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Entrevista a Marco Revelli

Por qué, a pesar de todo, es importante que la izquierda que tenemos sobreviva electoralmente

Fuentes: Il Manifesto

«Para mí, ahora, la prioridad es mantener abierta la posibilidad de una lucha política. Es preciso tener un puente franco. Por eso, yo espero que de estas elecciones no salga destruida la Izquierda, ni que quede tan marginalizada, que termine por resultar invisible. Pero esta esperanza mía no tiene nada que ver con lo que esa izquierda es a día de hoy. Tiene que ver con aquello en lo que podría llegar a transformarse. Porque si perdemos ahora la posibilidad de una alternativa, la noche de la política lo calará todo, y el mar se cerrará sobre nosotros, como en el vigésimosexto canto del Infierno de Dante»

El «cráter» excavado por dos años de gobierno. La «liquidación de la izquierda» decidida por el PD. La naturaleza «no negociable» de las políticas de mercado. El «espanto y la desesperación» de millones de mujeres y de hombres. Marco Revelli no ahorra tonos apocalípticos al hablar del estado de cosas actual y de las perspectivas de la izquierda. Pero en el «invierno de nuestro descontento», el coloquio con el sociólogo turinés no puede sino empezar con un balance del gobierno Prodi.

¿Qué han significado estos dos años de gobierno Prodi?

Los dos últimos años han cavado un cráter del que estamos obligados a rendir cuentas: sobre todo, Rifondazione [Comunista] ha quedado gravemente tocada. No por un fracaso administrativo, o por incapacidad de las personas, de los ministros o de los parlamentarios, individualmente considerados. El problema es que ha sido derrotada en toda regla una línea política: aquella, conforme a la cual era posible era posible alterar los equilibrios políticos y sociales desde una posición de gobierno. Esa es la verdadera diferencia con «compromiso socialdemócrata» de la madurez del siglo XX: la actual sociedad no se deja penetrar por un gobierno no homologado. Las políticas tienen una «inelasticidad» inédita, y no son, por así decirlo, «negociables». Tal ha sido el marco del gobierno Prodi. Y tras las elecciones, es de temer que será todavía peor. Hemos entrado en una época estructuralmente «impolítica». Entendiendo por este término la degradación de la esencia de la política moderna: de la capacidad de deliberar sobre las bases mismas del orden social fundándose en un proyecto o en una idea de «sociedad justa». La capacidad de transcenderle orden existente para «edificar» otro libre y colectivamente elegido.

Precisamente, la caída del gobierno ha forzado a la Izquierda a acelerar el proceso unitario. Pero esa acumulación de fuerzas, ¿bastará para alterar el panorama?

Es una izquierda de reflejos espantosamente lentos, que a duras penas logra captar la dimensión de lo que está ocurriendo. El giro impreso por el PD altera todo el mapa de las identidades políticas italianas. Es una liquidación clarísima, explícita y, creo, irreversible, hasta del concepto mismo de centroizquierda. De una posible (y natural, vista la naturaleza del centroderecha italiano) alianza entre la izquierda llamada moderada y la izquierda llamada radical. Todavía podemos decir más: el PD es la ruptura consciente, deliberada y proclamada con las últimas raíces de una identidad «de izquierda». Pienso en sus símbolos, en su olvido de la resistencia y del antifascismo en la carta de valores, en los temas que lo identifican. Ôenso en la escandalosa campaña del pasado otoño contra la «ciudad frágil» -limpiaparabrisas callejeros, vagabundos, mendigos, nómadas- desencadenada por los alcaldes «democráticos» como primer acto de aquel proceso «constituyente». Es trágico que la parte mayoritaria de la exizquierda haya tomado esa opción.

Pero, ¿por qué considerar un mal el fin del centroizquierda? ¿No liberará eso a la izquierda para ser más ella misma?

Desde luego, pero lo que, en cierto modo, me «desespera» es que no se ve todavía una alternativa creíble a la altura del «terremoto centrista». Por doquiera que vaya me encuentro lo mismo, gentes alteradas y asustadas con las opciones tomadas por el PD, las cuales, sin embargo, no parecen tomar muy en cuenta la posibilidad de votar a la izquierda. Si la alternativa de izquierda quiere de verdad ser «nueva», tendría que medirse con una sociedad profundamente transformada, ser capaz de superar viejos dogmas (como el desarrollista), o el modelo mismo de partido burocrático del siglo XX; o al menos, de poner todo eso, abiertamente, en discusión. En cambio, me parece estar asistiendo a una especie de hibernación de las ideas frente a las amenazas, y al presagio, de la liquidación sin más de la izquierda. Les resulta muy difícil ver más allá de las vicisitudes electorales: al panorama y al vació que se abrirán, si no se innova radicalmente. Hay sobre todo, y pesa mucho, una total subestimación de los daños profundos causados por este año y medio de gobierno.

Se perfila, si no un «gobernísimo» entre el PD y el PDL [el partido de Berlusconi], sí al menos un explícito reparto de las tareas políticas y de las formas de la representación. Y en algún caso, hasta de los programas políticos.  

El PD, en este sentido, es un emblema paradójico de este «final de la política», o de la «inoperatividad» de la misma. Precisamente el PD, que se presenta como hiperpolítico, como el triunfo de la técnica política, es en realidad esencialmente im-político. Su línea es aceptar la realidad tal como es, y eso es la negación misma de la política. Para Veltroni, el país real es irreformable: por eso opta por «reformarse» a sí propio, por vía de adaptación. Y cuando dice que «no hay dos Italias, sino una sola», condena a muerte la política, porque hace coincidir el país real con su autobiografía negativa. Porque sanciona la reconciliación de toda Italia, incluida la minoría que se oponía, con la propia parte peor, con los propios vicios más arraigados, mientras que la política debería servir, al contrario, de tabla de rescate. La idea de ora Italia ha desaparecido, cuando no se presenta como un estorbo «a la bella unidad de los opuestos», como una idea residual, puramente testimonial.

En ese marco, ¿corre de verdad la izquierda parlamentaria el riesgo de desaparecer?

¿Qué puedo decirle? Ha perdido los últimos 4 meses discutiendo sobre reformas electorales.Y cuando propone la propia imagen de sociedad, la perfila de modo estereotipado y aproblemático. Está muy bien decir que se debe partir del trabajo y de la relación capital-trabajo. ¿Pero qué trabajo? ¿Qué figuras del trabajo en la era del despiezamiento del modelo fondista y de las grandes fábricas? Es un momento en que el trabajo consigue finalmente, a duras penas, dar cuenta de sí y de sus fuerzas. Tienen que arder vivos los trabajadores y sus cuerpos, para que se recuerde que hay todavía quien trabaja con el hierro y con el fuego. Que no sólo hay «emprendedores» y «empresarios de sí mismos».

¿Por qué, según tú, le cuesta tanto al mundo del trabajo asumir su subjetividad? ¿Por qué el único sujeto visible es el capital?  

Son preguntas de harto calado, pero si la izquierda no las contesta, se queda fuera de juego. Los otros, desgraciadamente, han dado una respuesta: para ellos, el único sujeto en escena es la empresa (y esto muestra, por si todavía hubiera necesidad de ello, el grado de impoliticidad de la situación, porque la «empresa» es, por definición, un sujeto privado). El PD de Veltroni presenta el programa de la Confindustria, punto por punto. Pone de candidato cabeza de lista al hijo de un empresario, según el viejo principio dinástico. Y no se trata siquiera del hijo de un «capitán de industria», de un self made man con vocación de productor, sino del hijo de un empresario-financiero, de un escalador en empresas ajenas. Luego, es verdad, viene también en la candidatura un obrero, un obrero que ha tenido que arriesgar la piel para cnquistar una visibilidad simbólica, y como ornamento simbólico ha sido elegido: el testimonio de un residuo y de una dificultad. A mí me parece una operación espantosamente cínica, ¿pero qué dicen los nuestros? Callan.

¿Cómo te explicas esta afasia?

La izquierda está áfona por dos motivos. Por la vorágine de una experiencia de gobierno no meditada (y un luto no reelaborado es venenoso, como cualquier «remordimiento»). Y por un grave retraso cultural en el análisis de la sociedad. Aunque comprendo que resulta difícil afrontar estos temas en una campaña electoral en la que luchas por la supervivencia.

¿te esperabas una ofensiva clerical como la desarrollada en torno al aborto, que ni siquiera guarda ya las apariencias?

Es otro aspecto de la debilidad de una izquierda demasiado tímida tambiñen en el terreno de los valores. Hoy, si quieres conquistar terreno, tienes que tener una visión ética y axiológica muy robusta. No te puedes mover sólo en defensa de las conquistas de las pasadas décadas; tienes que presentar una visión coherente, capaz de suscitar pasiones y entusiasmo en las generaciones que viven en el mundo transformado de hoy. Debes pulsar los nervios de la vida vivida. En cambio, hasta en sus comportamientos cotidianos, esta izquierda política, en sus protagonistas públicos, resulta desoladora. En las relaciones en su seno, pongamos por caso, es incapaz de ofrecer el ejemplo de un estilo distinto, no logra superar la mezquindad de una práctica micro-competitiva. De un manifiesto «marcaje al cuerpo». También la manera en que se ha llegado, cuellitorcidamente, a esta Izquierda Arcoiris resulta un tanto desoladora; sin entusiasmo y sin señales nuevas. El movimiento obrero, en sus orígenes, irradiaba una profunda esperanza de palingénesis, de cambio moral, que hoy parece espantosamente ausente. Los otros recuperan las peores visiones tradicionalistas, pero, entretanto, se afianzan cual planta trepadora y condicionan el terreno de los valores. No puedes enfrentarte a su desafío con lógicas burocráticas.

¿Y no te parece extemporánea esa competición por los valores? Si miramos a EEUU, me parece la campaña presidencial 2008 se mueve en otras coordenadas: asistencia sanitaria, crisis económica, errores en la política exterior…

Aquí, en Italia, andamos con retraso; es verdad. La operación de las derechas es técnicamente reaccionaria, de Restauración estilo 1815. Ni siquiera se percatan de que incluso las figuras que encarnaron esas ideas políticas no gobernaron en el terreno elegido por ellas mismas. Dejemos de lado a Bush, pero es que hasta Sarkozy se está revelando como un com,ediante de tercera fila, un muñecote de tres al cuarto. La nuestra es una derecha que amalgama impunemente los «padres píos» con el papel carbón. Que ofrece un espectáculo grotesco de hombres que celebran el family day con 2 o 3 familias de encargo. ¿Cómo es posible no ver la mistificación de quien celebra la familia de día, jactándose de ir por la noche al night? La gran prensa es, al respecto, o complaciente o reticente. Ni siquiera somos capaces de juzgar a los hombres por lo que son. Para desmitificar aspectos tan ridículos vendría aquí al punto un robusto neopuritanismo, como el de los levellers en la Revolución inglesa de 1648, el radicalismo ético de Puritanismo y Libertad, contra la contrarreforma postmoderna emprendida por un puñado de reaccionarios que se sirven de las innovaciones más radicales para restaurar la peor Tradición. Como antídoto a eso, tuvimos aquí a los Salvemini, a los Gobetti, a los Ernesto Rossi…, exponentes, todos ellos, de la «Otra Italia». Pero yo no veo hoy todo ese rigor de otros tiempos. Veo tantos secuaces del Padre Pío y del Opus Dei en la derecha, en el centro, y aun en…

Pintas un cuadro verdaderamente desolador. ¿Pero hay todavía posibilidades de interesarse por esta Izquierda?

Interés, siempre lo hay. Para mí, ahora, la prioridad es mantener abierta la posibilidad de una lucha política. Es preciso tener un puente franco. Por eso, yo espero que de estas elecciones no salga destruida la Izquierda, ni que quede tan marginalizada, que termine por resultar invisible. Pero esta esperanza mía no tiene nada que ver con lo que esa izquierda es a día de hoy. Tiene que ver con aquello en lo que podría llegar a transformarse. Porque si perdemos ahora la posibilidad de una alternativa, la noche de la política lo calará todo, y el mar se cerrará sobre nosotros, como en el vigésimosexto canto del Infierno de Dante.

Marco Revelli , antiguo militante del autonomismo obrero italiano y celebrado estudioso del fordismo y el postfordismo, es profesor de ciencia política en la Universidad de Turín. Sus dos últimos libros más debatidos son La sinistra sociale (una investigación muy importante sobre el tránsito del capitalismo fordista al postfordista y la evolución de las bases sociales de la izquierda) y Más allá del siglo XX (traducido al castellano y publicado por la editorial El Viejo Topo, Barcelona, 2003).

Traducción para www.sinpermiso.info : Leonor Març

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