A mediados de la década de los ochenta los destinos de Afganistán y Nicaragua estuvieron entrelazados en el ajedrez de la confrontación este-oeste.
A mediados de la década de los ochenta los destinos de Afganistán y Nicaragua estuvieron entrelazados en el ajedrez de la confrontación este-oeste.
Desde hace algunos años, pero de forma más aguda últimamente, Nicaragua se ha convertido en el nuevo objetivo para ser derribado en el “pimpampum” que un conjunto de países occidentales -léase imperialistas- juegan con Cuba, Venezuela y Bolivia en el continente americano.
Continúan las acusaciones contra Nicaragua, previos a las elecciones en noviembre 7-2021. Pero, no se resaltan los logros económicos-sociales del país centroamericano.
Probablemente sea cierto que Daniel Ortega es corrupto, represor e incompetente. Y que gran parte de los manifestantes son pacíficos y pretenden el bien para su país.
Nicaragua vuelve a ser noticia. Pero no por ser uno de los países con la mayor reducción de la pobreza y la desigualdad social a nivel mundial desde 2007 (la pobreza a la mitad, la pobreza extrema a un tercio, y pasando de ser el cuarto país más desigual a ser el cuarto menos desigual en América Latina).
Nicaragua otra vez. Ese país impenitente vuelve a las portadas de la prensa corporativa. La izquierda europea y no digamos la española está superdividida para entender lo que sucede en estos días de junio.
En las últimas semanas la dictadura Ortega Murillo ha protagonizado una ola de represión política sin precedentes en Nicaragua.
Las protestas en Nicaragua han erosionado la alianza entre el gobierno, el gran empresariado y las iglesias. Entretanto, la represión alentada por Daniel Ortega y Rosario Murillo aumenta y las elecciones de noviembre de 2021 están lejos de ser competitivas. Las fuerzas contrarias al régimen se encuentran disgregadas y las detenciones de potenciales candidatos se han vuelto cotidianas.