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Más de dos millones de personas se manifiestan en la octava jornada de protesta contra el plan del Gobierno de Sarkozy.

Los franceses reiteran su «no» al recorte de pensiones

Fuentes: Ojalá/SanchoPanzaLab

Más de dos millones de franceses volvieron a salir ayer a la calle de buen humor para oponerse al recorte de pensiones públicas programado por Nicolas Sarkozy. Las marchas sirvieron para arropar y defender las huelgas y bloqueos de las 12 refinerías del país, cuando empieza a cundir el pánico entre cientos de miles de […]

Más de dos millones de franceses volvieron a salir ayer a la calle de buen humor para oponerse al recorte de pensiones públicas programado por Nicolas Sarkozy. Las marchas sirvieron para arropar y defender las huelgas y bloqueos de las 12 refinerías del país, cuando empieza a cundir el pánico entre cientos de miles de automovilistas. Las autoridades francesas se vieron obligadas ayer a reconocer que el principal aeropuerto internacional, París-Roissy, estaba casi a seco de queroseno, pocas horas antes de que un portavoz oficial anunciara finalmente la reapertura del oleoducto que surte al aeródromo.

«Los viejos en la miseria, los jóvenes malviviendo: esa sociedad no la queremos». Este eslogan ha ido ganando peso en las ocho jornadas de acción y manifestaciones que ha vivido Francia en el intento de parar la reforma. Y ayer fue el más repetido por todo el país en las más de 260 marchas organizadas. El lema se ha convertido en el resumen del sentir de los franceses, tanto en la calle como en sondeos que indican una oposición del 70% de la opinión pública al recorte de pensiones y un apoyo del 60% al movimiento social.

La guerra de cifras de ayer entre el Ministerio de Interior y los sindicatos se saldó de nuevo con una disparidad enorme. La policía contó 825.000 manifestantes en todo el país, cosa que permitió al Gobierno, por boca del ministro de Trabajo, Eric Woerth, afirmar: «Hay menos manifestantes».

El principal sindicato francés, la Confederación General del Trabajo (CGT), contabilizó «casi tres millones» de personas en las marchas, lo que también equivale a reconocer que hubo menos participación que el pasado 12 de octubre.

Dos grandes cortejos

A la luz de lo observado en París, con dos cortejos separados por grandes bulevares del este entre la Plaza de la República y la Plaza de la Nación, la cifra real de manifestantes parece más cerca de lo que dicen los sindicatos que del recuento policial. Los agentes sólo vieron a 50.000 personas en la capital, mientras que los sindicatos contaron unas 310.000. Según periodistas franceses, probablemente había más de 50.000 personas en cada uno de los dos cortejos.

Con el cálculo de la policía o de los sindicatos en la mano, la consecuencia es la misma. El movimiento alcanzó en las marchas del 12 de octubre, con casi 3,5 millones de personas, probablemente todo lo que puede dar en términos de manifestaciones pacíficas. La protesta de ayer también lo fue; sólo se produjo algún incidente aislado, como el enfrentamiento entre unos jóvenes, que rompieron algunos escaparates, y la policía, que terminó con 30 detenciones en la parisina Plaza de la Bastilla.

Cierto es que ocho jornadas de acción en casi ocho meses es mucho para los pies de los ciudadanos. Pero lo relevante de la jornada de ayer fue su significado político. La determinación de los manifestantes es feroz y sus argumentos están razonados frente a un Gobierno que repite que lo que hace es salvar las pensiones.

Como los argumentos de Juliette, de 25 años, que viene del departamento más popular de la periferia de París, el llamado Neuf Trois (Nueve Tres). Bajo su pancarta entre gore y gótica hecha a mano con la inscripción «Metro, curro, y a la tumba», explica: «Precisamente porque somos jóvenes se trata de luchar contra esta vida en la que nos proponen que trabajemos hasta la muerte».

A la intervención capciosa del periodista que destaca que el Gobierno dice que la reforma busca salvar las pensiones futuras de los jóvenes, la chica responde: «Miente. Precisamente es lo contrario: el Gobierno aplaza la entrada en vigor de la reforma y seremos sobre todo nosotros quienes cargaremos con la obligación de trabajar hasta viejos».

Esto es exacto. Las disposiciones para retrasar la edad de jubilación y aumentar los períodos de cotización obligatorios entrarán en vigor, de aprobarse la reforma, a partir de 2023. Quienes hoy tienen menos de 50 años pagarán la factura más elevada del plan.

Son numerosos los ejemplos de jóvenes con ese estado de ánimo: el de defender un modelo social. Y son también numerosos quienes se dicen dispuestos a mantener su apoyo a los huelguistas de las refinerías e ir hasta un bloqueo del país. Como Juliette: «Sí, los apoyo al 100% y los apoyaré. Iré a unirme al bloqueo si es necesario en bicicleta o a pie».

Porque las 12 refinerías del país están en huelga y diez de ellas paralizadas o en curso de paralización. El resultado, de momento, es que «230 gasolineras de un total de casi 13.000 (un 2%) están sin carburante», según la ministra de Economía, Christine Lagarde. Si se le suman las gasolineras en las que ciertos carburantes ya no están disponibles, es más del 10% de los puntos de abastecimiento.

Los medios franceses dieron cuenta ayer de numerosas gasolineras en las que las colas se ven ya desde lejos y el ministro Woerth pidió a los automovilistas que «no cedan al pánico». Es tarde. Según las petroleras, el consumo de carburantes se ha duplicado en esta semana.

«Operaciones puñetazo»

El bloqueo de los obreros de refinerías y depósitos intermedios de carburante empezó ayer a recibir apoyo de los camioneros, cuyo sindicato les ha pedido que se sumen al movimiento. A partir del lunes, la CGT va a empezar a organizar «operaciones puñetazo» en un tercer sector estratégico: los empleados de los blindados de transportes de fondos iniciarán huelgas destinadas a perturbar esa actividad clave para la banca y los hipermercados. Como todas las acciones anteriores, serán organizadas de forma que resten el mínimo de horas de sueldo a los trabajadores, conserven el apoyo de la opinión pública y provoquen el máximo daño a la gran patronal.

El Senado proseguía anteayer y ayer sus debates. Pero ya no lo hace como si nada. Por tercera vez consecutiva, se registró un fenómeno extraño: los senadores rechazaron el aumento de la edad de jubilación de los enfermeros, después de haberlo hecho con la de los militares y la de los parlamentarios. Tras 18 modificaciones del proyecto de ley, una cosa está clara: ésta mantiene regímenes distintos de jubilación por profesiones (una diferencia que nadie comprende) y, tras el Senado, deberá ir a una Comisión Mixta antes de regresar al pleno.

El martes, una nueva jornada de manifestaciones familiares en todo el país arropará a los huelguistas. Entre tanto, y a convocatoria de la CGT, los ferroviarios endurecerán a partir del lunes su propia huelga.

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Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.