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La UE debe liberarse de una vieja armadura heredada de la guerra fría

Sobran soldados

Fuentes: El Periódico

Hace unos meses, y en medio de la polémica internacional por las negativas implicaciones de la estrategia estadounidense de ataques preventivos o anticipatorios, el alto representante de la UE para la política exterior y de seguridad común (Pesc), Javier Solana, se apresuró a distanciarse de esta mirada belicista de la Administración de Bush, fijando tres […]

Hace unos meses, y en medio de la polémica internacional por las negativas implicaciones de la estrategia estadounidense de ataques preventivos o anticipatorios, el alto representante de la UE para la política exterior y de seguridad común (Pesc), Javier Solana, se apresuró a distanciarse de esta mirada belicista de la Administración de Bush, fijando tres objetivos principales para la estrategia de construcción de una política exterior de seguridad de la UE. Uno, creación de una zona de seguridad alrededor de Europa, estableciendo un círculo de buen gobierno en las fronteras orientales –de los Balcanes al Cáucaso– y en el contorno mediterráneo. Dos, establecimiento de un orden internacional más estable y equitativo, reforzando la eficacia del sistema de Naciones Unidas y del multilateralismo. Y tres, disponer de medios para hacer frente a las amenazas, lo que implica poderse anticipar para prevenir la concreción de dichas amenazas y el desarrollo de una política sistemática de acción preventiva.

La apuesta europea, en definitiva, se basará en tres pilares: gobernabilidad en el entorno exterior europeo, multilateralismo y prevención de conflictos violentos, a lo que habría que sumar el equilibrio en las relaciones con EEUU y el asumir operaciones de mantenimiento de la paz fuera del continente. Estas buenas voluntades contrastan, sin embargo, con una vieja estructura militar, herencia de la guerra fría, que asocia seguridad con armamentismo. Los países de la UE destinan 145.000 millones de euros anuales para mantener a sus fuerzas armadas, integradas por casi dos millones de soldados, cuando sólo un 2,1% de los mismos participa en operaciones de paz, y sólo un 0,3% en operaciones de Naciones Unidas. Sobran, por tanto, millón y medio de soldados, lo que permitiría ahorrar decenas de miles de millones de euros cada año para dedicarlos a la prevención de los conflictos, para promover la gobernabilidad de los países de nuestra periferia y para fortalecer el sistema de Naciones Unidas.

La UE necesita liberarse de una vieja armadura que no permite entender la seguridad de manera más apropiada para hacer frente a los desafíos de hoy, que no pueden combatirse sólo con las armas.