que el fin de la esclavitud no estaba inscrita en las tablas de la ley de 1789. Después de las luchas heroicas y permanentes de los esclavos en las Américas, que llevaron a la abolición definitiva de 1848, hubo que levantarse contra el trabajo forzoso y los horrores coloniales en los cuatro continentes. Así pues, sobre estas tres cuestiones, la República no ha concedido nada por si misma. Todo le ha sido arrancado por la lucha de los interesados e interesadas. La toma en consideración de esta historia pone al abrigo de toda ilusión sobre la naturaleza de clase de la mencionada República.

En lo que a las colonias se refiere, la República francesa ha dispuesto muy pronto de dos discursos: el de la exclusión racista absoluta y el discurso, más insidioso pero objetivamente racista también, de la asimilación. Este último pretendía partir de buenos sentimientos (igualdad cívica de todos los habitantes de la República) pero negaba la igualdad de base: la de los pueblos entre sí. Las «viejas colonias» (Antillas, Guayana, Reunión) fueron el principal teatro de experimentación de la versión asimilacionista de la política colonial. Cuando François Hollande , vivamente puesto en guardia por amigos antilleses (quizá también otros), ha intentado salvar a Jules Ferry [ministro de Instrucción Pública (1879-1882) en la III República; durante su mandato se instauró la escuela pública laica, universal y gratuita en Francia] del oprobio separando su verborrea racista de su obra escolar, ha ignorado que el gusano de la ideología dominante estaba también en… ¡la propia escuela! Antes de la era de los medios modernos, ésta fue el principal lugar de inculcación de la ideología asimilacionista. Sin embargo, ¿cuál es el fundamento último de esta ideología si no la idea de la desigualdad de las razas y de los pueblos, proclamada por el mismo Ferry?

La socialdemocracia y las últimas colonias

El nuevo presidente ha hecho, sin embargo, un esfuerzo: los tres ministros antilleses y guayaneses (Taubira, Lurel, Pau-Langevin) que ha nombrado en su gobierno son conocidos por los anticolonialistas y progresistas de entre nosotros. Hemos compartido incluso a veces algunas luchas en la emigración antillo-guayanesa o sobre el terreno. Poco importa que, en el caso de Lurel sobre todo, las causas compartidas hayan podido derivar en la franca confrontación

Pero el esfuerzo del nuevo gobierno sobre el casting no se ha extendido hasta el guión. Ninguna medida del programa Hollande marca una ruptura con la organización colonial de la política «ultramarina» (vocabulario que rechazamos con virulencia -los ultramarinos, para nosotros, ¡son los franceses!)

Tomemos un simple ejemplo. Hollande ha prometido -¡muy bien!- quitar la palabra «raza» de la Constitución francesa pero no ha anunciado la intención de echar atrás una modificación más significativa y de peor calaña hecha por la derecha. Ésta ha quitado la noción de «pueblos«, que nos designaba implícitamente en esta augusta ley fundamental, para retrogradarnos al rango de simples «poblaciones que forman parte del pueblo francés«. El objetivo de la maniobra era negar nuestra aspiración a ser reconocidos como entidades con quienes es concebible una negociación. Se nos prefiere como sujetos del Imperio, un Imperio condescendiente al que se supone siempre decidir por nosotros y por lo mejor para nosotros (todavía el espíritu Jules Ferry). Señalemos de paso una pequeña ironía del calendario: Victorin Lurel, el nuevo «ministro de (los territorios) de Ultramar» acaba de publicar un trabajo (Lettre ouverte à mes compatriotes de la métropole– Carta abierta a mis compatriotas de la metrópoli) en el que recuerda su oposición radical de diputado en 2003 a la supresión de la palabra «pueblos«. Veremos rápidamente si su influencia en la cuestión de la palabra «razas» a quitar se verificará de la misma forma sobre la de la palabra «pueblos» a reponer

¿El Frente de Izquierdas como recurso?

Estas contradicciones, a fin de cuentas tradicionales, de la socialdemocracia francesa serán algo importante en el nuevo período. Los anticolonialistas de todas las tendencias pensarán hacerlas estallar. Desgraciadamente, parece claro que no podremos contar mucho con el Frente de Izquierdas para ayudarnos en esta problemática. Jean-Luc Mélenchon se ha revestido con la fraseología de «la Francia una e indivisible«. Triste y amarga ironía, es con ese mismo vocabulario que Marine Le Pen acaba de atacar con rabia a Christiane Taubira, culpable de su lejano pasado independentista. En sus arrebatos sobre «la grandeza de Francia«, sobre la «oportunidad que representa ultramar«, ¿se da cuenta Mélenchon de que no hace más que inscribirse en una tradición bien establecida por Chirac, Sarkozy y otros?

Ya conocíamos su extrema susceptibilidad cuando el rumor público había censurado el lujo derrochador de los hoteles sudafricanos de la ministra de Deportes en la época del Mundial de fútbol («no se critica a una ministra de Francia en el exterior«, había exclamado; «muchas gracias» podría decir también Michèle Alliot-Marie tras sus famosas extravagancias tunecinas). Habíamos también señalado las frases sobre la grandeza militar y sus instrumentos económicos. Pero la «Francia única e indivisible» echada al rostro de los corsos porque Hollande osaba proponer un refuerzo moderado de los poderes regionales, es algo que no presagia nada bueno para los últimos colonizados de Francia. Y nosotros que pensábamos que la Asamblea Constituyente que Mélenchon propone para Francia y Europa nos arreglaría los problemas…

Sin querer ser muy pesados sobre la arqueología del pasado lambertista [corriente trotskista cuyo principal dirigente fue Pierre Lambert] de Jean-Luc Mélenchon, se puede sin embargo recordar que la antigua OCI explicaba en otro tiempo a sus adeptos antilleses que la emancipación de las masas populares de nuestros países no podía concebirse más que después de la de los trabajadores franceses. Ignoro si esta forma de privar al proletariado de las colonias de su derecho a la iniciativa histórica sigue teniendo vigor en esa corriente. Mientras tanto, Jean-Luc Mélenchon, manifiestamente, no se ha desembarazado de esa concepción.

El PCF ha mostrado alguna reticencia respecto a esta orientación melenchoniana sobre las últimas colonias. Incluso ha escrito de forma bastante suave, evitando las palabras que molestan (descolonización, autonomía, independencia…). No ha ido hasta hacer de ello un casus belli y no podemos afirmar que los aliados y aliadas de extrema izquierda de Mélenchon se hayan mostrado más puntillosos sobre el tema…

El resultado de esta política es que el PC guadalupeño se ha negado a apoyar a Mélenchon (¿qué se piensa de esto en la Plaza del Coronel Fabien [sede del PCF]) Igualmente el candidato MODEMAS (ecologista y soberanista) en las elecciones legislativas justifica su no participación en las elecciones presidenciales por la imposibilidad de influenciar a los y las candidatos franceses sobre las reivindicaciones que se refieren a la Martinica. (Podríamos preguntarle por qué no ha intentado discutir con Philippe Poutou, cuya declaración sobre las colonias ha sido objeto aquí de debates positivos, pero pasemos del tema).

La moral de la historia es que los progresistas de los dos lados del Océano Atlántico no pueden ahorrarse de un debate serio y fraternal sobre las vías y medios de una erradicación total del colonialismo, erradicación que ha sido proclamada por la ONU como tarea del decenio. No hay otra forma de sacar todas las consecuencias de la bella fórmula de Marx: «Un pueblo que oprime a otro pueblo no puede ser un pueblo libre«. Entonces, ¿cuando empezamos?

3/07/2012

Philippe Pierre-Charles es un dirigente del Grupo Revolución Socialista de Martinica.

http://www.npa2009.org/content/la-question-oubli%C3%A9e-la-r%C3%A9publique-la-gauche-et-les-colonies

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Fuente: http://www.vientosur.info/spip/spip.php?article6914