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En la Universidad de Leiden (Holanda)

Un Congreso analizará el 19 de octubre el futuro de los Jefes de Estado europeos no-electos (Reyes)

Fuentes: La República

El verdadero proceso de integración europea comenzó en 1957. Este proceso tiene consecuencias formales e informales para la constitución de los Estados miembros. Este Congreso se centrará particularmente en la posición de los Jefes de Estado no-electos (casos del Reino Unido, España, Holanda, Bélgica, Suecia, Dinamarca y Luxemburgo). La pregunta principal es cómo se pueden […]

El verdadero proceso de integración europea comenzó en 1957. Este proceso tiene consecuencias formales e informales para la constitución de los Estados miembros. Este Congreso se centrará particularmente en la posición de los Jefes de Estado no-electos (casos del Reino Unido, España, Holanda, Bélgica, Suecia, Dinamarca y Luxemburgo). La pregunta principal es cómo se pueden interpretar su integración democrática desde una perspectiva constitucional.

Por medio de varios tratados y de otros instrumentos jurídicos, una parte sustancial de la soberanía nacional de los Estados miembros se han transferido a la Unión Europea. Una de las cuestiones que debemos analizar es el impacto que tiene esta erosión de la soberanía nacional en la posición de estos Jefes de Estado que no están sometidos a la voluntad de la ciudadanía.

Por un lado, el proceso de integración europea podía causar una erosión gradual de la institución monárquica porque la ciudadanía se transforma en agente activo de transformación y participación en un ámbito que trasciende de lo meramente «nacional»; esto debería debilitar la base natural de la monarquía, particularmente si la monarquía está conectada estrechamente con sentimientos nacionales. Y es que, en algunos casos, estos nacionalismos monárquicos tienen una dimensión casi transcendente (que suele ser «Dios y Patria»). ¿La integración europea llegará a evocar sentimientos comparables en estos países?

Por otra parte, el proceso de integración europea podría causar un contragolpe nacionalista que consolidaría la posición de este tipo de monarquías. Tal reacción es imaginable si las monarquías emprendieran una labor que pasara por transmitir miedos y temores a los ciudadanos, tratando de hacerles ver que la integración afecta negativamente a su seguridad socioeconómica y socio-cultural.

Con este panorama, los ciudadanos prefieren el sentido de la seguridad del estado de la nación, del nacionalismo tradicional y de sus sentimientos transcendentes. Para analizar estas tendencias, es interesante prestar atención a las diferencias entre los Estados miembros. En Flandes, por ejemplo, los sentimientos nacionales son anti-monárquicos. En Holanda, los sentimientos nacionales y la monarquía están muy arraigados.

Durante este Congreso, todas estas cuestiones serán tratadas, y se analizará cómo las monarquías de la Unión Europea se adaptan a los principios constitucionales, así como vaticinar el futuro de los Jefes de Estado no-electos.

Los contenidos de este Congreso serán recogidos en un libro que se publicará en 2008.