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Segunda generación de inmigrantes, nuevos sujetos políticos

Fuentes: Rebelión

En memoria de Abdul Guibre, masacrado por una caja de bizcochos en Milán, septiembre de 2008.

La perspectiva que me interesa desarrollar implica tomar a los hijos de los exilios como sujetos político-sociales y culturales. Desde esta perspectiva, los temas de identidad, conflictos generacionales, tensiones culturales, se presentan sólo como variables explicativas dentro de un marco social histórico y político.

El universo de la llamada segunda generación abarca a los jóvenes nacidos en familias inmigrantes y /o inmigrantes ellos mismos. La segunda generación actual presenta características distintivas, diferenciándola de la segunda generación de la sociología clásica norteamericana del melting pot, del crisol de razas que se complacía en presentarla como totalmente asimilada y rechazando cuasi-avergonzada la cultura originaria de sus padres.

La presencia de estas nuevas segundas generaciones pone en cuestionamiento la interpretación de los procesos migratorios como lineares y evolutivos: del extrañamiento inicial hacia una progresiva asimilación en la cultura de la sociedad mayoritaria y finalmente una participación exclusiva en el país de inmigración.

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Etienne Balibar, en su fundamental obra, Raza, Nación y Clase, ha considerado abusivo el calificativo de inmigrante a la segunda generación en la idea que se les negaba de esa manera su participación y pertenencia en el país de nacimiento y de vida.. La existencia de esta segunda generación como resultado de las múltiples barreras a la movilidad social desafía el modelo teórico y político de una asimilación rectilínea que evaluaba la adecuación a un tipo nacional mítico como señal de integración y a la vez garantía contra cualquier conflictividad social.

Sin embargo, en la actualidad la segunda generación contesta la adjudicación de esta categoría discriminante y negativa cuando es aplicada desde arriba y desde afuera, convirtiéndola en una autodefinición positiva cuando es aplicada desde adentro de las comunidades exiliadas e inmigrantes. «Nosotros todos somos /segunda generación» proclamaban los jóvenes franceses en las manifestaciones anti-LePen, afirmando así su pertenencia a la historia social de sus países de nacimiento y de origen. En la Conferencia Gridalo Forte de Génova de junio del 2007, los jóvenes de origen extranjero se reivindicaron como segunda generación, rechazando el término `inmigrante´ a la vez que reclamaban derechos de ciudadanía, participación y políticas activas por parte del estado y no sólo la actitud pasiva de escuchar reclamos. La participación creciente, en primera línea de estos jóvenes en los movimientos sociales, en los partidos políticos y en acciones solidarias con el Tercer Mundo ha señalado su respuesta crítica al racismo ,la marginalidad y a las nuevas formas de colonialismo.

La participación de los jóvenes inmigrantes, hijos de diferentes y globales exilios económicos y políticos en movimientos sociales puede interpretarse como una forma de incorporación y participación en la sociedad civil que no sigue el mainstream de la clase media nativa y que tampoco acepta el ghetto, la exclusión, la invisibilidad y el insulto o la ciudadanía de segunda . Esta participación es producto de -y a la vez implica- nuevas formas de identificación. Se presenta un pasaje de formas de identidad dual en lo nacional y /o cultural a formas panétnicas con connotaciones de resistencia cultural y de compromiso político. Lo novedoso del fenómeno actual de estas segunda generación reside en el inédito encuentro de jóvenes de muy diferentes orígenes, latinoamericanos, kurdos, argelinos, etíopes, marroquíes, paquistaníes, etc. producto de las diásporas postcoloniales y de los exilios contemporáneos, también con la confluencia de estos jóvenes con los sectores nativos progresistas  que cuestionan el sistema en la lucha por los derechos civiles y de trabajadores y en la solidaridad con el Tercer Mundo en el contexto de una interculturalidad de facto.

Para que estas nuevas generaciones, hijas de múltiples exilios, hayan logrado visibilidad han coactuado diversos factores, uno de base es la prolongación del status de joven como fenómeno social- económico-cultural a nivel mundial. Esta visibilidad está también ligada inevitablemente al creciente racismo y la discriminación. Este nuevo racismo tiene connotaciones multiformes que le permite encarnarse en diversos sectores de la sociedad, aparecer incluso enmascarado en discursos de tolerancia, del diferencialismo cultural o ser vociferado abierta y vulgarmente por los partidos populistas y los cabezas rapadas. Puede ser entendido como un racismo nacionalista de clase según la definición de Balibar, o un racismo competitivo en la medida que los diferentes grupos inmigrantes son percibidos como siendo un problema ya que protestan contra su status inferior y reclaman un igual acceso a la educación, al trabajo ,a la igualdad de oportunidades y al espacio. Racismo que puede ser conceptualizado según A.Sivanandan como un xenoracismo que descarga su violencia y explotación sobre todos los extranjeros pobres incluso si son blancos.

La participación de estos jóvenes salidos de la inmigración -como gustan definirlos los medios y especialistas franceses- en movimientos que constituyen el embrión de una sociedad civil global/ transnacional/ internacional se enmarca dentro de una posición crítica a la construcción de la Unión Europea con sus actuales características de una Fortaleza Europea que reproduce relaciones de dominio Norte/ Sur, sea en su política económica, en las relaciones internacionales y de cooperación al desarrollo, como en su política interna en materia de ciudadanía y de políticas de asilo restrictivas.

Considero importante resaltar que esta participación y visibilidad de la segunda generación se enmarca ineludiblemente en los intensos y dinámicos procesos de movilización del Tercer Mundo. El impacto del neoliberalismo y de las políticas de ajuste estructural ha causado empobrecimiento masivo de los países periféricos, guerras y desastres ecológicos pero no significaron el silenciamiento de sus sociedades. Lenta y trabajosamente desde los años noventa, la organización y trascendencia de los movimientos sociales de América Latina, de Asia y en África, comenzaron a lograr pequeñas y significativas victorias políticas y reconocimiento a sus luchas, se podría citar como ejemplo, los Trabajadores Sin Tierra de Brasil, los cocaleros bolivianos, los Zapatistas, los indígenas de Ecuador, los movimientos de Derechos Humanos, Madres de Plaza de Mayo, Vía Campesina y los Foros Sociales Mundiales y en tantos otros.

En estos movimientos y organizaciones sociales, la segunda generación se ha sentido y se siente identificada y solidaria. Les han permitido una identificación de la cual sentirse orgullosos y los inspiran en su actividad política y en la interpretación de la realidad. Al mismo tiempo, el desarrollo de los dispositivos de comunicación y los avances tecnológicos facilitan las comunicación (vía internet, viajes, redes) a un grado jamás experimentado ni imaginado por las diásporas e inmigrantes del pasado. Los jóvenes con sus orígenes en el Sur, el geográfico y el simbólico, tienen un contacto y conocimiento directo con las luchas del tercer mundo, la pobreza y los desastres causados por el neoliberalismo y sus dictaduras.

La música constituye un documento rico para el estudio del mundo de estos jóvenes, que pareciera ser la forma estética preferencial para expresar sus sueños, preocupaciones, rabias y miedos. En la música pueden plasmar una forma de protesta y de participación que no encuentran en otras organizaciones sociales, como los sindicatos y los partidos políticos -núcleos de pertenencia característicos de la generación de sus padres. Las canciones, el rock duro, el rap, el hiphop, documentan la preocupaciones de la nueva generación, aluden en forma explícita a la situación de estos jóvenes inmigrantes, los pelo negro, las cabezas negras, usando el humor y el sarcasmo. La cantante Diam de origen franco-chipriota representa la visión orgullosa del mestizaje, superadora del resentimiento y del anclaje en la victimización : Je suis métisse mais pas martyre/J´avance le coeur léger/mais toujours le poing levé ( Soy mestiza pero no mártir,/avanzo con corazón ligero/ pero siempre con el puño en alto)

La vida social y política de estos jóvenes es un rico y dinámico universo en su variedad de subgrupos. El internacionalismo y la multiculturalidad de su relación con diferentes países y su identificación con «otros» extranjeros les permite cantar como definición propia el `Clandestino´ de Manu Chao.

«Perdido en el corazón de la grande Babilón ,me dicen el clandestino por no llevar papel/ mano negra /clandestina…»

En síntesis, el impacto del neoliberalismo en los países periféricos y el desmantelamiento del Estado de Bienestar en los países centrales ha creado situaciones objetivas para el surgimiento de movimientos de oposición en los países del Primer y del Tercer Mundo. Seattle, Melbourne, Québec, Gotemburgo, Génova, el movimiento pacifista del 2003, y el Foro Social Mundial en este septiembre en Malmö han sido manifestaciones que con su proliferación de grupos, redes internacionales, han eficazmente movilizado y concientizado a los jóvenes sobre las injusticias ,las relaciones de comercio desigual, las guerras, la interrelación entre la polarización social creciente en los países centrales, las expulsiones de refugiados ilegales y la pobreza y endeudamiento del Tercer Mundo, las patrias de sus padres.

Las segundas generaciones, hijas de una historia, a menudo estereotipadas como una categoría de riesgo social, consideradas excedentes, la escoria al decir de Sarkozy, contingentes, en el sentido de no necesarias en su contribución a los países donde viven, han ganado espacio, participación y liderazgo en el amplio espectro de los movimientos sociales. La segunda generación de inmigrantes están demostrando con coraje e inteligencia que no se puede pisotear la dignidad de las personas ni en el tercer mundo ni en la convertida en Fortaleza desenmascarada.

Primo Levi debe estar sobrecogido de espanto y vergüenza ante la sincronía del Operativo Retorno por parte de la unión Europea y la masacre de trabajadores africanos en su patria.

(*) Abdul Guibre fallecía el 14 de septiembre en el Hospital Fatebenfratelli de Milán en el que Florencio Sánchez, dramaturgo de la cuestión social y obrera, también falleciera pobre y enfermo en noviembre del 1910.