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Étienne Davignon, último testigo del asesinato de Lumumba y mentor del rey Balduino

Fuentes: Rebelión [Foto: Patrice Lumumba en el momento de su detención]

Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Este aristócrata belga, que fue un joven diplomático en Kinshasa y después en en Brazzaville en el momento de la caza y ejecución del primer ministro congolés en 1961, deberá responder a las preguntas de los jueces por decisión de la Fiscalía de Bruselas. Una auténtica bomba en Bélgica, donde esta persona cercana a Palacio y que parecía intocable ha escalado todos los puestos de la clase dirigente.

¿Se pasará página alguna vez? En vísperas de celebrarse el próximo 30 de junio el 65 aniversario de la independencia de la República Democrática del Congo (RDC), resurge el fantasma del Patrice Lumumba, el efímero primer ministro asesinado en 1961.

Para sorpresa general, la Fiscalía federal belga ha pedido la comparecencia ante del tribunal de primera instancia de Bruselas de uno de los actores principales de la tragedia que marcó la independencia de la antigua colonia belga: el conde Étienne Davignon, de 92 años, deberá comparecer el 20 de enero de 2026 (1). La Fiscalía consideró en su denuncia que el puesto que entonces ocupaba Étienne Davignon como joven diplomático en prácticas primero en Kinshasa y después en Brazzaville le había permitido conocer el proyecto para detener a Patrice Lumumba. El aristócrata belga está acusado de «detención y traslado ilícito de un prisionero de guerra», «privación del derecho a un juicio justo» y «trato inhumano y degradante». La intencionalidad de matar no se aceptó y se solicitó el sobreseimiento de este punto.

Ha empezado una carrera contra el tiempo: la familia, representada por el sobrino de Lumumba, Jean-Jacques Lumumba, el denunciante, considera que «Bélgica ha dado a las personas responsables tiempo para desaparecer». La acusación no dejará de recordar que las circunstancias del asesinato de Patrice Lumumba forman parte de la historia de la RDC: el primer ministro elegido en mayo de 1960 y que tuvo que hacer frente a un motín en el ejército cuyo comandante en jefe fue Joseph Désiré Mobutu, fue destituido el 5 de septiembre siguiente.

Lumumba fue acosado y encarcelado. Se evadió, pero fue capturado otra vez por el ejército de Mobutu, guiado por Estados Unidos y apoyado por Bélgica. El país quedó marcado por el recuerdo de la persecución de Lumumba y de sus dos compañeros, el ministro de Juventud Maurice M’Polo y el senador Joseph Okito.

Guerra Fría y caza de «comunistas»

Los adversarios de Lumumba eran demasiado numerosos: los habitantes de la provincia de Kasai no le habían perdonado la represión de su levantamiento (2), los de la región de Katanga, dirigidos por Moïse Tshombé, un antiguo comerciante investido por la todopoderosa Union minière du Haut-Katanga [Unión Minera de Alto Katanga], soñaban con secesionarse, animados por algunos medios belgas y por los franceses deseosos de recuperar su posición en un país que se les había escapado durante la Conferencia de Berlín de 1885.

Pero, sobre todo el antiguo colonizador belga, representado por el rey Balduino, heredero de Leopoldo II, alimentaba un odio tenaz hacia un hombre que el 30 de junio de 1960, durante la ceremonia de independencia del país, había pronunciado un discurso memorable, que a ojos de su pueblo era fundador y a los de los colonizadores, insultante: «Conocimos las burlas, los insultos, los golpes que tuvimos que sufrir mañana, tarde y noche, porque éramos negros. […] Hemos visto que la ley no era jamás la misma según se tratara de un blanco o de un negro […]» (3).

Esta denuncia del colonialismo tuvo unas consecuencias fatales: este hombre, que nunca había estado en la Unión Soviética y cuyos amigo belgas eran más bien liberales, fue sospechoso de simpatizar con el comunismo, lo que en esos tiempos de Guerra Fría equivalía a una condena a muerte. El doloroso periplo de Patrice Lumumba acaba en Katanga, a donde fue trasladado en enero de 1961.

La obra de Ludo de Witte hace recordar

Lumumba y sus dos compañeros Joseph M’Polo y Okito fueron salvajemente golpeados durante el vuelo, hasta el punto de que la tripulación belga había cerrado la puerta de comunicación con la cabina para que no les molestaran. Los prisioneros fueron trasladados a la villa de un belga, la mansión Brouhez. Los dignatarios de Katanga se pasaron la noche insultándolos y pegándolos hasta que a la mañana siguiente los tres prisioneros, gravemente heridos pero todavía en pie, fueron llevados a un claro del bosque y fusilados.

La muerte de Lumumba y sus compañeros, una especie de crimen fundacional, entró en la historia de África desde la década de 1960, después de que Joseph Désiré Mobutu, el amigo traidor, se convirtiera en el «Guía Supremo» de un país rebautizado como «Zaire» .

En Bélgica el caso se consideró cerrado durante mucho tiempo. A pesar de los esporádicos artículos de prensa, de algunos libros y de los recordatorios de algunos partidarios de Lumumba refugiados en Bélgica, los testigos y los actores belgas del descenso a los infiernos del primer ministro vivieron próspera y plácidamente. Hasta que apareció un libro que no era una tesis académica o una tarea tranquilizadora, sino el fruto de una verdadera investigación que había llevado a cabo Ludo de Witte, entonces funcionario del Estado belga, pero, sobre todo, un investigador incansable y un hombre de izquierda: con el sobrio título de El asesinato de Lumumba (Editorial Karthala), la obra despertó las memorias vacilantes y prendió la mecha.

La ejecución fue seguida hora a hora

El autor demuestra con gran precisión que ciudadanos belgas, militares, civiles, funcionarios y diplomáticos siguieron hora a hora la muerte del primer ministro. Entre otros detalles sórdidos, la estupefacta opinión pública supo que los cuerpos, que primero habían sido enterrados cerca del lugar del crimen, fueron trasladados después más lejos, descuartizados con una sierra eléctrica y disueltos en un baño de ácido para hacer desaparecer cualquier huella material.

Estas informaciones marcan el principio de otra historia, tan belga como congolesa: una comisión de investigación parlamentaria que se formó al principio de la década de 2000 trabaja con una prudencia de espeleólogo y escucha muchos testimonios que revelan la responsabilidad de ciudadanos belgas, pero suprimen de su campo de investigación el contexto de la Guerra Fría y la implicación de otros actores, incluidos Estados Unidos y la CIA, que colaboraron estrechamente con sus homólogos en Bélgica.

Cuando la comisión parlamentaria acabó su trabajo Bélgica, pidió disculpas a las familias de los tres difuntos por medio de su ministro de Asuntos Exteriores, Louis Michel. Después de comprometerse a indemnizarlas a través de una fundación, el ministro liberal consideró que, ahora sí, se había pasado página.

Un diente como restos mortales

La historia, sin embargo, no había terminado. Gérard Soete, uno de los militares que se había encargado de hacer desaparecer los cadáveres, quiso quedarse con un «recuerdo» macabro: dos dientes arrancados a Lumumba, uno de los cuales, según afirmó el militar, lo arrojó al mar del Norte y el otro, cuidadosamente conservado, fue incautado en 2016, introducido en un sobre y depositado en un cajón de la Fiscalía de Bruselas.

En 2018 Bélgica apoya a Félix Tshisekedi, que había sustituido a Joseph Kabila tras unas controvertidas elecciones presidenciales. El nuevo amo de Kinshasa considera a Bélgica su «otro Congo». Nadie se opone cuando la familia de Lumumba reclama que se repatrie la reliquia de Lumumba: habría sido inoportuno en esos tiempos de reconciliación recordar que el padre de Félix Tshisekedi no siempre fue un feroz opositor a Mobutu y que había firmado la orden de detención de Patrice Lumumba en su condición de ministro de Justicia. El primer ministro belga, Alexander De Croo, colabora de buen grado.

Pero, para colmo de lo absurdo, hubo un robo en el mausoleo construido en Kinshasa, cerca del cruce de Limete, mal conservado y mal vigilado. Según las autoridades, los «restos» de Lumumba se trasladaron a otro lugar por precaución.

Davignon, un puro producto de la clase dirigente

Tras estos reconocimientos, ya no era cuestión de preguntarse sobre la posibilidad de que el rey Balduino tuviera alguna responsabilidad en la decisión de eliminar a Lumumba. La comisión parlamentaria de investigación solo había abordado por encima la cuestión: se había contentado con indicar que, como el proyecto constaba en una nota entregada al rey, este, que había rubricado todas las páginas del documento, no había expresado objeción alguna.

Patrice Lumumba (al salir de la cárcel en enero de 1960), Étienne Davignon y el rey Balduino (en Leopoldville, el 30 de junio de 1960). © DR Graphisme : Afrique XXI

También se descartó interrogar en profundidad a los dos testigos belgas aún vivos, Jacques Brassinne y Étienne Davignon. El primero trabajaba en Katanga como funcionario colonial cuando llegaron Patrice Lumumba y sus compañeros. Más tarde dedicó años a redactar sus memorias y a preparar una tesis doctoral cuidadosamente documentada en la que presentaba a los belgas que estaban en Katanga como impotentes espectadores de una tragedia cuyo alcance y consecuencias les superaban, mérito fue recompensado con su ennoblecimiento.

Étienne Davignon, por su parte, consiguió librarse y siempre se ha negado a dar cualquier tipo de explicación. Y con razón: en el momento de los hechos era un joven diplomático en prácticas de 28 años, que había sido enviado como refuerzo a Kinshasa en vísperas de la independencia y que posteriormente estuvo destinado en la embajada belga en Brazzaville. La RDC no fue sino la primera etapa de una larga y prestigiosa carrera que lo iba a convertir en uno de los hombres más prominentes de Bélgica. Étienne Davignon es un puro producto de la clase dirigente belga. Su itinerario personal recuerda a la época en la que este país pequeño era a la vez rico, respetado y muy escuchado por Estados Unidos en lo referente a la RDC.

Una familia cercana a Palacio

Este hombre, que recibió el título de conde, relata con gran entusiasmo en un libro de memorias (Étienne Davignon, souvenir de trois vies, ediciones Racine, 2019) la carrera de un hombre nacido en una buena familia, rico y que tuvo tres vidas, todas ellas igual de exitosas: en la diplomacia, en la Comisión Europea y en los negocios.

Este hombre dotado de un inmenso don de gentes es hijo de un diplomático, el vizconde Jacques Davignon, que había acompañado al rey Leopoldo III (1934-1951) cuando este se desplazó a Berchtesgaden para entrevistarse con Adolf Hitler, lo que posteriormente se le reprochó. Su madre, apellidada Liedekerke, fue dama de honor de la reina Elisabeth, viuda del rey Alberto (1909-1934) y creadora del prestigioso « Concurso musical internacional Reina Élisabeth de Bélgica».

Educado en colegios católicos, licenciado por la Universidad de Lovaina e hijo de buena familia, lo más natural era que aquel a quien todos llamaban «Stevie» eligiera la carrera diplomática. Aunque estaba en prácticas, contaba con una buena agenda de contactos, por lo que antes de cumplir los 30 años se encontró en un país que acababa de acceder a la independencia sin estar preparado para ello.

«No sabíamos»…

Étienne Davignon insiste en su obra en el hecho de que entonces las decisiones concernientes al Congo belga eran competencia ante todo del ministro de Asuntos Africanos, Harold d’Aspremont Lynden, y no de su superior directo, el ministro de Asuntos Exteriores, Pierre Wigny. No obstante, estos dos hombres coincidían políticamente.

Puede que fuera subalterno y estuviera en prácticas, pero sin duda era un hombre de confianza: este joven diplomático asistió a la ceremonia [de independencia de la RDC] del 30 de junio en Leopoldville (la futura Kinshasa) y constató que el rey Baldiuno, tras pronunciar «un discurso increíblemente paternalista», está «pálido de cólera» cuando Lumumba pronuncia su discurso, que se consideró «insolente y agresivo».

Cuando los disturbios provocan la salida precipitada de los belgas, Davignon se muestra muy discreto respecto a su papel cuando se persigue y después asesina al destituido primer ministro: «En Bélgica ni el primer ministro ni en Asuntos Exteriores sabíamos que [Patrice Lumumba] estaba muerto. Un mes después llegamos a Elisabethville [hoy Lubumbashi], el día que se anunció oficialmente su muerte».

Asuntos Exteriores, Société générale de Belgique…

Si bien afirma que él no sabía nada, Davignon deja caer la pregunta molesta: «¿Y el Palacio real lo sabía». Se pregunta sobre todo si el mayor Guy Weber, cercano a Moïse Tshombé y oficial del rey, había informado al soberano de lo que se estaba preparando.

Los documentos exhumados por la comisión de investigación parlamentaria ya habían respondido a esa pregunta: recuerdan que el jefe de Estado tuvo conocimiento, al menos una vez, de una carta dirigida a su jefe de gabinete por el mayor Weber que aseguraba que la vida de Lumumba corría peligro, información que no había suscitado reacción alguna. Es cierto que esta carta, que el rey leyó con atención y rubricó en cada página, trataba sobre todo de su próxima boda …

El hecho de poner en tela de juicio a Étienne Davignon por una vieja historia, aunque nunca se había olvidado, interpela a la clase dirigente belga, en cuyo seno había prosperado el afable vizconde: después de su aventura africana, «Stevie» había sido hasta 1976 director político en el ministerio de Asuntos Exteriores y tuvo un papel importante en el seno de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE). Fue vicepresidente de la Comisión Europea, responsable del mercado interno y de industria. En 1985 es miembro del Consejo de Administración de la Société générale de Belgique (4) y hace todo lo posible para que este venerable holding, que tanto debía a la RDC, pase a estar bajo el control de la sociedad francesa Suez, fuera de las manos del italiano Carlo de Benedetti.

¿Recompensa por los servicios prestados?

Solvay, Sofina después Petrofina, Union minière que se convierte en Umicore…También es Davignon quien, tras la quiebra de la compañía [aérea] nacional Sabena, lanzó Brussels Airlines. Igualmente lo encontramos al frente del Palacio de Bellas Artes de Bruselas, del circuito automovilístico de Spa-Francorchamps y de muchas otras instituciones, sin olvidar la Comisión Trialteral y muchas fundaciones europeas.

Si Étienne Davignon comparece ante un juez de Bruselas, tendrá que recurrir a sus recuerdos de juventud. Puede que se le pregunte si las muchas promociones que han marcado su larga carrera no fueron en parte un testimonio de reconocimiento de los servicios prestados durante sus años en África.

La familia de Patrice Lumumba, que estará presente en el juicio, explicará por qué ha insistido hasta el final para que Étienne Davignon pueda, por fin, decir «su» verdad. Lo recuerda Jean-Jacques Lumumba: «Es la democracia congolesa la que fue decapitada con el asesinato de Lumumba y Congo sufre todavía hoy las consecuencias de ello. El hecho de haber frenado esta democracia cuando estaba empezando precipitó al país en el caos en el que todavía estamos».

Colette Braeckman fue reportera de la sección internacional del diario belga «Soir» y es especialista en África Central y la región de los Grandes Lagos, en particular Ruanda, Burundi y la RDC. Es autora de 17 libros, incluido Mes carnets noirs,publicado en 2023 por Éditions Weyrich.

Notas:

(1) En efecto, Étienne Davignon compareció ese día ante el tribunal para prestar declaración y en las siguientes semanas se espera que los jueces decidan si llevan o no el caso contra Davignon a juicio. La próxima audiencia tendrá lugar el 17 de marzo de 2026 (N. de la t.).
(2) Le Monde, «M. Lumumba a mis fin à la sécession de l’“État minier” du Kasai», 30 de agosto de 1960, véase aquí.

(3) Patrice Lumumba, «Discours de l’indépendance», 30 de junio de 1960, véase aquí (se puede leer en castellano aquí) .

(4) La Société générale de Belgique fue fundada en 1822 por el rey Guillermo I y fue el principal holding financiero e industrial del país y un actor fundamental del desarrollo económico belga. Fue adquirida por Suez en 1988 y en 2003 se fusionó en el grupo Suez-Tractebel (N. de la t.).

Texto original: https://afriquexxi.info/Etienne-Davignon-dernier-temoin-du-meurtre-de-Lumumba-et-mentor-du-roi-Baudouin

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a la autora, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.