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Otra revuelta de inmigrantes después de un atentado mafioso a trabajadores extranjeros

Más rabia en Rosarno, Calabria

Fuentes: Peacereporter

Traducido para Rebelión por Gorka Larrabeiti

 «Los hechos son mucho más serios que los incidentes que sucedieron cuando en las protestas de diciembre de 2008 de la comunidad ganesa y burkineses salieron a la calle para protestar por los disparos de kalashnikov contra dos chicos efectuados desde un coche en marcha. Hoy en Rosarno algunos jóvenes africanos han recibido disparos de un fusil de aire comprimido, y toda la rabia de la comunidad de inmigrantes africanos que trabajan en la recogida de las clementinas y las olivas ha explotado. Por el momento no parece que haya heridos, pero seguramente habrá habido calabreses, lugareños a los que han agredido mientras volvían a casa y se han cruzado con los migrantes que protestaban. La Policía dice que han volcado varios vehículos y que han dado fuego a algunos mientras recorrían la carretera nacional frente a las fábricas abandonadas (como las instalaciones de la fábrica «Rognetta») donde los temporeros han encontrado refugio. Mucha gente me ha contado que a muchos rosarneses les han obligado a abandonar el coche mientras los migrantes les agredían para volcar el coche en la carretera». Estas son las declaraciones de uno de los chicos del Observatorio Migrantes, que mientras pone en orden su maleta, agarra las llaves de su coche y abandona Rosarno. Esta noche es mejor no dormir en la ciudad. «Para mí y para todos aquellos que en estos años han ayudado a los migrantes». La rabia de los extracomunitarios se iba alimentando desde hacía tiempo, aunque en mayo se hubieran producido las tres primeras detenciones por «reducción a la esclavitud».

Pero los africanos no conocen Calabria. No imaginan que puede ser más dura que el continente del que han escapado, dejando atrás guerras y balas. Guerras y balas de otro tipo. Hoy los que hablan desde Rosarno al otro lado del hilo telefónico dan a entender que lo peor está por llegar. «Los chicos han roto escaparates, atacado tiendas, dado fuego a algunos coches, sin saber quiénes eran sus dueños», explica una fuente que ruega anonimato por miedo a las cada vez más probables consecuencias. El miedo que atenaza ahora a los rosarneses es que los clásicos matones vean estos episodios de violencia del 7 de enero como una afrenta que su código de honor no puede pasar por alto. El rumor que corre en estas horas el la Piana di Gioja Tauro es que hoy, en las próximas horas, quienes hablarán serán las escopetas de los hombres de las células de la ‘Ndrangheta [mafia calabresa], que no pueden tolerar que en su territorio se dé semejante violación de la Pax mafiosa.

Los dos chicos agredidos con disparos de fusil de aire comprimido están fuera de peligro en el hospital de Gioja Tauro. En la carretera nacional de los olivos, que une va de Rosarno a San Ferdinando entre la Piana y el mar Tirreno con Gioja Tauro y su puerto, parece haber vuelto la calma, recobrada por la intervención de unos diez coches celulares de la policía de Gioja. Están controladas las antiguas fábricas Rognetta, donde duermen 200 trabajadores, y la antigua Opera Sila de Gioja Tauro, donde duermen otros centenares no registrados. Los celulares del gobierno civil de la Piana patrullan la nacional. Algunos vehículos siguen ardiendo. Quedan los daños a las tiendas. Imposible hablar con nadie de los cuarteles de carabineros ni de la policía, pero parece que algunos ciudadanos italianos, durante las protestas, hayan sufrido agresiones de la turba, enfurecida por el trato inhumano, por el enésimo ataque contra quienes atraviesan continentes para venir aquí a trabajar como bestias por 20 euros al día, privados de todo bienestar material. Esta vez, sin embargo, la paciencia de los migrantes, al parecer, se ha colmado y pueden haber cometido un error fatal, cegados por la rabia. Durante las próximas horas las bocas callarán en Calabria, y quien cree en su interior que ha sufrido una injusticia, muy probablemente intentará poner remedio. Solos, sin recurrir a la policía, como antaño. Con las carabinas que están siempre listas, bien engrasadas, guardadas en las despensas y los sótanos.

http://it.peacereporter.net/articolo/19648/Ancora+rabbia+a+Rosarno

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