Recomiendo:
0

No ha habido quórum

Fuentes: Apuntes del Natural

El Gobierno considera que el respaldo que obtuvo en el referéndum de ayer, que se reduce a un tercio del censo -el 76,7% del 42%-, representa «una mayoría suficiente». Ignoro por qué misteriosas razones le parecerá suficiente. A cambio, me consta que no es mayoría. Para hablar de mayoría, aquí y en Tegucigalpa, se requiere […]

El Gobierno considera que el respaldo que obtuvo en el referéndum de ayer, que se reduce a un tercio del censo -el 76,7% del 42%-, representa «una mayoría suficiente».

Ignoro por qué misteriosas razones le parecerá suficiente. A cambio, me consta que no es mayoría.

Para hablar de mayoría, aquí y en Tegucigalpa, se requiere contar con la mitad más uno. Y un tercio, ciertamente, es mucho menos que eso.

En las votaciones serias, cuando no hacen acto de presencia dos de cada tres inscritos, se dictamina que no hay quórum y, en consecuencia, el acto se da por nulo.

Cabe especular hasta la extenuación -se hace desde ayer a las 20:00- sobre por qué la aplastante mayoría del electorado ha hecho esta vez pito caso de las consignas de los partidos mayoritarios y no se ha presentado en los colegios electorales. Vengo diciendo desde el 15 de junio de 1977 -desde el mismo día que Enrique Tierno Galván afirmó que su partido, el PSP, había obtenido pocos votos, pero «de gran calidad»-, que los sufragios no se interpretan; se suman. Cada cual puede conferirles el sentido que tenga a bien, pero da igual, porque todos son incomprobables.

Me aplico el cuento a mí mismo (porque supongo que algo querrá decir que en donde más fuerza ha tenido el «No» haya sido en Euskadi, en Cataluña y en Madrid) y renuncio a especular con los resultados. Me limito a constatar lo incontestable: que ellos han pedido que el electorado respalde un Tratado que les parece muy bien y que la aplastante mayoría les ha dado la espalda, sea negándose a responderles (súmense ahí la abstención, los votos en blanco y los nulos) sea diciéndoles lisa y llanamente que no.

¿Que les da igual? ¿Que van a hacer de todas las maneras lo que les venga en gana? ¿Que son capaces de volver negro lo blanco y afirmar con toda la jeta que se sienten respaldados? Ya. Y que conste que me fastidia a base de bien que así sea.

Ayer, en el programa especial que Radio Euskadi dedicó al referéndum, tras oír las declaraciones de una portavoz de Javier Solana (que, por cierto, hablaba con un acento digno de estudio, porque a veces parecía inglés, a veces alemán y a veces francés), afirmé que, una vez constatado que lo único que parecía importarles era la participación, me arrepentía de haber acudido a votar.

Ahora, ya después de madurar algo más lo sucedido, me reafirmo: deberíamos habernos abstenido todos. Si nada de lo que votemos o dejemos de votar les importa, ¿para qué darles satisfacción votando?