Poniéndose a tono con el mundial de fútbol y como si estuviéramos en una competencia deportiva local, la ultraderecha peruana, que perdió en la cancha, el partido que jugara el 7 de junio busca revertir en mesa los resultados de la contienda.
El punto de partida de lo que ocurre hoy, fue la “encuesta” a boca de urna que difundiera la televisión local a las 5 de la tarde del domingo pasado y que otorgaba la victoria a Keiko Fujimori al igual que en el 2011, el 2016 y el 2021.
Después, el retraso con el que se entregó el “conteo rápido” previsto originalmente para las 8 de la noche y que solamente se diera a conocer poco antes de las 1. Este, corregía la versión y ponía las cosas en su lugar: Pedro Sánchez ocupaba el primer lugar en el escrutinio y ganaba la elección por algo más de 40 mil votos.
A partir de allí comenzaron las maniobras, los cubileteos y los enjuagues electores orientados a cambiar el rostro del proceso: Como se ha dicho, a ganar en mesa lo que Keiko perdió en cancha.
Aunque formalmente se admitió la información del domingo en la noche, se buscó desde un inicio atenuar sus efectos, asegurando que eso apenas reflejaba “un empate estadístico” del que no podía deducirse ningún ganador. Luego asomaron los “argumentos” orientados a justificar “la esperanza” de los perdedores.
Se dijo que “el computo no había concluido”, que faltaban “plazas fuertes” del fujimorismo. Cuando pese a cambios puntuales en cifras episódicas, no se modificaba el cuadro general, se sostuvo que “faltaba el cómputo del voto en el exterior”, aunque la propia ONPE debió admitir que ya había introducida la votación de importantes ciudades como Nueva York, Nueva Jersey, Roma, Oslo y otras, en los resultados entregados.
Después se supo que, en Londres y Madrid, Keiko Fujimori no había obtenido el respaldo electoral que esperaba; y finalmente se ingresó a la recta final del “voto de afuera”.
En el 98% del cómputo oficial, se sumó un nuevo argumento: las boletas impugnadas, arguyendo que las de Lima y Callao “favorecían largamente” a Keiko.
De por medio -por si fuera necesario- se agitó el demonio del anticomunismo de manera frenética, para “ambientar” lo que cínicamente se llama “la defensa de la democracia”. Y es que. si todo eso finalmente fallara, el último recurso sería el Golpe de Estado: Un gobierno militar que arrase con todo.
Gestándolo, desde distintas trincheras se habla ya de un “Golpe Militar Democrático”, que “salve al Perú del comunismo”. Por lo pronto, pareciera que el Comando Conjunto de la Fuerza Armada se habría comprado el pleito. Y es que asumió un “pronunciamiento” asegurando que actuaría contra cualquier amenaza que pusiera en riesgo “el orden constitucional” .
Es bueno que se recuerde que el anticomunismo es una vieja y sucia bandera usada en el plano mundial por las fuerzas más reaccionarias del planeta. En nuestro país sirvió siempre para defender los privilegios de la clase dominante y apañar los abusos inmisericordes contra los pueblos. El APRA hizo aquí el gran negocio con ese “discurso”.
El propio Haya de la Torre enarboló la bandera del anticomunismo para lograr para sí el respaldo de Washington. Demostrar a Estados Unidos que era “el muro de contención” contra “la amenaza roja”, le sirvió para lograr el respaldo de la Casa Blanca en los comicios del 62 y de allí para adelante.
La descomposición del APRA, llevó a Keiko a tomar esa bandea. Y ahí la tienen señalando que “el enemigo del Perú es la Izquierda” a la que teme porque le sabe todas, y porque está cada vez más unida y organizada, y dispuesta a derribar su Poder, precario y poco consistente.
Objetivamente, incluso al margen de los cómputos “oficiales” que en su momento de la ONPE, Keiko Fujimori perdió las elecciones en el Perú, Podrá haber ganado en Paterson, o en el Estado de La Florida, pero perdió en el Perú, en el 80% del territorio nacional habitado por 22 de los 34 millones de peruanos. Esa es una verdad que quedará grabada en piedra para que perdure en la memoria de todos.
Por lo pronto, verá al país convertido en una llaga abierta. El pueblo no aceptará la maniobra extradeportiva que pretende usar Fuerza Popular ´para quebrar la voluntad ciudadana. La llama de la resistencia está encendida y alumbrará el camino de millones de peruanos.
Y Keiko deberá saber si eventualmente llegara a asumir la presidencia de la República, que no será reconocida en la inmensa mayoría de ciudades y poblados de nuestro territorio. Ni siquiera podrá convocar libremente una concentración ciudadana en Puno, Cusco, Apurímac, Huancavelica, Ayacucho y muchas otra ciudades del país.
No podrá, entonces, ejercer autoridad alguna, salvo que busque ganarla “a la fuerza”. Pero eso implicaría recurrir a la violencia extrema- En otras palabras, al fascismo. Los planes golpistas, finalmente, serán derrotados.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


